«Otoha está ahí.»
Sabiendo eso, Koudai no quería alejarse mucho del Instituto Tsuruki. Sin embargo, aunque lo hiciera, no podría hacer nada.
Su padre le había dicho que se fuera a casa de momento, así que Koudai se dirigió al aparcamiento donde aparcó el coche.
Había empezado a pensar que podía ser una persona más desalmada de lo que creía: Su hermana estaba en una situación peligrosa. Incluso podría morir. Y, aunque eso era algo preocupante, él no podía sentir ninguna emoción más allá de esa ligera «preocupación».
Tendría que tomárselo más en serio. Existía la posibilidad de que un miembro de su familia muriera. Debía ser normal pensar en eso más que en cualquier otra cosa y preocuparse por ello.
Koudai y Otoha no tenían una mala relación, pero no eran hermanos especialmente cercanos.
Quizás en estos últimos tres días, no consiguió terminar de distinguir entre ficción y realidad. Debido a las cosas extraordinarias que seguían sucediendo una tras otra, cosas que estaban lejos del sentido común, no podía terminar de asimilar lo que significaba que un oso se hubiera apoderado de la escuela donde estaba su hermana.
Era como estar dentro de un videojuego.
«Ja, ya veo. Por eso Atsuki está tan emocionado. Debe sentirse como si fuera el protagonista de un juego.»
Koudai había llegado hasta aquí arrastrado por él. Ahora, se dirigían a un cibercafé donde parecía haber pistas para encontrar al culpable.
Sin embargo, esto ya no era un problema ajeno. Su familia estaba involucrada.
Tenía que encontrar a la persona que había provocado esta situación y averiguar cómo eliminar ese «muro invisible».
Sólo así podría salvar a su hermana.
«… Tengo que espabilar.»
Por poco realista que fuera, éste no era el mundo de un videojuego.
Tras un tiempo, llegó al aparcamiento. Atsuki ya debía de haber llegado al cibercafé. No era un lugar lejano. Koudai podía llegar rápido en coche.
Cuando Koudai estaba a punto de entrar en el coche de la empresa e introducir la llave, de repente le apareció una duda.
… Su padre le había dicho que el seguro de la pistola dejó de funcionar correctamente. Suponía que ése era uno de los fenómenos extraños de la ciudad. Entonces, si hasta eso dejaba de funcionar, ¿no le ocurriría lo mismo al coche?
Hasta este momento, el motor siempre había arrancando con normalidad y pudo moverse. Sin embargo, no había garantías de que siguiera siendo así.
El cable que había terminado por atar para fijar la ventana de su casa había estado haciendo su trabajo correctamente hasta ayer, pero esta mañana apareció cortada.
El muro que había rodeado sólo el exterior de la ciudad, aparecía ahora alrededor del perímetro del instituto.
Con el paso del tiempo, la anomalía fue invadiendo más y más la ciudad.
La sensación de que lo que hoy se considera de sentido común no tiene por qué serlo mañana le abrazaba.
Quizá incluso ahora, en este preciso momento…
Koudai introdujo la llave en el coche e intentó arrancar el motor.
… Sin embargo, el coche permaneció en silencio.
Volvió a girar la llave.
Dos veces, tres veces… Finalmente, Koudai se rindió y tiró la llave en el asiento del copiloto.
«Espero que sea sólo este coche…»
Las preocupaciones de Koudai resultaron ser ciertas.
—Sin duda, la anomalía estaba progresando.

Una respuesta a “Nivel 3 – Escena 6”