Los Hijos de Dios no han nacido.
Los Hijos de Dios no se pueden encontrar.
Alguien debe convertirse en madre.
Y dar a luz a los Hijos de Dios.
… Había oído la «Voz de Dios» tantas veces cuando era una doncella de santuario que se había hartado de ella.
Y ahora resonaba en la mente de Elluka por primera vez en años.
Aquella voz, cuyo género no podía discernir, le sonaba a Elluka como si le estuviera ordenando, o incluso implorando.
¿Se estaban impacientando los dioses?
Ansiosos por renacer pronto en el mundo terrenal.
-¿Para qué?
Para salvar el mundo… Esa era la teoría propuesta por el senado.
Suponiendo que fuera cierta, eso significaría que la amenaza que avanzaba sobre el mundo debía ser lo bastante poderosa como para rivalizar con el poder de los dioses.
Aún no había visto un solo presagio de tal cosa en ninguna parte.
«El Taller Mágico Clockworker».
Así rezaba el cartel que habían colocado en el exterior del edificio en el que entró Elluka.
Hacía tiempo que no volvía por aquí.
Y como siempre Kiril estaba tranquilamente absorto en su trabajo ante su banco de trabajo.
Se dio cuenta de que Elluka estaba allí y levantó la cara.
—Bienvenida a casa, Elluka —le dijo, dedicándole una torpe sonrisa.
—Me alegro de estar de vuelta… Cariño, ¿has envejecido?
—Jaja, parece que la última vez que te vi fue… hace casi mil años.
—Ni siquiera ha pasado un año.
—El trabajo se ha ido acumulando por aquí, para variar. Supongo que el cansancio se me nota un poco en la cara.
-El oficio de Kiril era el de hacer cajas de música, pero le resultaba un poco difícil ganarse la vida basándose únicamente en eso.
Los únicos que venían a comprar cajas de música eran los ricos a los que les gustaba la música. La cantidad que pagaban estaba bien, pero las cajas de música no eran el tipo de cosas que se venían a comprar varias veces al año.
Por eso, además de vender y reparar cajas de música, también aceptaba contratos para realizar el mantenimiento de equipos de precisión como relojes y similares.
Desde que Elluka empezó a trabajar en la tienda, también se había dedicado a trabajar en pequeños aparatos mágicos. Esto era algo que ella había hecho gratis muchas veces en sus días de doncella de santuario, pero aquí, con la inclusión de las habilidades y conocimientos de Kiril, eran capaces de manejar fácilmente restauraciones que habrían sido difíciles para ella en aquel entonces.
«Hacemos un buen equipo.»
Los recordaba diciendo cosas así, sonriendo juntos.
Taciturno, antipático, incapaz de entender lo que pensaba, ésa era la primera impresión que había tenido de Kiril cuando lo conoció en el templo.
Pero supuso que eso no era más que el resultado de su «enfermedad mental». Tal y como era ahora, Kiril era brillante y alegre. Probablemente aún no se le podía considerar sociable en comparación con una persona normal, pero a Elluka le gustaba bastante su sinceridad.
Siempre era amable y a veces un poco tímido. Pero cuando se trataba de su trabajo, también tenía un lado testarudo.
Después de innumerables peleas, los dos se habían enamorado de forma natural… Sí, muy natural…
-El interior del taller estaba bastante limpio para haber estado ocupado últimamente.
Sus herramientas de trabajo estaban debidamente organizadas y guardadas en la estantería.
—Parece que Irina ha estado viniendo a casa con bastante frecuencia.
—Eso es porque es una entrometida. Siempre le digo que debería ser más parca en sus visitas para no entorpecer sus obligaciones en el castillo, pero…
—El castillo es bastante aburrido. En realidad me pregunto si no está ayudando aquí para distraerse, con esa personalidad suya.
El anterior jefe Clockworker… el padre adoptivo de Kiril e Irina, había fallecido hacía cinco años.
Desde entonces hasta que apareció Elluka, la tienda la habían llevado ellos dos solos.
—Bueno, si has estado ocupado significa que la tienda prospera incluso sin mí aquí, así que eso es bueno al menos.
—Ciertamente no dejaría que la tienda que me dejó mi padre cerrara conmigo aquí.
El anterior cabeza de familia había sido un antiguo miembro de Apocalipsis, y como tal aparentemente no había tenido muy buena reputación cuando abrió por primera vez el negocio. Pero con la forma en que manejaba su comercio, la opinión empezó a mejorar con el tiempo.
Al mismo tiempo, después de expiar sus pecados, se dedicó a ayudar a algunos de sus antiguos camaradas que habían quedado desamparados. Kiril e Irina fueron supuestamente huérfanos de algunos miembros de Apocalipsis.
—… Pronto una de nosotras será reina —dijo Elluka, tras unos momentos de vacilación.
—… Así es.
—Y cuando eso ocurra, una de nosotras no podrá volver aquí.
—Cierto… pero tú has venido hoy.
—Sí… Esta podría terminar siendo la última vez… Así que…
Elluka abrazó a Kiril.
—Kiril… Te quiero.
—Y yo a ti… Elluka.
Los dos se besaron durante largo rato.
Elluka no tenía intención de volver al castillo esa noche.
