¿Es el canto de los pájaros lo que oigo?
No, es el llanto del bosque.
¿Es la luz de la luna la que brilla?
No, son las llamas ardientes.
Un pájaro negro al que le robaron la memoria y obligaron a vivir en el bosque surcaba hoy los aires en busca de comida.
El impacto del «viento negro» era grave, y los frutos escaseaban. Aun así, quedaba comida de sobra para saciar el hambre de un ave omnívora como él.
Frutos de árboles, cadáveres de animales, lombrices de tierra… Cualquier cosa estaba bien. Lych no tenía problemas con la comida, y mientras la cantidad llenara su estómago, era suficiente.
Debería ser sencillo para él salir del bosque simplemente continuando volando de esta manera.
Pero no podía hacerlo.
Un gran árbol con voluntad propia llamado Held había maldecido a Lych para que así fuera.
Cada vez que se acercaba a salir del bosque, su cuerpo perdía fuerza rápidamente y su visión se nublaba. Lych no tendía más remedio que adentrarse más en el bosque antes de caer y chocar contra el suelo.
Held era el único que podía deshacer la maldición.
Aún así, tal vez si se marchitara y su poder se debilitara…
Pero a diferencia de los otros árboles, Held no mostraba signos de haber sido afectado por el «viento negro». Y con su cuerpo de pájaro, parecía improbable que pudiera dañar al gran árbol.
«… Supongo que tendré que pedirle ayuda, después de todo.»
Necesitaba la ayuda de alguien mucho más fuerte que él.
Después de volar un poco, vio a dos animales frente a frente.
Un gran oso y un pequeño cerdo.
Si alguien que no los conociera los viera, probablemente le parecería que el oso iba a atacar y comerse al cerdo, pero la realidad era otra.
—… Hoy tampoco hay comida, ¿eh? Sinceramente, qué patán más inútil eres.
El oso agachó la cabeza avergonzado y se disculpó con el cerdo que lo maltrataba.
—Lo siento… Vlad.
—¿Ese cuerpo gargantuesco tuyo es sólo para aparentar? Sal y busca. ¡Con más cuidado esta vez!
—De acuerdo…
Lych aterrizó entre los dos y regañó al cerdo:
—¿Qué tal si vas a buscar tu propia comida, Vlad?
—Lych… Otra vez tú. ¿Por qué siempre defiendes a un simplón como Eater?
—Es un animal que lleva viviendo en este bosque mucho más tiempo que nosotros. Es natural rendir respeto a los habitantes originales.
El oso volvió su gran cara hacia Lych, con los ojos cada vez más húmedos.
—Hermano Lyyych…
—Ya te lo he dicho muchas veces, no soy tu hermano mayor, Eater.
—Lo sé. Pero no puedo evitar querer llamarte así.
El cerdo, Vlad, soltó un sonoro bufido.
—Sé cuál es tu objetivo final aquí, Lych. Estás planeando que Eater intente romper el árbol de Held, ¿verdad?
—…
—Déjalo. Eater no tiene esa clase de coraje. Aparte de nosotros, los «Seis de las Luces», no hay nadie en este bosque con la clase de fuerza de voluntad para ir contra Held.
Los «Seis de las Luces» a los que se refería Vlad eran los espíritus que habían aterrizado en el bosque como haces de luz hacía dos años.
Lych, Vlad, y también Gilles, Rahab, Marie y Salem.
Todos habían sido transformados en animales y vivían en el bosque.
Como les habían quitado todos los recuerdos aparte de sus nombres, ni siquiera podían recordar qué relación habían tenido entre ellos.
Pero había algo que todos reconocían entre sí.
Que eran “criminales” y “prisioneros”.
Por eso estaban encerrados en el arca, y por eso incluso ahora estaban encerrados en este bosque.
Held era probablemente su guardián. La idea de que estos «Seis de las Luces»… y Levia-Behemo, se dispersaran por el mundo… debía asustarle más que cualquier otra cosa.
Un pájaro diferente bajó del cielo.
Era un búho. Al ver una criatura nocturna por naturaleza, Lych se dio cuenta por fin de que el sol se estaba poniendo.
—Buenas noches, Salem —Lych saludó al búho, que era uno de los «Seis de las Luces»—. Qué raro verte aquí con el resto de nosotros, siempre yendo a tu ritmo.
—Tú eres el que va a su propio ritmo, Lych… Pero dejemos eso de lado por ahora: ven conmigo, rápido.
—¿…? ¿A dónde?
—Hay una casa de humanos un poco al noreste de aquí.
—Ah sí, un matrimonio y sus hijos vivían allí hasta hace poco. Aunque últimamente no los he visto por allí.
—Efectivamente. Algo… interesante está pasando allí.
—… Muy bien, vamos.
Salem se volvió hacia Vlad.
—Ven tú también, Vlad.
—¿Ah? ¿Por qué debería escuchar nada de lo que me digas?
—Agh… Qué fastidio. Eres inconstante y testarudo. Ven con nosotros. Probablemente será un buen trato para ti también.
—… Bueno, da igual. Tiene que ser más divertido que atormentar a este oso.
—¿Conoces el lugar? No puedes volar, y eres demasiado pesado para que te llevemos. Tendrás que correr.
Eater miró nerviosamente entre los tres, y finalmente se volvió hacia Salem.
—¿Qué debo hacer?
—¿Quién eres tú?
—Um… Soy Eater… el oso.
—Lo siento, pero esto no tiene nada que ver contigo. Deberías quedarte aquí y relajarte.
—… Pero… —Eater miró a Lych con consternación— Hermano mayor, Lych, ¿qué debo hacer?
—Deberías esperar aquí. Parece que la proposición de Salem… puede ser un poco peligrosa.
—…
—Volveré enseguida, e iremos a buscar algo para comer juntos. En el río del oeste… probablemente podamos pescar algo allí.
—¡Vale!
Eater asintió con énfasis.
Con la luna llena brillando en el cielo, Lych, Salem y Vlad se dirigieron a la casa del noreste.

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