En la ciudad de Tsuruki, donde la seguridad ha colapsado, los más ocupados no eran otros que los policías.
El caos comenzó a estallar por toda la ciudad. Era imposible responder a todo, pues sencillamente no había manos suficientes.
Incluso Mika, que pertenecía a la sección de tráfico, no podía limitarse a solo reprimir las infracciones de aparcamiento. Siguió las sucesivas peticiones de refuerzos y recorrió la ciudad en un coche patrulla con sus colegas.
Ahora, Mika conducía en la carretera nacional. Tras mucho, tuvo un breve momento de respiro, por lo que se dirigía de vuelta a la comisaría.
Pero entonces, llegó un nuevo mensaje de radio.
—Uuh, atención a todos los coches patrulla de la ciudad, diríjanse urgentemente a la puerta principal del Instituto Tsuruki. El criminal buscado, Saruta Tsuyoshi, ha sido localizado. Al llegar, sigan las instrucciones de la División de Investigación que ya ha llegado al lugar. Repito…
Tras escuchar la radio, el compañera de Mika, el agente de policía Takatomi, que iba sentada en el asiento del copiloto, le habló con una media sonrisa.
—La que acaba de dar ese mensaje por radio es una novata. Está claro que no está acostumbrado a hablar por radio.
—El personal capacitado está en cosas más importantes.
—Como sea. Mekage, si lo han encontrado y piden refuerzos, ¿significa eso que está poniendo resistencia?
—Dijo que está en el instituto, ¿no? … Si realmente está poniendo resistencia, puede ser un problema muy grave. Vayamos.
Mika giró el volante e hizo un giro en U en el lugar. Desde donde estaban ahora, tardarían menos de diez minutos en llegar al instituto Tsuruki.
—Aun así, lo único que haremos será alejar a los curiosos, como mucho. —Takatomi se rió para sus adentros.
Mika no contestó.
—Oye, tu teléfono está sonando, Mika —le dijo Takatomi, y Mika bajó un poco la mirada. Efectivamente, su móvil personal, que estaba colocado en el salpicadero, vibraba ligeramente. Estaba en modo silencioso, por lo que no sonaba el tono de llamada, pero Takatomi parecía haberse dado cuenta del movimiento que hacía al vibrar.
—No pasa nada. Estoy de servicio.
Mika ignoró la llamada y siguió conduciendo el coche patrulla.
—En ese caso, no dejes tu teléfono personal en un sitio así. Si el jefe lo ve, regañarte será lo mínimo que te haga.
—…
Finalmente, la llamada se detuvo.
—Por cierto, Mika, ¿cambiaste la correa de tu teléfono?
Takatomi sacó el tema de improvisto.
—¿Eh?
—Antes tenías una correa con un dije en forma de oso, ¿no? Era bonito, pero no parecía algo que una mujer dura como tú tendría.
—Metete en tus asuntos.
—Oh, lo siento. No quería molestar. Pero, me refiero, fue algo que te dio tu novio, ¿no?
—Bueno…
—Y no me digas más, ¿a que el que te está llamando es él?
—Podría ser —respondió fríamente a la pregunta de Takatomi, mirando solo a la carretera.
Mika dejó escapar un suspiro en ese momento, con la intención de indicar que la conversación debía detenerse, pero parecía que la otra persona no captaba el mensaje.
—Deberías decirle que no lo hiciera en horario laboral.
—…
—Si te descubrieran seguramente te echarían del trabajo mal en el trabajo. Además, es muy probable que esté casado, y si un día…
Takatomi no paraba de hablar. Mika decidió ignorar sus palabras.
Pronto estarían en la escena del incidente, y con ello esta molesta conversación terminaría.
«Todo lo que hago es por mi propia voluntad. Nadie tiene derecho a decirme lo que debo hacer.»
Después de un rato, el instituto apareció a la vista.
—Ya casi hemos llegado. —Mika le dijo esto a Takatomi, que seguía hablando.
—Parece que sí… vaya, hay más mirones de lo que pensaba.
Como dijo Takatomi, había una multitud considerable frente a las puerta del área.
Pero parecía que no todos eran simples mirones.
Los detectives de la División de Investigación Criminal, los refuerzos que llegaron antes, y…
—Eh, ¿y eso? Hay alguien con un rifle de caza o algo así. —Takatomi se sorprendió y alzó la voz aún más de lo habitual.
Parecía que alguien de la misma fuerza policial estaba sosteniendo un rifle de caza.
—Incluso si es un criminal peligroso, ¿no es eso demasiado?
Al escuchar la voz agitada de Takatomi, Mika detuvo el coche patrulla sin decir nada y salió de él. Takatomi la siguió.
Primero, se acercaron a los detectives de la División de Investigación Criminal a cargo de la escena para pedir instrucciones.
—Mekage Mika y Takatomi, de la División de Tráfico. Acabamos de llegar.
Mika se presentó.
—Bien. De momento, id a ayudar a los demás con los curiosos.
Como era de esperar, un joven detective de la División de Investigación Criminal -aunque mayor que Mika- dijo esto.
Mika se limitó a responder con un «De acuerdo» e intentó ir hacia la multitud.
Pero Takatomi no se movió de inmediato y le hizo esta pregunta al detective:
—Um, parece que hay un policía con un rifle de caza. ¿Y eso?
—No es un rifle de caza, es una pistola de dardos tranquilizantes. Aunque seas de la División de Tráfico, deberías ser capaz de diferenciar los tipos de armas por su aspecto.
—Ah, ¿es una pistola tranquilizante…? Si han preparado algo así, ¿significa eso que Saruta está oponiendo bastante resistencia…?
—Saruta está muerto.
—¿Qué?
De hecho, no se había mencionado el estado de Saruta en la radio.
—¿Eso significa que le han disparado hasta matarlo? —dijo Takatomi.
—… Takatomi… ¿Identifica usted eso como un cadáver baleado? —El detective dijo esto, señalando hacia las cercanías del edificio del instituto.
Había una inmensa cantidad de sangre salpicada en las paredes y el suelo, y en el centro parecía haber algo parecido a un cadáver cubierto con una sábana azul.
—No podría decirlo con tanta sabana de por medio.
—Ya veo. Pues bien, te concederé un permiso especial para echar un vistazo a lo que tapa esa sábana. Deseará que realmente hubiera muerto tiroteado. —El detective dijo esto con una sonrisa ligeramente lasciva.
Mientras Takatomi se quedaba perplejo, otro detective, más mayor, que había estado indagando cerca se acercó y puso la mano en el hombro del joven detective.
—Oye, no seas tan desagradable con los policías.
—Oh… lo siento. —El joven detective se sintió repentinamente abatido.
Dado que rara vez tenía la oportunidad de interactuar con ellos, Mika no sabía mucho acerca de los detectives de la División de Investigación. Pero ahora comprendía que aquel joven detective era el tipo de persona que le desagradaba.
El anciano detective se aclaró la garganta y se dirigió a Mika y a los demás.
—Por favor, pedid información más detallada a esos tipos de ahí.
Señaló a los policías que estaban controlando a los curiosos.
—De acuerdo —contestó de nuevo Mika y les dio la espalda a los detectives. Esta vez Takatomi le siguió obedientemente.
Justo cuando Mika estaba a punto de dar un paso adelante, se oyó un grito a lo lejos.
—¡Está allí!
Parecía provenir de la puerta oeste de la escuela.
Los policías con rifles de caza -no, pistolas anestésicas- corrieron hacia esa dirección.
—¡Vosotros evacuad a los curiosos!
El anciano detective dio instrucciones a Mika y a los demás, luego sacó su propia pistola y corrió hacia delante. Otros detectives, incluido el joven detective, siguieron su ejemplo.
—Evacuar… ¿significa eso que el culpable que mató a Saruta está por allí? —dijo Takatomi en tono indiferente.
—Así es… ¿por qué no vas con ellos?
Cuando Mika dijo esto, Takatomi negó enérgicamente con la cabeza.
—Ni hablar. No quiero verme envuelto en un tiroteo. Además, ni siquiera he traído un arma.
Puede que no fueran palabras que sonaran a lo que diría un agente de policía, pero era algo raro. Takatomi y Mika pertenecen a la sección de tráfico. Usar armas no era parte de su jurisdicción.
—Bueno, entonces, ¿hacemos nuestro trabajo o qué? Venga, vamos.
Diciendo eso, Mika caminó hacia la multitud.
En la ciudad de Tsuruki, donde la seguridad ha colapsado, los más ocupados no eran otros que los policías.
El caos comenzó a estallar por toda la ciudad. Era imposible responder a todo, pues sencillamente no había manos suficientes.
Incluso Mika, que pertenecía a la sección de tráfico, no podía limitarse a solo reprimir las infracciones de aparcamiento. Siguió las sucesivas peticiones de refuerzos y recorrió la ciudad en un coche patrulla con sus colegas.
Ahora, Mika conducía en la carretera nacional. Tras mucho, tuvo un breve momento de respiro, por lo que se dirigía de vuelta a la comisaría.
Pero entonces, llegó un nuevo mensaje de radio.
—Uuh, atención a todos los coches patrulla de la ciudad, diríjanse urgentemente a la puerta principal del Instituto Tsuruki. El criminal buscado, Saruta Tsuyoshi, ha sido localizado. Al llegar, sigan las instrucciones de la División de Investigación que ya ha llegado al lugar. Repito…
Tras escuchar la radio, la compañera de Mika, el agente de policía Takatomi, que iba sentada en el asiento del copiloto, le habló con una media sonrisa.
—La que acaba de dar ese mensaje por radio es una novata. Está claro que no está acostumbrado a hablar por radio.
—El personal capacitado está en cosas más importantes.
—Como sea. Mekage, si lo han encontrado y piden refuerzos, ¿significa eso que está poniendo resistencia?
—Dijo que está en el instituto, ¿no? … Si realmente está poniendo resistencia, puede ser un problema muy grave. Vayamos.
Mika giró el volante e hizo un giro en U en el lugar. Desde donde estaban ahora, tardarían menos de diez minutos en llegar al instituto Tsuruki.
—Aun así, lo único que haremos será alejar a los curiosos, como mucho. —Takatomi se rió para sus adentros.
Mika no contestó.
—Oye, tu teléfono está sonando, Mika —le dijo Takatomi, y Mika bajó un poco la mirada. Efectivamente, su móvil personal, que estaba colocado en el salpicadero, vibraba ligeramente. Estaba en modo silencioso, por lo que no sonaba el tono de llamada, pero Takatomi parecía haberse dado cuenta del movimiento que hacía al vibrar.
—No pasa nada. Estoy de servicio.
Mika ignoró la llamada y siguió conduciendo el coche patrulla.
—En ese caso, no dejes tu teléfono personal en un sitio así. Si el jefe lo ve, regañarte será lo mínimo que te haga.
—…
Finalmente, la llamada se detuvo.
—Por cierto, Mika, ¿cambiaste la correa de tu teléfono?
Takatomi sacó el tema de improvisto.
—¿Eh?
—Antes tenías una correa con un dije en forma de oso, ¿no? Era bonito, pero no parecía algo que una mujer dura como tú tendría.
—Metete en tus asuntos.
—Oh, lo siento. No quería molestar. Pero, me refiero, fue algo que te dio tu novio, ¿no?
—Bueno…
—Y no me digas más, ¿a que el que te está llamando es él?
—Podría ser —respondió fríamente a la pregunta de Takatomi, mirando solo a la carretera.
Mika dejó escapar un suspiro en ese momento, con la intención de indicar que la conversación debía detenerse, pero parecía que la otra persona no captaba el mensaje.
—Deberías decirle que no lo hiciera en horario laboral.
—…
—Si te descubrieran seguramente te echarían del trabajo. Además, es muy probable que esté casado, y si un día…
Takatomi no paraba de hablar. Mika decidió ignorar sus palabras.
Pronto estarían en la escena del incidente, y con ello esta molesta conversación terminaría.
«Todo lo que hago es por mi propia voluntad. Nadie tiene derecho a decirme lo que debo hacer.»
Después de un rato, el instituto apareció a la vista.
—Ya casi hemos llegado. —Mika le dijo esto a Takatomi, que seguía hablando.
—Parece que sí… vaya, hay más mirones de lo que pensaba.
Como dijo Takatomi, había una multitud considerable frente a las puerta del área.
Pero parecía que no todos eran simples mirones.
Los detectives de la División de Investigación Criminal, los refuerzos que llegaron antes, y…
—Eh, ¿y eso? Hay alguien con un rifle de caza o algo así. —Takatomi se sorprendió y alzó la voz aún más de lo habitual.
Parecía que alguien de la misma fuerza policial estaba sosteniendo un rifle de caza.
—Incluso si es un criminal peligroso, ¿no es eso demasiado?
Al escuchar la voz agitada de Takatomi, Mika detuvo el coche patrulla sin decir nada y salió de él. Takatomi la siguió.
Primero, se acercaron a los detectives de la División de Investigación Criminal a cargo de la escena para pedir instrucciones.
—Mekage Mika y Takatomi, de la División de Tráfico. Acabamos de llegar.
Mika se presentó.
—Bien. De momento, id a ayudar a los demás con los curiosos.
Como era de esperar, un joven detective de la División de Investigación Criminal -aunque mayor que Mika- dijo esto.
Mika se limitó a responder con un «De acuerdo» e intentó ir hacia la multitud.
Pero Takatomi no se movió de inmediato y le hizo esta pregunta al detective:
—Um, parece que hay un policía con un rifle de caza. ¿Y eso?
—No es un rifle de caza, es una pistola de dardos tranquilizantes. Aunque seas de la División de Tráfico, deberías ser capaz de diferenciar los tipos de armas por su aspecto.
—Ah, ¿es una pistola tranquilizante…? Si han preparado algo así, ¿significa eso que Saruta está oponiendo bastante resistencia…?
—Saruta está muerto.
—¿Qué?
De hecho, no se había mencionado el estado de Saruta en la radio.
—¿Eso significa que le han disparado hasta matarlo? —dijo Takatomi.
—… Takatomi… ¿Identifica usted eso como un cadáver baleado? —El detective dijo esto, señalando hacia las cercanías del edificio del instituto.
Había una inmensa cantidad de sangre salpicada en las paredes y el suelo, y en el centro parecía haber algo parecido a un cadáver cubierto con una sábana azul.
—No podría decirlo con tanta sabana de por medio.
—Ya veo. Pues bien, te concederé un permiso especial para echar un vistazo a lo que tapa esa sábana. Deseará que realmente hubiera muerto tiroteado. —El detective dijo esto con una sonrisa ligeramente lasciva.
Mientras Takatomi se quedaba perpleja, otro detective, más mayor, que había estado indagando cerca se acercó y puso la mano en el hombro del joven detective.
—Oye, no seas tan desagradable con los policías.
—Oh… lo siento. —El joven detective se sintió repentinamente abatido.
Dado que rara vez tenía la oportunidad de interactuar con ellos, Mika no sabía mucho acerca de los detectives de la División de Investigación. Pero ahora comprendía que aquel joven detective era el tipo de persona que le desagradaba.
El detective mayor se aclaró la garganta y se dirigió a Mika y a los demás.
—Por favor, pedid información más detallada a esos tipos de ahí.
Señaló a los policías que estaban controlando a los curiosos.
—De acuerdo —contestó de nuevo Mika y les dio la espalda a los detectives. Esta vez Takatomi la siguió obedientemente.
Justo cuando Mika estaba a punto de dar un paso adelante, se oyó un grito a lo lejos.
—¡Está allí!
Parecía provenir de la puerta oeste de la escuela.
Los policías con rifles de caza -no, pistolas anestésicas- corrieron hacia esa dirección.
—¡Vosotros evacuad a los curiosos!
El detective mayor dio instrucciones a Mika y a los demás, luego sacó su propia pistola y corrió hacia delante. Otros detectives, incluido el joven, siguieron su ejemplo.
—Evacuar… ¿significa eso que el que mató a Saruta está por allí? —dijo Takatomi en tono indiferente.
—Así es… ¿por qué no vas con ellos?
Cuando Mika dijo esto, Takatomi negó enérgicamente con la cabeza.
—Ni hablar. No quiero verme envuelta en un tiroteo. Además, ni siquiera he traído un arma.
Puede que no fueran palabras que sonaran a lo que diría un agente de policía, pero era algo raro. Takatomi y Mika pertenecen a la sección de tráfico. Usar armas no era parte de su jurisdicción.
—Bueno, entonces, ¿hacemos nuestro trabajo o qué? Venga, vamos.
Diciendo eso, Mika caminó hacia la multitud.

Una respuesta a “Nivel 3 – Escena 2”