Historial del Pecado Original, páginas 144-150
A medida que se acercaba la fecha prevista para el nacimiento, el estado mental de Eve comenzó a volverse más inestable.
Se enfadaba por aparentemente nada o, por el contrario, se echaba a reír de repente.
Un día, no dejó de temblar de miedo por algo. Al parecer, había soñado que la atacaba un oso.
Adam se preguntó si le había hecho beber demasiado Venom.
La droga de lavado de cerebro había sido diseñada originalmente por Seth.
Sin embargo, no podía consultarle al respecto… Y Seth no apareció desde que Eve se quedó embarazada, de todas formas.
Según los informes de la oficina de información, tampoco había vuelto a su casa.
«¿Se ha dado cuenta de que estoy intentando matarle…?»
Si fuera así, sería extremadamente peligroso.
Si se había dado cuenta de los planes de Adam, había un verdadero temor de que pudiera decirle algo a Miroku.
Si lo hacía, sería el fin.
Adam ordenó a la oficina de información que siguiera buscando a Seth y que vigilara a Miroku.
Pensando que le haría bien a su estado de ánimo, Adam decidió llevar a una Eve, de abdomen muy crecido por el embarazo, fuera del Instituto de Investigación.
—¿A dónde te gustaría ir? —le preguntó.
Eve declaró que le gustaría ver la costa oeste.
—Quiero conocer a tu madre. Tienes que presentarnos.
Ella debía de estar hablando de la ballena blanca-Catherine.
Adam no había vuelto a visitar esa costa desde que se convirtió en hijo adoptivo de Horus.
… ¿Estaría ella todavía allí?
Como carruaje automatizado que los llevaría hasta allí, Adam eligió uno que no temblaba mucho.
Cuando llegaron a la costa, vio que nada había cambiado desde entonces.
—Así que este lugar… es donde te abandonaron, eh —murmuró Eve, sin expresión.
Para ser exactos, este no fue el lugar donde Adam fue abandonado, sino el lugar donde había terminado después de ser arrojado al río.
Pero Adam se limitó a mirar el agua con Eve, sin molestarse en explicarlo.
Y luego la miró a su lado.
Volvió a pensar que era bastante bonita. No era una belleza refinada y metropolitana, pero, a la inversa, a Adam le gustaba su sencillez.
-Si tan solo él la hubiera conocido en otras circunstancias…
Como en un encuentro casual entre un hombre y una mujer, sin profecías ni planes…
… Adam sabía bien que no tenían sentido esas hipótesis.
Tenía que estar atento a la realidad.
Ella se convertiría pronto en la nueva reina.
Y Adam la utilizaría para gobernar Levianta detrás de escena.
—“Caín” y “Abel” —susurró Eve de repente.
—¿…?
—Serán los nombres de nuestros hijos, cuando nazcan.
Eve se acarició cariñosamente el vientre.
—¿Tienen algún significado esos nombres?
—¿Significado? No. No todos los nombres tienen que tener significado.
—Ya veo… Es cierto.
Volvió a contemplar el océano con ella, sin hacer más preguntas.
-Pasó algún tiempo, pero la ballena no llegó a asomar por la superficie del agua.
Justo cuando Adam estaba a punto de sugerir a Eve que volvieran…
—-Adam.
Escuchó una voz.
No había duda, pertenecía a Catherine.
—¿¡Catherine!? ¿Estás aquí? —gritó Adam, pero todavía no se veía ninguna figura por encima de las olas.
El agua seguía chapoteando tranquilamente.
—Hace tiempo que mi cuerpo físico se descompuso. Ahora me he vuelto en parte de este gran océano.
La voz parecía hablar directamente a la mente de Adam.
Ese día… Adam recordó que antes de que se separaran, le lanzó un arpón a Catherine.
—No puede ser… que tu herida de entonces…
—No fue eso. Iba a acabar así sí o sí por haberme alejado de la protección de Held.
Y entonces comenzó a contarle a Adam algunos datos sobre su verdadera identidad.
-Catherine era originalmente un espíritu del bosque nacido en un lago subterráneo del bosque de Held.
Al parecer, por aquel entonces era un pequeño pez, pero un día decidió rebelarse contra el dios del bosque Held y abandonar el bosque.
—A diferencia de los otros espíritus, yo todavía tenía recuerdos de mi vida pasada. Así que no pude evitar tener dudas sobre ser un espíritu.
—Por vida pasada, ¿te refieres a…?
—Los que crearon este mundo… Los que ustedes los humanos llaman dioses… Yo fui uno de los que les sirvieron.
—En este país se enseña que el único dios verdadero es Levia-Behemo, y que todos los demás son seres que pretenden ser dioses falsos, dioses malvados.
—Levia creó la mente de los humanos, y Behemo creó sus cuerpos. Esa es la verdad. En ese sentido, no te equivocarías al decir que Levia-Behemo es el dios de la humanidad. Pero… no sólo existen humanos en este mundo.
—…
—En el momento en que este mundo nació, los dioses terminaron su función. Así que ahora sólo tienen que seguir existiendo para velar por él… Al menos, eso es lo que piensa Held.
Pero Catherine no podía estar de acuerdo. Y por eso había huido del bosque, confiando su cuerpo a la corriente del río que salía del lago subterráneo y desembocaba en el océano.
—Para entonces mi cuerpo había crecido mucho más que su tamaño original, y me había transformado en una gran ballena. Me di cuenta de que eso fue resultado de mi búsqueda por un cambio. También podría llamarse castigo por haber ido en contra de la voluntad de Held.
—¿Castigo?
—Perdí mi inmortalidad. Una vez que mi cuerpo se descompusiera, me limitaría a vagar como un ser invisible, y no podría interactuar con el mundo como lo hice cuando te salvé.
—…
Eve miró a Adam con curiosidad.
—¿Está… tu madre aquí?
—… Sí. Pero no puedes verla. Se ha convertido en parte del océano.
Eve probablemente no podía oír la voz de Catherine.
Ella dijo una vez que podía sentir la presencia de los espíritus del bosque… Pero por otro lado, también dijo que no podía hablar con ellos.
—¿Quién es ella? —preguntó Catherine.
—Ella es-Eve es mi… esposa —respondió Adam.
—Oh… Me alegro. —El tono de voz de Catherine sonaba más feliz—. Entonces… ¿qué ocurre con el hombre que te sacó de aquí?
—Mi pa- Horus está muerto.
—… Era un ser muy peligroso. Si dices que ya no está cerca de ti… entonces me puedo quedar tranquila, al menos.
—Sobre lo de entonces… Lo siento. Era sólo un niño, demasiado joven como para tomar decisiones acertadas.
—No te preocupes. Pensando en ello ahora, mantenerte aquí como estabas probablemente te habría hecho igual de infeliz.
—…
Adam inclinó lentamente la cabeza hacia el mar.
—-Gracias —dijo, con la voz llena de emoción.
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