Capítulo 1-El Demonio de Papel y el Archivo Secreto

«Parece bastante viejo».

Esa fue la primera impresión de Itsuki cuando vio el apartamento.

Era anticuado, en el buen sentido…

Pero también era anticuado, en el mal sentido.

No es que el lugar estuviese especialmente deteriorado. Parecía estar bien cuidado, ya que no había manchas ni agujeros llamativos en las paredes.

Aun así, Itsuki seguía estando un poco descontento con todo aquello. El plan inicial no era que fueran a vivir a una sola habitación de ese viejo apartamento, si no mudarse al piso al completo.

—¿No es genial? Tiene un aire retro.

Itsuki no fue el que dijo eso, si no su padre, que antagónicamente parecía satisfecho con el lugar.

Itsuki no era el único que no había visto la casa antes de la mudanza. Su padre tampoco lo había hecho. Esto no habría ocurrido en situaciones normales, pero habían surgido… algunas cosas.

—Bueno, es sólo para las vacaciones de verano —dijo su padre, dándose cuenta de los sentimientos de Itsuki e intentando sosegarlo. Tras decir eso, no perdió más tiempo y entró en la casa.

 

 

Itsuki no tardó en darse cuenta de que, aunque todavía era por la tarde, todas las cortinas de las ventanas del primer piso estaban cerradas.

No podía ver el interior, lo que le hizo sentirse ligeramente inquieto.

Por supuesto, no era como si pensara que había fantasmas o monstruos o cosas así dentro, pero igualmente…

Entonces, una de las cortinas se abrió de par en par. 

—Hey, Itsuki. ¿Llegaste de una sola pieza?, ¿eh?

El hombre que abrió las ventanas y se dirigió a Itsuki no sólo era el dueño del apartamento, sino también su tío.

—Hola.

Cuando se acercó a saludarle, Itsuki se dio cuenta de que había muchas estanterías alineadas una al lado de la otra en la sombría habitación tras su tío. Su padre también estaba allí.

—No te quedes ahí; entra —le instó su padre.

Itsuki se adentró en la entrada del apartamento.

Ignoró la escalera que subía y que le llamó la atención de inmediato y abrió una puerta a su izquierda para entrar en la habitación donde había oído las voces de su padre y su tío.

La habitación era mucho más amplia de lo que esperaba. Probablemente toda la mitad izquierda del primer piso del apartamento era sólo esa habitación. Además de la puerta por la que Itsuki acababa de entrar, había algunas otras más, con librerías llenando los espacios entre ellas.

La habitación estaba llena de un número incontable de libros. Al igual que el propio apartamento, todos los libros tenían tapas anticuadas y sencillas.

—Parece una biblioteca —dijo Itsuki con franqueza.

Su tío sonrió, casi con timidez.

—Quité las paredes para que todo esto fuera una sola habitación. Esto no es todo; el otro lado es igual. Todo el primer piso se convirtió en mi “pequeña” biblioteca.

Mientras su padre miraba la habitación, Itsuki hablaba con su tío.

—¿Todo esto es tu colección, tío Masaki?

—Ahora mismo, sí. Pero originalmente los libros eran de mi padre. Los heredé junto con el apartamento.

El padre de su tío, es decir, su abuelo.

Itsuki no recordaba mucho de su abuelo.

Sólo lo había visto una vez, cuando tenía seis años, cuando fue a conocerlo al hospital.

En aquella ocasión, había ido con su madre en tren, y allí habían conocido al hermano mayor de su madre -su tío Masaki-, que había ido en un coche rojo.

Itsuki recordaba que su abuelo había estado durmiendo todo el tiempo que estuvieron allí, y por eso no había podido hablar con él antes de que tuvieran que marcharse.

Unos meses más tarde, su madre recibió la llamada de que su abuelo había fallecido.

—-Había pensado entregarle algunos de los libros a Kyouko, pero dijo que sólo la estorbarían —dijo su tío con un suspiro.

Kyouko era el nombre de la madre de Itsuki.

Ella llegó al apartamento antes, y se encontraba en el segundo piso, guardando sus cosas.

—Itsuki, ¿te gustan los libros? —preguntó de repente su tío.

—Sí. Um… ¿está bien si miro ese un poco?

Itsuki señaló un libro. Su tío asintió, así que lo sacó de la estantería y lo abrió por una página.

—…  Como pensaba, es demasiado difícil de leer para mí.

—Jajaja. Eso es porque es un libro occidental. Es normal que el inglés sea difícil para un niño de primaria. También tengo libros en japonés. A ver, un libro para niños… toma, ¿qué tal si pruebas este?

Su tío sacó otro libro de una estantería y se lo entregó a Itsuki.

—… “Hänsel y Gretel”. Creo que es demasiado infantil para mí.

—¿Ah, sí? Estaba a la altura de Haruto, pero puede que él lo haya dejado ahí.

—¿Haruto?

—Es mi hijo. Ahora que lo pienso, aún no lo conoces, ¿verdad? Ahora mismo está en el entrenamiento de fútbol, así que te lo presentaré cuando vuelva. También será tu compañero de clase, cuando termine el verano, creo.

Parecía que este Haruto estaba en el mismo grado -quinto- que Itsuki.

 

 

Su tío continuó: «En cualquier caso, probablemente terminaras por aburrirte de las vacaciones de verano. No es que tengas amigos por aquí. Haruto y tú podréis jugar juntos, pero si no os lleváis bien… Seguro que podrás matar el tiempo en esta biblioteca».

—¿Puedo leer lo que quiera?

—Claro. Sinceramente, ni yo he leído la mayoría de los libros que hay aquí. Sería muy triste que estos libros raros no se leyeran nunca. Sin embargo, todos son muy valiosos. Por favor, no los saques de la habitación.

—De acuerdo.

—… Ah, y una cosa más.

Su tío señaló una puerta en el fondo de la habitación.

Casi todas las puertas de esta sala parecían conducir a pasajes fuera de la habitación, pero esa puerta negra parecía diferente.

—Allí hay una entrada a un pequeño archivo diferente a este. Como allí se guardan cosas muy valiosas, me gustaría que no entraras.

—¿Qué hay allí además de más libros?

—… Eso es un secreto.

Itsuki dedujo que no era asunto suyo.

Quería investigar en esa especie de archivo misterioso, pero no quería que su tío pensara que era un niño entrometido, así que sólo dijo: «Entendido».

—Bien, entonces, pongámonos en marcha, Itsuki.

Su padre le dio una palmada en el hombro.

—¿Por qué no ayudamos a tu madre a deshacer las maletas antes de que se enfade?

Itsuki asintió, pero no reveló lo que realmente pensaba.

– Que, de todas formas, cuando llegara septiembre, tendrían que volver a hacer las maletas.

—Bueno, entonces… Masaki, nos vemos luego.

La mano del padre de Itsuki estaba en el pomo de la puerta cuando su tío habló:

—Oye, si surge algo, no dudes en pasarte cuando quieras. Mi habitación es la 201, justo al lado de la tuya.

Itsuki y su padre asintieron y salieron juntos de la habitación.