-Gretel lo sabía todo.
Que en su casa apenas quedaba comida.
Que los frutos rojos ya no crecían en los árboles.
Aunque iban al pueblo, no podían hacer trueque con nadie por comida. No era por maldad de su parte. Ellos también se morían de hambre.
Su padre empezó a cazar, en lugar de limitarse a cortar leña. Pero incluso los animales eran limitados, y eran más listos de lo que habían pensado -Bueno, más listos que Hänsel al menos-. Sólo al principio obtuvieron algún resultado. Los días pasaban con su padre saliendo al bosque por la mañana temprano con un arco en la mano, y volviendo a casa por la noche con las manos vacías.
-Gretel lo sabía todo.
Su padre, su madre, Hänsel y ella misma.
Los cuatro caminaban por el bosque.
Madre dijo que se iban a otro país.
Que era porque allí habría más comida que aquí.
Pero el país en el que habían nacido y crecido su madre y su padre fue engullido y borrado por aquella luz.
Los otros países estaban mucho más lejos. No eran lugares a los que pudieran llegar caminando.
Dentro del bosque oscuro.
Ella ya sabía toda la verdad.
Que si continuaban, pronto serían incapaces de regresar.
-Hänsel amaba a su mamá.
Ella siempre hacía cosas extrañas, pero era amable tanto con él como con Gretel.
A veces regañaba a Gretel, pero eso era culpa de ella por portarse siempre mal. Lo peor fue cuando Gretel sacó dos espadas del río y las blandió dentro de la casa. La punta de una de las espadas golpeó a Hänsel en la cara. No había sido sólo su madre, sino también su padre, quien había regañado duramente a Gretel por ello.
-Hänsel también amaba a su papá.
Mamá tenía una enfermedad mental, por lo papá siempre estaba haciendo todo lo posible para curarla. Era un hombre muy inteligente, y les había contado que en el pasado había sido científico. No había escuelas ni ahí ni en el pueblo, así que su padre les daba clases. Pero a Hänsel no le gustaba mucho los estudios. Al final no entendía ni como sumar ni como restar.
La enfermedad de mamá parecía ir mejorando poco a poco.
El número de veces que hacía cosas raras parecía disminuir, pero al mismo tiempo se estaba volviendo menos amable.
Aumentaban las veces que ponía cara de miedo a Hänsel. Era como si viera una especie de monstruo o fantasma cuando le miraba a él o a su hermana.
Y ahora los cuatro de su familia avanzaban por el bosque.
Dentro del oscuro bosque.
Él ya sabía toda la verdad.
Que si continuaban , pronto serían incapaces de regresar.
-Gretel lo sabía todo.
Que Madre y Padre no eran sus verdaderos madre y padre.
Que Madre y Padre siempre vivían temiendo algo.
Lo que temían era seguramente a los propios Hänsel y Gretel.
Y la razón seguramente no era que Hänsel fuera lento de ingenio, o que Gretel fuera traviesa.
Hänsel y Gretel no eran más que una molestia para su padre y madre. No trabajaban, sólo agotaban su provisión de alimentos. Así que sus padres debieron resolver deshacerse de ellos dos.
-Hänsel ya no quería ni a su mamá ni a su papá.
Los dos habían soltado a los gemelos en algún lugar del bosque, y habían desaparecido.
Estaban en algún lugar lejano en el que nunca habían estado.
A la mínima luz de la gran luna, ni siquiera podían distinguir el camino de vuelta a casa.
Si no tienes nada que comer, es mejor tener menos bocas que alimentar.
Ese debió ser su razonamiento.
… Pero esa no era la única razón.
Madre y padre tenían miedo.
De la venganza.
Del karma.

Una respuesta a “Capítulo 8 – Cuento de un Abandono en una Noche Iluminada por la Luna; Escena 3”