Capítulo 5 – Escape de la Bruja Salmhofer; Escena 7

Historia del Pecado Original, páginas 199-201

 

Una vez que el verdugo salió de la habitación, los restos de Meta fueron transportados a la morgue de las afueras, como estaba previsto, depositados dentro de un ataúd.

En el momento en que el ataúd salió del templo, Yegor y las doncellas del santuario lo rodearon y comenzaron a rezar por la pobre criminal.

—-Descansa en paz.

La única que se dio cuenta de que en los labios de Yegor se le dibujaba una leve sonrisa al decir eso fue Elluka, que estaba punto de llorar.

 

-En la morgue en las afueras de Lighwatch.

Meta se despertó dentro de sus tenues confines.

Una vez que abrió la pesada tapa del ataúd y salió al exterior, inspeccionó cuidadosamente sus dos manos para asegurarse de que había sangre fluyendo por ellas.

«… Todavía estoy viva. Me he salvado».

Sonrió. El plan de Seth de poner a Meta en un estado temporal de muerte aparente durante una hora, regulando el golpe de electricidad, había funcionado a las mil maravillas.

No tenía miedo a morir, pero naturalmente estaba muy contenta de seguir viva.

—Ahora bien…

Meta abrió el colgante y sacó el pergamino que había en su interior.

Confirmó su ubicación en el mapa.

Por supuesto, no tenía intención de cumplir la promesa que le hizo a Seth.

Ahora era libre.

No tenía ninguna obligación de participar en un misterioso experimento suyo.

Cuando se dispuso a romper el mapa y tirarlo a la basura, Meta se fijó en un pequeño texto escrito en él y se detuvo.

Era un mensaje dirigido a ella de parte de Seth.

 

«Meta, eres una buena chica, así que confío plenamente en que mantendrás tu promesa conmigo…

Pero te diré esto por si acaso.

Si no vienes al instituto de investigación…

… Pale morirá».

 

—… ¡Tch!

Meta chasqueó la lengua, y agarró el trozo de pergamino-

Entonces, comenzó a correr por un frío camino de piedras.

 

El destino al que se dirigía era el Instituto de Investigación Real.

Capítulo 5 – Escape de la Bruja Salmhofer; Escena 6

Historia del Pecado Original, páginas 194-199

 

Cuando la trasladaron a una habitación, Meta se preguntó si finalmente había llegado el día en que la ejecutarían.

La habitación carecía de decoración, al igual que la celda en la que había estado hasta ese momento.

La única diferencia era que había una silla de madera en el centro. Los pies de la silla estaban atornillados al suelo, y tenía varias correas de cuero atadas a ella.

Había oído algunos rumores, sobre que ese tipo de sillas para ejecuciones.

Eran un dispositivo de ejecución en el que la electricidad fluiría a través de ella, matando a la persona sentada allí.

Meta recordó los feos rasgos de Raisa.

… Esas cicatrices de quemaduras habían sido producidas por ser golpeada por un rayo.

Bueno, esta silla probablemente no sería capaz de hacerla ver así. No tenía remordimientos ni miedo a la muerte, pero sí quería dejar un cuerpo bonito cuando muriera, si era posible.

Dejando eso de lado…

Qué extraño el tener algo así en un templo destinado a venerar a los dioses.

«Pero… supongo que no es tan extraño. Este templo lo dirige Yegor, después de todo.

Probablemente dirá algo como: «¡Este rayo es un castigo de los dioses!»»

—-Siéntate —ordenó el verdugo, con el rostro totalmente cubierto por una capucha.

… Era la voz de un hombre.

No había nadie más en la sala aparte de él y Meta.

—…

Mientras Meta se sentaba obedientemente, empezó a urdir un plan.

«… Esta habitación no parece estar hecha con ningún artefacto de sellado mágico».

Podría intentar controlar al verdugo con su habilidad de embrujo, o bien…

—Si estás pensando en intentar oponer algún tipo de resistencia inútil, será mejor que lo pienses de nuevo —le dijo el verdugo a Meta mientras le soltaba las esposas—. Los poderes de una “Heredera de Gilles” no funcionan en mí.

La ceja de Meta se levantó.

—Tú… No eres un simple verdugo.

Ahora que lo pensaba, sentía que su voz le resultaba de algún modo familiar.

Se parecía a alguien que Meta conocía bastante bien

—No puede ser… ¿Cariño? ¿Eres tú?

El verdugo se levantó la capucha.

-Y debajo estaba, claramente, el rostro de su querido Pale.

Por un momento, sus ojos se iluminaron…

Pero luego su expresión recuperó rápidamente la compostura.

—… No. Tú no eres Pale.

El hombre que se parecía a Pale sonrió al escuchar eso.

—Ey. ¡Te has dado cuenta muy rápido! Quería burlarme de ti haciéndome pasar por Pale durante un rato.

—¿Qué clase de broma es esta? -Seth.

—Ha pasado mucho tiempo, Meta. La última vez que nos vimos fue, creo, cuando intentaste matarme en la Meseta Merrigod.

—¿Estás aquí para vengarte de eso? No pensé que fueras del tipo que guarda rencor.

Pero Seth negó lentamente con la cabeza.

—Difícilmente te guardaría rencor. No fue algo que eligieras hacer por tu cuenta, después de todo; fueron órdenes de Pale, ¿no es así?

—No. Sólo intenté hacer algo bueno por él, ya que estaba empezando a rehuirte.

—Bueno, sea como sea, el hecho es que Pale había empezado a rebelarse contra mí, su “hermano”.

—Sí, y por esto te has vuelto contra nosotros, ¿verdad?

Seth negó una vez más con la cabeza.

—Te equivocas. No soy tu aliado, pero tampoco soy tu enemigo; de hecho, he venido a ayudarte.

—¿…? ¿Qué quieres decir?

—Sería demasiado difícil evitar tu ejecución en este momento. Gammon ha ordenado el exterminio completo de Apocalipsis. Así que… no tengo otra opción que quitarte la vida, por ahora.

—… Así que realmente quieres matarme.

—Déjame terminar. Es imposible sacarte de aquí con vida, pero no sería tan difícil sacar tu cadáver. Todos los cadáveres de criminales son llevados temporalmente a un depósito de cadáveres en las afueras.

—… Y luego me revivirás en esa morgue y vagaré por el cementerio como un zombi.

Meta dijo eso en un intento de bromear, pero Seth asintió seriamente ante su comentario.

—Me alegro de que seas tan comprensiva.

—Espera un segundo… ¿Lo dices en serio? ¿De verdad me vas a convertir en un zom-?

—Ja, ja, está bien, está bien. Te lo explicaré mejor.

Seth finalmente comenzó a contarle a Meta el plan de verdad.

 

-Cuando terminó de escuchar, Meta asintió en señal de comprensión.

—Ya veo… ¿Pero realmente funcionará?

—Tendrás que confiar en mí. En cualquier caso, una vez que hayas escapado a salvo de aquí, tendrás que dirigirte directamente a mi Instituto de Investigación y participar en mi experimento: esa es tu condición para recibir mi ayuda.

—… Entiendo.

Meta asintió en silencio.

—Ponte esto en el cuello. —Seth le entregó a Meta un colgante con un amuleto de corazón—. La pieza decorativa está diseñada para abrirse. Dentro hay un mapa que registra la ruta para llegar al Instituto de Investigación.

—Estás bien preparado. —Meta se puso el colgante tal y como le había indicado.

—Lo estoy porque mi propia posición estará en riesgo si metes la pata… Bueno, ¿empezamos?

Seth comenzó a sujetar las correas de la silla de ejecución a los brazos y piernas de Meta.

Ella no hizo ningún movimiento para resistirse, simplemente lo observó.

—Uf… Oye… ¿Esto va a doler mucho?

—¿Tal vez? Nunca me han ejecutado, así que no sabría decirte.

—Claro.

El abdomen y la frente de Meta fueron atados a la silla.

—Todo listo… —Seth se apartó de la silla de ejecución y puso la mano en el interruptor fijado en la pared para poner en marcha el dispositivo.

—…

Meta tragó saliva.

—Entonces, ¡que lo pases bien, Meta Salmhofer!

Seth accionó el interruptor.

—¡-!

La electricidad golpeó el cuerpo de Meta-

Y ella perdió inmediatamente la conciencia.

Capítulo 5 – Escape de la Bruja Salmhofer; Escena 5

Historia del Pecado Original, páginas 189-194

 

La prisión era inhumana, oscura y fría.

—Quiero un abrigo —pidió Meta a la carcelera.

Pero ella declaró secamente:

—Aquí no tenemos nada de eso.

—Entonces déjame comer algo caliente.

Todavía no es hora de cenar.

Meta se dio por vencida, cayendo de rodillas en el frío suelo y apoyándose en la pared.

… No era tan sorprendente que el carcelero no fuera un hombre. Sus enemigos se habían dado cuenta hace tiempo de que Meta tenía el poder de hechizar a los hombres.

Pero dejando eso de lado, Meta rebosaba de curiosidad por saber por qué le encargaron a una niña la vigilancia de un criminal.

—¿Cómo te llamas? —preguntó.

Tras un momento, la niña respondió:

—… Elluka. Elluka Chirclatia.

—Ya veo… ¿Sabes qué clase de persona soy, Elluka?

—Por supuesto. Eres una mujer malvada que ha matado a mucha gente.

—Así es. Y soy una bruja muy poderosa. Incluso podría matarte y escabullirme de aquí.

Meta esperaba que la chica se pusiera a llorar de miedo.

Pero Elluka se limitó a responder, con una expresión tranquila:

—No podrías. Soy mucho más fuerte que tú.

—… Ah, ja, ja. ¿Un mequetrefe como tú?

—Soy una de las “doncellas del santuario” de este lugar.

—¿Una “doncella del santuario”? Es la primera vez que oigo que hay doncellas de santuario en una cárcel.

—¿…? Esto no es una prisión, estás dentro de un templo.

—¿¡…!?

Cuando le preguntó más al respecto, le respondió que estaban dentro del templo que se encontraba en la ciudad de Lighwatch, una de las Doce Capitales Reales.

Un criminal normal y corriente habría sido encarcelado en una prisión.

Pero la gente como Meta, con una magia inusualmente poderosa, era encerrada en una cárcel especial dentro del templo de Lighwatch, construida específicamente para sellar la magia.

«Ya veo… Así que por eso me he sentido tan débil todo este tiempo».

Las paredes, o el techo… O ambos, probablemente estaban hechos de alguna pieza de legado capaz de  debilitar la energía mágica.

—Pero… ¿todas las doncellas del santuario de Lighwatch son niñas como tú?

—No. También hay mujeres adultas. Pero yo soy la mejor entre todas, por eso te vigilo.

Elluka habló sin ningún aire de orgullo, simplemente lo dijo como si fuera algo natural.

—Vaya… Eres bastante sorprendente.

—Mi hermana mayor era mejor que yo… Pero murió hace tiempo. Así que ahora soy la mejor.

—Entiendo… —Justo entonces, el estómago de Meta emitió un débil gruñido—. … Todavía tengo bastante hambre. ¿No puedes hacer nada al respecto?

—Supongo que no tengo otra opción. Iré a ver si puedo… —Elluka había empezado a moverse para ir a algún sitio, pero se detuvo al oír el sonido de unos pasos—. -Suena como si alguien viniera… ¡Es el sacerdote principal!

«… ¿El sacerdote principal?»

Y entonces Meta recordó.

Que entre sus «amigos» en Apocalipsis…

Uno de ellos había trabajado una vez como sacerdote principal en el templo de Lighwatch.

«No puede ser…»

La premonición de Meta dio en el clavo.

El sacerdote que apareció ante ella, de pelo y barba negros, no era otro que el mismísimo «Barón Negro».

—¿Yegor…?

—¿Es cómoda tu celda, querida Meta?

—… Así que tú eras el traidor.

—¿Traidor? No me malinterpretes. Yo sólo estaba decepcionado. Había abandonado mi posición como sacerdote principal para unirme a vuestras filas creyendo que todos erais guerreros patrióticos. … Pero en verdad, Apocalipsis era una simple banda de rufianes.

—No intentes disfrazarlo. Sólo querías satisfacer tus impulsos crueles. … Supongo que eso es lo que mi querido encontró intrigante en ti.

—¿Quién sabe? … Bueno, al menos decidí que, a diferencia de todos vosotros, yo quería vivir una buena y larga vida; eso es todo —dijo Yegor, ofreciendo una sonrisa triunfal.

Pero Meta no se había rendido del todo todavía.

—… Pale vendrá a salvarme.

Al oír eso, Yegor se rió sádicamente.

—Eso podría ser un poco complicado para él.

—Tú no sabes nada; cuando mi querido se pone serio…

—Ya ha sido capturado.

—… ¿Eh?

—Ahora mismo está en la prisión de Welvya. La dulce Raisa también fue capturada con él… Pero aparentemente ella no quería volver a prisión. Cuando saltó de su transporte para escapar, no adoptó una postura defensiva adecuada y se rompió el cuello, muriendo.

Meta ni siquiera tuvo el valor de reírse de que Raisa tuviera un final tan apropiadamente estúpido.

Yegor los había traicionado, Raisa estaba muerta, y ahora ella y Pale eran prisioneros.

Eso sólo dejaba atrás una turba desordenada.

No parecía que Apocalipsis fuera a seguir existiendo después de esto.

—Ahora, recapacita tranquilamente tus pecados y espera tu ejecución como toda una mujer, Meta.

—¿Pecados? Ni que tú estuvieras libre de ellos.

—He recibido un perdón divino. Por eso se me ha permitido reanudar mis funciones como sacerdote principal.

—Entonces me gustaría que me perdonaran a mí también. … Parece que has utilizado tus conexiones familiares, y probablemente esa fue tu recompensa por vendernos, ¿no?

—Qué triste será no volver a escuchar ese tono de odio tuyo después de hoy… Bueno, entonces, cuídate —dijo Yegor, dejando su lugar ante la celda.

-Dejando atrás a Elluka, que había estado escuchando en silencio toda la conversación.

—Uh… Um —habló tímidamente Elluka.

—¿Qué?

—… Usted es una persona malvada, señorita… pero el sacerdote principal… ¿también lo es?

—Sí… Déjame darte un consejo como tu mayor, de mujer a mujer. Lo mejor para ti… sería salir de aquí tan rápido como puedas.

—Bueno… Pensaré en eso… Ah-te llevaré la cena.

Observando la pequeña espalda de Elluka mientras salía corriendo, Meta dejó escapar un pesado suspiro.

«Supongo… que se acabó».

Capítulo 5 – Escape de la Bruja Salmhofer; Escena 4

Historial del Pecado Original, páginas 186-189

 

El «Barón» era Yegor Asayev.

Sus métodos eran tan brutales y despiadados que resultaba difícil creer que fuera originalmente un sacerdote al servicio de los dioses.

El Bosque de Held, en su región oriental. Allí había una aldea donde la gente del bosque vivía tranquilamente, pero cuando Meta llegó no quedaba ni una sola persona a la vista.

Realmente hizo un destrozo en ese lugar.

Meta miró a su alrededor.

Una tenue niebla había empezado a extenderse, y su visión estaba ligeramente oscurecida.

Aun así, por lo que podía ver, aunque los edificios y las instalaciones habían sido destruidos, todos los cadáveres fueron limpiados y ocultados.

En comparación con la forma en que Meta y Raisa hacían las cosas -aunque pueda resultar un poco extraño-, Yegor siempre realizaba su trabajo de forma muy metódica.

Así era siempre.

Había un claro hedor a muerte en el aire, pero no pudo distinguir ni un solo cadáver.

«Como siempre, parece que los ha quemado o enterrado en algún lugar…»

Parecía que no había dejado nada que Meta pudiera hacer.

«El Barón y su «Ejército Negro»… Tal vez estén atacando otra aldea en este momento».

Ya no había rastro de las fuerzas de Yegor en ésta.

 

La niebla había empezado a hacerse más espesa.

Uno de los «devotos rojos» de Meta vino corriendo hacia ella para informarle de algo.

—Hemos encontrado un superviviente. Sólo uno.

—¿Cómo está?

—No opone ninguna resistencia.

Siguiendo a su devoto, Meta fue a ver el estado de este superviviente.

Estaba frente a un campo de Trauben en el lado oeste de la aldea.

Era una mujer, manchada de sangre y rodeada de devotos rojos.

Estaba encogida en el suelo, llorando.

—Uuooh… Uuhh…

Preguntó Meta, mirando a la mujer de pelo verde:

—¿Qué te tiene tan triste, jovencita?

Era una pregunta estúpida. Su razón para llorar era obvia al ver la situación que la rodeaba.

Sin embargo, Meta la había incitado de todos modos, para satisfacer sus deseos sádicos.

—… Cecil… Vell… No están aquí.

—¿Quiénes son?

—Mis… adorables hijos… no están por ninguna parte.

Yegor no era el tipo de hombre que mostraba compasión, incluso si era con un niño.

Cecil y Vell probablemente ya eran huesos enterrados en la tierra.

«Estúpida mujer», se burló Meta en su mente.

Debía alegrarse de haber logrado sobrevivir.

¿Niños?

Podía hacer otros.

—Uuoohh… Aaauugh…

La mujer continuó berreando.

«Aah… Qué molestia».

Meta se movió para ordenar a uno de sus devotos que la matara.

—¿¡…!?

Y allí, se dio cuenta de que algo extraño estaba sucediendo.

Todos sus devotos se habían desplomado en el suelo, gorgoteando espuma.

Y entonces, la propia Meta fue atacada por un rápido mareo.

«Esta niebla… ¿podría ser… veneno?»

Mientras su conciencia se volvía confusa-

Meta vio varias figuras que se acercaban desde el interior de la niebla.

Finalmente, un grupo con máscaras se puso delante de ella…

Y envolvieron su cuerpo con robustas cadenas

Capítulo 5 – Escape de la Bruja Salmhofer; Escena 3

Historial del Pecado Original, páginas 181-185

Tras ponerse su ropa informal favorita, Meta se dirigió a la habitación de Pale.

Cuando se paró ante su puerta, pudo oír a un hombre y una mujer hablando dentro.

La puerta se abrió antes de que pudiera llamar, y apareció Milky, ligera de ropa.

—Vaya… Me alegro de verla, Lady Meta —saludó Milky amablemente con una expresión algo triunfal, dirigiéndose a su propia habitación.

—…

Meta entró en la habitación de Pale sin decir nada.

Dentro, Pale estaba tumbado en la cama, fumando un cigarrillo.

Meta se acercó a él, apartando el humo que flotaba.

—Buenos días, cariño.

—Ah, buenos días, Meta.

—…

—… ¿Estás enfadada?

—Como si fuera a estar celosa de una mocosa así. —Meta se sentó al lado de Pale—. Aunque te acuestes con otra, te seguiré queriendo. Y de todos modos, siempre volverías a mí.

—Estás muy segura de ti misma.

—Es la verdad. Mi poder no funciona en ti. Y sin embargo, hay un amor definitivo entre nosotros.

Pale tenía una constitución física bastante singular. También podría decirse que eso le daba una «enfermedad» particular.

Si no absorbía periódicamente la energía mágica de otra persona, perdía rápidamente su juventud.

Y el acto de absorción se lograba a través de las relaciones sexuales.

El hecho era que para Meta sería una carga demasiado grande ser la única que le diera esa energía.

Aunque poseía una gran habilidad mágica, no era suficiente para satisfacer a Pale.

—Milky es una mujer muy resistente. Absorbí bastante de su poder mágico, y aún así se mostró bastante despreocupada al respecto.

—Sin embargo, no se compara conmigo. —Meta se fijó en una pequeña caja negra en una estantería cercana—. -Has hecho otra, por lo que veo.

Cuando dio cuerda a la llave en el lateral de la caja, empezó a sonar una melodía.

… Pero, de alguna manera, sonaba inestable.

—Otra caja de musica mal hecha, como siempre —dijo Meta, riéndose.

—Así es. Supongo que tendré que ir a un artesano de verdad a estudiar cómo hacer una.

—Eso no es necesario. Al fin y al cabo, es sólo un hobby.

—Precisamente porque es un hobby que quiero hacerlo con tantas ganas. —Pale tomó la mano de Meta y recibió de ella la caja de música—. Aah… Tendré que arreglar el cilindro.

—¿Quieres escuchar algo interesante?

—Suéltalo.

—El norte ha caído. Raisa va a intentar recuperarlo ahora mismo.

—Ya veo… Eso es desconcertante. Tengo la sensación de que nuestros enemigos están siendo capaces de predecir nuestros movimientos.

El ceño de Pale se arrugó ligeramente mientras dejaba la caja de música en el suelo.

—¿Quieres decir que podríamos tener espías enemigos en Apocalipsis? —preguntó Meta.

—Tal vez… ¿Alguna idea de quién?

—Solo se me ocurre que sea Raisa.

Estaba claro que ella no tenía ninguna lealtad real a Pale.

Raisa era el tipo de mujer que simplemente alborotaba, robaba y jugaba a su antojo.

Odiaba a la «Bruja del Bosque» Eve, que la había golpeado con un rayo, y había intentado vengarse de ella, pero Eve estaba desaparecida, habiendo abandonado la capital real.

Meta pudo percibir con bastante agudeza que Raisa había perdido gran parte de su interés a causa de ello.

—No hay muchas posibilidades de que la odiada enemiga de Raisa se convierta en la nueva reina ahora, así que ya no tiene mucha motivación para luchar contra el Ejército Real.

—Pero eso tampoco le da una razón para traicionarnos.

—Se uniría a cualquiera que le pusiera oro frente a ella. Es sólo una ladrona, después de todo.

—Ya veo… —Pale se levantó de la cama y se puso de pie—. Tendremos que tener más cuidado, yo también me dirigiré al norte.

—¿Tú? Pero pensé que no debías salir mucho en público-

—No podemos seguir poniendo esa excusa tal y como están las cosas ahora. … Además, no he recibido noticias de mi “hermano” en varios años.

—¿Quieres decir que tu “hermano” podría estar ya muerto…? Si ese es el caso, no hay necesidad de que sigas siendo precavido.

—Exactamente. —Pale se vistió y se preparó para salir—. Meta. Deberías ir al oeste y reunirte con Yegor. Quiero que tengas el Bosque de Held bajo control lo antes posible.

—-Entendido.

En realidad, ella quería ir con Pale.

Pero Meta sabía mejor que nadie que a él no le gustaban esas voluntades.

—Bueno, entonces… ten cuidado.

—Sí, tú también.

Después de besarse, Meta salió de la habitación.

Y entonces, con sus tropas, partió hacia el oeste.