Nivel 4 – Escena 1

Koudai llevaba días sin poder dormir profundamente. Quizá se debiera a la ansiedad de no saber cuándo vendría un intruso a su casa, o quizá tuviera algo que ver con la situación de su hermana.

Se enteró de que cerca del instituto había una tienda de campaña para que se alojaran las familias de los estudiantes. Se había planteado quedarse allí, pero al final había vuelto a su casa.

Quizá tenía miedo de enfrentarse a la realidad.

«Soy patético», pensó para sus adentros.

Probablemente causado por el cansacio por sus noches ligeras estos días, hoy cayó en un sueño profundo.

En mi sueño, vio a su hermana en el instituto.

Como era un sueño, le hubiera gustado ver a una inocente y tierna hermanita. Sin embargo, Otoha seguía siendo la de siempre, la que armaba un jaleo por todo.

«No leas mis libros sin mi permiso.»

«¿Aún no vas a buscar trabajo?»

«¡Quitate de ahí!»

«¿Qué? Esto no tiene nada que ver contigo.»

Koudai se preguntaba si todas las chicas eran así de quejicas cuando las conocias mejor.

Había sido una niña tierna hasta los primeros años de primaria, pero después, cada vez que se veían, ella se ponía así. Como se llevaban varios años de diferencia, no se confrontaron tanto, y puede que en el fondo se sintieran un poco distantes el uno del otro.

Koudai se estaba hartando de que sólo le dijera lo que tenía que hacer en su sueño. Estaba a punto de replicarle algo, pero despertó.

—……

Mirando el reloj, sólo eran las cinco de la mañana. Era temprano para ir a trabajar. Sin embargo, no podía conciliar el sueño de nuevo.

«¿Debería ir a comprar algo…?», murmuró para sus adentros antes de levantarse de la cama. Como la distribución de suministros se había detenido, era cuestión de tiempo que se agotaran los productos en las tiendas. De hecho, los que lo preveían ya habían empezado a hacer compras de pánico, y en la mayoría de las tiendas y supermercados apenas quedaba nada. A pesar de ello, Koudai aún no había hecho nada para prepararse por el futuro.

Cuando encendió las luces de la habitación, vio de repente un pequeño peluche en el mueble del televisor.

Era un peluche de conego del tamaño de la palma de su mano. Se lo había traído de casa de sus padres cuando se mudó. Fue un regalo de Otoha cuando ésta estaba en primaria. Le dijo que lo había hecho en clase de economía doméstica.

Lo tomó y se quedó mirándolo un rato.

Hoy fue a trabajar como de costumbre.

Al final, mi su scooter dejó de funcionar, por lo que fue andando. Llegó un poco tarde, pero nadie le dijo nada por ello. Había algunas personas que aún no habían venido a trabajar, entre ellas el jefe Nakazawa y Atsuki.

En la pizarra blanca que había en la esquina de la sala estaba escrita la fecha de hoy, 10 de julio, y el horario de cada empleado del departamento. En el de Nakazawa sólo ponía «fuera». Atsuki aún no había llegado al trabajo.

Koudai fingió trabajar mientras solo miraba el monitor del ordenador durante un rato, hasta que Atsuki llegó, sudado.

—Vaya calvario… —en cuanto se sentó, dijo eso—. Me robaron la bicicleta. Supongo que no se podía hacer nada, ahora que no podría ponerle el candado.

Como los coches, las motos y los trenes no funcionaban, el único medio de transporte eficaz en la ciudad era la bicicleta. No es de extrañar que fuera objetivo de robo.

—Siento no haber podido ir contigo ayer. —Se disculpó Koudai.

—No pasa nada. El coche no funcionaba, es comprensible. —Atsuki se rió, intentando ser considerado—. Pero bueno, al final no era necesario que vinieras.

—¿Supongo que no sacaste mucho del cibercafé?

—El personal no iba a decir nada sin un policía de por medio.

¿Estamos de vuelta al principio?

Cuando dije eso, Atsuki sonrió significativamente.

—¿Qué quieres decir?

¿Hmm? ¿Entonces sí que encontraste algo?

—Bueno, creo que me gustaría hablar más de ello en mi casa… ¿Qué te parece?

—¿Qué quieres decir con “qué me parece”? ¿Ahora me dejas eligir?

—No, es que con tu hermana y todo eso… Si no quieres, no tienes porqué venir.

—No es como que pueda hacer nada por ella ahora. Parece que aún no han encontrado la forma de entrar en el instituto.

Esta mañana su padre le llamó por teléfono, no tanto para informarle de la situación actual como para expresarle su deseo de que fuera a su casa por si su madre recibía demasiado mal las noticias acerca de Otoha.

—¿No estás preocupado por tu hermana?

—Sí que lo estoy. Por eso estoy pensando si hay algo más que pueda hacer por salvar a mi hermana. ¿Sí encontramos al culpable que causó este fenómeno podríamos derruir el muro invisible que rodea el instituto?

Salvar a su hermana podía sonar bien, pero Koudai no estaba muy seguro de lo que eso significaba realmente para él.

¿De verdad quería salvar a su hermana?

Por supuesto, la respuesta es sí.

Pero en situaciones como ésta, si él fuera el protagonista de un videojuego, ¿no estaría más desesperado por salvarlo de lo que realmente estaba?

Koudai sintió que en su interior se mezclaban la preocupación por su hermana y un sentimiento de obligación por ayudarla.

De repente, Atsuki miró a Koudai a la cara y dijo:

Pareces un poco perdido, Takahagi.

—¿Por qué dices eso?

—No es nada. No tengo ninguna queja al respecto. De hecho, es por eso que te invité a ayudarme.

—¿Eh?

—Tú y yo… somos parecidos.

—¿Qué quieres decir? Podemos parecer similares en algunos aspectos, pero…

—Bueno, ambos hemos experimentado reveses.

¿Quería decir que ambos eran personas que habían experimentado el fracaso?

Podría ser cierto, pero Koudai y Atsuki eran muy diferentes en naturaleza y circunstancias, así que no parecía del todo correcto.

—Bueno, veo que te preocupas por tu hermana, Takahagi.

Atsuki sonrió un poco y cogió el teléfono móvil que estaba sobre el escritorio de Koudai.

—Es de tu hermana, ¿verdad?

De la correa del móvil colgaba un pequeño peluche de conejo.

Aunque era un poco grande para una correa de móvil, Koudai lo llevaba encima desde anoche porque quería protegerlo al menos hasta que acabara el caso.

Para un hombre de 27 años, era un poco demasiado mono para llevarlo en una correa, así que no era raro que Atsuki pensara que pertenecía a su hermana. Y tenía razón, a medias.

—No es exactamente de mi hermana, sino un peluche que me hizo hace mucho tiempo.

—Ya veo. Y lo tienes aquí porque es importante para ti, ¿no?.

—¿Hay algún problema con eso?

—No, no… bueno, no le demos tantas vueltas. De todos modos, tenemos la oportunidad de salvar esta ciudad. Por otra parte, puede que seamos los únicos que podemos hacerlo ahora mismo. Así que creo que deberíamos seguir.

Sólo Atsuki tenía la capacidad de localizar al culpable de entre ellos dos. En ese sentido, la utilidad de Koudai parecía limitada. Dado que el coche ya no estaba disponible, él no podía ser utilizado como transporte.

—Lo único que necesito de ti es que vengas conmigo. Si puedes ser testigo de mis acciones, es suficiente.

—Espera un momento. ¿No es esto lo contrario a lo que me dijiste?

—¿Qué quieres decir?

—Dijiste que no tenía que seguirte si no quería.

—Oh… Sólo lo dije para mostrar que soy comprensivo. Tenía la sensación de que vendrías conmigo de todos modos.

—Espera, ¡¿qué?! —gritó Koudai—. Mira, pareces estar disfrutando de esta situación como si fuera un juego… pero esto es real. La vida de la gente está en juego.

—¿Hmm? En una situación tan loca como en la que estamos, no creo que tenga sentido comportarse de esa forma. Si no lo viera como un juego, no podría manejarlo.

—Y sin embargo, no te veo preocupado por nada.

—Si quieres, no me sigas y ya.

—No eres coherente en lo que dices. ¿Quieres que vaya contigo o no?

—Bueno, quiero que vengas conmigo. Me da miedo hacer esto solo.

—Agh, como sea. Si vamos a escabullirnos de la empresa otra vez, deberíamos hacerlo mientras el jefe no está.

Mientras Koudai empezaba a ponerse el abrigo, Takahagi preguntó:

¿Cómo vamos a llegar hasta allí?

—No tenemos más remedio que caminar. Tardaremos al menos una hora a pie en llegar a mi casa.

—Bueno, no creo que tardemos tanto.

Cuando Koudai empezó a prepararse para salir, se dio cuenta de que se había dado su brazo a torcer demasiado rápido.

Quizá no tenía sentido pensar demasiado en eso. Si había algo que pudiera hacer, era mejor pasar a la acción antes de arrepentirse. De ese modo, su ansiedad y miedo también se aliviarían.

Una respuesta a “Nivel 4 – Escena 1

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.