Si preguntáramos a alguien por el aspecto de Mekage Mika, cinco o seis de cada diez personas responderían «bueno, es guapa». Definitivamente no es fea, pero no tiene el tipo de belleza que la convertiría en una celebridad. Por supuesto, ésta es sólo la opinión personal de Koudai, y puede que haya gente que prefiera a las mujeres como ella. Sus rasgos faciales están bien proporcionados y tiene una buena figura. Pero hay algo en ella que es… simple. No es que tenga un aura sombría ni nada parecido. Es sólo que su impresión es débil. Esa era la evaluación que Koudai hacía de Mika desde el instituto. Si tuviera más encanto, Koudai podría haber recordado más cosas de Mika. Después de todo, estuvieron en la misma clase unas cuantas veces.
Incluso viéndolos a los dos juntos ahora, Koudai aún no terminaba de creerse que Mika tuviera una aventura con un hombre que le superaba en más de dos decadas de edad Y viendo como era el director Nakazawa, Koudai no pudo evitar pensar que no parecía el tipo de persona que se involucrara en actos tan impuros como la infidelidad.
«Bueno, supongo que no hay ninguna regla que diga que no se puede ser infiel a menos que seas una mujer llamativa o un playboy.»
Ahora bien, lo importante no era la relación entre ambos, sino por qué Mika había llamado al director hasta ahí. Bueno, quizás ese no fuera el caso. Según el relato de Takatomi, el director parecía haber estado buscando también a Mika. Cabía la posibilidad de que hubiera rastreado su paradero, terminando en el santuario.
¿Deberían interrogarles al respecto ahora? Koudai miró a su amigo, que permanecía en silencio a su lado.
Él también devolvió la mirada a Koudai sin decir nada. Mirándole a los ojos, Koudai juzgó que Atsuki probablemente estaba pensando lo mismo que él.
«… Por ahora, esperemos a ver qué pasa. Los dos… especialmente Mika, podrían decir algo importante que no esté relacionado con su asunto amoroso». Esa podría ser la respuesta que Koudai estaba buscando.
Koudai permaneció tras el pilar, contemplando una vez más el perfil de Mika y el director frente al altar.
El director fue el primero en hablar.
—… ¿Fuiste tú quien envió ese correo electrónico?
El director se refería sin duda al correo de advertencia que se envió a la empresa.
No fue otro que Koudai quien se lo comunicó. En aquel momento, el jefe de departamento pareció escuchar la historia sin mucho interés, pero parece que ese no fue realmente el caso. Koudai sólo informó como parte de su trabajo y no prestó atención a los verdaderos sentimientos de Nakazawa.
En retrospectiva, desde que se lo contó al jefe de departamento, se le notó menos en el trabajo. Probablemente se dio cuenta inmediatamente de que el remitente del correo electrónico era Mika. Por eso estuvo buscando su paradero todo este tiempo.
—Sí.
Esa fue la corta respuesta de Mika a la pregunta del jefe de departamento.
Sin darse cuenta, Koudai se volvió hacia Atsuki, pero éste último no se giró para mirarle y continuó mirando fijamente a la pareja. Como resultado, Koudai también devolvió allí su mirada.
Un misterio se resolvió fácilmente. El remitente del correo electrónico era, efectivamente, Mika.
Sin embargo, aún no estaba decidido que ella fuera el cerebro detrás de todo. Es cierto que Mika se anticipó a la situación actual, pero aún no había confirmación de que ella la causara.
—Ya veo.
—…
El jefe de departamento sacó un cigarrillo del bolsillo de su pecho, como para tapar el silencio que se había hecho entre Mekage y él.
—En el recinto no se puede fumar.
Los ojos de Mika parecieron abrirse ligeramente. El jefe de departamento hizo caso omiso de su advertencia y siguió fumando tranquilamente, sacando incluso un cenicero.
—¿Eso es todo lo que querías decir? —Mika se dio cuenta de que no conseguiría nada pidiéndole al jefe de departamento que apagara el cigarrillo, y dejó que él siguiera preguntando—. Hay muchas cosas de las que quiero hablar, pero… ¿por dónde empezar?
El jefe de departamento dejó caer la ceniza del cigarrillo en el cenicero.
—A mí me parece que ya sabes mucho.
—… ¿Es todo cosa tuya?
—No sé qué quieres decir con “todo” —respondió Mika.
Koudai y Atsuki, que estaban escuchando a escondidas, ya sabían a qué se refería con “todo”. Pero, ¿por qué el jefe de departamento sabía tanto sólo por el informe de Koudai?
—Déjate de rodeos.
Esta vez, el jefe de departamento estaba empezando a cabrearse. Incluso alguien que observara desde la distancia podía sentir la tensa atmósfera entre los dos.
—¿Ahora soy yo la qué no es clara? Eras tú quien siempre complicaba las cosas. Yo siempre he sido sincera con mis sentimientos, pero tú siempre has sido evasivo —dijo Mika.
—… Espero que no hayas hecho esto sólo para vengarte de mí —replicó él.
—Jejeje… Bueno, puede que en parte fuera por esa razón. Si la seguridad de la ciudad se iba a la mierda, perderias tu trabajo.
—…
Era una respuesta plausible, similar a lo que Koudai había especulado.
Sin embargo, Koudai sólo pensaba en el incidente del correo electrónico. Nunca pensó que el caos que se había instaurado fuera culpa de una maraña de emociones amorosas.
¿Tenía Otoha que pasar peligro por algo así?
—Pero de verdad, me sorprende que esto haya pasado. Quiero decir, realmente no puedo creer que el ritual transmitido en mi familia sea real. Poner mis pertenencias en esa caja y que todas las cerraduras dejaran de funcionar… Pensé que era imposible, pero la idea de que rompieras conmigo me estaba volviendo loca, por lo que lo intenté de todos modos.
—… ¿“Evillious.net” te dio instrucciones? … ¿Es esa la “otra parte” de la razón de porque lo hiciste?
—Evillious… ¿Qué es eso?
Los ojos de Mika se abrieron de par en par. No entendía el significado de la palabra que había dicho el director.
Por supuesto, Koudai tampoco lo entendía.
«¿Eh? ¿“Evillious.net”?»
La conversación iba más allá de su comprensión.
Antes de nada, Koudai necesitaba reflexionar sobre cómo Mika había provocado esta situación. Por la conversación, parecía que había reproducido el ritual que Kameko había realizado. Ya habían obtenido ese conocimiento de la biblioteca, pero nunca pensaron que fuera la causa directa. Al menos, Koudai no lo pensó así.
La verdad sobre este incidente que buscaba Koudai tenía que tener más pruebas científicas. Pero eso fue negado por la persona implicada, la propia Mika.
Sin embargo, eso aún no probaba que la teoría de Atsuki fuera correcta. Todavía existía la posibilidad de que Mika estuviera mintiendo.
A pesar de la confusión de Koudai, Atsuki miraba fijamente a Mika y a Shinichi con expresión seria, a diferencia de la expresión relajada que tenía antes de que llegaran.
El jefe de departamento parecía sorprendido de que Mika no entendiera a lo que se refería.
—¿Recibiste órdenes de “Allen”?
—Bueno, ahora que lo pienso, sí recibí un correo extraño, pero no sé quién era el remitente. No entiendo porqué me preguntas esto.
—Bueno, no importa. Con saber que tú eras el cerebro detrás de todo es suficiente.
El jefe de departamento dejó el cigarrillo que sostenía en el cenicero portátil y se lo guardó en el bolsillo del traje.
—Eh, Shinichi-san. Qué debo hacer… No esperaba que las cosas llegaran a esto. El incidente con el oso en esa escuela… Estoy segura de que mucha gente ya ha sido herida y asesinada. Yo, yo… —Mika llamó al jefe de departamento por su nombre de pila, apunto de estallar en lagrimas.
A Koudai le parecía estar viendo la escena culminante de un drama policíaco barato.
Podría sonar frío, pero ahora mismo, los sentimientos de Mika no importaban. Si realmente se tratara de una historia al otro lado de la pantalla del televisor, podría haber simpatizado un poco con la culpable, pero dado que Koudai y Otoha también estaban implicados, era más importante enfrentarse a ella e intentar que las cosas volvieran a la normalidad.
«… Deberíamos de actuar pronto.»
Koudai miró la cara de Atsuki a su lado y confirmó que lo había entendido. Justo cuando estaba a punto de asomarse por detrás del pilar, el jefe de departamento se acercó a Mekage y la abrazó con suavidad.
—No tienes que hacer nada.
Mika mostró una expresión de sorpresa.
A continuación, probablemente empezaría a derramar lágrimas de alegría por ser aceptada por la persona a la que amaba. Eso pensaba Koudai, pero se equivocaba.
Mika no empezó a llorar. Su expresión cambió a una llena de agonía.
—¿Shin… ichi…?
—Espero que mueras. Así, este “juego” terminará… y yo seré el ganador.
Nakazawa llevaba en la mano un cuchillo de supervivencia con la hoja manchada de sangre cuando soltó a Mika.
Probablemente lo había sacado en lugar del cenicero cuando se metió la mano en el bolsillo antes.
Y con ese cuchillo, apuñaló a Mika en el abdomen.
Koudai ni siquiera tuvo tiempo de pensar como aquello era realmente como un drama televisivo. Rápidamente saltó de detrás del pilar y abordó al jefe de departamento.
—¡Qué estás haciendo, idiota!
Derribó al jefe de departamento y le quitó el cuchillo de la mano. Lo que había aprendido en la clase de judo a la que le obligó a asistir su padre en la escuela secundaria le resultó útil en un lugar inesperado.
—Takahagi… y también Kayama… ¿por qué estáis aquí? —El sorprendido jefe, cogido desprevenido, miró a ambos con ira.
—¡Atsuki! ¡Llama a la policía y a una ambulancia! —gritó Koudai mientras sujetaba al jefe. Atsuki reaccionó a sus palabras y sacó su teléfono móvil, pero entonces sus movimientos se detuvieron.
—Um… ¿Funciona el 110?
—Cierto… ¡Está bien! ¡Sujeta tú al jefe!
Dejando el jefe a Atsuki, Koudai usó su propio móvil para llamar a alguien.
—Hola, ¿qué ocurre, Koudai?
—¡Papá, envía a la policía y una ambulancia de inmediato al Santuario Mekage!

Una respuesta a “Nivel 4 – Escena 9”