Tres animales esperaban ya a Lych y a los demás ante la pequeña choza.
—¡Llegáis tarde, pájaros! —chilló la rata Marie a Lych y Salem.
—No hace falta que te pongas tan gruñona, chica. Hemos venido tan rápido como hemos podido.
Marie volvió bruscamente la cabeza, sin prestar atención a la justificación de Salem.
—… ¿No veo a Vlad contigo? —dijo el carnero, Gilles.
Sujeta a su cintura había una jarra llena de agua.
Un pez -Rahab- asomó de pronto la cabeza desde dentro.
—Con sus patas rechonchas tardará un poco más en llegar hasta aquí, ¿no crees?
Finalmente, Vlad apareció, completamente sin aliento y corriendo en su dirección.
—Salem, ¿qué está pasando aquí?
Ante la pregunta de Vlad, Salem levantó la vista hacia la pequeña cabaña que tenían delante.
—Sería más rápido preguntarle al hombre de dentro.
—¿Un hombre? ¿El dueño de la casa?
—No… Al menos, no creo que lo sea.
Salem golpeó la puerta una o dos veces con el pico.
—-Bienvenidos, entrad —oyeron como respuesta desde el interior.
Entonces la puerta se abrió.
En el interior de la casita había varios objetos colocados sistemáticamente en el suelo, como si se tratara de una especie de ritual.
Un vaso, una cuchara, un espejo, espadas…
Y en el centro de todo, dos niños dormidos.
—Bienvenidos, “Seis de las Luces”… Ha pasado mucho tiempo.
Lych se giró en la dirección de la voz y vio a un anciano apoyado en la pared de la esquina de la habitación.
—¿Mucho tiempo? ¿Eras… un conocido nuestro?
—Fuimos amigos, en un pasado lejano. Aunque acabamos separándonos y recorriendo caminos distintos… Ahora, después de tantos años, hemos podido reunirnos.
—Qué interesante. Estás diciendo que conoces nuestro pasado, entonces.
—Lo conozco. Pero no tengo intención de contártelo. No tenemos tiempo, y no tengo forma de probar que nada de lo que digo es cierto.
—Entonces no podemos confiar en ti, me temo.
—Eso no importa. Lo importante no es el pasado, sino el futuro. He venido aquí para liberaros a todos de esta prisión del bosque. … Eso es todo lo que tenéis que entender.
El anciano empezó a tambalearse hasta situarse junto a los niños dormidos.
—Estos son los “Gemelos de Dios”… gemelos cuyos cuerpos pueden albergar las almas de los dioses. Pero, por desgracia, no podemos trasladar vuestras almas a ellos. Después de todo, fueron creados para Levia-Behemo. Pero… podemos crear «contenedores” utilizando el poder de estos gemelos.
A continuación, el anciano pasó la mirada por los artículos que había alineado.
—Estos son los “contenedores”. Sólo elegí al azar algunos artículos del interior de la casa. Personalmente, no creo que sea una mala selección.
La rata, Marie, se acercó a uno de los objetos que había y miró al anciano.
—Este espejo… tiene grietas.
—Ah, sí. Pero es muy valioso. El dueño de la casa probablemente derrochó para comprárselo a su mujer. Bueno, puede que un día se rompa y se divida en tres o cuatro espejos, pero eso no debería ser un gran problema. Lo importante no es el número, sino si puede o no cumplir la función de “contenedor”.
—Has estado mencionandolo, pero ¿qué es exactamente un “contenedor”?
—Cada uno de ustedes hará que sus almas habiten en estos objetos de aquí. Así se romperá la maldición que pesa sobre vosotros y podréis vivir una vida eterna.
—¿Volverán nuestros recuerdos?
—Eso… podría ser un poco complicado. El sellado de vuestros recuerdos probablemente fue causado por las “Reglas” de este mundo. Ni siquiera yo puedo anularlas.
Vlad se acercó a la copa roja y la olió.
Luego, con ojos dudosos, se dirigió al anciano:
—¿Pondrás nuestras almas en estas cosas, sin brazos ni piernas? En ese caso, prefiero cómo estamos ahora.
—Pero podrás salir del bosque. Y… si te apetece, podrás obtener otros miembros para usarlos.
—¿Qué quieres decir?
—A través de “contratos”, ustedes, como “Demonios del Pecado Capital”… podrán titiritar libremente a los humanos que han contratado con ustedes. A cambio, esos humanos obtendrán habilidades especiales que normalmente les serían imposibles.
Los seis se miraron unos a otros.
A todos les costaba deducir si lo que decía el anciano era cierto o no.
—¿Cómo te llamas? —le preguntó Lych.
—Seth. Seth Twiright.
—Mr. Seth. Su propuesta es muy interesante. Sin embargo… hay una cosa que me ha estado molestado.
—Oh… ¿Qué es?
—Tú… ya estás muerto.
Los ojos de los otros cinco se abrieron al unísono, sólo Lych pareció darse cuenta.
—Tu cuerpo no muestra ningún signo de tener sangre corriendo por él,y tus pupilas están dilatadas.
—… Jajaja, muy observador, Lych.
Algo salió corriendo de la manga de Seth. Se deslizó por su cuerpo, hasta llegar a su hombro.
Era… una serpiente dorada.
La serpiente abrió la boca.
—Esta es mi forma actual… una serpiente construida a partir de una aleación con memoria de forma particular que obtuve cuando buscaba a alguien.
—¿Eso significa que ya eres un “Demonio del Pecado Capital”?
—Exacto. Y ahora soy capaz de hacer de titere sobre mi propio cadáver. Naturalmente también podría hacer lo mismo con un humano vivo.
—…
—Pero verás, me siento solo. Quiero algunos amigos… Si quieren seguir viviendo como simples animales, no pasaría nada… ¡Pero! ¡Yo lo conozco! ¡Tu inteligencia, tu habilidad, tu deseo! ¿Podrías realmente estar satisfecho con dejar que todo eso languidezca en la oscuridad?
Seth pronunció un discurso impactante.
Y en respuesta, el primero en concordar fue el carnero, Gilles.
—… Es verdad, no podemos… conseguir nada así.
A continuación, Vlad y Marie expresaron su acuerdo
—Ya estoy harta de la comida de aquí.
—Quiero llevar vestidos bonitos. Y quiero joyas, y vivir en una lujosa mansión.
Salem ululó satisfecho.
—Mi corazón estaba decidido desde el principio. Vivir en la noble pobreza no es mi estilo.
Rahab asomó la cabeza por encima del agua de la jarra.
—Os seguiré la corriente… Está bien hacerlo, de vez en cuando.
Los otros cinco animales, aparte de Lych, habían decidido claramente unirse al plan de Seth.
—Bueno, entonces… ¿qué hay de ti, Lych? —preguntó Seth.
—…
Lych reflexionó y agonizó durante un rato.
-Y entonces tomó su decisión.
—Yo… creo que me abstendré. Hice la promesa de ir al río con Eater más tarde.
—¿De verdad te parece bien?
—Sí.
—No has cambiado… Muy bien. Si vives lo suficiente estoy seguro… que nos volveremos a ver algún día.
—…
—Pero déjame decirte sólo un consejo. Sobre Held… No bajes la guardia cerca de él.
Ese fue el consejo de Seth.
Pero no necesitaba molestarse en decírselo a Lych.
Cuando el arca fue liberada, se produjo una explosión… ¿Por qué?
No había sido una simple explosión, al menos eso pensaba Lych.
Pensó que el que había preparado esa explosión fue Held, para evitar que la gente dentro del arca saliera cuando se abriera.
Para matar a Lych y a los demás.

Una respuesta a “Capítulo 9 – Chrono Story; Escena 3”