Unos tres días después de mudarse al apartamento, Itsuki salió a pasear por el barrio y contempló las vistas de su nueva ciudad.
También memorizó la ruta que esperaba tomar para ir a la escuela después de las vacaciones de verano.
Tras eso, se puso a jugar un videojuego que compró justo antes de la mudanza, pero rápidamente se aburrió. Tampoco tenía suficiente dinero como para comprar uno nuevo.
«Ojalá tuviera otros juegos».
Se arrepintió de haber gastado su dinero, pero ya era demasiado tarde para recuperarlo.
El dinero da alas a tus intenciones, para que puedas volar a donde quieras, pero esto era diferente; le sería imposible recuperarlo ahora.
Poco a poco, Itsuki empezó a pasar gran parte de su tiempo libre en la biblioteca del primer piso del edificio.
Todos los libros del lugar eran viejos, y sólo había unos pocos cuyas historias le llamaban la atención.
Con la mano en uno de los libros, se sentó en una silla cercana y comenzó a leer desde donde lo había dejado ayer.
Siguió las palabras de su tío y no abrió las cortinas para evitar que los libros se decoloraran por el sol.
La fuerte luz del sol de agosto apenas podía entrar en la habitación por un hueco en la cortina. El aire acondicionado funcionaba correctamente, así que todo era bastante agradable.
Itsuki estaba leyendo sobre un sirviente que hablaba con un comerciante de un país vecino cuando oyó que se abría la puerta detrás de él.
—Hey. No tienes nada que hacer, ¿eh?
El que hablaba era Haruto. Parecía que tenía el día libre del entrenamiento de fútbol.
No llevaba un balón consigo, sino un flamante cuaderno en su mano derecha.
—Hola —dijo Itsuki, un poco formalmente.
Itsuki tenía la impresión de que él y Haruto eran personas diferentes. Haruto era bastante activo y se le daban bien los deportes; Itsuki incluso suponía que jugaba de delantero en el fútbol, o algo por el estilo.
Por otro lado, Itsuki era el tipo de persona que jugaba al fútbol sólo ocasionalmente, y normalmente como defensa o portero.
Haruto se dejó caer en una silla frente a la ventana y apoyó un codo en el escritorio mientras hablaba con Itsuki.
—¿Te gusta leer libros y esas cosas?
—… Sí, bueno, cuando me apetece.
—¿No juegas a videojuegos?
—Sí. Pero me termino aburriendo.
—Entonces, ¿tienes teléfono?
—No.
—Hmm…
Ahí la conversación se detuvo.
—…
Después de un rato, Haruto abrió su cuaderno sobre el escritorio para ignorar la incomodidad.
—Hacer diarios y cosas así es muy aburrido.
—…
—¿Y tú… eres de los que hacen los deberes de verano cuanto antes?
—Yo… no tengo deberes.
—Ya veo… eso debe ser guay. Supongo que es cosa de mudarse durante el verano.
Debido a que ahora tenía una escuela diferente, no tenía que hacer ninguna tarea de las vacaciones de verano. Era afortunado, pero tenía tanto tiempo libre que era un poco molesto.
Haruto siguió preguntando.
—Por cierto, cuando terminen las vacaciones de verano, ¿vas a dejar el apartamento?
—… Sí.
—¿Pero iras a mi misma escuela?
—Nuestra próxima casa también va a estar cerca de aquí.
—¿Qué? ¿Entonces por qué os vais a quedar aquí un mes?
—Parece que el agente inmobiliario o el carpintero se equivocó en algo, por lo que la nueva casa no está lista aún.
—Entonces, ¿por qué no te quedaste en tu antigua casa?
—Compramos la nueva antes de saber eso, por lo que ya hay gente viviendo en la casa vieja…
—… Ya veo, eh.
Técnicamente hablando, la causa fue que el padre de Itsuki se equivocó con la verificación, y la madre de Itsuki se enfadó mucho con él por ello.
Después, su madre pensó un poco en las opciones que tenían, y decidió alquilar un lugar durante un mes en el apartamento propiedad de su hermano.
Acabaron por no tener que pagar el alquiler en un acuerdo especial porque eran familia, y porque él tenía una habitación vacía de todos modos.
—“Ya que todo nuestro dinero fue a parar a la casa, ¿no sería mejor ahorrar un poco?”
Su padre se grabó esa frase en el corazón, ya que su madre seguía medio enfadada con él.
Se sentía fatal, así que no pudo rechazar su oferta.
—… Aww, tío.
Haruto dejó escapar un suspiro mientras empezaba a escribir en su diario.
Pero pronto dejó de escribir y sacó de su bolsillo un smartphone con el que empezó a jugar.
—… Eres rico, Haruto.
—¿De verdad? ¿Por qué?
—Tienes un teléfono y todo eso.
—No, yo no diría que el hecho de tener un smartphone te haga rico.
Bueno, ciertamente, la familia de Itsuki no era especialmente pobre, así que no era como si no pudieran comprarle un teléfono.
Sus padres simplemente se aferraron a la filosofía de que «la escuela primaria es demasiado pronto para que un niño tenga un teléfono».
Itsuki tenía otra razón para llamar rica a la familia de Haruto.
—Mi tío, que es tu padre, ¿no es un guionista famoso?
—Eso es cierto sólo a medias. La parte de “guionista” es correcta, pero lo de “famoso” no.
—Pero mi padre me dijo que el tío escribió una vez un guión para un drama muy popular.
—No sé nada de eso. Eso debe de ser de cuando yo era un bebé. Tuvo un éxito bastante grande, pero últimamente no ha tenido nada parecido. —Haruto siguió hablando mientras miraba su teléfono—. Lo mismo pasa con este apartamento. Quizá sea porque tiene un aspecto anticuado, pero parece que no tenemos muchos inquilinos. Ahora mismo, más de la mitad de las habitaciones están vacías. Después de todo, esto tiene casi cien años.
—Cien años… Eso es sorprendente. No parece tan viejo.
—Eso es porque ha sido renovado y se le han puesto añadidos un par de veces.
«Eso tiene sentido», pensó Itsuki. No le parecía muy común que un edificio construido hace tanto tiempo tuviera cuatro pisos.
—No parece tan moderno, pero sigue estando bastante bien —murmuró Haruto con desgana—. A veces se meten ratones y cosas así. Tú… ¿cómo te llamabas?
—Itsuki. Itsuki Endou.
—Ah, sí. Itsuki, ¿has oído algún ratón desde que llegaste aquí?
Un ratón… ahora que lo pensaba, le pareció oír uno una vez.
Pero no fue en su habitación alquilada-.
Itsuki señaló la puerta negra del fondo de la habitación.
—Oí uno en el interior de esa habitación el otro día, antes de que habláramos.
—¿En serio? Allí, ¿eh? Incluso mi padre parece que apenas entra ahí, así que me pregunto si eso es posible.
—¿Tú tampoco entras ahí, Haruto?
—No. Mi padre es el único que puede entrar en el “Archivo Secreto». Pero no sé por qué… Seguro que esconde DVDs porno ahí detrás.
—…
—¿Te interesa?
—No… realmente no.
A Itsuki no le interesaban tanto los DVDs porno como la propia habitación, así que se negó.
—Bueno, será mejor que alguien llame a los exterminadores, así que se lo diré a mi padre.
Haruto se puso de pie, se acercó a la puerta negra y golpeó el pomo.
—Si la abro, podríamos comprobarlo nosotros mismos, pero no lo tenemos permitido.
Volvió al escritorio y tomó su cuaderno.
—Es casi la hora de la cena, así que me voy a ir ya.
—Vale… bueno, hasta luego.
Con su cuaderno en la mano, Haruto salió de la biblioteca.
«… No llegó a terminar la entrada de su diario; ¿va a estar bien?»
Pensando en eso, Itsuki retomó la lectura.

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