Nivel 3 – Escena 5

Koudai y su padre estaban sentados en una mesa de un cibercafé cercano, justo al lado del instituto Tsuruki.

—¿Está bien que el detective jefe esté lejos de la escena del crimen?—dijo Koudai a su padre mientras sorbía café.

—He dejado el mando de la escena a mis subordinados… Además, no hay nada que podamos hacer en nuestra situación actual —respondió su padre mientras agarraba fuertemente su taza de café con ambas manos.

—¿Qué quieres decir?

—… La ciudad ha sido acordonada por la policía.

—Ah, ¿por el muro transparente?

—¿Cómo sabes eso? —Su padre parecía sorprendido.

—Oh… bueno, lo supuse —vaciló Koudai. No debía mencionar que se lo había dicho Mika, por su seguridad. La policía no parecía mantener en secreto la información sobre el muro transparente en ese momento, pero probablemente aún no les habían dado instrucciones sobre qué hacer.

—Bueno, no importa. La cosa es que un muro invisible como ese ha rodeado el instituto.

—¿Qué? ¿Desde cuándo?

—Desde hace poco. En el momento en que escapó hacia la escuela, apareció el muro.

—¿Te refieres a ese tipo, el que se escapó de los calabozos?

—No, ese fue asesinado por el otro que digo.

«… Espera. ¿el Saruta ese fue asesinado?

¿Hay más asesinos en la ciudad ?»

—¿Y quién es esa otra persona de la que hablas? —le preguntó a su padre, con su tono teñido en ligera ira.

Probablemente era la primera vez en mucho tiempo que se enfrentaba a su padre con tanta contundencia. Su padre suspiró antes de responder.

—Koudai… Para ser honesto, estoy confundido acerca de muchas cosas. La ciudad es un caos ahora mismo. Ni siquiera debería hablarte de estas cosas.

Koudai podía decir que su padre rara vez hablaba de trabajo en casa. Era una persona callada por naturaleza, y Koudai nunca había sentido la necesidad de discutir con él sobre su trabajo como detective. Y su hermana no parecía interesada en el trabajo de su padre en absoluto.

—Trabajas para una empresa de seguridad. Ya deberías saber lo anormal que es la situación en la ciudad, ¿no?

—¿Realmente importa dónde trabajo? Si todas las cerraduras dejan de funcionar de repente, cualquiera se da cuenta de que algo no va bien.

—Bueno, supongo que entonces es un milagro que la ciudad no haya ardido aún.

—Los japoneses tendemos a seguir las reglas incluso durante desastres.

—Cierto. Pero me temo que quien se ha infiltrado en el instituto no es capaz de seguir ninguna norma.

—Entonces, es bastante peligroso, ¿no?

Los dos estaban sentados junto a la ventana, con una vista despejada del edificio del instituto Tsuruki. Durante un rato, el padre estuvo mirando en esa dirección y dudó de contiuar la conversación.

—Dímelo, papá. —Koudai apremió a su padre.

—No puedo decir más…

—¿Es tan confidencial? Mira, yo ya sé mucho, ya no hay problemas si me lo dices.

—…

—Otoha está ahí dentro, ¿verdad? —Otoha es el nombre de la hermana de Koudai—. Si nuestra familia está en peligro, quiero saberlo todo sobre la persona que está causando ese peligro.

—De acuerdo. Pero no debes hablar de ello con nadie más. —El padre se apartó de la ventana y miró a Koudai mientras hablaba.

—… Es un oso.

—¿Eh?

—Es el oso lunar que se escapó del zoo. Mató a Saruta, y antes de eso a Shihogi Kanoe… y ahora está atrincherado en el instituto.

—No puede ser.

Koudai estaba completamente desconcertado. Él ya sabía que las amenazas más directas en la ciudad ahora mismo eran los animales que se escaparon, pero el hecho de que un oso hubiera matado a gente era un acontecimiento extraordinario que le producía escalofríos. Y además ese oso estaba ahora dentro de la escuela donde se encontraba su hermana.

Nadie puede entrar en la escuela para ayudar. Ni siquiera su padre, un oficial de policía.

… Koudai se dio cuenta de que su respiración se había vuelto agitada.

Pero no podía permitirse perder la calma ahora.

Primero, necesitaba comprender bien la situación.

Koudai respiró hondo y reanudó el interrogatorio a su padre.

—Shihogi Kanoe… Entonces fue el oso quien le mató… ¿Cuándo lo supiste?

—Lo supe al momento. Cualquiera en la división de investigación podía decir mirando el cuerpo que no fue asesinado por manos humanas. De hecho, era bastante fácil sospechar del oso que escapó del zoo. Sólo los implicados en la investigación y los rangos superiores de la comisaría saben de esto.

—¿Por qué no revelasteis esa información? ¡Es horrible que nadie sepa que el oso que se escapó anda matando a gente! —Koudai alzó la voz. Le irritaba saber que por eso ahora su hermana estaba en peligro.

—¿Qué sentido tiene hacerlo público? La huida del animal y la llamada a no salir de casa ya se han difundido en la ciudad y no hay forma de que la gente se proteja del oso, ahora que las puertas ni siquiera cierran.

—…

—Sólo causaría más caos. Por eso estamos ocultando la información. Por suerte, aquí no hay medios de comunicación que puedan revelar nada. Y aunque los hubiera, se ha detenido la distribución de periódicos y revistas.

Mientras su padre hablaba, éste golpeaba repetidamente con el dedo índice la taza de café vacía, costumbre que tenía cuando empezaba a perder la paciencia.


—… ¿Realmente eso te parece correcto?

—… Bueno, más o menos.

Su padre probablemente sólo estaba siguiendo la decisión de la alta dirección. Pero además de su preocupación por su hermana, probablemente se lo estaba contando todo a Koudai porque no estaba satisfecho con la orden.

Siempre había sido así. A pesar de su apariencia digna, era un padre que daba algo de pena. Rara vez ocurría, pero cuando discutía con su mujer, iba a la habitación de Koudai y se quejaba sin parar. En aquella época, Koudai no se involucraba demasiado en lo que le decía, pero mirando ahora hacia atrás, puede que su padre realmente necesitara quien le escuchara.

Probablemente sólo quería que alguien escuchara sus verdaderos sentimientos.

—¿Cómo sabéis que el oso volvió a la escuela?

—… Recibimos un informe de que Saruta estaba cerca de la escuela. Mi subordinado y yo estábamos buscando cerca, e inmediatamente corrimos hacia allí. Para entonces, Saruta ya estaba muerto. O, para ser precisos…

El padre hizo una pausa antes de volver a hablar.

—… ¿Se lo estaba comiendo?

—… Sí. Con un oso como oponente, no hay mucho que pudiéramos hacer nosotros dos solos, así que pedimos refuerzos, pero mientras tanto, el oso se escapó.

—¿Fue entonces cuando el oso entró en la escuela?

—No. El oso deambuló por el patio durante un rato. Cuando llegó el equipo con las pistolas tranquilizantes, el oso apareció por la puerta oeste. Por supuesto, inmediatamente rodeamos al oso, y entonces…

—¿Le disparasteis?

Sin embargo, su padre negó con la cabeza.

—No le disparamos. No, para ser precisos, no pudimos dispararle.

—¿Por qué no?

—El arma estaba rota. No sólo la pistola tranquilizante, sino todas las pistolas que teníamos estaban rotas.

—¿Eh? ¿No les disteis mantenimiento? Eso es-.

Mientras hablaba, Koudai se dio cuenta de algo.

Lo miraras por donde lo miraras, no era normal que todas las armas estuvieran rotas a la misma vez. Al menos no en una situación “normal”. Pero ahora, la ciudad se encontraba en ante una realidad extraña.

—En concretos, ¿qué no funcionaba? —dijo Koudai.

—El seguro del arma. Por alguna razón, todas las armas tenían el mecanismo de seguridad atascado y no se liberaban.

—El mecanismo de seguridad es como una “cerradura” que evita que las armas se disparen accidentalmente, ¿no?

—Se podría decir que sí.

Usando las palabras de ese infame correo electrónico, el concepto de las “cerraduras” en esta ciudad se había invertido. Las puertas que estaban cerradas siempre está abiertas, y los lugares que estaban abiertos ahora están cerrados.

Así es, este concepto no sólo se aplicaba a las puertas y ventanas. Al menos, nadie dijo que eso fuera así.

—El oso aprovechó la oportunidad mientras intentabamos entender qué ocurría y entró en la escuela. El “muro invisible” impidió que la policía lo persiguiera. Apareció de repente y cubrió la escuela justo después de que el oso entrara en el edificio. —Continuó su padre.

—… ¿Podría ser que el oso creara ese muro?

—No lo sé. Lo que sí sé es que la policía no puede hacer nada al respecto. Ni siquiera sabemos qué está pasando ahora dentro de la escuela. Sería natural pensar que los alumnos y profesores de dentro se dieron cuenta de que el oso había entrado. … No sería extraño que al menos una persona saliera al patio.

—Sí…

La situación era peor de lo que Koudai había previsto. Sintió que habría sido más tranquilizador si quién entró fuera un criminal humano. En ese caso, existía la posibilidad de que mantuviera con vida a los estudiantes como rehenes. Sin embargo, como había dicho su padre, era imposible que el oso tuviera tanto sentido común.

—De todos modos, ahí está esa pared transparente. Tenemos que averiguar cómo romperla o deshacernos de ella… Si no lo hacemos, Otoha… —dijo su padre, con la cabeza gacha.