Me encontraba en una sala de conferencias, con hombres en uniforme militar alineandose a mi alrededor.
Uno de ellos señaló un punto en el mapa que había extendido sobre el escritorio y comenzó a explicarme algo.
—El Frente Sur ya ha sido irrumpido por el ejército de la UEE. Rolled ha sido tomada y ahora marchan hacia Lucifenia. Si esto continua, será solo cuestión de tiempo antes de que la República de Lucifenia nos sea arrebatada. En el oeste, las fuerzas costeras han logrado detener los cruceros de Marlon, pero la situación no es favorable…
¿Por qué me decía tales cosas?
¿Cuál era el nombre de este hombre?
«… Areus… Sí, él es… el General Areus Hymn»
Mi borrosa conciencia comenzaba a volverse gradualmente más clara.
«Y esos son… Gigaty… Polrio… Y aquel hombre de lentes es Grand…»
Confirmé los nombres de los oficiales alineados uno por uno en mi mente.
«Mima… Enchery… Sí, todos ellos son mis subordinados. Mis colegas del gran partido Tasan»
El general Areus, quien seguía informando la situación, no lucía para nada bien.
Su expresión era más clara que sus palabras; Estaba contando nuestra mala posición en la guerra.
—Nuestros aliados también están tardando en actuar. Beelzenia está ocupada en la defensa de su propio país, y Jakoku, pues… Aún está sufriendo el «desafortunado accidente» del otro día. También hay informes de que ya están preparando una rendición total al ejército de la UEE.
Dicho esto, el general Areus dejó de mover la boca.
Al parecer estaba esperando algún tipo de respuesta mía a su informe.
Lo mismo ocurría con los demás. Todos tenían sudor en la frente y permanecían erguidos e inmóviles.
¿Nos rendiríamos? ¿Continuaríamos la guerra?
Estaban esperando mis palabras.
Las palabras de la Führer de Elphegort, Némesis Sudou.
Me encontraba sentada en una silla, pero me levanté en el acto.
Pude ver claramente que todos estaban impresionados.
—… No hay ningún problema.
Estoy segura de que me encontraba sonriendo.
¿Cómo podía sonreír en una situación tan crítica? Tal confusión se podía ver a través de las expresiones faciales de los oficiales.
No era que estuviera alardeando.
Como había dicho, no había ningún problema.
—Todos, vengan aquí.
Me acerqué a un librero en el fondo de la sala de conferencias e inserté la llave que tenía en el ojo de la cerradura en la parte posterior del estante.
La estantería se deslizó hacia los lados, revelando la puerta que conducía a una habitación oculta.
Había algunos dispositivos en esta sala.
No muchos sabían lo que eran, incluso entre los miembros destacados del partido Tasan.
El primero en hablar fue el general Areus.
—Esto… Entonces, ¿ya está listo?
—Así es. Todo lo que tenemos que hacer es iniciarlo y todo habrá terminado. —Puse mi mano sobre el mecanismo de disparo y sonreí de nuevo—: —El engendro de los dioses que nos llevará a la victoria, «Castigo».
Era una nueva arma desarrollada por el departamento de ciencia militar de la que Elphegort se enorgullecía. Su objetivo ya estaba fijado en la totalidad de Evillious.
Los dos experimentos de lanzamiento tuvieron más éxito de lo que se había imaginado. El primer «Castigo» quemó por completo el Bosque del Árbol Milenario en la parte sur de Elphegort, y el segundo convirtió a Onigashima, en Jakoku, en una tierra de cenizas; a decir verdad, este segundo tuvo un error de cálculo, se suponía que iba a ser disparado hacia las llanuras más occidentales de los Estados Unidos de Maistia.
—Pero…. Führer… —La expresión del general Areus todavía era seria, incluso cuando veía el mecanismo de disparo—. ¿De verdad va a usar esto?
—Si así fuera, ¿tiene alguna objeción?
—Tengo dos preocupaciones. Primero, el poder destructivo de «Castigo» es mucho mayor que el de las armas existentes. No importa dónde sea disparado, es inevitable que mueran muchos civiles. La otra es que la precisión es inestable debido a su desarrollo apresurado. Si se pierde el objetivo, existe la posibilidad de que nuestro país resulte dañado…
—Nuestros científicos están trabajando duro para evitar que eso suceda. No debería haber más errores como el de Jakoku.
—Pero…
El general Areus no se retractó. Al parecer los otros oficiales parecían tener ideas similares. Aparentemente, primero necesitaba aclarar sus malentendidos.
—General. No estoy tratando de lanzar ningún «Castigo» en este momento. Esto es… un elemento de disuasión.
—…
—Es posible que otros países ya hayan escuchado de la situación en Onigashima. Pero el ejército de la UEE ni siquiera sabe que todavía tenemos varios «Castigos» disponibles. Por eso están haciendo un avance tan presuntuoso. Creen que no tenemos más opciones… Cuando nuestro enemigo sepa que hay más «Castigos», y que sus objetivos se establecen en cada país, habrá lugar para la negociación.
—… Ya veo.
—De aquí en adelante, es su trabajo, caballeros. Con la grandeza de «Castigo» respaldándolos, ¡hagan que el ejército de la UEE se retire de todo el mundo!
—¡Si!
Siguiendo al general Areus, todos los oficiales me saludaron.
—¡Ahora, vayan! ¡Por nuestro Tasan-Elphegort!
—¡Viva su Excelencia la Führer Sudou!
Después de que terminara la reunión, me quedé sola en mi habitación tomando un breve descanso.
Normalmente, no era una buena idea estar de pie junto a una ventana. Existía la posibilidad que un asesino de un país enemigo te estuviera apuntando con un arma.
«Mátenme, intenten hacerlo.»
Sin dudarlo, comencé a mirar por la ventana. No había figura alguna con aspecto de un asesino en las ventanas del edificio opuesto, en el techo o entre las ramas de los árboles al borde de la carretera.
A pesar de que todo el mundo estaba en guerra, el área alrededor de la sede del Partido Tasan estaba tranquila. Se podía ver a una anciana caminando por la calle, tirando de un carro cargado con un gran barril.
Mire hacia el interior de la habitación. Realmente no me gustaban las habitaciones decoradas excesivamente. Todo lo que necesitaba era lo mínimo requerido.
Aquí solo se encontraba un escritorio, una silla, una cama para tomar la siesta, varias medallas y fotos pegadas en la pared y un gran acuario.
En el fondo del acuario se encontraba un Ziz Tiama, un pulpo azul que dormía plácidamente. Los invitados que venían a esta habitación por primera vez solían sentirse desanimados por la presencia del pulpo. Para ser precisos, era sobre todo por mi, quien se molestaba en tener un pulpo así en la habitación.
Fue ese pulpo el que mi madre me dio justo después de nacer. Le llamé «Sr. Ziz» y lo adoraba. Han pasado más de 30 años desde entonces. Para mí, él era mi amigo más antiguo y se podría decir que compartimos un destino en común.
Mientras que Sr. Ziz estuviera vivo, yo no moriría; siempre que se lo digo a alguien, piensa que es una broma y se ríe.
Solo una persona me escuchó decir eso sin reírse.
Si él todavía estuviera vivo, mi vida habría sido diferente. Siendo así, no estaría en posición de gobernar un país como este, sino que viviría como una esposa…
Qué ridícula fantasía.
No se gana nada mirando hacia el pasado, y no me arrepiento de quien soy ahora.
Tengo que salvar el mundo.
A este mundo lleno de «Ira».
… Incluso si no soy la persona adecuada para ello.
Ya no puedo echarme atrás.
Noté algo de conmoción afuera y me acerqué a la ventana nuevamente.
Frente a la puerta principal, los soldados de la guardia discutían con alguien.
Una mirada más cercana reveló que la otra persona era la mujer de antes que tiraba de un carro.
—¡Lo digo enserio, me dijeron que trajera esta comida aquí!
—No hemos escuchado nada sobre eso. Y este lugar está cerrado al público, para empezar.
—¡Eso no es de mi incumbencia! Si no termino mi trabajo, ¡no me pagarán! ¡Déjeme pasar!
Parecía que los soldados no pudieron ahuyentar a la mujer de manera efectiva, estupefactos por su actitud amenazante.
Llamaron a mi puerta y el coronel Polrio entró de inmediato. Tenía varios documentos en la mano.
Antes de que pudiera hablar, lo interrumpí:
—Hay un alboroto afuera.
—… Le ruego me disculpe. Parece una campesina tratando de llevar sus mercancías. ¿Quieres que dé la orden de que le disparen?
—Puede que sea una campesina, pero no podemos permitirnos que hagas daño a un ciudadano de Elphegort sin motivo. Que se vaya cortésmente… Si ni siquiera pueden hacer eso, entonces los soldados de Tasan-Elphegort no sirven para nada.
—Entendido. Haré lo que me pidas.
El coronel Polrio salió apresuradamente de la habitación, dejando los documentos en mi escritorio.
La población sufría esta prolongada guerra. Tuvimos una grave escasez de bienes, y no podíamos depender de la ayuda de nuestros aliados.
En este punto, para romper este estancamiento se necesitaría…
«A «Castigo», supongo»
Les había dicho a todos antes que no tenía intención de usarlo de inmediato.
Por supuesto, no hay nada que prefiera más que que todo esto se resuelva sin sacrificar a nadie.
Pero… «el otro yo» susurró en mi interior:
«Todo debe ser purificado.»
Esa personalidad brutal que dormía dentro de mí me atormentaba desde que era una niña. En general, me había vuelto capaz de ignorarla desde que me convertí en adulta, pero… Sentía como si su voz se volviera más fuerte últimamente.
El alboroto todavía continuaba afuera.
—¡Ya es suficiente de tus tonterías! —Oí gritar a los soldados, cuando miré por la ventana estaban apuntando a la mujer con las ametralladoras que llevaban.
Y en poco tiempo, sonaron varios disparos.
La mujer no parecía haberlos recibido. Más bien, pude ver algunas nubes de arena tenues del suelo cerca de ella, aparentemente fueron disparos de advertencia.
—Si no quieres que te disparemos, ¡vete!
Quizás asustada por la amenaza de los soldados, se dio la vuelta y luego lentamente comenzó a caminar hacia su carro.
«Qué desperdicio de balas.»
Tendría que castigarlos por eso más tarde con un recorte salarial.
Una vez que la mujer llegó al carro, no partió de inmediato.
Ella puso su mano en un cordón que ataba una sábana en la parte superior del barril.
Tuve un mal presentimiento.
A pesar de haber sido amenazada con un arma, el rostro de la mujer mostraba una sonrisa tranquila.
Soltó el cordón y rápidamente tiró de la sábana.
Lo que inmediatamente rompió la tapa del barril y saltó fue…
«… ¿¡Un tigre!?»
Los guardias parecían aún más sorprendidos que yo y, aprovechando su inacción inmediata, el tigre se abalanzó rápidamente sobre uno de los soldados.
—¡Aaaaugh!
Para cuando los guardias de la reserva salieron corriendo del edificio principal, escuchando los gritos, el tigre ya le había arrancado la garganta al hombre.
En algún momento la mujer había desaparecido de su lugar junto al carro.
Todos empezaron a dispararle al tigre a la vez.
Pero el tigre corrió para escapar de la lluvia de balas, desapareciendo detrás del edificio al otro lado de la carretera.
—¡Atrápenlo!
Cumpliendo con la orden de su comandante, todos los guardias se dirigieron en la dirección en la que había huido el tigre.
Fueron detrás del edificio, y justo cuando se perdieron de vista…
Una vez más, sonó los disparos.
«Pero… esas no suenan como nuestras armas militares.»
Inmediatamente, un número menor de soldados regresó corriendo, luego se escondieron detrás del muro perimetral del cuartel general y tomaron posiciones de disparo.
El líder de la tropa hizo sonar el silbato para pedir refuerzos.
—¡Estamos bajo ataque!
Al mismo tiempo, pude escuchar más disparos de los soldados enemigos del otro lado.
Me aparté de la ventana y me escondí en un lugar que no se pudiera ver desde el exterior.
Y luego recordé cierto nombre.
«Ese tigre… Me pregunto si es Feng Li, un fantasma de la PN.»
Entonces esa mujer probablemente era… Hel Jaakko disfrazada.
El coronel Polrio entró corriendo en la habitación, acompañado de dos subordinados.
—¡Estamos bajo ataque!
—¡Lo sé! ¿Por quién y cuántos?
—¡A juzgar por sus uniformes, es probable que sean de los Estados Unidos de Maistia! En cuánto a cuántos… Por lo que sabemos ahora, tal vez unos diez soldados.
—Maistia… Es toda una hazaña haber venido hasta aquí desde el otro lado del océano.
Debía ser una unidad de infiltración que llegó a Elphegort haciéndose pasar por campesinos.
«Aún así… Qué imprudente. No hay forma de que estos cuarteles generales caigan en manos de un número tan reducido de personas.»
Escuché el sonido de las ventanas de mi habitación rompiéndose violentamente por el fuego enemigo. El coronel Polrio dejó escapar un pequeño gemido y se escondió debajo de mi escritorio.
—¡Führer, esto es demasiado peligroso! ¡Debemos trasladarnos a la sala del consejo de guerra!
—Eso sería lo más prudente.
Comencé a dirigirme hacia la puerta, agachándome.
—… Coronel Polrio.
—¿Sí?
—Lleva mi acuario a la sala del consejo de guerra.
—¿Eh? Pero no puedo hacer eso por…
—¿Para qué están aquí esos hombres acobardados a tu lado?
Incluso en medio de todo este caos, Sr. Ziz se encontraba pacíficamente en su acuario, sin mostrar signos de despertarse.
Qué criatura tan despreocupada.
Mientras esperábamos a que terminara la batalla dentro de la sala del consejo de guerra, reflexioné sobre la verdadera identidad de nuestros enemigos.
«¿Por qué los ex miembros de la PN están con las tropas de Maistia?»
Había una organización de justicia conocida como la Oficina de la Estrella Oscura en el norte de Levianta. Tal oficina creó una vez su propia fuerza personal separada de la policía para mantener la paz.
Esa fue la «Policía Neutral», apodada «PN».
Después de que Levianta estallara en una guerra civil debido a los excesos del director de la Oficina de la Estrella Oscura, Gallerian Marlon, la PN se disolvió.
Algunos fueron encarcelados, algunos fueron reclutados para la Policía Mundial, algunos fueron a pasar el resto de sus años en sus países de origen.
Yo misma había trabajado una vez en la PN.
… Aunque nunca fui un miembro oficial. En la superficie, la PN tenía el propósito de realizar actividades para mantener la paz en cada país como una alternativa a la policía corrupta, pero detrás de escena también realizaba trabajos secretos de asesinato contra cualquiera que amenazara a la Oficina de la Estrella Oscura, o mejor dicho, cualquiera que se interpusiera en el camino de Gallerian.
Se me había confiado la realización de esas tareas «detrás de escena».
Feng Li, Hel Jaakko… Habían sido parte de la cara «pública» de la PN. Por esa razón, aunque había oído hablar de ellos, hoy era la primera vez que los veía.
Quizás no necesitaba pensar demasiado en ello. Había pasado mucho tiempo desde que se disolvió la PN. No había nada particularmente extraño en los lugares donde sus miembros terminaron trabajando.
Yo fui la mejor prueba de eso.
¿Quién podría haber imaginado que “Némesis” estaría parada en la cima de Elphegort? ¿Yo, que una vez no había hecho nada más que causar problemas con mis amigos en los barrios bajos de Aceid?
—… Está tranquilo.
En algún momento, el sonido de los disparos se había desvanecido.
—Quizás hayan terminado de reprimir a nuestros enemigos —sugirió el coronel Polrio.
Aproximadamente diez oficiales del partido, incluyéndome a mí, estábamos reunidos en la sala del consejo, el lugar más seguro de la sede.
—… ¿Dónde está el Mayor Enchery?
Fue entonces cuando finalmente me di cuenta de que uno de los oficiales estaba ausente.
—Se fue, ahora que lo mencionas… Tal vez agarró un arma y salió para unirse a la pelea. Es un hombre bastante atrevido, ja, ja, ja. —Realmente hubiera preferido que el general Areus hubiera estado bromeando—. Le dije que pensara en su edad y posición. No es el trabajo de un comandante estar en primera línea.
—Es cierto, lo regañaré al respecto cuando regrese.
De repente, la puerta se abrió.
El hombre que estaba allí era el tema de la discusión, el mayor Enchery. Todos en la sala volvieron la mirada hacia él a la vez.
Inmediatamente me di cuenta de que el sudor le corría por las sienes. Quizás estaba incómodo por haber llegado tan tarde… Eso es lo que llegué a pensar por un momento.
«No… No es por eso.»
El general Areus también pareció notar algo extraño en el mayor Enchery cuando trató de acercarse a él.
—Está usted…
Pero antes de que el general Areus pudiera hablar con él, el mayor Enchery se inclinó hacia adelante.
Encajado profundamente en su espalda, había un cuchillo grueso.
—¿¡!?
Todos comprendieron la situación y se movieron para esconderse detrás del escritorio, sacando sus armas.
Sin embargo… Los movimientos de nuestro enemigo fueron un poco más rápidos.
El cañón de una pistola brilló desde el otro lado de la puerta; varias personas recibieron disparos de las balas que salían disparadas de este.
—¡Gah!
Miré a los caídos desde la sombra del escritorio. Entre ellos estaban… Gigaty y Grand. El general Areus estaba… apenas con vida.
Estaba tirado en el suelo, gimiendo de dolor por un disparo en la pierna izquierda.
Entonces alguien pisoteó su pierna herida.
—¡Augh!
Haciendo caso omiso de los lastimosos gritos del general Areus, los intrusos se acercaron a mí y a los demás.
—¡Suelten sus armas y pónganse de pie con las manos en el aire! —El hombre que parecía ser el líder gritó hacia donde estábamos escondidos.
Naturalmente, no teníamos intención de obedecer sus órdenes.
Me puse de pie y me mostré a nuestro enemigo: con mi arma lista.
A esa señal, los demás también se pusieron de pie y apuntaron con sus armas a los intrusos.
Había menos de ellos de los que pensaba.
Solo tres.
Todos cubrían sus rostros con telas y lentes.
«Nos quedan siete personas. Tenemos números superiores, pero…»
Había una clara diferencia de equipamiento entre nosotros y nuestros enemigos.
Todos los oficiales de Tasan portaban pistolas para su protección personal, por el contrario, nuestros oponentes estaban equipados con rifles totalmente automáticos y los chalecos que llevaban eran, sin duda, a prueba de balas.
«Incluso si intercambiamos fuego… ellos serían los que quedarían al final.»
Su líder probablemente se dio cuenta de eso.
Me apuntó con el arma y declaró, sin mostrar signos de miedo:
—Lo diré de nuevo. Suelten sus armas. Si no, dispararé a la Führer Sudou primero.
Todos los oficiales parecían estar en conflicto, pero cuando el coronel Polrio arrojó su arma derrotado, los otros siguieron su ejemplo uno por uno.
Y así, yo era el único entre mis aliados que todavía empuñaba un arma.
—No sabes cuándo rendirte, ¿verdad, Führer? Incluso debes ver que no tienes ninguna esperanza de ganar —dijo el líder y continuó apuntándome con su arma, los otros dos observaban amenazadoramente a los oficiales capturados.
—No.
Y, sin embargo, no tenía ninguna intención de obedecerle.
—Ya veo, entonces no me dejas otra opción; morirás aquí, Némesis. —El hombre apretó el gatillo sin dudarlo.
Pero la bala nunca salió de su ametralladora.
Lo que sucedió en cambio fue un «desafortunado accidente»
—Guuh…
El hombre cayó de rodillas, agarrando su mano ahora cubierta de sangre.
No podría haber imaginado 1ue su arma explotaría en el momento en que apretó el gatillo.
—Supongo que no tuviste tanta suerte, je, je… —Sonreí con sarcasmo pero, por supuesto, esto no era simplemente «mala suerte».
—¡Señor!
Uno de sus aliados corrió hacia él y luego me apuntó con su ametralladora.
—Oh, ¿vas a disparar a continuación? Adelante, inténtalo. Sin embargo… es mejor que esperes que no haya otro “accidente”.
Se movió para dispararme, enojado por mi provocación, pero el líder lo detuvo.
—¡No lo hagas! Esta mujer… le hizo algo al arma.
El líder tomó el arma de las manos de su compañero y la revisó cuidadosamente con manos temblorosas.
—… Como lo pensaba. Tiene algo adherido al interior del cerrojo. ¿Esto es… hielo? —Finalmente, el hombre arrojó el arma a un lado y luego me miró a través de sus lentes—. … Maldita bruja.
—Vaya, no uses una palabra tan anacrónica como «Bruja», su existencia fue completamente desacreditada por el Departamento de la Estrella Oscura hace mucho tiempo, ya deberías saberlo.
—… Lo sé. Yo también fui una vez miembro de la “PN”, después de todo.
Mi corazón se conmocionó levemente al escuchar eso.
Una vez más miré su herida.
Esa mano ensangrentada… el color de su piel… Era negro.
«Este hombre… No puede ser…»
Mientras sostenía mi arma en una mano, me acerqué a él.
Su otro compañero mantuvo su ametralladora apuntándome, pero no había por qué temer, aunque disparara, obtendrían el mismo resultado que su líder.
Puse mi mano sobre sus lentes y se las arranqué. Luego rasgué la tela que cubría su boca y entonces…
Vi que se trataba de una cara conocida.
—Bien, Bruno Zero… Así que eres tú.
De la deplorable organización PN, él había sido su líder.
—Ha pasado algo de tiempo, Némesis.
—… Has envejecido, Bruno.
Esta fue una reunión con décadas de diferencia a la última, pero ninguno de los dos sonreía.
—¿Por qué estás con el ejército de Maistia, o más bien, por qué estás atacando este lugar?
—¿Realmente necesitas preguntarme eso? Creo que es obvio que vine a matarte como enemiga de los Estados Unidos de Maistia… führer de Tasan-Elphegort.
—Si ese es el caso, ¿por qué no me disparaste de inmediato? Intentaste hacer que me rindiera al principio.
Bruno no respondió.
Simplemente continuó mirándome, en silencio.
Controlando la situación, el coronel Polrio tomó su arma y se acercó a mi lado.
—¿Es un conocido suyo, Führer?
—Conocido… Sí. Se podría decir que a este hombre, Bruno, es a quien le debo la vida.
—Oh, entonces…
—Revísale. Puede que encuentres algo.
El coronel Polrio agarró rápidamente a Bruno y luego comenzó a registrar sus bolsillos.
Mientras lo hacía, los otros oficiales agarraron a los camaradas de Bruno y pidieron refuerzos.
Era evidente que los combatientes que habían atacado la puerta principal al principio eran simplemente una distracción. Una unidad diferente compuesta por Bruno y sus aliados se coló mientras los guardias estaban distraídos y llegaban a la sala del consejo… Esa era la esencia de su ataque.
—Führer. Encontré esto… —El coronel Polrio me entregó una hoja de papel una vez que terminó de registrar a Bruno—. Parecen órdenes. Está escrito en código, así que no sé lo que dice… ¿Se lo descifro?
—No hay necesidad.
Reconocí ese código.
—Usando el mismo código que usaste en la PN, te has vuelto un anticuado, Bruno.
Su contenido… Eran los detalles sobre la nueva arma que poseíamos, «Castigo».
Y también la orden de destruirlo.
«Entonces… la información se filtró. Pero solo revelé la existencia de «Castigo» completamente por primera vez en la reunión anterior con mis oficiales. Existe la posibilidad de que tengamos un espía entre nuestros científicos militares.»
Tendría que investigar eso más tarde.
Primero, necesitaba decidir qué hacer con Bruno.
Me acerqué a él y puse el cañón de la pistola en mi mano en medio de su frente.
—¿Te acuerdas de esta pistola, Bruno?
—… Tu «Naga Custom 44».
—Sí… El revólver que «Postman» me dio ese día. El nombre del remitente era… El «Amo».
—…
—Si no hubiera sido por ti, no estaría aquí ahora. La persona que me salvó cuando fui acusada del crimen de hundir el S.S. Titanis y sentenciada a ser ejecutada, fuiste tú.
—… Me arrepiento de haberlo hecho. Deberías haber muerto en ese entonces.
Aun así, me había salvado la vida.
Porque yo… era la hija de alguien a quien él amaba.
Bajé el arma y acerqué su rostro para mirarlo directamente a los ojos:
—Lo diré una vez más. Te debo la vida. Tú me salvaste. Y tú eres quien me convirtió en lo que soy ahora.
—Entonces… ¿Me dejarás vivir? ¿Es eso lo que estás a punto de decir?
Le sonreí y le respondí:
—Oh, no. Lo que quiero decir es que por esa misma razón es que voy a matarte.
Una vez más puse el cañón del revólver contra su frente y rápidamente apreté el gatillo.
Y cuando la sangre me bañó la cara, me sentí totalmente satisfecha.

Una respuesta a “Capítulo 1 – Memoria del Ajuste de Cuentas; Escena 2”