Otoha terminó desmayándose.
Cuando recobró el conocimiento, Nonomiya-sensei se encontraba frente a ella, en lo que parecía ser una especie de sala de profesores.
Los cojines del sofá verde en el que estaba sentada eran demasiado blandos, lo que la hacía sentirse muy incómoda.
—¿Te sientes mejor ahora?
Otoha miraba la corbata azul de Nonomiya con ojos vacíos, en lugar de su cara, mientras hablaba.
La corbata estaba, como siempre, desaliñada. Shihogi siempre regañaba a su profesor por ser tan descuidado.
—Lo que le pasó a Shihogi… —Otoha por fin logró hablar.
Tal cosa no necesitaba ser preguntada. Era obvio que estaba muerto.
Debían de haberlo matado, por como todo su cuerpo estaba cubierto de heridas, con el brazo derecho desmembrado y aplastados; con sus órganos internos derramándose por su vientre.
—Ugh… —Otoha sólo quería vomitar ahora mismo, pero se tapó la boca de forma instintiva.
—¿Quieres ir al lavabo? —Nonomiya preguntó preocupado.
—No… Estoy bien.
Respirar profundamente y exhalar no la ayudó a calmarse, pero parecía mejor que no hacer nada.
Nonomiya observó a Otoha durante un rato para ver si había recuperado la compostura, y luego empezó a explicarle detenidamente el incidente de Shihogi.
—La policía está investigando la sala del club.
—Ya veo…
—Bueno, fue bastante complicado conseguir que la policía viniera aquí. Después de todo, el 110 no funcionaba.
—¿Eh?
—¿No lo sabes? Al parecer, las líneas telefónicas de la ciudad están limitadas.
—Ayer pude hablar por el móvil…
Otoha había hablado ayer varias veces por teléfono con sus compañeros de clase. Incluso su madre había estado en contacto con su padre por el teléfono de casa.
—Ah. Parece que no hay problema con las llamadas dentro de la ciudad. Sin embargo, no se puede contactar con gente de fuera.
—Entonces, ¿cómo conseguiste que viniera la policía?
—Contacté con la comisaría de Tsuruki.
Al parecer, los números de teléfono de emergencia de la división de seguridad de la policía local se guardan en las escuelas para usarlos en caso de emergencia.
—¿Alguien mató a Shihogi?
No se trataba de si estaba muerto. Eso era obvio.
Nonomiya negó con la cabeza.
—Todavía no lo sabemos. Pero bueno, un accidente no es…
Fue entonces cuando Otoha se dio cuenta de que los labios de Nonomiya estaban mucho más pálidos que de costumbre. Debía de haber visto también el espantoso cadáver de Shihogi. Por supuesto, la simple estudiante de secundaria Otoha, e incluso el adulto profesor Nonomiya, no han llegado a tener muchas oportunidades de ver un cadáver, a menos que fuera en la ficción, como en algún drama de televisión o un videojuego.
Cuando Otoha estaba en segundo curso de secundaria, su abuela, que vivía en la región de Tōhoku, enfermó y falleció, y Otoha asistió a su funeral. Esa fue su única experiencia viendo un cadáver real, que era el cuerpo de su abuela pulcramente maquillado por el agente funerario, por lo que no sintió ninguna horripilancia ni mayor tristeza.
Sólo había visto a su abuela unas pocas veces, sobre todo cuando era mucho más joven. No habían mantenido mucho contacto últimamente, así que sólo tenía unos vagos recuerdos de ella.
«Cuando vayas al bosque, ten cuidado. Podría haber osos.»
Era lo único que recordaba que le advirtiera su abuela. Sólo había visto osos en los libros o en la televisión, y aunque al parecer había osos en el nuevo zoo de la ciudad, Otoha aún no lo había visitado.
—Si un oso me atacara, ¿acabaría como Shihogi? —se preguntó.
—Osos… —balbuceó inconscientemente Nonomiya—. ¿Qué te hace pensar ahora en osos? —Nonomiya la miró con curiosidad.
—Oh, no es nada, profesor. Sólo estaba pensando que parecía que el pobre Shihogi fue atacado por un oso o algo así…
—¿Has visto a una persona asesinada por un oso antes?
—No. Es solo que… me parecía la explicación más plausible para algo tan raro.
—Bueno, supongo que los osos no son normales. Como los leones, o los demonios, jaja. Si no fue un ataque de uno de esos, lo ocurrido con Shihogi sería difícil de explicar.
Puede que Nonomiya mencionara los «demonios» para aligerar el ambiente, pero Otoha no podía permitirse el lujo de bromear. Al parecer, el padre de Nonomiya era sacerdote en un gran santuario de una ciudad vecina, por lo que tenía tendencia a hablar de dioses, espíritus y demonios durante las actividades de su club. Algunos miembros estaban realmente interesados en sus historias sobrenaturales, pero para Otoha no eran más que charlas ociosas a las que no prestaba demasiada atención.
—Disculpe, Nonomiya-sensei. —El vicedirector, que estaba de pie a la entrada de la sala de profesores, llamó a Nonomiya.
Tras decirle a Otoha: «Vuelvo enseguida», Nonomiya entró en el despacho del director con el vicedirector.
En el escritorio, frente a ella, había una taza llena de té. Otoha la cogió y bebió un sorbo.
El té se había enfriado por completo.
De repente, se oyó una voz gritando desde el despacho del director.
—… ¡¿Qué está pasando?! ¿Por qué no se ha avisado a la policía de un asunto tan grave hasta ahora?
—Si eso es lo que ha ocurrido, tenemos que evacuar a los estudiantes rápidamente…
—No, pero… no podemos garantizar que la escuela sea segura…
No era sólo la voz de Nonomiya. Parecía que varios profesores, incluido el vicedirector, estaban en el despacho del director.
Los gritos cesaron rápidamente, y después, parecía que los profesores de dentro estaban hablando de algo, pero Otoha no podía oír bien desde donde estaba.
Finalmente, Nonomiya salió del despacho del director con los demás profesores. Su semblante parecía aún más pálido que antes.
Nonomiya le indicó a Otoha que «volviera a su aula por ahora».
—Habrá una asamblea de emergencia en el gimnasio más tarde.
Con solo eso, Nonomiya se sentó en su asiento y enterró su cabeza en sus manos sobre el escritorio. No parecía querer hablar de los detalles.
Otoha no tuvo más remedio que seguir sus instrucciones obedientemente.

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