En el final de los tiempos, ¿qué es lo que más teme el ser humano?
Mientras agarraba el mando de la consola frente al televisor, Koudai meditaba distraídamente sobre tales pensamientos.
Estaba jugando a un juego que había comprado la noche anterior tras salir del trabajo. Koudai había pasado por la tienda para alquilar una película en DVD para su día libre, pero antes de eso vio la carátula de este juego en la sección de videojuegos.
El nombre del videojuego le resultaba familiar. Al parecer, era la secuela de uno al que Koudai solía jugar mucho de niño. Lo tomó sin mayor pretensión y, al cabo de un rato, se dirigió a la caja registradora con él en la mano.
Últimamente no jugaba a videojuegos. Ya no estaba en una edad en la que le apasionaran y, además, estaba demasiado ocupado con el trabajo como para tener tiempo libre para jugar. Pero cuando vio la carátula, algo parecido a la pasión de su infancia se agitó débilmente en su interior.
Por fortuna, y según lo que ponía en la caja, el juego también podía ejecutarse en la videoconsola que tenía de la generación anterior. Y con el pensamiento de que matar el tiempo en sus días libres jugando videojuegos no estaría mal, fue que Koudai decidió comprar el juego y volver a casa.
Y hoy, Koudai estaba jugando a ese juego en su apartamento de una habitación. El contenido era, bueno, en resumidas cuentas, un juego de acción simple en el que disparabas a zombis para avanzar. Cuando era estudiante, jugaba a la anterior entrega con entusiasmo mientras gritaba ligeramente a las hordas de zombis que le atacaban. Este último juego era más realista que el anterior, con una acción de terror aún más gráfica y grotesca.
Sin embargo, a pesar de todo, para ser sincero, Koudai no sentía apenas miedo en su corazón.
Aunque solía jugar asustado, ¿por qué ya no lo estaba?
No hacía falta pensar en la razón. La respuesta era obvia.
Simplemente se había «acostumbrado» a la presencia de los zombis.
Hoy en día, los juegos de acción y terror como éste, que implican luchar contra zombis o criaturas similares, son habituales. No sólo en los juegos, sino también en las películas y los cómics. La primera vez que los ves, puede que te asuste lo desconocido, pero a medida que sigues jugando, los zombis pasan a formar parte normal del juego y se convierten en enemigos, en simples objetivos a los que disparar.
«¿Será porque ocurre en un espacio virtual, en un videojuego?», pensó Koudai mientras disparaba a un grupo de zombis con su escopeta. No era necesariamente así. Si los zombis aparecieran en el mundo real, sin duda sería caótico al principio. Sin embargo, a medida que pasara el tiempo y su existencia se convierta en algo habitual, se tomarían suficientes medidas contra ellos y, finalmente, desaparecería el miedo a los mismos.
Es como un animal salvaje ligeramente agresivo. Como un oso o un león… Por ejemplo, hay noticias de osos que atacan ocasionalmente a personas en zonas rurales o pueblos. Por supuesto, es algo aterrador, pero por otro lado, los humanos mantienen osos en zoológicos. Los niños incluso disfrutan viéndolos. Aunque un oso que ataca a un humano da miedo, el oso en sí ya no es objeto de temor. Incluso los populares pandas son un tipo de oso. Eso se debe probablemente a que la gente entiende la ecología de la existencia de los «osos» a través de los zoológicos y los programas de televisión.
Por cierto, el año pasado también se inauguró un nuevo zoo en la ciudad de Tsuruki, donde vive Koudai. No es especialmente famoso, pero es una nueva atracción, lo que es un gran punto para una ciudad rural como esta.
Koudai no sabía hasta qué punto sería eficaz un zoo para revitalizar una ciudad hoy en día, pero eso no le preocupaba. Eso era tarea del gobierno.
Koudai visitó una vez el zoo tras su inauguración. No fue por ninguna razón especial. Aunque era algo tópico, no se le ocurría ninguna razón por la que un hombre soltero que viviera solo se desviaría de su camino para ver qué había en el zoo, más allá de que le interesaran especialmente los animales, y ese no era su caso.
Iba al zoo por trabajo. Acudió con varios compañeros para comprobar el funcionamiento de los equipos de seguridad de la zona.
Cuando recorrió el zoo para comprobar el equipo, vio algunos animales. Pasó por delante de la exhibición de un oso negro, que era una de las principales atracciones del zoo. Se dice que su inteligencia es superior a la normal, y que incluso pueden resolver problemas de cálculo.
Sin embargo, cuando Koudai vio al oso, estaba en un rincón de la jaula con fiebre, así que no pudo saber hasta qué punto era inteligente. La impresión de Koudai fue algo así como: «Es un oso bastante grande». Había visto algunos osos en su vida en visitas a otros zoos, aunque todos ellos ahora eran vagos recuerdos de su infancia. Desde el punto de vista de un niño, los osos debían parecer aún más grande de lo que en realidad era, y aún así este oso que veía ahora parecía aún más grande que los osos de sus memorias. Probablemente medía más de dos metros.
Koudai tenía el prejuicio de que las criaturas más grandes no eran muy inteligentes, lo cual era una suposición egoísta derivada de su propia estatura, inferior a la media. Sin embargo, eso no parecía aplicarse al oso.
Al menos en ese momento, no sintió miedo del oso. No importaba lo grande que fuera, el oso estaba dentro de una jaula cerrada. Y Koudai estaba algo acostumbrado a la idea de la existencia de un oso. Por lo tanto, no tenía miedo.
Por supuesto, si la cerradura se rompía de repente y el oso saltaba fuera, sería otra historia. Pero Koudai sabía que era improbable que algo así ocurriera, y también pensaba que un oso que había sido domesticado por los humanos no atacaría fácilmente a la gente. Koudai no era un experto en animales, así que esa parte no la tenía clara.
Mientras pensaba en esas cosas, Koudai encontraba el contenido del juego algo aburrido. Puede que los juegos ya no le produjeran la misma emoción que cuando era niño… pero siguió jugando por costumbre. De todos modos, no tenía otros planes para el día. Tras derrotar a unos cuantos zombis, llegó a lo que parecía ser una fábrica abandonada.
Por la información que encontró en un memorándum en el juego, ya sabía que la entrada a esta fábrica abandonada estaba cerrada y que necesitaba encontrar una llave en otro lugar para entrar.
Aun así, decidió comprobar la puerta de entrada de todos modos. Esperaba que apareciera un mensaje diciendo: «Necesitas una llave para abrir esta puerta», pero ocurrió algo inesperado.
… La puerta se abrió. No había prestado mucha atención mientras jugaba, así que quizá había cogido la llave en algún sitio sin darse cuenta. Comprobó su inventario, pero la «Llave de la Fábrica Abandonada» no estaba allí.
«¿Qué está pasando aquí?»
La confusión se apoderó de Koudai, seguida por el descontento. Aunque era bueno avanzar sin tener problemas, hacía el juego menos interesante, y que la información en el juego no coincidiera con lo que realmente ocurría era claramente un error. Se suponía que esta serie ofrecía la diversión de resolver puzles buscando objetos además de con toda la acción. El hecho de que se abrieran puertas que no deberían estar abiertas hizo que Koudai se sintiera incómodo. En los videojuegos en particular, alterar esta sensación de previsibilidad puede resultar desalentador. Koudai, sintiéndose un poco desmotivado, guardó la partida y apagó la consola.
«Debería ver un DVD en su lugar…»
Como tenía pensado originalmente, Koudai había pedido prestados varios DVD de películas en la tienda a la que fue ayer. Sacó uno y lo introdujo en el reproductor.
Al día siguiente, Koudai se fue a trabajar.
Tras llegar a la oficina, Koudai encendió su ordenador personal y abrió su programa de correo electrónico.
Koudai trabaja en la sucursal Tsuruki de una empresa de seguridad de cierto, aunque moderado, reconocimiento. Su departamento se encarga principalmente de instalar y mantener equipos de seguridad, y él trabaja en la oficina. Así que, a menos que haya un trabajo importante -o algún tipo de problema-, rara vez sale a las calles.
En verdad, Koudai no entró en la empresa porque quisiera. Tras fracasar en su intento de encontrar trabajo y vivir como empleado a tiempo parcial durante casi un año, su padre, que es policía, le presentó el trabajo de oficina de esta empresa, y no había motivo para negarse… por lo que fue.
En otras palabras, entró enchufado. Teniendo en cuenta la dificultad actual para encontrar empleo, era una oportunidad bienvenida, pero la letra pequeña que se le presentó era la dificultad de dejarlo aunque lo quisiera, por muy insatisfactorio que fuera su trabajo.
Sin embargo, hay muy pocos trabajos en el mundo en los que no haya que luchar. Incluso en varias empresas en las que trabajó durante sus días a tiempo parcial, todos los empleados fijos que trabajaban allí se quejaban de algo. El mero hecho de poder ganar un sueldo con el que vivir le era suficiente para estar agradecido. Koudai se tranquilizaba con estos pensamiento mientras realizaba sus aburridas tareas, que ya llevaba cuatro años haciendo.
—Buenos días, Takahagi-san.
Su colega, Atsuki Kayama, dos años más joven que él, le saludó con una refrescante sonrisa. Se sentó en el escritorio junto a Koudai y encendió su ordenador.
—Los lunes por la mañana son duros, ¿eh?
Incluso mientras decía eso, Kayama tenía un rostro digno mientras escribía en el teclado, sin signos de pereza.
—¿Pudiste descansar ayer?
Sin decir palabra, Koudai recibió la pregunta de Atsuki. Koudai decidió responderla.
—Estuve jugando un videojuego.
—¿Un videojuego? ¿Tú, Takahagi-san? ¿Cuál?
Los ojos de Atsuki se volvieron notablemente más brillantes. Koudai sabía que, a pesar de su aspecto pulcro y ordenado, era un otaku al que le encantaban los juegos y el anime. De hecho, era algo que cualquiera que estuviera en el mismo departamento que ellos sabría. Atsuki nunca intentaba ocultar sus aficiones, por excéntricas que fueran.
Cuando Koudai le dijo el nombre del juego que había comprado, Atsuki esbozó una sonrisa.
—Ah… ese. ¿Cómo te fue?
—Lo jugué hasta la fábrica abandonada, pero algo…
—Así que hasta esa parte, eh. —Atsuki parecía haber esperado esa respuesta. Asintió con satisfacción varias veces—. Parece que hay algo mal con las puertas alrededor de ese punto en el juego.
—¿Tú también lo has jugado, Kayama -kun?
—Sí. Lo compré el día del lanzamiento. Pero había bastantes fallos… Parece que lo lanzaron sin probarlo adecuadamente. Es un juego de una serie famosa, así que las redes han ardido.
—Ya veo… Entonces, ¿fue un error comprarlo?
Aunque dijera eso, Koudai lo había comprado originalmente como algo para pasar el tiempo en sus días libres, así que en realidad no estaba tan descontento con su compra.
—Bueno, creo que lo arreglarán con una actualización.
—No conecto la consola a internet.
Últimamente, parece que es bastante habitual que los juegos permitan partidas online y juego cooperativo, y que se puedan descargar contenido adicional a través de internet, así como arreglar fallos. Sin embargo, como Koudai no solía jugar y no tenía interés en las partidas online, no se había conectado a internet.
—Ya veo. Pero bueno, si te apetece, puedes seguir jugando tal cual.
—Pero… ¿no es extraño cuando se abren puertas que deberían estar cerradas?
—Es un poco desagradable, ¿no?
—En realidad no… ¿pero no te angustia un poco?
—¿Angustiarme?
Las palabras de Koudai resultaron inesperadas para Atsuki, que puso cara de desconcierto.
—¿Qué hace que eso te angustie? —preguntó Atsuki.
—Ya sabes, hay cosas como los “clichés” y los “desenlaces predecibles” en las novelas y las películas, ¿no? Pues creo que soy el tipo de persona que se siente incómoda cuando se rompen.
—Ah… Creo entender lo que dices. Es bueno tener desarrollos inesperados, pero aveces solo quiero tener los típicos. Pero, ¿hay alguna conexión entre eso y esto?
—La hay. Si un protagonista que es una persona normal y corriente, de repente empieza a usar superpoderes sin ningún tipo de presagio, sería raro, ¿no? Algunas personas perderían el interés al ver ese tipo de cosas, pero en mi caso, lo primero que me invade es la ansiedad. Y aunque haya un presagio de lo que iba a pasar, si me lo pierdo, siento lo mismo.
—Ya veo…
—Para mí, que una puerta esté abierta sin usar la llave es como si el protagonista de una película normal abre una puerta usando un poder misterioso sin explicación.
—Ya…
Atsuki escuchaba, pero no parecía del todo convencido. Koudai estaba a punto de seguir explicándose, pero recordó que aún estaba en el trabajo y se preguntó por qué hablaba apasionadamente de algo tan trivial. Volvió en silencio a su ordenador y reanudó el trabajo.
A medida que revisaba sus correos electrónicos, su estado de ánimo se volvía cada vez más deprimente.
—… Hay muchas quejas.
Al parecer, los últimos equipos de seguridad no funcionaban bien. Hubo algunas consultas sobre puertas que no conseguían cerrar con sus llaves.
A diferencia de los bugs en un videojuego, esto no era cosa de risa. La seguridad de los clientes y el rendimiento laboral de Koudai estaban en juego.
Koudai se preguntó si su ansiedad por que la puerta de la fábrica abandonada estuviera abierta no era más que efecto de un reflejo profesional.
Se supone que las cerraduras sólo se abren introduciendo una llave. Si se destruyera esa premisa, las empresas de seguridad no serían viables. Koudai también perdería su trabajo y se quedaría en la calle. Aunque fuera un trabajo poco satisfactorio, perder sus ingresos sería un problema.
Para Koudai, ahora mismo, perder su trabajo era mucho más aterrador que un apocalipsis zombi.
Koudai decidió revisar todos los correos que le quedaban sin responder a ninguna queja. Tendría que resumir todas las quejas e informar a su jefe más tarde para estudiar cómo tratarlas. Mientras seguía revisando sus correos con una sensación sombría, su mano se detuvo de repente.
Había un correo de un remitente desconocido cuya dirección no estaba registrada. Los correos de nuevos clientes no deberían llegar a la dirección que Koudai estaba comprobando.
Pensó que podría ser spam o algo así, pero lo abrió de todos modos. El contenido no estaba relacionado con su trabajo, y la redacción era extraña e incomprensible.
«Si cierras tu propia puerta, la abriré por la fuerza. Es muy fácil. Todo lo que tengo que hacer es invertir un único -concepto-. A partir del 7 de julio y durante una semana, en el aniversario de dos personas, eso ocurrirá.
De M»
—Eh, Kayama. —Koudai tocó el hombro de Atsuki y le mostró el contenido del correo electrónico—. ¿Qué te parece esto?
Atsuki se quedó un rato mirando el correo, pensativo, pero al final contestó.
—A mí me parece un correo de un sitio de citas.
—El contenido parece demasiado confuso para que sea eso.
—Últimamente, los operadores de sitios de citas utilizan varios métodos sofisticados. Probablemente intentan que el mensaje sea difícil de entender a propósito para despertar el interés de la gente.
—Pero si ese es el caso, creo que es extraño que no haya ningún link para redirigir a la gente a tal sitio.
El mensaje sólo contenía el texto y ninguna link ni dirección.
—Probablemente están utilizando una táctica para que solo sea la gente fácilmente engañable la que responda interesada.
—Ya veo. ¿Pero de verdad hay gente que cae en este tipo de cosas?
—Hay más de los que crees. El mundo no está lleno de gente con educación superior como tú, sabes.
Atsuki no lo decía como una burla, y Koudai lo sabía, pero no se sentía bien cuando le recordaban su educación, especialmente en el lugar de trabajo.
Koudai se había graduado en una universidad relativamente prestigiosa. No era la mejor, pero era una universidad cuyo nombre provocaba que un «wow» saliera de la boca de la mayoría de la gente. Si su búsqueda de empleo hubiera ido sobre ruedas nada más graduarse, habría podido trabajar en un lugar mucho mejor que en el que estaba ahora.
… Sí, si tan solo hubiera ido bien.
No tenía sentido arrepentirse del pasado. Lo sabía muy bien, pero cada vez que salía el tema de la educación, no podía evitar pensar en ello.
Koudai tiró el extraño correo electrónico a la papelera de su programa de correo electrónico.
Esto ocurrió el 30 de junio.

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