Capítulo 8 – Cuento de un Abandono en una Noche Iluminada por la Luna; Escena 4

Cuando sus padres llevaron a Hänsel y Gretel al bosque, les habían hecho recoger leña y encender con ella una pequeña hoguera.

Hänsel y Gretel estuvieron un rato sentados junto al fuego, pero al final empezaron a cabecear de cansancio.

Cuando abrieron los ojos, la oscuridad era total y no veían a sus padres.

Aunque estar abandonados en un lugar en lo profundo del bosque era naturalmente bastante angustioso para ellos, les quedaba un pequeño puñado de buena fortuna.

—¡Setas! ¡Aquí crecen setas, Gretel! —gritó Hänsel.

Éste era un lugar que la gente rara vez pisaba. Así que había algunas setas que aún no habían sido recogidas creciendo en sus inmediaciones.

—Las setas… la verdad es que no me gustan mucho, pero los mendigos no pueden elegir.

Los dos asaron las setas en la hoguera, y consiguieron eliminar su hambre durante un rato.

Las setas estaban más sabrosas de lo que esperaban, y eso les levantó el ánimo al menos un poco. Tal vez eso dijera algo sobre lo vacíos que estaban sus estómagos.

—Aun así, no podemos quedarnos aquí para siempre.

Gretel pensó en cómo podrían volver a casa, pero no se le ocurrió ninguna buena idea.

Y entonces, Hänsel intervino con una mirada orgullosa:

No te preocupes. Podemos volver a casa.

—¿Eh? ¿Cómo?

Hänsel mostró a Gretel una pequeña botella vacía.

La había encontrado hacía algún tiempo y se la había colgado del cuello con un cordel. Era su posesión más preciada.

Siempre estaba metiendo cosas en aquella botella.

—Ayer estuve recogiendo piedrecitas en mi botella de cristal.

—Sí, aunque no tengo ni idea de por qué lo hacías.

—Sí, en realidad no tenía ningún motivo. Sólo las recogía porque me parecían bonitas.

—… ¿Entonces qué pasó con esas piedrecitas? Parece que ya no están.

—Las fui dejando caer una a una por el camino hasta que llegamos aquí, porque eran pesadas. Pero… ahora he tenido una idea. Seguro que podemos llegar a casa si seguimos por esas piedras.

—Ah, ya veo. Eso es bastante inteligente, para ti. Aunque haya sido por accidente. Pues entonces, vamos.

Hänsel miró inquieto a su alrededor.

—Eh… Ah, aquí hay una.

Los dos se pusieron en marcha por el camino indicado por el rastro de piedrecitas. Pero… sus pistas se agotaron rápidamente.

Un bosque tenía ya muchos guijarros esparcidos por su interior, por lo que resultaba imposible saber cuáles había dejado caer Hänsel.

—… Sí. Supongo que es obvio cuando lo piensas. Las rocas no son buenos puntos de referencia. Deberías haber usado otra cosa.

—Pero…

—Supongo que soy aún más idiota por tener fe en una idea tan estúpida de un cabezahueca como tú.

—Ajá. Somos los gemelos idiotas.

—¿Eh? ¿Dijiste algo?

—… No, no, nada. —Hänsel extendió la botellita frente a él y la miró fijamente—. Hmm… Me pregunto qué debería haber puesto en ella.

En ese momento, la luz de la luna golpeó la botella de cristal y empezó a brillar.

Su luz rebotó en los guijarros del suelo e iluminó un camino.

—¡El camino! ¡Hizo un camino de luz! —gritó Hänsel.

Era un milagro… ¿o era suerte? Ninguno de los dos lo sabía, pero no les quedaban más pistas.

Y así, por este camino de luz indicado por la botella de cristal… se pusieron en marcha.


Durante minutos… durante horas… caminaron persistentemente.

Y sin embargo, no podían ver su hogar por ninguna parte.

Aunque los dos empezaron a ponerse nerviosos ante la posibilidad de que no fuera el camino correcto, continuaron caminando.

Se cansaron y volvieron a tener hambre. Lo único que crecía en el camino eran más setas.

Ninguno de los dos sabía hacer fuego, así que esta vez las consumieron crudas.

Sus ansiedades disminuyeron un poco cuando las tragaron.

«Está bien… sé que llegaremos a casa.»

Y reanudaron la marcha.

A medio camino, Gretel dijo de repente:

Esto… podría ser una trampa.

¿Una trampa?

—Una vez oí que una bruja vive en este bosque. La bruja del bosque usa una cuchara en vez de un bastón, y puede reducir todo a cenizas con un rayo.

—Ugh…

—Este camino de luz… Es demasiado conveniente. Tal vez la bruja del bosque está tratando de llevarnos por mal camino con su magia.

—Pero… ¿por qué?

—¡Para devorarnos, por supuesto!

—¡Waaaah!

Sorprendido, Hänsel cayó de bruces.

—Entonces será mejor que dejemos de seguirlo —sugirió Hänsel, con cara de estar a punto de llorar.

Pero Gretel negó con la cabeza.

A este paso moriremos de hambre, así que no tenemos más remedio que seguir adelante.

—Pero…

—He oído que la bruja ha guardado mucha comida y tesoros. Ha acumulado tanto que hasta su casa está hecha de dulces. Así que si podemos derrotar a la bruja, no tendremos que preocuparnos más por la comida.

—Derrotarla… ¿Cómo?

—No lo sé. Te lo dejo a ti, que eres el hombre.

—¡De ninguna manera! ¡Estoy en contra de la discriminación por sexo!

—Bueno, quizá lo consigamos si hacemos un ataque sorpresa o algo así. Seguro que no se lo espera, viniendo de niños.

Los dos siguieron caminando.

Sin saber claramente… lo que les esperaba más adelante.

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