Nivel 4 – Escena 7

Koudai llegó a la Biblioteca Central de Tsuruki en unos 15 minutos andando. Aunque hay unas cinco bibliotecas en esta ciudad, esta era la que tenía las instalaciones más grandes. Sin embargo, hacía desde el instituto que Koudai no visitaba una biblioteca, y nunca había estado en ninguna otra que no fuera la Biblioteca a la que solía ir, así que no sabía si esta era de verdad la más grande en comparación con las demás.

Aunque Koudai, al igual que Atsuki, quien prefería buscarlo todo por internet, no estaba muy interesado en la lectura, cuando se reunió con su compañero en la sala de lectura de la biblioteca, bromeó de esta manera:

—Dudo bastante que hayas pisado un lugar como este antes, ¿eh?

Atsuki no pareció enfadarse y sonrió irónicamente mientras se recostaba en una silla de madera.

—Bueno, bueno. Me parece que la duda es compartida. De todas formas, si bien no vengo muy a menudo a la biblioteca, leo bastante, ¿sabes?

—Ah, ¿sí?

—Bueno, internet no es tan omnisciente como crees. Hoy en día, cualquiera puede acceder a internet, así que la información especialmente valiosa que incluso podría hacerte ganar dinero está demasiado oculta. Y los que la tienen no quieren compartirla gratis con cualquiera. Por eso dicen: “Si quieres saberlo, compra mi libro”.

—Por eso los libros siguen siendo valiosos incluso en la era de Internet, y por eso bibliotecas como ésta no desaparecerán.

—Así es, y creo que eso es lo que pensó Mekage Mika.

—¿…?

—Pidió un libro hace un poco, este —dijo Atsuki, dejando caer su mano sobre el libro que estaba colocado en el escritorio frente a él.

Era un libro bastante viejo y grueso.

En la cubierta, de un rojo apagado, estaba escrito en letras doradas: “Folklore del Pueblo de Tsuruki: Volumen Seis”.

Según recordaba Koudai por haberlo aprendido en sus clase de estudios sociales de la escuela primaria, Tsuruki pasó de ser considerada un pueblo a una ciudad en la era Shōwa. El libro mencionaba a Tsuruki como un «pueblo», así que debió publicarse al menos antes de aquella época. Era sorprendente lo bien que recordaba las cosas que aprendió de niño en situaciones tan inncesarias como esta.

—Kayama-kun, tengo algunas preguntas.

—Adelante, pregunta.

—Primero, ¿cómo supiste que Mika tomó prestado este libro?

—Bueno… como dije antes en mi casa, ahora es muy difícil usar internet. Así que anoté los títulos interesantes del historial de navegación de Mika y vine aquí para investigar sus contenidos.

—¿Cuáles eran esos títulos interesantes?

—Cosas sobre la historia de esta ciudad… y sus propias raíces.

—¿Sus raíces?

—¿Conoces el Santuario Mekage?

Al oír esto, Koudai se sorprendió. No sabía mucho de Mika, ya que no eran especialmente amigos en el instituto, pero sí recordaba haber oído algo así de un amigo común.

—Mika es… la hija del sacerdote principal de allí, ¿no?

—Oh, ¿lo sabías? Deberías habérmelo dicho antes.

Atsuki puso mala cara al decir esto. Si Koudai hubiera sido una jovencita llevada por las hormonas, tal vez le hubiera encantado su expresión, pero, por desgracia, Koudai era un hombre que no se interesaba por personas del mismo sexo.

—Eso no tiene importancia. Además, nos estamos desviando del tema. No has respondido a mi pregunta. ¿Cómo supiste que ella tomó prestado este libro?

—No fue por nada especial. Sólo miré su historial de préstamos en la base de datos de esta biblioteca.

—¿Cómo hiciste eso…? Espera, no me lo digas…

—Oh, no, no hackeé nada esta vez. Bueno, supongo que podría haberlo hecho si quisiera… pero da la casualidad de que la bibliotecaria de aquí es una vieja amiga mía.

—Esa es una coincidencia muy conveniente.

—Así es el mundo. Especialmente en esta pequeña ciudad, no es sorprendente que ocurra algo así… Para mí, es mucho más una coincidencia que tú y Mekage os conocieraís. De todos modos, conseguí persuadir a la bibliotecaria para que me enseñara los registros.

—Bueno… eso parece problemático en varios sentidos. Como por la información personal, para empezar.

—Mientras no se lo cuentes a nadie, nadie se enterará. Y… encontré algo bastante interesante en este libro.

Atsuki abrió el libro y señaló una página del medio.

—¿Quieres que te lo lea?

—… ¿Podrías hacerme un resumen? No tengo tiempo para una lectura.

Mientras hablaban, los estudiantes podían estar siendo atacados por el oso en el instituto.

—Pues ya somos dos…

Atsuki volvió a centrar su atención en el libro abierto que tenía delante.

—Déjame que te lo explique. Este libro contiene varias leyendas de la ciudad de Tsuruki, y el sexto volumen cubre principalmente historias desde el final del periodo Edo hasta la era Meiji.

—… Eh. ¿Una historia de hace tanto tiempo está realmente relacionada con la situación actual?

Bueno, sólo escucha un poco. En el séptimo año de la restauración Meiji, pasó lo mismo que ahora. Todas las cerraduras de la ciudad dejaron de funcionar.

—¿En serio?

—En aquella época, había una mujer llamada Kameko en esta ciudad. Venía de una familia bastante noble, y parece que se enamoró de un hombre que no tenía una buena posición social—. Era la clásica historia de amor entre personas de diferente estatus social. No era tan raro de ver, pensaba Koudai—. Finalmente, decidieron huir juntos. El día que lo hicieron fue el 7 de julio. Al menos eso está escrito en este libro.

—… El mismo día que comenzó este anormal suceso.

—Ves, ¿te interesa ahora?

Atsuki echó un vistazo a la cara de Koudai, sonriendo.

—… Continúa, por favor. ¿Qué les pasó?

—Bueno, huir así no es fácil. Como era de esperar, fueron atrapados por el padre de Kameko y sus subordinados. Así que el padre separó a los dos, y luego encerró a Kameko en el salón principal del Santuario Mekage.

—La historia está empezando a encajar.

—Parece que el padre de Kameko y el antiguo sacerdote eran amigos en aquella época. En cualquier caso, el santuario Mekage estaba firmemente vigilado y Kameko no podía salir por ningún motivo. Parece que estuvo confinada varios días, pero el número exacto se desconoce ya que no está escrito.

—Hay tantas cosas que no sabemos…

—Si quieres saber más, intenta encontrar información más detallada tú mismo o haz una máquina del tiempo. De todos modos, Kameko debió estar confinada durante mucho tiempo. Eram el sacerdote quien le daba de comer, pero cuando le entregaba la comida, Kameko solo gritaba desesperadas cosas como: “Quiero irme de aquí”, “quiero verle”.

Sólo había dos personas en la sala de lectura, Koudai y Atsuki. Por eso Atsuki siguió hablando elocuentemente sin bajar la voz.

—Un día, cuando el sacerdote llevó comida a Kameko como de costumbre, se dio cuenta de que la puerta del santuario Mekage, que debería estar firmemente sellada, estaba abierta. Cuando el sacerdote se apresuró a entrar, Kameko ya no estaba allí.

—Así que Kameko escapó.

—Sí. El sacerdote se apresuró a contactar con el padre de Kameko, y la búsqueda comenzó… Sin embargo, Kameko nunca fue encontrada.

—¿Quizás se escapó con el hombre otra vez?

—Eso es poco probable.

—¿Por qué?

—… Está escrito que el amante de Kameko murió repentinamente de una enfermedad el día después de que ambos fueran capturados.

—Así que incluso si Kameko escapó, su amante ya no estaba vivo en este mundo…

—Esto es sólo una conjetura mía, pero es sospechoso que el amante realmente muriera convenientemente de una enfermedad al día siguiente.

Koudai entendía lo que Atsuki quería decir. El resultado de un hombre que enamorado de una chica de clase alta huye con ella, especialmente en el pasado, podría haber resultado fácilmente en ser asesinado en secreto.

—Entonces, ¿es ese el final de la historia?

—Uy, lo siento. Me he saltado la parte más importante. El mismo día que Kameko escapó, ocurrió un extraño suceso en la ciudad.

—Todas las cerraduras dejaron de funcionar, ¿verdad?

—Así es. Todas las cerraduras de la ciudad quedaron inutilizadas, y la ciudad se sumió en un gran caos. Podría haber sido demasiado buscar a Kameko en medio de todo eso. Sin embargo, el caos disminuyó gradualmente hasta que todo volvió a la normalidad.

—¿Y cómo se hizo para que todo volviera a funcionar?

—Bueno… no está escrito aquí.

—¡Vamos, eso es lo más importante! Podría haber sido una pista para resolver la situación actual.

—Si tienes alguna queja, se la mandas al autor del libro. Con la desaparición de Kameko y la inutilización de las cerraduras ocurriendo al mismo tiempo, empezaron a correr rumores de que podría haber sido cosa de ella. —Pero era imposible que una sola mujer rompiera todas las cerraduras de la ciudad. Atsuki pareció comprender la duda de Koudai y continuó—: Quizá Kameko pidió al dios del santuario que abriera las cerraduras por ella. Hay rumores al respecto. Parece que la orquilla favorita de Kameko se encontró dentro de la caja negra que era usada como objeto sagrado en el santuario. Esto podría haber sido una ofrenda a su dios para que la salvara.

—¿Una caja negra? ¿Es ese el objeto sagrado del santuario? ¿No suelen usar espejos o algo así?

—El objeto del santuario Mekage es una caja negra, sí. Hay muchas historias sobre ella, ¿quieres oír más?

—¿Están relacionadas con este incidente?

—No lo sé, tal vez.

—Entonces dejemoslas de lado por ahora. Como sea, dices que la conmoción de entonces fue cosa de Kameko, y que quizá el milagro ocurrió por su deseo al dios. Todo se ha vuelto muy ocultista de repente.

—Es cierto, pero es la única forma en la que podemos explicar la situación actual. Esto es algo que no debería ser posible con la tecnología moderna. No sólo falló el sistema de seguridad, sino que las cerraduras físicas se volvieron inútiles, e incluso hay un “muro invisible”. Tenemos que pensar que o es un milagro o el acto de un demonio.

Koudai entendía lo que decía Atsuki, pero seguía queriendo que alguien le diera una explicación con una base más científica. De lo contrario, sintió que se volvería loco.

—De todas formas, la solución más realista es preguntarle al Mekage Mika directamente. —Koudai respiró hondo antes de hacer su propuesta en voz alta—. Seguro que ella sabe algo sobre esto. Nuestra prioridad no debería ser resolver el misterio de este fenómeno, sino aliviar la confusión y eliminar los muros que rodean la ciudad y el instituto.

—Entiendo… ¿No has conseguido hablar con ella?

—No, está ausente de su trabajo.

—¿Dónde está ahora?

—No lo sé. Probablemente esté en su casa, pero no sabemos la dirección. Si es la dirección de sus padres, podríamos averiguarlo fácilmente, pero… ah, no importa.

—Ya veo. Entonces habría que ir al santuario de su familia.

—Podríamos encontrarnos con Mika-san si todavía vive allí. Incluso si no, podríamos tratar de obtener su dirección actual de sus padres. El Santuario Mekage está un poco lejos de aquí. Sería bastante complicado caminar hasta allí. Además, he estado caminando todo el día, así que mis pies están bastante cansados, pero no podemos ir en coche, y los trenes tampoco funcionan.

—¿Compramos bicicletas en algún sitio? —le propuso Atsuki.

—¿Comprarías tú la mía? —Koudai respondió en tono burlón.

—Idiota. Cómprate la tuya.

—Hey, eres un tacaño.

—Ganas más o menos el mismo sueldo que yo, el tacaño eres tú.

—Como sea… Hablando de salarios, ¿está bien que hagamos esto en vez de trabajar?

Era un poco tarde para preguntar eso ahora. Se habían ido de la oficina diciendo que iban a solucionar un problema con el sistema de seguridad, lo cual no era del todo incorrecto. Si conseguían identificar al culpable, podrían detener este fenómeno y, de ser así, el problema al que se enfrentaba la empresa también se resolvería.

De todas formas, no tenían trabajo que hacer en la empresa, y su supervisor inmediato, el jefe Nakazawa, llevaba ausente desde la mañana. Así que no había nadie que impidiera a Koudai y Atsuki actuar así.

«Sí, el Jefe Nakazawa…»

Koudai probablemente debería contarle a Atsuki la relación del jefe con Mika.

No estaba claro si eso estaba relacionado con este caso, pero… No, en verdad podría estar relacionado. Si el remitente de ese email era Mekage Mika, ¿por qué lo envió a su compañía?

«Tal vez estaba dirigido al Jefe Nakazawa…»

—…… ¿Eh? ¿Kayama-kun?

Cuando se dio cuenta, Atsuki había desaparecido de la sala de lectura.

Koudai gritó su nombre en un tono ligeramente ansioso, pero Atsuki regresó rápidamente a la sala de lectura.

—¿Qué haces? Vámonos, rápido.

Parecía que Atsuki había devuelto el libro en cuestión a la estantería. Parecía querer ir cuanto antes al Santuario Mekage

En verdad, el propio Koudai era quien tenía más prisa, ya que no disponían de mucho tiempo.

«Bueno, no importa. Hablaré con él sobre el asunto del presidente más tarde.»

Junto con Atsuki, Koudai abandonó la sala de lectura.

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