Historia del Pecado Original -to- — Caja de Música del Remembrar

Por mucho que se dirigiera hacia el oeste, espoleando su caballo al galope, el paisaje urbano con el que una vez estuvo tan familiarizado no se revelaba.

Lo que el sol sobre su cabeza iluminaba era la tierra quemada y los escombros que quedaban… La prueba de que el país que una vez estuvo aquí había sido destruido y borrado de la historia.

Aunque tenía ante sus ojos las ruinas de su patria perdida, Nyoze no derramó ni una lágrima.

Su dolor lo había dejado atrás, en la tierra de Asmodean, con su mujer y su hijo.

Ahora, su prioridad era buscar supervivientes.



El legado de los dioses, y los hechizos mágicos-el Reino Mágico que se había jactado de un gran esplendor como resultado de estas fortalezas había, un día, caído repentinamente en la ruina.

Al menos para la gente de otros países, esto había sido una catástrofe que ocurrió sin siquiera un presagio, y por lo tanto el evento sirvió para llevar el horror, el miedo y el caos a sus corazones.

En mayor o menor medida, sus países vecinos habían recibido muchas bendiciones del Reino Mágico. Bienes, negocios, fuerza militar… El propio «País Púrpura», Asmodean, sin duda vería pronto los reveses ahora que la ayuda del Reino Mágico para su larga guerra con el país del sur había sido cortada.

Por esa razón, el rey de Asmodean había concedido a Nyoze una pequeña unidad de caballería y le había permitido regresar a su tierra natal.

El objetivo del rey era evidente: Poner sus manos en el «legado de los dioses» sobre el que se había fundado el Reino Mágico antes de que cualquiera de los otros países pudiera

«… Suponiendo que tales cosas sigan existiendo, es decir», murmuró Nyoze internamente mientras contemplaba el devastado paisaje que tenía ante sí.

Carros automatizados, dispositivos de purificación de agua, plantas de fabricación de hierro… todos los artículos mágicos que se habían utilizado en el reino mágico habían sido, por lo que parecía, totalmente destruidos.

Todavía no sabía hasta dónde se había extendido el alcance de la catástrofe. Pero si el área bajo la superficie del suelo estaba intacta, entonces aún quedaba alguna posibilidad de excavar nuevas piezas del «legado».

Pero incluso si eran capaces de obtenerlas… Nyoze no podía imaginarse que la gente de Asmodean, sin ninguna habilidad mágica, fuera capaz de utilizarlas.

Bueno, no tenía porqué preocuparse de ello.

Sí, no tenía porqué. Para Nyoze todo eso era poco más que un pretexto.

Su objetivo estaba en otra parte: Buscar la verdadera causa de esta catástrofe.

Nyoze siguió espoleando su caballo.

No había nadie a su alrededor. Aunque el resto de la unidad de caballería debía estar aún en su retaguardia, no podía verlos. Era comprensible, dado que la mayoría de los caballos que ellos montaban no podían correr rápido. Eso le hizo preguntarse cuánto tiempo habría tardado en llegar a su destino si hubiera seguido su ritmo.

Había perdido toda la compostura de su corazón al ver con sus propios ojos el terrible espectáculo de la tierra en la que había crecido; el propio Nyoze era muy consciente de ello. Pero aun así, no pudo detenerse.



A decir verdad, Nyoze tenía alguna idea de lo que había sucedido con respecto a esta «Catástrofe de Levianta».

Al fin y al cabo, él había sido miembro del senado que había servido como columna vertebral del Reino Mágico.

Ese «Proyecto» que el Senado había impulsado en secreto… No cabía duda de que estaba relacionado con lo que había ocurrido.

«Así que el lugar al que debería ir primero es el Castillo de Alicegrad… No, quizás sea mejor ir a la ciudad de Lighwatch».

Había doce capitales en el corazón del Reino Mágico.

Nyoze estaba seguro de que se encontraba bastante cerca de la ciudad de Lighwatch, que servía como una de esas capitales.

Pero las casas que debían estar allí no se veían por ninguna parte.

Sólo había una pequeña cantidad mayor de ruinas que las que se estaba encontrando en su camino.

El caballo que montaba se detuvo de repente.

Parecía no querer avanzar entre los escombros. Cuando miró más de cerca, vio que entre esos escombros había un surtido de restos afilados, como de hierro y trozos de cristal.

De mala gana, Nyoze se puso en pie. Al ser un caballo asmodeano bien entrenado, no necesitaría sujetarlo a nada para evitar que huyera de él.

Al echar otro vistazo a su alrededor, confirmó para sí mismo que no podía percibir ninguna señal de vida.

«No. Hay… gente, creo…».

En los escombros a su izquierda, sobresaliendo de un hueco, pudo ver algo pálido que no era ni hierro ni vidrio.

Eso era inequívocamente… un miembro humano.

No tuvo el valor de sacarlo. De todos modos, no había ninguna posibilidad de que el dueño de esa pierna podrida siguiera vivo.

No eran cadáveres lo que Nyoze buscaba. Era gente viva.

Aunque mantenía los oídos abiertos, lo único que podía oír era el débil sonido del viento.

El gran ajetreo que solía llenar la ciudad de Lighwatch no era ahora p-

«-No, espera. Puedo… oír algo. ¿Es eso… música?»



Lu li la.

Lu li la.




Un sonido metálico continuo.

Tenía un ruido y ritmo sistemáticos.



Lu li la.

Lu li la.




No sonaba como si estuviera siendo interpretado con instrumentos musicales.

«Creo haberlo escuchado hace tiempo, en algún lugar…»



Lu li la.

Lu li la.

Lu li la.




Mientras esforzaba más sus oídos para determinar de dónde venía el sonido…

—Si tan sólo… Si tan sólo…

La frágil voz que pudo oír desde su espalda fue suficiente para sobresaltar a Nyoze.

Cuando se giró, vio a una anciana de baja estatura.

Había cicatrices de quemaduras en la mitad derecha de su cuerpo.

—Ooh… —Cuando la anciana miró el rostro de Nyoze, emitió un sonido de admiración—. ¿Podría ser… Lord Gammon? ¿Lord Gammon, es usted?

Nyoze negó con la cabeza en señal de disculpa.

—No, no soy el jefe del Senado. Soy su hermano menor, Nyoze.

—Ah… Por favor, perdónadme por la confusión. Pero el hecho es que usted es un senador del clan Loop Octopus. Todos se alegrarán de saber que un senador ha sobrevivido.

—-¿Hay más supervivientes?

—Sí, sí, los hay… Pero todos se están muriendo de hambre. Y hay muchos a las puertas de la muerte por sus heridas. —La anciana se agarró a las piernas de Nyoze—. Senador. Por favor… ayúdenos.

Nyoze asintió con la cabeza tanto como pudo.

En algún momento, había dejado de escuchar ese misterioso sonido.



Según lo que le dijo la anciana, había docenas de supervivientes dentro de las ruinas del templo Lighwatch, el lugar al que le llevó.

Había quienes estaban relativamente sanos, y había algunos que sólo podían yacer allí en un estado lamentable, pronto a morir.

—¿Hay alguien que pueda curar sus heridas? ¿Las doncellas del santuario Lighwatch que vivían aquí, quizá?

La anciana negó con la cabeza ante la pregunta de Nyoze.

—Las doncellas del santuario y los sacerdotes ya habían muerto cuando llegamos aquí. Y no sólo aquí. Muchos han perecido, hasta el punto de que toda la ciudad se ha llenado de cadáveres.

Al parecer, los supervivientes más jóvenes estaban intentando agruparse y enterrar todos los cadáveres que pudieran.

Aun así, todavía había muchos de los muertos en lugares donde no podían ser excavados de los escombros.

—Las reservas de emergencia de alimentos y medicinas en el templo casi se han agotado. A este ritmo…

—Ya me lo imagino. Por favor, espere aquí un minuto… ¿Tiene algo que pueda quemar?

La anciana envió a un joven a buscarle algo de leña. Con ella, Nyoze encendió una hoguera para enviar un mensaje a la lejana caballería.

—La unidad de ayuda de Asmodean llegará en breve. Deberían poder traerte lo que necesitas.

—Oh, bendito sea, bendito sea…

La anciana juntó las manos en señal de gratitud.

Nyoze volvió a mirar alrededor de las ruinas del templo.

Y su atención se centró en una peculiar reunión de personas arrodilladas hacia una de las esquinas.

Había un santuario quemado ante ellos, y sobre él se encontraba una efigie de madera con forma de persona.

—Eso es…

Tenía el pelo largo, pero parecía representar a un hombre.

Varios hombres y mujeres le rezaban.

La anciana alargó la mano para detener a Nyoze cuando empezaba a dirigirse hacia ella.

—Por favor, ten piedad de ellos…

Al ver su expresión de nerviosismo, Nyoze se detuvo.

—Así que eso es realmente una efigie de Held.

El Dios del Bosque, Held. Un ser que había sido declarado un falso dios en el Reino Mágico, con todo el culto a él prohibido.

Además… el templo de Lighwatch era un lugar que había estado bajo sospecha de venerar a Held en secreto.

Por su parte, Nyoze no tenía ninguna inclinación a detener sus oraciones, ni a censurarlas por su crimen.

La verdadera cuestión era… por qué estos refugiados, que no eran ellos mismos doncellas del templo de Lighwatch, estaban adorando a un dios falso.

Era relativamente sencillo adivinar la respuesta a eso.

Sólo podía ser… que había ocurrido «algo» en este país que les hiciera dejar de creer en sus propios dioses.

—Al final la catástrofe fue obra de nuestros dioses, ¿eh?

La anciana inclinó la cabeza con curiosidad ante el murmullo de Nyoze.

—Señor senador… ¿No lo ha visto? Ese… terrible y enorme dragón de dos cabezas que voló por los aires…

—Yo… no estaba aquí. No estaba en el país en ese momento. Aunque no es que no haya visto nada. Pude ver por mí mismo la figura de un dragón, incluso en Asmodean, en el lejano este.

—Ya veo…

Nyoze lo sabía.

Que la ira de los dioses un día convertiría todo en cenizas; que la «reina» había recibido un oráculo que lo detallaba… Y que aunque el senado había intentado promulgar un «proyecto» para evitarlo… lo más probable es que fracasaran en su intento.

—¿Podría decirme… qué pasó exactamente en este país?

La anciana asintió a su pregunta, y lentamente comenzó a contar la historia.

—Fue un espectáculo sumamente aterrador… El día en que celebraban la ceremonia de coronación de la nueva reina en el castillo real… En ese momento, yo estaba recogiendo unas frutas que se habían caído de un árbol de mi jardín. A mis nietos les encanta la mermelada que hago con esos frutos rojos, ya ves… Bueno, en fin, había llegado a un punto de descanso en mi trabajo y casualmente miré en dirección al castillo.

—…

—Había una luz. Sí, una deslumbrante luz verde había aparecido muy claramente desde el castillo, y en el lapso de un instante pareció envolver a todo el país… Antes de darme cuenta, todo había cambiado por completo. Las casas se derrumbaron, los ríos se secaron y los viajeros que iban por la carretera empezaron a derretirse en el lugar como si fueran de barro. Mi cuerpo también se quemó por la mitad, pero lo que estaba presenciando era tan horrible, que ni siquiera me di cuenta de ello hasta pasado un tiempo.

—… Así que lo primero fue una luz… que, dices, fue disparada desde el castillo.

—Así es. Y después de eso… Los dioses, el Dios Dragón Levia-Behemo, se manifestaron. Los dioses no vinieron a salvarnos. Al contrario, destruyeron todo lo que quedaba con sus garras y el fuego que exhalaban sus bocas. … Luego, volaron a algún lugar, dejándonos aquí.

—El castillo… ¿qué pasó con la reina, y los otros senadores que debían estar allí?

—No sé mucho. … Aunque hay pocas dudas sobre si ese elegante palacio se ha derrumbado sin dejar rastro. … Aquí no hay nadie que haya intentado acercarse al lugar donde se encontraba. No hay quien se atreva a ir al lugar donde apareció esa espantosa luz…

Entonces tendría que ir él mismo- Eso fue lo que Nyoze se vio obligado a concluir.

Los otros senadores, la reina… y su hermano mayor Gammon, había pocas posibilidades de que alguno de ellos siguiera vivo.

Aun así, quería verlo por sí mismo.

Necesitaba determinar lo que había sucedido en el castillo ese día.

«Sí… hay varias cosas que no me convencen».



Nyoze sabía que una catástrofe ocurriría, pero estaba seguro de sería en otro momento.



Lu li la.

Lu li la.




«… Esa música de nuevo».

Se sentía como si estuviera mucho más cerca que antes.

Nyoze se giró en la dirección en la que oía la música.

-Un hombre solitario estaba sentado en el suelo, con una expresión vacía.

El anciano sostenía una especie de caja negra en la mano, manipulándola.



Lu li la.

Lu li la.




El sonido parecía emanar de la caja que el hombre sostenía.

—¿Quién es? —preguntó Nyoze a la anciana.

—¿Eh? Ah, él… No lo sé. Es uno de los que se refugiaron aquí después de la catástrofe, como los demás.

—Ya veo…

—… ¿Es acaso algún conocido suyo, señor?

—… No.

Esta… debería de ser la primera vez que lo ve.

Pero por alguna razón, Nyoze no pudo evitar sentir que conocía a ese hombre de algún lugar antes.

—Disculpe, ¿tiene un segundo? —Nyoze se dirigió al hombre, acercándose a él.

—…

Pero el hombre sólo siguió jugueteando con su caja, ignorando a Nyoze.

—¡Oye, tú! ¡No seas grosero con el senador! —reprendió la anciana al hombre.

Aun así, seguía inmerso en su trabajo, silencioso.

—Pido perdón en su nombre… Este hombre parece haber perdido un poco la cabeza… Nunca habla con nadie, sólo sigue haciendo cosas como esa…

—¿Como esa caja negra?

—Sí. ¿Ves esa bolsa grande y destartalada que tiene a su lado? Está llena de cajas negras similares.

—¿Alguien sabe qué son?

—Se lo preguntamos una vez, y nos contestó que eran “cajas musicales”. Pero no tocan música. Son sólo basura.



Lu li la.

Lu li la.




—… ¿Está segura? Puedo oír la música que suena de la caja.

En el momento en que escuchó a Nyoze decir esas palabras, el anciano dejó lo que estaba haciendo y lo miró, sobresaltado.

—¿Tú… puedes oírla? El sonido de esta caja de música…

—Sí, puedo. Es una bonita melodía, aunque un poco melancólica.

—… “Remembrar”.

—¿…?

—Ese es el título de esta canción. Así la llamé. —El hombre metió la mano en la bolsa que tenía a su lado y sacó otra caja negra—. Esto es tuyo… Nyoze Loop Octopus.

—¿¡-!? Entonces… ¿nos hemos visto antes?

—Eso da igual, con como están las cosas ahora. Pero, debes escuchar la melodía de esta caja de música.

El hombre sacó otra cosa, algo parecido a una llave metálica de cuerda, y se la entregó a Nyoze.

Había un pequeño agujero en el lateral de la caja negra. Lo suficientemente grande como para que la llave de cuerda cupiera dentro.

Nyoze se dispuso a introducir la llave en el agujero, pero el hombre le detuvo.

—Aquí no.

—¿…?

—Hay un lugar más adecuado para tocar la melodía de la caja de música.

El hombre levantó la mano y señaló.

Cuando Nyoze rebuscó en su memoria para confirmarlo, se dio cuenta de que la dirección era-

—El castillo… ¿Quieres que vaya a las ruinas de Alicegrad?

Pero el hombre negó con la cabeza.

—No. Para ser exactos, tienes que estar encima de lo que Alicegrad había estado custodiando… “El Pecado”. El lugar donde todo comenzó y terminó… Las respuestas que tú, al igual que yo, buscas, están allí.

—¿Qué demonios…? ¿Tú…?

—Yo no puedo ir. Ya no puedo escuchar el sonido de las cajas de música que he hecho. Así que debo ir por un camino diferente. En el lugar al que llegaré, completaré doce cajas de música.

—¡No tengo ni idea de lo que estás hablando! ¡Explícate bien!

—¡Oh, sólo cállate! ¡Ponte en marcha! Yo… debo hacer… mis cajas de música.

Después de decir eso, el hombre volvió a quedarse en silencio.

Aunque Nyoze intentó seguir hablando con él, el hombre no respondió.



A última hora de la noche, cuando la luna empezó a gobernar el cielo en lugar del sol…

Nyoze se quedó solo en el lugar donde una vez estuvo el castillo.

En su mano sostenía la caja de música negra que el hombre le había regalado.

La cosa que Alicegrad había estado guardando…

Nyoze supuso que se refería al lugar donde vivía la reina, el «templo de Levia-Behemo».

El castillo había sido construido originalmente para proteger eso, si se miraba hacia atrás en la historia.

Pero ese templo había desaparecido del mundo terrestre.

No había nada allí, ni siquiera cadáveres.

En comparación con los demás edificios, ese castillo debía haber sido el que más resistencia puso.

Aquella luz destructiva había sido suficiente para aniquilarlo por completo.

«Entonces, no parece que haya muchas posibilidades de que encuentre alguna pista…»

Podía clasificar lo que aquel hombre había dicho como las divagaciones de un loco, pero por el momento parecía que a Nyoze no le quedaba nada a lo que recurrir, excepto esa caja de música.

Sacó la llave de cuerda y, armándose de valor, la introdujo en la caja musical.

Luego dio cuerda lentamente al muelle.



Lu li la.

Lu li la.




Finalmente la música comenzó a sonar desde la caja de música.

Era una melodía diferente a la que había escuchado ese día.

Su tono rígido dibujaba una melodía que se sentía algo forzada.

«Me pregunto… qué clase de título tendrá esta canción».

Mientras reflexionaba sobre esto, Nyoze esperó a que ocurriera algo.

—…

No hubo ningún cambio.

La canción simplemente siguió sonando en el crepúsculo.

Era una melodía que sólo Nyoze escuchaba.

«… Je je. Es cierto. Ese hombre me indicó que escuchara esta caja de música aquí… Pero supongo que no dijo nada de que ocurriera algo como resultado».

No es que le hubiera mentido.

Simplemente había hecho una suposición incorrecta por su cuenta.

Decidió comenzar su búsqueda de nuevo una vez que el sol volviera a salir. Si podía colaborar con los otros soldados de la unidad de caballería, podría encontrar algo…


Pero sucedió justo cuando Nyoze comenzó a moverse para dar la vuelta:

—-Otro náufrago del tiempo…

Una voz de mujer.

No podía estar seguro de dónde la escuchaba.

Podía ser un grito desde muy lejos, un susurro en su oído, o incluso una música que resonaba dentro de la mente de Nyoze.

Esta voz sin calibre para su distancia murmuró una vez más:

—Bienvenido, a este País de la Diversión.

En ese momento, el escenario que le rodeaba se transformó.

Nyoze fue rodeado por innumerables luces pequeñas.

«¿Son… caballos? … No. No son caballos de verdad».

Estos caballos de madera corrían, entrelazados con luces.

Daban vueltas sin cesar alrededor del mismo lugar.

Por encima de su cabeza podía oír lo que sonaba como engranajes girando.

Cuando levantó la vista, pudo ver un enorme molino de viento con una caja suspendida en su parte superior, que giraba lentamente mientras hacía ese ruido.

Un mundo de cosas variadas dando vueltas y más vueltas.

Y en algún momento, Nyoze se encontró perdido en el centro de todo ello.

—Vaya, qué triste… Estás atado con cadenas.

De nuevo, apareció la voz de aquella mujer.

Nyoze gritó, desafiándola:

—¡No estoy atado a nada! ¿Quién eres? Muéstrate.

—¿Mostrarme? … Tal cosa no tiene sentido aquí. Aun así… si lo deseas…

De entre la oscuridad apareció una mujer, con los dos brazos atados con grilletes.

-O más bien, quizás la forma de la mujer tomó forma en un espacio donde antes no había nada, ni siquiera oscuridad.

En cualquier caso, parecía que ésta era la dueña de la voz.

—Ahora bien, náufrago. ¿Qué deseas? —le preguntó a Nyoze la mujer de inquietante piel blanca—. Destrucción… Renacimiento… ¿O quizás el camino a Angolmois?

—Yo… ¡sólo quiero saber la verdad! Quiero saber la razón por la que el Reino Mágico de Levianta fue llevado a la ruina!

—La “ira de los dioses” que iba a llegar un día, llegó… Eso es todo.

—¡Pero el “Engranaje del Crepúsculo” no había llegado todavía! ¡La catástrofe ocurrió mucho antes de lo que la reina predijo! ¿Por qué?

—Aah… Qué pérdida de tiempo. Tal cosa es poco más que una pequeña discrepancia. —La mujer sacudió la cabeza, como si estuviera decepcionada—. Si has venido aquí por una cosa tan trivial como esa, entonces no tengo más asuntos que tratar contigo.

—¡Espera un segundo! Puede que a ti te lo parezca, ¡pero para mí es de vital importancia!

La mujer miró a Nyoze con un porte imperioso.

—Entonces deberías preguntar a otra persona. A otro náufrago.

—Eso…

—No tardará en aparecer por aquí. Disfruta de la conversación con tu hermano.

—… ¿Mi hermano mayor Gammon está aquí?

—Ese era su nombre, ¿no? No es que los nombres tengan un significado real aquí.

—… Todavía no has respondido a mi primera pregunta. ¿Quién… eres? Tu nombre…

—Estoy bastante segura de que te lo acabo de decir: los nombres no tienen ningún significado real aquí. Aun así… si lo deseas, te daré un nombre temporal.

—…

—Me llamo Madam Merry-Go-Round.

Merry-Go-Round… Era el nombre de la familia que llevaban las sucesivas generaciones de reinas; o dicho de otro modo, era un nombre que solo le era permitido usar a las reinas.

Antes de que Nyoze pudiera preguntarle si era pariente de la reina, su figura desapareció, como si se fundiera en la oscuridad.

Simultáneamente, todas las luces a su alrededor también se desvanecieron. Nyoze quedó encerrado en la oscuridad total.

—…

No pudo hacer otra cosa que esperar. Ella le había dicho que Gammon acabaría viniendo. No tuvo más remedio que creer en sus palabras.

… Finalmente, con el ruido de unos pasos, un ser humano teñido de una tenue luz se acercó a él.

—-Gammon.

No era otro que Gammon, el hermano mayor de Nyoze.

Sin embargo, este reencuentro no fue necesariamente feliz para Nyoze.

—Supongo que no puedo alegrarme de que estés bien.

Había una razón evidente para que Nyoze le dijera eso.

Su hermano mayor no debía estar tan alejado de él en edad.

La última vez que se habían visto, antes de que abandonara el país, el rostro de Gammon estaba lleno de arrugas profundas y el pelo le había crecido de color blanco. Una prueba de que sus largos años de trabajo duro estaban empezando a surtir efecto en él.

Sin embargo, el Gammon que estaba ante él parecía ahora mucho más joven que su verdadera edad, como si fuera un joven de apenas veinte años.

Su hermano ya no era un humano de este mundo; eso era algo que Nyoze comprendió en el momento en que le puso los ojos encima.

—Nyoze… Así que, después de todo, has venido aquí.

—No suenas muy acogedor.

—No es así. Estoy muy contento de verte de nuevo. Pero al mismo tiempo… esto significa que tú también te has convertido en un “Náufrago del Tiempo”.

—La mujer de antes también me dijo eso. ¿Quién es ella? Y qué es este lugar…

—Madam Merry-Go-Round. Yo mismo no puedo explicar del todo lo que es. Es una gestora del tiempo, una cosa asociada a las generaciones de reinas, una Irregular… Algo por el estilo.

Aquello había sido un aluvión de frases de las que Nyoze no podía entender el significado, pero aun así podía hacer algunas conjeturas.

—¿Estamos… dentro del Templo de Levia-Behemo?

—Lo estamos. Por supuesto, sólo las candidatas a reina pueden entrar aquí. Aunque el templo ya no está en pie, el espacio en su interior sigue siendo así. Este es un umbral del tiempo donde ni siquiera los dioses pueden interferir.

—Es curioso que haya un espacio dentro de un templo que venere a los dioses con el que éstos no puedan interactuar.

—Los dioses no son omnipotentes. Al igual que un niño no es una marioneta perfecta de sus padres tampoco los dioses pueden apoderarse completamente de los actos de la humanidad.

Pero los dioses realmente habían llevado a su país a la destrucción, por su propia mano.

Los humanos eran impotentes ante la voluntad de los dioses, ¿no es así?

—Gammon, lo que quiero saber es… ¿Por qué los dioses destruyeron nuestro país, al final? ¿Sabes la respuesta a eso?

—Tu premisa es errónea, Nyoze.

—¿…?

—Los que crearon el origen de la caída de nuestro país fueron las personas. Sí, lo que realmente debemos temer es la humanidad… el deseo que acecha en los corazones humanos.

—No lo entiendo… No lo entiendo. La gente fue testigo de cómo el dios dragón destruía nuestro país. Sin embargo, ¿dices que la catástrofe fue obra de la humanidad?

—Eres inteligente, así que estoy seguro de que ya has notado varias cosas que no son naturales en la catástrofe, ¿no? El senado estaba en proceso de lograr las demandas de los dioses.

—… La nueva reina ya se había quedado embarazada de los “Gemelos de Dios”. Sólo había que esperar a que los diera a luz con seguridad. —Entonces esos gemelos se convertirían en los avatares de los dioses… Y a través de su poder, el mundo se salvaría—. Y sin embargo… ¿Por qué los dioses no esperaron al “Engranaje del Crepúsculo”? Todavía quedaba tiempo antes del plazo profetizado.

—El deseo. Como resultado de la unión de dos deseos, la catástrofe llegó mucho antes de lo previsto… Aunque se produjo de una manera diferente a la que alguien había previsto.

—Por favor, se más específico.

—No te precipites. Tendré que ir paso a paso. Si no lo hago… No podrás volver a salir de este espacio.

¿Qué?

—Madam Merry-Go-Round es una mujer despiadada. Tiene la política de que los que vienen son bienvenidos, y los que se van no son echados de menos… Pero no es tan amable como para allanarte el camino ella misma. —Gammon señaló la caja de música que sostenía Nyoze—. Llegaste aquí a través de la “Nana” que suena en esa caja. Pero esa canción es un pasaje de ida. Me temo que no podrás escapar de aquí sólo con tocarla de nuevo.

—… ¿Ese hombre me tendió una trampa?

—Bueno, ¿quién sabe? Puedo adivinar quién fue el que te la dio, pero aún no estaba loco cuando me reuní con él.

—¿Es un conocido tuyo, Gammon?

—¿…? Juraría que tu también deberías poder reconocerlo… Ah, bueno, dejemos eso para después. Si no pasamos por esto según los engranajes del tiempo, la puerta para escapar no se abrirá. Sin la llave, no tienes otro método disponible.

Todavía no entendía nada de lo que decía, pero Nyoze al menos comprendió que no tenía más remedio que hacer lo que Gammon le decía.

Varias luces pequeñas empezaron a surgir de la oscuridad alrededor de Gammon.

Cuando miró más de cerca, pudo ver que todas tenían forma de engranajes.

Estos diversos engranajes de luz, tanto grandes como pequeños, comenzaron a girar en el espacio que lo rodeaba.

Gammon tomó uno de los engranajes en la mano.

—Esto, Nyoze, es un engranaje de tu memoria. Empecemos primero por aquí… Por aquel día que sirvió de catalizador para aquella sucia y mutua matanza.

Gammon soltó el engranaje y éste volvió a flotar en el aire.

Su luz se hizo más fuerte, hasta que ahuyentó toda la oscuridad de su entorno.

—Esto es…

Una escena familiar había irrumpido en el campo de visión de Nyoze.

La sala de recepción del castillo de Alicegrad.

La grave solemnidad que tenía en los viejos tiempos, antes de que ocurriera la catástrofe, estaba más que presente.

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