Epílogo – El Comienzo de los Pecados Capitales; Escena 2

Asmodean, en la tierra de su región oriental.

Un gato de pelaje rojo caminaba por la carretera.

«… Me he acostumbrado bastante a este cuerpo», murmuró Irina en su mente.

Seth se había marchado sin más, sin darle a Irina ni siquiera una lección sobre cómo utilizar ese cuerpo de gato.

Pero, afortunadamente, dentro del cuerpo había un dispositivo de grabación llamado “BlackBox”, y desde allí había podido leer el manual.

—Vaya, qué gatita más mona —le dijo a Irina una anciana de aspecto amable—. ¿Tienes hambre? Puedes comer un poco, si quieres.

La mujer dejó un plato en el suelo y vertió un poco de leche de una botella que llevaba.

«… Gracias.»

Irina le dio las gracias mentalmente y empezó a sorber la leche.

-Su cuerpo de gato necesitaba periódicamente ingerir energía para seguir funcionando.

El gato blanco que Seth había hecho como prototipo debía tomar alcohol, pero parecía que con este cuerpo de gato rojo las proteínas animales podían servir como fuente de energía.

Y podría decirse que la leche era el refresco favorito de este gato rojo.

—¡Ey, vieja bruja!

Justo cuando escuchó el crudo grito de aquel hombre, el cuerpo de la anciana fue pateado a un lado.

—¡No le des comida a un maldito gato callejero! En estos tiempos, ¡hasta la leche es un bien caro!

—Lo siento…

Aunque la anciana se disculpó, el hombre continuó pateándola una y otra vez.

«Será familiar de esa anciana… Tal vez un hijo, o un nieto… En cualquier caso, no es asunto mío.»

Por muy agradecida que estuviera por la leche, eso no significaba que estuviera obligada a ayudarla.

«… Aunque esto podría ser perfecto para un pequeño experimento.»

Irina miró a su alrededor y vio a un hombre que parecía un soldado con una lanza en la mano.

«Debería ser adecuado.»

Se acercó al soldado y saltó ágilmente hasta su hombro.

—Qu-qué…

El soldado se tambaleó un momento como si hubiera quedado inconsciente, pero se enderezó rápidamente.

Y entonces empezó a caminar hacia donde el hombre estaba pateando a la anciana.

—…

El soldado levantó la lanza que sostenía sobre la espalda del hombre.

—¡Grrgh!

Luego la bajó con todas sus fuerzas.

—¡Argh!

El hombre fue derribado a un lado, y se desplomó donde yacía, sangrando.

—¡Aaaaagh!

El pandemónium estalló a su alrededor.

No parece una herida mortal. Usar una lanza es duro.

Irina bajó de un salto del hombro del soldado.

«Al menos he aprendido que puedo usar de marioneta un cuerpo masculino sin problemas.»

Irina miró de reojo al soldado, que permanecía aturdido.

La información que le había dado la «BlackBox» no era sólo sobre cómo usar el cuerpo.

… También le había enseñado a Irina algunas pistas que le indicaban la respuesta a lo que había ocurrido en Levianta ese día.

Lo que le sucedió a su hermano mayor, Kiril.

Alguien le había hechizado para que provocara la Catástrofe.

«… Elluka.

No está muerta.

¿Pero cómo? Sé que le di un golpe mortal.»

Por aquel entonces, a Irina aún le quedaba una pequeña pizca de conciencia. Tal vez eso hizo que la mano en la que sostenía el cuchillo vacilara, sólo un poco.

No lo sabía.

Tal vez la información de la «BlackBox» era simplemente errónea.

Pero, si era verdad…

Si Elluka realmente seguía viva.

¡Entonces ella se vengaría de la mujer que lo había arrebatado todo!

Un joven caminaba delante de Irina, seguido por una gran multitud de mujeres.

—¡Ja, ja, ja!

Irina se quedó mirándolas con frialdad mientras marchaban por el centro del camino, riendo a carcajadas.

«Realmente hay grupos tan vulgares como ese en todas partes, eh.»

Parecía que Irina no era la única con esos pensamientos.

Pudo oír a dos mujeres de mediana edad susurrando entre ellas.

—… He oído que es un superviviente de Levianta. Algún tercer hijo de una distinguida familia.

—Oí que se dirigió al este después de dejar que su país se pudriera.

—Y aún así tiene a todas esas jóvenes con él… Es un engreído, seguro.

El Reino Mágico Levianta. La antigua patria de Irina.

«Preferiría que no manchara la reputación de Levianta… Pero ya da igual.»

Sin embargo, cuando Irina empezó a pasar junto a él, se detuvo de repente en seco.

«… ¿Qué es esto? Percibo… una presencia extraña en ese hombre.»

Irina lo miró fijamente.

«No… No es él. Es de esa espada que lleva en la cadera.»

Concentró sus sentidos en la espada.

Cuando lo hizo, vio flotando detrás del hombre-.

Un ser ilusorio.

«… ¿Un carnero? Un carnero con alas…»

El carnero miró a Irina.

—¿Tú… puedes verme? —le dijo, con una voz que sólo ella podía oír. Y siguió preguntando—: ¿Qué clase de persona eres, gato rojo?

«… No estoy segura. Quizá soy igual que tú.»

Al parecer, los pensamientos de Irina podían llegar hasta el carnero.

¿Ah…? Qué interesante.

«Me gustaría intercambiar algo de información. Dependiendo de lo que me digas… Tal vez podamos ayudarnos mutuamente.»

-Un encuentro entre «malicia» y un «demonio».

Esto fue el principio de todo, y también poco más que un presagio.

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