Nivel 3 – Escena 3

Koudai llegó al trabajo mucho antes de lo habitual, pero, en verdad, no había nada que tuviera que hacer hoy.

El número de llamadas había disminuido considerablemente en comparación con la etapa inicial. Quizá todo el mundo había empezado a darse cuenta de que ya no tenía sentido quejarse.

No se trataba sólo de un problema de su empresa, sino de un problema que afectaba a toda la ciudad.

Ya que no había necesidad de gestionar quejas ahora, y puesto que ningún sistema de seguridad funcionaba, apenas había nada que Koudai, un oficinista, pudiera hacer. Como mucho, sólo podía organizar documentos.

Mientras deambulaba sin rumbo delante del archivador, Atsuki se le acercó con una sonrisa burlona.

—Eeeyy~, Takahagi.

—¿Qué? ¿Ahora te vas a poner sarcástico como el jefe?

—No estoy siendo sarcástico. Yo también estoy aburrido. El jefe se ha ido por un tiempo, así que no hay nadie para darnos instrucciones.

—¿Se ha ido el jefe?

Ahora que lo pensaba, Nakazawa había estado al teléfono toda la mañana, pero no se le había visto desde hacía un rato.

—Seguro que el jefe está ocupándose de muchas cosas… De todos modos, tengo una propuesta. —Atsuki se apoyó en el archivador y dijo—: ¿Por qué no vamos juntos a buscar al culpable?

—¿El culpable? ¿Del asesinato, dices?

—Eso se lo dejaré a la policía. Tratar con un criminal tan peligroso no es ninguna broma. De lo que estoy hablando es del culpable que causó que todo este pueblo quedara aislado del mundo exterior.

—¿No podemos dejarle eso también a la policía?

Pero Atsuki levantó el dedo índice y lo movió, negando en el aire.

Era un gesto pretencioso, si bien encajaba con la imagen de playboy de Atsuki.

—Tenemos información sobre el culpable que la policía no tiene.

—¿Te refieres al correo electrónico?

—Bingo.

—Pero incluso con eso, no hay mucho que podamos hacer, ¿verdad?

—Sólo ese email revela mucha información. Por un lado, el segundo email fue enviado ayer, después de que la ciudad quedara aislada del mundo exterior. Eso significa que el remitente envió el correo desde algún lugar dentro de la misma.

Eso era obvio incluso para Koudai. Pero en esta ciudad había muchos lugares desde los que se podía enviar un correo electrónico. No sería fácil localizar al culpable sólo con eso.

Cuando Koudai señaló eso, Atsuki se levantó y se dirigió a su propio escritorio. Luego, mientras golpeaba el teclado con la mano izquierda, hizo una seña con la derecha.

—Dejemos ese asunto a un lado por ahora. Lo otro importante es el primer correo electrónico que se envió —dijo Atsuki.

Koudai se acercó al asiento de Atsuki.

—Pero ese email ya había sido borrado.

—Eso es una nimiedad. Mira esto. —Atsuki señaló al monitor.

Allí, el texto del primer correo electrónico se mostraba tal cual.

—Si es sólo recuperación de datos, es pan comido.

—Vaya, eres impresionante.

Volvieron a leer el email.

«Si cierras tu propia puerta, la abriré por la fuerza. Es muy fácil. Todo lo que tengo que hacer es invertir un único -concepto-. A partir del 7 de julio y durante una semana, en el aniversario de dos personas, eso ocurrirá.

De M»


—La inversión del “concepto” representa precisamente esta situación. La seguridad que debería haber impedido la entrada de intrusos ya no funciona, y esta ciudad, que debería haber sido un lugar abierto al mundo exterior, ahora está completamente aislada. La frase «abrir la puerta a la fuerza» también coincide con esto —explicó Atsuki con cierto orgullo

Parecía que este correo electrónico había sido enviado para advertirles con antelación de esta situación.

Sin embargo, les hubiera gustado que estuviera escrito con más claridad.

—Dice que “a partir del 7 de julio y durante una semana, eso ocurrirá”, así que quizá este caos se resuelva en cuatro días. O podría empeorar aún más. Si es así, ¡tenemos que identificar al culpable y detener su ambición antes de que sea demasiado tarde! —continuó con entusiasmo, mientras Koudai escuchaba medio asombrado.

—Antes de eso, Kayama-kun, hay algunas cosas que quiero aclarar —dijo Koudai.

—Claro, ¿cómo qué?

—¿Por qué nos envió el culpable este correo electrónico?

—No lo sé.

—Entonces, ¿cómo provocó el culpable esta situación en primer lugar?

—… Tampoco lo sé.

—¿Por qué pusieron el período de una semana? ¿Y por qué están haciendo esto?

—Tampoco sé eso.

—¿Entonces qué sabes?

—Bueno, obviamente no mucho. Yo no soy el culpable, así que si quieres saber esas cosas, tienes que preguntárselo directamente a él.

—Ya… Te lo he preguntado antes, pero ¿cómo piensas dar con el paradero del culpable? Todo lo que sabemos es que están en algún lugar de la ciudad.

—Ajá… Y por eso mismo, ¿te apetece salir? —dijo Atsuki, mientras se ponía la chaqueta del traje que había colgado en el respaldo de la silla—. Venga, ve preparando el coche, Takahagi.

—Un momento, ¿adónde vamos?

—A mi casa.

—Así que, tú eras el culpable después de todo.

—Déjate las bromas, anda. Si vienes, lo entenderás.

Atsuki parecía ansioso por buscar al culpable, pero Koudai no estaba demasiado entusiasmado. Era verdad que tenía ganas de poner fin a esta situación anómala que se venía produciendo desde hacía días. No solo por el trabajo. Koudai había estado constantemente acosado por una inexplicable sensación de malestar.

Ni siquiera se sentía a gusto en casa. La cerradura de la puerta principal no giraba ni, y la cerradura de media luna de la ventana tenía todos los cierres rotos. No había piezas de repuesto en la cerrajería -o mejor dicho, el inventario de tales artículos también se había vuelto inusable-, así que la había asegurado con un cilindro metálico para evitar que la abrieran. Pero cuando lo comprobó esta mañana, había sido cortado.

Al ver esto, Koudai se asustó, pensando que alguien había entrado en su casa. Sin embargo, aparte del cilindro, no parecía haber otros daños, y ni siquiera había indicios de que hubieran movido nada.

Poco a poco, Koudai empezó a darse cuenta de que aquel fenómeno no lo causaban los humanos. Si era un dios o un demonio, o incluso si tales cosas existían, era incierto, pero algo más allá de la comprensión humana había creado esta pesadilla.

Si Koudai hubiera sido una persona religiosa, quizá habría dejado de ir a trabajar y se habría pasado el día rezando a Dios. Pero en realidad, Koudai pensó en una forma más práctica de afrontar esta situación: «No te quedes solo». Se suponía que el interior de la casa era el lugar más seguro y tranquilo, pero ahora que ya no existía el concepto de cerradura, ese concepto común se había invertido.

No había forma de mantener a los intrusos fuera de tu casa. Nunca se había ganado enemigos, pero siempre existía el riesgo de que le robaran. Aunque en todas partes daba igual que las cerraduras no funcionaran para eso, la situación actual hacía que estar en grupo en cualquier parte fuera la mejor forma de protegerse.

Así que hoy, Koudai vino a trabajar mucho antes de lo habitual, escapando de la soledad de su hogar. Normalmente, sin duda habría sido de los últimos en llegar, pero hoy ya había varios compañeros más en el departamento. La mayoría era gente que vivía sola, como Koudai.

Quizá todos sentían lo mismo que él.

El miedo a estar solo, que era incapaz de soportar.

… ¿Qué planeaba hacer Atsuki cuando se entrara con la persona que provocó una situación tan anormal?


¿Luchar? ¿Capturarlo?

¿Era siquiera posible hacer tal cosa?

—Quizá deberíamos dejárselo a la policía, de verdad —volvió a aconsejar Koudai a Atsuki.

Pero Atsuki negó con la cabeza.

—No creo que la policía se crea este tipo de historias.

—Yo creo que sí. La policía ha sido testigo de esta situación anormal. Ahora mismo saltarían sobre cualquier pista. Incluso podría presentarte a mi padre si quieres.

—¿No es tu padre detective en la comisaría de la ciuad?

—Está en la División de Investigación Criminal. Si se lo digo a él, debería poder tomarte más en serio que otros policías.

—¿No está la División de Investigación Criminal actualmente centrada en el caso del prófugo? Sería desafortunado darles aún más trabajo. —Atsuki sacudió la cabeza una vez más—. Solo quiero resolver la crisis de mi empresa con mis propias manos.

—No creo que seas de los que desbordan tanto sentido de la lealtad a la empresa. No me parece que seas de los que quieren contribuir a la empresa para ascender.

—Si no quieres ayudarme, no pasa nada. Lo haré yo mismo.

Tras mostrar una expresión frustrada, Atsuki salió solo de la habitación.

—Ya veo…

Koudai chasqueó la lengua y se sentó en su propio escritorio.

—Sin embargo, un minuto después, también se puso la chaqueta y salió corriendo de la oficina.

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