Aunque no podía salir del edificio del instituto, había algunos datos sobre el mundo que aún podía obtener. Por ejemplo, la hora. El reloj del interior del instituto funciona correctamente y, sobre todo, puedes saber claramente si es por la mañana o por la noche por la salida y la puesta del sol, incluso desde la sala del club de música.
El reloj de la sala del club marcaba exactamente las diez. Como fuera estaba oscuro, eran las diez de la noche. Por lo general, era una hora perfectamente normal para estar despierto, pero en la oscuridad, Otoha no se atrevía a caminar fuera de la sala del club, donde podría haber un oso.
Otoha extendió una toalla en el suelo de la sala y se tumbó en ella.
El suelo era duro e incómodo. Si hubiera sabido de antemano que tendría que quedarse en la escuela, podría haberse preparado en consecuencia.
Varias alumnas también estaban tumbadas como Otoha.
Y, como era de esperar, parecía que ninguna de ellas había conseguido dormir.
Como no sabían cuándo podría atacar el oso, no querían dormir ni un momento. Sin embargo, la somnolencia como fenómeno fisiológico también les estaba atacando. Tenían que seguir luchando en aquella paradójica situación.
Aún así, Otoha cerró los ojos desesperadamente, intentando conciliar el sueño.
Da miedo tener un límite.
Pero si no dormía, no tendría resistencia.
Si no tenía energía, no podría escapar del oso.
Entonces, un fenómeno fisiológico atacó a Otoha.
Tirada en la toalla, Otoha puso su mano en la parte baja de su abdomen y comenzó a torcer su cuerpo.
En pocas palabras, tuvo ganas de orinar.
El mayor inconveniente de este edificio es que no hay cuartos de baño. Si quería ir al baño, tenía que salir del edificio del club e ir hacia el edificio de la escuela.
Otoha se incorporó y llamó a Mizuki, que estaba tumbada a su lado.
—Mizuki… ¿estás despierta?
—Sí… ¿qué pasa? ¿Necesitas ir al baño?
—Como esperaba de ti, ya sabes todo lo que me pasa. ¿Podemos ir juntas?
Mizuki se levantó y tomó la linterna de emergencia que estaba colocada cerca de la entrada.
La linterna sólo era necesaria para el corto pasillo que conecta el edificio del club y el edificio de la escuela. Por alguna razón, no había luces instaladas aquí.
En primer lugar, casi nunca había necesidad de quedarse en la escuela hasta altas horas de la noche, así que nunca se había fijado en esto.
Era una suerte que ni siquiera se hubiera cortado la electricidad. El muro invisible parecía bloquear incluso la señal del teléfono móvil, pero por alguna razón, el cable eléctrico que conectaba con el edificio del instituto no estaba cortado. Si la electricidad no hubiera llegado, habrían tenido que pasar la noche con aún más miedo.
Tras atravesar a salvo el pasillo y entrar en el edificio de la escuela, Mizuki apagó el interruptor de la linterna que llevaba. Habían llegado, y el baño estaba justo delante de ellas.
Aunque la electricidad llegaba, la iluminación cambiaba automáticamente a luces de emergencia después de las ocho de la tarde, lo que la hacía un poco tenue. No estaba tan oscuro como para necesitar la linterna, pero no podían ver muy lejos por el pasillo.
—… Ah, son Seiryuu y sus amigos. —murmuró Mizuki en voz baja.
Cuando miraron hacia delante, efectivamente pudieron ver a Seiryuu y los otros estudiantes varones apiñados frente al baño.
—Oh, ¿qué pasa? ¿También tenéis que mear? —El estudiante gordo se fijó en ellas y se dirigió a Mizuki—. ¿O a lo mejor buscáis algo más? jajaja.
Mientras seguía riéndose, el estudiante delgado que estaba detrás de Seiryuu se unió a la risa. El propio Seiryuu parecía aburrido. Era dificil creerse lo tranquilo que estaba actuando después de ser atacado por un oso.
—Eso no es asunto vuestro. ¿Y qué es eso de vayáis puntitos a mear? —respondió Mizuki a los alumnos varones con una voz áspera que nunca antes había dejado salir de su boca.
—¿Tenéis algún problema con eso?
—La verdad es que no. Pero supongo que seguís teniendo miedo del oso, ¿eh?
—No tenemos miedo de nada. Es solo que siempre andamos juntos los tres.
—Ya veo. Bueno, ¿podríais apartaros entonces? Queremos acabar con esto rápido.
Después de intercambiar unas palabras con el estudiante gordo, Mizuki tiró del brazo de Otoha y la empujó para entrar en el baño de mujeres.
—Mizuki… ¿conoces a esos tipos?
—Sí. Son del último curso de secundaria. Antes eran muy estudiosos, pero ahora míralos.
—… Hmm.
—Tratar de ser delincuentes en una escuela prestigiosa sólo los hace parecer estúpidos.
—Sí… supongo que sí. Hey, Mizuki.
—¿Qué pasa?
—¿No era un poco extraña la forma en que hablaban?
—¿Eh?
—Eso de que digan que no tienen miedo del oso… aún cuando Seiryuu acaba de ser atacado por uno. Es raro.
—….
Mizuki se apoyó en el lavabo y se miró en el espejo sin girarse para mirarla.
—Probablemente, sí. Es un poco raro.
—…
—Creo que es mejor no preocuparse demasiado por ello.
—¿Tú crees?
—Mucha gente ha muerto. Nonomiya-sensei… y probablemente Kubo-san también. Pero siento que no podemos ser aplastadas por ese hecho. Incluso en esta situación, si no intentamos mantener las cosas lo más normal posible, nos perderemos a nosotras mismas antes de que nos mate el oso.
—…
—Hey, Otoha. ¿No querías ir al baño?
—Ah, sí- Estoy casi en mi límite.
—Jaja. Vale, démonos prisa, terminemos y volvamos a la sala del club.
Con eso, Mizuki entró en el baño.
Otoha entró a su lado.
Cuando Otoha salió, Seiryuu estaba de pie frente al lavabo, con cara de nerviosismo.
—¡Eh! ¿Qué haces entrando en el baño de chicas?
—Idiota, eso no es importante ahora… ¿Sigue Mizuki aquí?
Seiryuu aporreó la puerta de la cabina en la que estaba Mizuki.
—¡Eh, Mizuki! ¡Sal rápido!
—¡Qué demonios, deja de aporrear la puerta! No está cerrada, ¡así que se abrirá si sigues!
Después de un rato, una agitada Mizuki salió.
—¿Qué pasa?
—El oso está ahí fuera. Tenemos que salir de aquí ya.
Ante las palabras de Seiryuu, tanto Otoha como Mizuki lo comprendieron todo.
Intentaron salir juntos del baño, pero entonces oyeron un pequeño grito desde fuera.
No pudieron distinguir de quién era la voz, pero se dieron cuenta de que era la voz de un hombre.
—¡Mierda!
Seiryuu salió corriendo del baño, y Otoha y Mizuki le siguieron.
Justo fuera del baño, encontraron a Taka sentado en el suelo.
Seiryuu le llamó.
—¡Eh, Taka! ¿Por qué sigues aquí? Te dije que huyeras antes.
—Y-Yasu… fue atrapado por el oso…
Taka seguía sentado, y señalaba el pasillo con manos temblorosas.
Estaba demasiado oscuro para ver con claridad, pero definitivamente podían ver algo negro moviéndose por el pasillo.
Y al mismo tiempo, pudieron escuchar el sonido de algo siendo masticado.
Al oír ese sonido, Otoha recordó de repente una vez que fue a un restaurante con su familia.
Su hermano estaba comiendo filete y su madre le regañó diciéndole: “Ya eres adulto, así deja de hacer ruido al comer”. También recordó el sonido que hizo la boca de su hermano en ese momento.
—É-Él… de repente se armó de valor… y saltó hacia el oso, gritando “¡No me asustan los osos!”… aunque no había forma de que pudiera ganar… a ese monstruo… —Taka le explicó a Seiryuu lo ocurrido con la cara pálida.
—Tsk, ese idiota… Eh, chicas —Seiryuu se giró hacia ellas y habló—. No gritéis ni nada. Volvamos tranquilamente a la sala del club mientras podamos.
Pero Mizuki sacudió la cabeza con lágrimas en los ojos.
—Pero… Yasu… tenemos que ayudarle…
—Probablemente ya esté muerto…
—Yo… yo…
—¡No llores! Ahora mismo tenemos que asegurarnos de que no nos encuentra esa cosa… de lo contrario, nos matarán a nosotros y a todos los de la sala del club.
Las palabras de Seiryuu eran razonables. Si el oso los encontraba aquí, la única dirección en la que podían escapar era hacia el edificio de la sala del club.
Pero, ¿qué harían una vez allí? Había un camino que debería llevar al patio de la escuela en dirección opuesta al edificio del club, pero esa puerta también estaba cerrada por una fuerza extraña.
Solo podían esperar que el oso saliera en dirección opuesta al edificio del club.
—Vamos, Taka, tú también.
—Pero, Seiryuu, yo… mis piernas no se mueven…
—Encuentra la forma de ponerte de pie… si no quieres morir.
Al cabo de poco tiempo, Taka consiguió ponerse en pie con la ayuda de los demás. Tras confirmarlo, todos caminaron en silencio hacia el sendero que conducía al edificio de la sala del club.
El oso seguía concentrado en su comida y aún no se había percatado de su presencia.
Cuando por fin llegaron al camino, Mizuki intentó encender su linterna, pero Seiryuu la detuvo.
—No la enciendas. El oso podría fijarse en nosotros.
Avanzaron juntas por el camino oscuro.
Puede que fuera la primera vez que Otoha sentía lo aterrador que era la oscuridad.
Ella sólo quería llegar cuanto antes a la sala del club, un lugar luminoso.
Con eso en mente, siguió caminando.
El camino que debería haber sido corto se sentía increíblemente largo.
Finalmente, llegaron a la sala del club de música y abrieron la puerta.
Ah… por fin, un lugar luminoso…
Los estudiantes en el cuarto del club notaron el estado inusual de los cuatro que habían entrado y se apresuraron hacia ellos.
Seiryuu les dijo esto:
—¡Apagad las luces! ¡El oso está cerca!

Una respuesta a “Nivel 4 – Escena 10”