La ociosa Otoha estaba rememorando la conversación que los estudiantes masculinos acababan de intercambiar. Lo que más le llamó la atención fue la frase sobre la «adoración a Kameko» pronunciada por Seiryuu.
No sabía quién era Kameko, pero, lo que era más importante, ¿qué quería decir Seiryuu con «adoración»? ¿Estaba relacionado con el extraño fenómeno de las cerraduras estropeándose? ¿Del muro invisible? ¿Del oso? ¿O con todos ellos?
Sería más rápido preguntarle al propio Seiryuu, pero por desgracia ahora no estaba en la sala del club. Al preguntar a sus compañeros, dijeron que se había ido a la biblioteca.
—Dijo que iba a leer un libro para matar el tiempo. Aunque haya un oso deambulando por ahí, no parece conocer lo que es el miedo —dijo Yasu con una mirada ligeramente exasperada.
¿Estaría bien solo? Otoha estaba preocupada, pero no le apetecía seguirle hasta la biblioteca sola ni se atrevía a pedir que la acompañasen.
Cuando se trataba de cosas místicas y sobrenaturales, Nonomiya-sensei era la persona a preguntar. Tal vez él sabía algo sobre la persona llamada Kameko. Sin embargo, Nonomiya-sensei aún no había regresado de la sala de profesores.
Habían pasado más de dos horas desde que Otoha y Mizuki regresaron a la sala del club. Desde que Nonomiya-sensei fue a la sala de profesores antes de eso, había pasado mucho tiempo más tiempo.
Otoha miró hacia la entrada de la sala del club.
Allí estaba sentada Kubo, mirando fijamente a la puerta.
Ella también debía estar preocupada por Nonomiya-sensei, que tardaba en volver. Era sólo un rumor, pero Otoha había oído que a Kubo le gustaba Nonomiya-sensei.
De repente, la puerta se abrió lentamente y alguien entró.
El perfil de Kubo se iluminó por un momento, pero inmediatamente se torció de miedo.
—¿Qué… qué pasa? ¡Seiryuu-senpai!
No era Nonomiya-sensei quien había vuelto, sino Seiryuu.
Y… claramente no era por un asunto trivial.
Estaba cubierto de sangre roja brillante por todo el cuerpo.
Mientras las chicas del club miraban desconcertadas, Yasu y Taka corrieron hacia él.
—¿Estás bien, Seiryuu? ¿Ha sido cosa del oso…?
Seiryuu permaneció erguido frente a la puerta, mirando a las dos.
—Sí… pero no fui yo a quien atacó.
—¿Eh? Pero esa sangre…
—No es mi sangre.
—Entonces, ¿A quién–?
—… Fue a Nonomiya.
Con esas palabras, la atmósfera en la sala del club se volvió aún más lúgubre.
Mizuki se acercó a Seiryuu y, en silencio, le ofreció una toalla. Él la aceptó y empezó a explicarse mientras se limpiaba la sangre del cuerpo.
—Vi a Nonomiya justo después de salir de la biblioteca. Estábamos hablando de volver aquí juntos cuando, de repente, esa cosa, ese oso, apareció detrás nuestro. Ni siquiera tuvimos tiempo de resistirnos. Nonomiya fue abatido en un instante y yo apenas pude escapar.
De repente, Kubo abrió la puerta y salió corriendo mientras gritaba con fuerza y se dirigía hacia el edificio de la escuela. Estaba claro que se dirigía hacia la biblioteca, donde probablemente estaría Nonomiya-sensei.
—Hey, esto es malo. Alguien tiene que ir tras ella… —dijo Taka, pero ni Yasu ni ninguno de los otros estudiantes en la sala del club fue tras Kubo. Era imposible hacerlo. Podía haber un oso, que incluso había matado a su profesor, esperándolos.
Una atmósfera pesada llenó la habitación. Mientras tanto, Seiryuu seguía limpiándose el cuerpo en silencio.
Kubo nunca regresó.

Una respuesta a “Nivel 4 – Escena 6”