Otoha nunca pensó que la luz del sol pudiera ser tan preciosa y aterradora al mismo tiempo. Era bueno poder escapar de la ansiedad que provocaba la oscuridad; tanto como poder confirmar rápido si el oso andaba cerca. Pero a la inversa, también significa que el oso podía verlos claramente.
Afortunadamente, el oso no fue a la sala del club en la noche anterior. Sin embargo, el hecho de que mató a otra persona era innegable. Esta mañana, se confirmó que Yasu estaba muerto, con sus restos desperdigados por el pasillo. No sabían cuántas personas quedaban vivas en el instituto.
Todos, no sólo Otoha, pensaban constantemente en cuánto tiempo tendrían que seguir atemorizados por el animal. Nadie intentaba salir de la sala porque sabían que no hanía huida. Todos estaban ahí sentados en silencio, sin hablarse entre ellos.
Sí, todos…
«… ¿Eh?»
Mientras miraba alrededor de la habitación, Otoha se dio cuenta de que faltaba una persona.
Seiryuu no estaba allí.
Ahora que lo pensaba, aún no le había dado las gracias. Sin el sereno juicio y la acción de Seiryuu en aquel momento, ellos también podrían haberse convertido en la presa del oso.
Una de las personas que seguía a Seityuu constantemente fue asesinada. La otra estaba apoyada en la pared con los ojos hundidos, mirando por la ventana. Otoha no se atrevía a hablar con él porque no parecía estar de humor para responder si le preguntaba si había visto a Seiryuu.
Consideró brevemente la posibilidad de ir a la biblioteca, pero no se atrevía a ir a un lugar donde podría presenciar el cadaver del profesor Nonomiya.
Había varias ventanas en la sala del club, pero ninguna de ellas podía abrirse al exterior.
Otoha se acerco a una de ellas y en silencio metió la mano por el agujero que hicieron cuando trataban de salir del edificio.
-Nada ha cambiado. El muro invisible sigue ahí.
«Si pudiera hacer algo al respecto…»
Desde la ventana se podía ver el patio y los edificios del instituto, pero no era posible ver más allá. Otoha miró hacia lo alto de uno de los edificios.
Alguien había dicho que se podía ver el exterior desde la azotea. ¿Seguía la policía rondando por la escuela? Si era así, tal vez su padre estuviera allí.
«Papá…»
Aunque sólo habían pasado unos días desde la última vez que vio a su familia, Otoha empezaba a echarlos de menos.
Había empezado a añorar el simple hecho de comer con su familia en casa. Era un momento mucho más valioso e importante de lo que se había dado cuenta.
«Si salgo viva de aquí», pensó Otoha, «debería ir a visitar a mi hermano. Gace tiempo que no lo veo.»
«… Oh.»
Le pareció ver una figura en la azotea del edificio. La figura se inclinó sobre la barandilla para mirar hacia abajo antes de retirarse rápidamente y desaparecer de su vista.
Por el uniforme que llevaba, Otoha pudo deducir que se trataba de un estudiante masculino. No podía verle la cara con claridad, pero desprendía una sensación de pureza.
De repente, Otoha sintió el impulso de subir a la azotea. Tenía curiosidad por saber qué hacía allí Seiryuu, y también quería ver qué pasaba fuera de la escuela.
Mizuki estaba tumbada en el suelo, durmiendo profundamente. Había estado llorando durante mucho tiempo desde el incidente de ayer. Debía estar agotada. Otoha dudaba si dejarla sola en la sala del club, pero también se sentía mal por despertarla.
«Salir fuera no solucionará nada», pensó Otoha, «pero quedarnos aquí no es diferente. Y como al oso le de por entrar aquí igualmente encontraremos nuestro fin.»
Otoha no sabía los demás, pero ella se sentía mucho más asustada quedándose quieta. Si no se le ocurría una razón para moverse, sentía que la ansiedad la aplastaría.
Abrió el armario de artículos de limpieza de la habitación del club. Todos los artículos que podían ser usados como armas ya habían sido tomados por otros estudiantes.
Sin pensarlo, Otoha se acercó a su estuche en el estante de instrumentos y sacó su trompeta. Era más fácil de manejar que el propio estuche. Sabía que golpear al oso con ella probablemente sería inútil, pero la hacía sentir un poco más segura que estar desarmada.
Con la trompeta en una mano, Otoha se acercó a la puerta del club.

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