Nivel 3 – Escena 2

En la ciudad de Tsuruki, donde la seguridad ha colapsado, los más ocupados no eran otros que los policías.

El caos comenzó a estallar por toda la ciudad. Era imposible responder a todo, pues sencillamente no había manos suficientes.

Incluso Mika, que pertenecía a la sección de tráfico, no podía limitarse a solo reprimir las infracciones de aparcamiento. Siguió las sucesivas peticiones de refuerzos y recorrió la ciudad en un coche patrulla con sus colegas.

Ahora, Mika conducía en la carretera nacional. Tras mucho, tuvo un breve momento de respiro, por lo que se dirigía de vuelta a la comisaría.

Pero entonces, llegó un nuevo mensaje de radio.

—Uuh, atención a todos los coches patrulla de la ciudad, diríjanse urgentemente a la puerta principal del Instituto Tsuruki. El criminal buscado, Saruta Tsuyoshi, ha sido localizado. Al llegar, sigan las instrucciones de la División de Investigación que ya ha llegado al lugar. Repito…

Tras escuchar la radio, el compañera de Mika, el agente de policía Takatomi, que iba sentada en el asiento del copiloto, le habló con una media sonrisa.

—La que acaba de dar ese mensaje por radio es una novata. Está claro que no está acostumbrado a hablar por radio.

—El personal capacitado está en cosas más importantes.

—Como sea. Mekage, si lo han encontrado y piden refuerzos, ¿significa eso que está poniendo resistencia?

—Dijo que está en el instituto, ¿no? … Si realmente está poniendo resistencia, puede ser un problema muy grave. Vayamos.

Mika giró el volante e hizo un giro en U en el lugar. Desde donde estaban ahora, tardarían menos de diez minutos en llegar al instituto Tsuruki.

—Aun así, lo único que haremos será alejar a los curiosos, como mucho. —Takatomi se rió para sus adentros.

Mika no contestó.

—Oye, tu teléfono está sonando, Mika —le dijo Takatomi, y Mika bajó un poco la mirada. Efectivamente, su móvil personal, que estaba colocado en el salpicadero, vibraba ligeramente. Estaba en modo silencioso, por lo que no sonaba el tono de llamada, pero Takatomi parecía haberse dado cuenta del movimiento que hacía al vibrar.

—No pasa nada. Estoy de servicio.

Mika ignoró la llamada y siguió conduciendo el coche patrulla.

—En ese caso, no dejes tu teléfono personal en un sitio así. Si el jefe lo ve, regañarte será lo mínimo que te haga.

—…

Finalmente, la llamada se detuvo.

—Por cierto, Mika, ¿cambiaste la correa de tu teléfono?

Takatomi sacó el tema de improvisto.

—¿Eh?

—Antes tenías una correa con un dije en forma de oso, ¿no? Era bonito, pero no parecía algo que una mujer dura como tú tendría.

—Metete en tus asuntos.

—Oh, lo siento. No quería molestar. Pero, me refiero, fue algo que te dio tu novio, ¿no?

Bueno…

Y no me digas más, ¿a que el que te está llamando es él?

Podría ser —respondió fríamente a la pregunta de Takatomi, mirando solo a la carretera.

Mika dejó escapar un suspiro en ese momento, con la intención de indicar que la conversación debía detenerse, pero parecía que la otra persona no captaba el mensaje.

—Deberías decirle que no lo hiciera en horario laboral.

—…

—Si te descubrieran seguramente te echarían del trabajo mal en el trabajo. Además, es muy probable que esté casado, y si un día…

Takatomi no paraba de hablar. Mika decidió ignorar sus palabras.

Pronto estarían en la escena del incidente, y con ello esta molesta conversación terminaría.

«Todo lo que hago es por mi propia voluntad. Nadie tiene derecho a decirme lo que debo hacer.»

Después de un rato, el instituto apareció a la vista.

—Ya casi hemos llegado. —Mika le dijo esto a Takatomi, que seguía hablando.

—Parece que sí… vaya, hay más mirones de lo que pensaba.

Como dijo Takatomi, había una multitud considerable frente a las puerta del área.

Pero parecía que no todos eran simples mirones.

Los detectives de la División de Investigación Criminal, los refuerzos que llegaron antes, y…

—Eh, ¿y eso? Hay alguien con un rifle de caza o algo así. —Takatomi se sorprendió y alzó la voz aún más de lo habitual.

Parecía que alguien de la misma fuerza policial estaba sosteniendo un rifle de caza.

—Incluso si es un criminal peligroso, ¿no es eso demasiado?

Al escuchar la voz agitada de Takatomi, Mika detuvo el coche patrulla sin decir nada y salió de él. Takatomi la siguió.

Primero, se acercaron a los detectives de la División de Investigación Criminal a cargo de la escena para pedir instrucciones.

—Mekage Mika y Takatomi, de la División de Tráfico. Acabamos de llegar.

Mika se presentó.

—Bien. De momento, id a ayudar a los demás con los curiosos.

Como era de esperar, un joven detective de la División de Investigación Criminal -aunque mayor que Mika- dijo esto.

Mika se limitó a responder con un «De acuerdo» e intentó ir hacia la multitud.

Pero Takatomi no se movió de inmediato y le hizo esta pregunta al detective:

—Um, parece que hay un policía con un rifle de caza. ¿Y eso?

—No es un rifle de caza, es una pistola de dardos tranquilizantes. Aunque seas de la División de Tráfico, deberías ser capaz de diferenciar los tipos de armas por su aspecto.

—Ah, ¿es una pistola tranquilizante…? Si han preparado algo así, ¿significa eso que Saruta está oponiendo bastante resistencia…?

—Saruta está muerto.

—¿Qué?

De hecho, no se había mencionado el estado de Saruta en la radio.

—¿Eso significa que le han disparado hasta matarlo? —dijo Takatomi.

—… Takatomi… ¿Identifica usted eso como un cadáver baleado? —El detective dijo esto, señalando hacia las cercanías del edificio del instituto.

Había una inmensa cantidad de sangre salpicada en las paredes y el suelo, y en el centro parecía haber algo parecido a un cadáver cubierto con una sábana azul.

—No podría decirlo con tanta sabana de por medio.

—Ya veo. Pues bien, te concederé un permiso especial para echar un vistazo a lo que tapa esa sábana. Deseará que realmente hubiera muerto tiroteado. —El detective dijo esto con una sonrisa ligeramente lasciva.

Mientras Takatomi se quedaba perplejo, otro detective, más mayor, que había estado indagando cerca se acercó y puso la mano en el hombro del joven detective.

—Oye, no seas tan desagradable con los policías.

—Oh… lo siento. —El joven detective se sintió repentinamente abatido.

Dado que rara vez tenía la oportunidad de interactuar con ellos, Mika no sabía mucho acerca de los detectives de la División de Investigación. Pero ahora comprendía que aquel joven detective era el tipo de persona que le desagradaba.

El anciano detective se aclaró la garganta y se dirigió a Mika y a los demás.

—Por favor, pedid información más detallada a esos tipos de ahí.

Señaló a los policías que estaban controlando a los curiosos.

—De acuerdo —contestó de nuevo Mika y les dio la espalda a los detectives. Esta vez Takatomi le siguió obedientemente.

Justo cuando Mika estaba a punto de dar un paso adelante, se oyó un grito a lo lejos.

—¡Está allí!

Parecía provenir de la puerta oeste de la escuela.

Los policías con rifles de caza -no, pistolas anestésicas- corrieron hacia esa dirección.

—¡Vosotros evacuad a los curiosos!

El anciano detective dio instrucciones a Mika y a los demás, luego sacó su propia pistola y corrió hacia delante. Otros detectives, incluido el joven detective, siguieron su ejemplo.

—Evacuar… ¿significa eso que el culpable que mató a Saruta está por allí? —dijo Takatomi en tono indiferente.

—Así es… ¿por qué no vas con ellos?

Cuando Mika dijo esto, Takatomi negó enérgicamente con la cabeza.

—Ni hablar. No quiero verme envuelto en un tiroteo. Además, ni siquiera he traído un arma.

Puede que no fueran palabras que sonaran a lo que diría un agente de policía, pero era algo raro. Takatomi y Mika pertenecen a la sección de tráfico. Usar armas no era parte de su jurisdicción.

—Bueno, entonces, ¿hacemos nuestro trabajo o qué? Venga, vamos.

Diciendo eso, Mika caminó hacia la multitud.

En la ciudad de Tsuruki, donde la seguridad ha colapsado, los más ocupados no eran otros que los policías.

El caos comenzó a estallar por toda la ciudad. Era imposible responder a todo, pues sencillamente no había manos suficientes.

Incluso Mika, que pertenecía a la sección de tráfico, no podía limitarse a solo reprimir las infracciones de aparcamiento. Siguió las sucesivas peticiones de refuerzos y recorrió la ciudad en un coche patrulla con sus colegas.

Ahora, Mika conducía en la carretera nacional. Tras mucho, tuvo un breve momento de respiro, por lo que se dirigía de vuelta a la comisaría.

Pero entonces, llegó un nuevo mensaje de radio.

—Uuh, atención a todos los coches patrulla de la ciudad, diríjanse urgentemente a la puerta principal del Instituto Tsuruki. El criminal buscado, Saruta Tsuyoshi, ha sido localizado. Al llegar, sigan las instrucciones de la División de Investigación que ya ha llegado al lugar. Repito…

Tras escuchar la radio, la compañera de Mika, el agente de policía Takatomi, que iba sentada en el asiento del copiloto, le habló con una media sonrisa.

—La que acaba de dar ese mensaje por radio es una novata. Está claro que no está acostumbrado a hablar por radio.

—El personal capacitado está en cosas más importantes.

—Como sea. Mekage, si lo han encontrado y piden refuerzos, ¿significa eso que está poniendo resistencia?

—Dijo que está en el instituto, ¿no? … Si realmente está poniendo resistencia, puede ser un problema muy grave. Vayamos.

Mika giró el volante e hizo un giro en U en el lugar. Desde donde estaban ahora, tardarían menos de diez minutos en llegar al instituto Tsuruki.

—Aun así, lo único que haremos será alejar a los curiosos, como mucho. —Takatomi se rió para sus adentros.

Mika no contestó.

—Oye, tu teléfono está sonando, Mika —le dijo Takatomi, y Mika bajó un poco la mirada. Efectivamente, su móvil personal, que estaba colocado en el salpicadero, vibraba ligeramente. Estaba en modo silencioso, por lo que no sonaba el tono de llamada, pero Takatomi parecía haberse dado cuenta del movimiento que hacía al vibrar.

—No pasa nada. Estoy de servicio.

Mika ignoró la llamada y siguió conduciendo el coche patrulla.

—En ese caso, no dejes tu teléfono personal en un sitio así. Si el jefe lo ve, regañarte será lo mínimo que te haga.

—…

Finalmente, la llamada se detuvo.

—Por cierto, Mika, ¿cambiaste la correa de tu teléfono?

Takatomi sacó el tema de improvisto.

—¿Eh?

—Antes tenías una correa con un dije en forma de oso, ¿no? Era bonito, pero no parecía algo que una mujer dura como tú tendría.

—Metete en tus asuntos.

—Oh, lo siento. No quería molestar. Pero, me refiero, fue algo que te dio tu novio, ¿no?

Bueno…

Y no me digas más, ¿a que el que te está llamando es él?

Podría ser —respondió fríamente a la pregunta de Takatomi, mirando solo a la carretera.

Mika dejó escapar un suspiro en ese momento, con la intención de indicar que la conversación debía detenerse, pero parecía que la otra persona no captaba el mensaje.

—Deberías decirle que no lo hiciera en horario laboral.

—…

—Si te descubrieran seguramente te echarían del trabajo. Además, es muy probable que esté casado, y si un día…

Takatomi no paraba de hablar. Mika decidió ignorar sus palabras.

Pronto estarían en la escena del incidente, y con ello esta molesta conversación terminaría.

«Todo lo que hago es por mi propia voluntad. Nadie tiene derecho a decirme lo que debo hacer.»

Después de un rato, el instituto apareció a la vista.

—Ya casi hemos llegado. —Mika le dijo esto a Takatomi, que seguía hablando.

—Parece que sí… vaya, hay más mirones de lo que pensaba.

Como dijo Takatomi, había una multitud considerable frente a las puerta del área.

Pero parecía que no todos eran simples mirones.

Los detectives de la División de Investigación Criminal, los refuerzos que llegaron antes, y…

—Eh, ¿y eso? Hay alguien con un rifle de caza o algo así. —Takatomi se sorprendió y alzó la voz aún más de lo habitual.

Parecía que alguien de la misma fuerza policial estaba sosteniendo un rifle de caza.

—Incluso si es un criminal peligroso, ¿no es eso demasiado?

Al escuchar la voz agitada de Takatomi, Mika detuvo el coche patrulla sin decir nada y salió de él. Takatomi la siguió.

Primero, se acercaron a los detectives de la División de Investigación Criminal a cargo de la escena para pedir instrucciones.

—Mekage Mika y Takatomi, de la División de Tráfico. Acabamos de llegar.

Mika se presentó.

—Bien. De momento, id a ayudar a los demás con los curiosos.

Como era de esperar, un joven detective de la División de Investigación Criminal -aunque mayor que Mika- dijo esto.

Mika se limitó a responder con un «De acuerdo» e intentó ir hacia la multitud.

Pero Takatomi no se movió de inmediato y le hizo esta pregunta al detective:

—Um, parece que hay un policía con un rifle de caza. ¿Y eso?

—No es un rifle de caza, es una pistola de dardos tranquilizantes. Aunque seas de la División de Tráfico, deberías ser capaz de diferenciar los tipos de armas por su aspecto.

—Ah, ¿es una pistola tranquilizante…? Si han preparado algo así, ¿significa eso que Saruta está oponiendo bastante resistencia…?

—Saruta está muerto.

—¿Qué?

De hecho, no se había mencionado el estado de Saruta en la radio.

—¿Eso significa que le han disparado hasta matarlo? —dijo Takatomi.

—… Takatomi… ¿Identifica usted eso como un cadáver baleado? —El detective dijo esto, señalando hacia las cercanías del edificio del instituto.

Había una inmensa cantidad de sangre salpicada en las paredes y el suelo, y en el centro parecía haber algo parecido a un cadáver cubierto con una sábana azul.

—No podría decirlo con tanta sabana de por medio.

—Ya veo. Pues bien, te concederé un permiso especial para echar un vistazo a lo que tapa esa sábana. Deseará que realmente hubiera muerto tiroteado. —El detective dijo esto con una sonrisa ligeramente lasciva.

Mientras Takatomi se quedaba perpleja, otro detective, más mayor, que había estado indagando cerca se acercó y puso la mano en el hombro del joven detective.

—Oye, no seas tan desagradable con los policías.

—Oh… lo siento. —El joven detective se sintió repentinamente abatido.

Dado que rara vez tenía la oportunidad de interactuar con ellos, Mika no sabía mucho acerca de los detectives de la División de Investigación. Pero ahora comprendía que aquel joven detective era el tipo de persona que le desagradaba.

El detective mayor se aclaró la garganta y se dirigió a Mika y a los demás.

—Por favor, pedid información más detallada a esos tipos de ahí.

Señaló a los policías que estaban controlando a los curiosos.

—De acuerdo —contestó de nuevo Mika y les dio la espalda a los detectives. Esta vez Takatomi la siguió obedientemente.

Justo cuando Mika estaba a punto de dar un paso adelante, se oyó un grito a lo lejos.

—¡Está allí!

Parecía provenir de la puerta oeste de la escuela.

Los policías con rifles de caza -no, pistolas anestésicas- corrieron hacia esa dirección.

—¡Vosotros evacuad a los curiosos!

El detective mayor dio instrucciones a Mika y a los demás, luego sacó su propia pistola y corrió hacia delante. Otros detectives, incluido el joven, siguieron su ejemplo.

—Evacuar… ¿significa eso que el que mató a Saruta está por allí? —dijo Takatomi en tono indiferente.

—Así es… ¿por qué no vas con ellos?

Cuando Mika dijo esto, Takatomi negó enérgicamente con la cabeza.

—Ni hablar. No quiero verme envuelta en un tiroteo. Además, ni siquiera he traído un arma.

Puede que no fueran palabras que sonaran a lo que diría un agente de policía, pero era algo raro. Takatomi y Mika pertenecen a la sección de tráfico. Usar armas no era parte de su jurisdicción.

—Bueno, entonces, ¿hacemos nuestro trabajo o qué? Venga, vamos.

Diciendo eso, Mika caminó hacia la multitud.

Nivel 3 – Escena 1

¿Qué demonios está pasando en la ciudad?

Era miércoles 9 de julio por la mañana, y el tema de discusión en la clase de Otoha era el hecho de que todas las cerraduras dejaron de funcionar tres días atrás.

No sólo las cerraduras actuaban incorrectamente. La televisión no funcionaba, los teléfonos no se conectaban fuera de la ciudad e internet no tenía mayor alcance. Aunque la vida cotidiana aún no se había visto muy afectada, todos en la ciudad sabían que algo extraño estaba ocurriendo.

A partir de hoy, la compañía de los padres hasta las puertas del instituto se ha hecho obligatoria. Además de la fuga de un criminal, también hay animales peligrosos vagando por algún lugar de la ciudad. Era comprensible.

Aún con todo, la escuela permaneció abierta porque en última instancia, teniendo en cuenta la situación actual, la escuela era de los lugares más seguro.

Parece que hubo algunos disturbios leves en algunas partes de la ciudad.

—La policía ha acordonado la ciudad. Algunas personas se están rebelando porque no han dado ninguna explicación —explicó Mizuki, una compañera de clase.

—Sabes mucho, Mizuki. —respondió Otoha mientras, sentada en su pupitre, miraba a Mizuki de pie junto a la ventana.

—Mi casa está justo en las afueras. Ayer hubo un ataque frente a mi casa.

—¿Entonces sí que fue culpa de terroristas?

—No lo sé. Además, no ha habido ninguna declaración policial ni nada parecido.

—Tal vez la policía va de farol.

O quizás las declaraciones iban dirigidas solo fuera de la ciudad, hacia el gobierno o algo así. De cualquier forma, Otoha y sus compañeros no sabían la verdad porque no podían acceder a ninguna información del exterior.

—Tu padre es polícia, ¿no, Otoha? ¿Dijo algo?

—No, nada… Ni siquiera ha vuelto a casa desde anteayer.

—Espero que podamos contactar con Kana y Aki. No podemos enviar emails, y no podemos uasar las redes sociales… Esto es horrible.

Sólo un tercio del número normal de estudiantes estaban en el aula. Todos los alumnos que se desplazaban desde fuera de la ciudad, incluidas Kana y Aki, estaban ausentes.

—Que haya un asesino deambulando por ahí me da más miedo que los ataques terroristas —dijo Mizuki mientras miraba por la ventana hacia el patio de la escuela.

—Sí, es verdad… —Otoha recordó el incidente con el cadáver de Shihogi y se estremeció—. Espero que atrapen pronto al criminal. —Otoha apenas alcanzó a decir esto, y Mizuki sólo respondió con un «Sí».

Mizuki siguió mirando al exterior.

Cuando Otoha empezó a preguntarse si había algo que despertara su interés afuera, Mizuki abrió mucho los ojos.

Otoha sintió algo inusual en su perfil y se levantó para acercarse a la ventana y mirar al exterior.

Vieron una escena que dejó a Otoha sin habla.

Nivel 2 – Escena 4

Koudai y sus colegas estaban ocupados con la situación en la ciudad, donde las cerraduras ya no funcionaban.

Había varios problemas.

El sistema de seguridad aún no se había restablecido, incluso después de un día desde su caída, y todavía no se había podido determinar la causa del apagón. Aunque habían investigado a fondo, no se había encontrado ninguna anomalía en los equipos ni en los datos, pero seguían sin funcionar correctamente.

Las quejas seguían llegando, pero no había nada que pudieran hacer en esta situación, excepto disculparse continuamente con los llamantes.

—¡Se terminó! ¡Cancelo el contrato con su empresa! —le gritó a Koudai una señora histérica por teléfono antes de colgar. Koudai se frotó los ojos y suspiró.

Cambiar de empresa de seguridad podía no ser un problema, pero era probable que a otras empresas les ocurriera lo mismo que a la suya. La señora acabaría por enterarse.

La empresa había movilizado a todos los guardias de seguridad para responder a la situación de emergencia, y estaban trabajando con otras empresas y con la policía para proporcionar seguridad en la ciudad. Gracias a eso, hasta ahora no había ocurrido desastres provocados por el hombre, como robos.

Por el momento, claro.

Ni siquiera podían utilizar timbres analógicos para alertar a la gente. Esa era la parte más misteriosa y delicada de este fenómeno. Hasta las cerraduras más nuevas, incluso las que aún estaban guardadas en almacén, eran inutilizables.

Tampoco podían traer cerraduras buenas de fuera de la ciudad.


El «muro invisible» seguía rodeando la ciudad. Algunos ciudadanos ya se habían dado cuenta de su existencia y empezaban a alarmarse. Por suerte o por desgracia, incluso la televisión y la radio, que hasta ayer estaban disponibles, ya no funcionaban, por lo que no todos los ciudadanos eran conscientes de la situación. Pero eso también era solo cuestión de tiempo.

Ese muro no sólo había cortado las líneas de comunicación, sino también las ondas de radio.

Ya no se trataba de un simple acto de terrorismo. Era imposible pensar en algo así desde una perspectiva de sentido común. Incluso si se les preguntara cuál era la causa, Koudai y los demás empleados no podrían dar una respuesta.

Atsuki, que había estado ausente, regresó. Había ido a la comisaría con el jefe del departamento para discutir la situación actual y las medidas futuras, pero parecía bastante cansado.

—¿Cómo va todo? ¿Algún progreso? —preguntó Atsuki, y Koudai negó con la cabeza.

—No mucho. Las cosas siguen igual.

—Ya veo… parece que las cosas se están poniendo muy mal.

—Ya lo creo… ¿Cómo están las cosas por ahí fuera?

Tras apoyarse pesadamente en el respaldo de la silla durante un momento, Atsuki se respondió a la pregunta.

—Se ha descubierto un cadáver. Un estudiante de secundaria ha sido asesinado en un instituto.

Koudai se estremeció.

—… ¿Qué instituto?

—En el instituto Tsuruki. El cuerpo fue encontrado en la sala del club de música esta mañana.

La sensación de inquietud se hizo más fuerte.

Instituto Tsuruki… club de música…

—… ¿Cómo se llamaba?

—¿Eh?

¡¿Cuál es el nombre del estudiante?!.

—Um… esto… ah, sí, Shihogi Kanoe. Era el presidente del club de música.

—… Ah, ya veo.

Koudai se desplomó sobre su silla como un peso muerto.

—¿Qué te pasa? Estás temblando.

Ante la pregunta de Atsuki, Koudai levantó lentamente la cabeza.

—Tienes la cara completamente blanca.

—… Mi hermana va al instituto Tsuruki.

—¿¡Eh!? No me digas que…

—Ah, no, no fue mi hermana la asesinada.

—Ya veo… eso es un alivio.

—No es ningún alivio. Han matado a un estudiante de instituto.

Aún diciendo eso, Koudai también se sintió aliviado por dentro. Casi nunca iba a casa estos días, así que no había visto a su hermana en mucho tiempo. La casa de sus padres también estaba en la ciudad de Tsuruki, así que podía ir fácilmente cuando quisiera, pero justamente ese pensamiento, el «puedo ir a casa cuando quiera si me apetece», le había mantenido alejado. En primer lugar, empezó a vivir solo porque se sentía incómodo viviendo con sus padres tras no encontrar trabajo. Todavía le debía dinero a su padre. No tenía ni idea de cómo devolvérselo y evitaba verlo.

—¿Tienen alguna pista sobre el sospechoso? —Tras respirar hondo, Koudai volvió a hablar con Kayama.

—No puedo confirmar nada, ya que la investigación acaba de empezar, pero… ayer, uno de los presos escapó del calabozo de la comisaría.

—¿De verdad?

Por supuesto, en la situación actual, existía la posibilidad de que se produjera algo así. Afortunadamente, no había ninguna prisión en Tsuruki.

Saruta Tsuyoshi. Todavía es menor de edad, pero parece haberse metido ya en caminos peligrosos. Solía vivir en Tokio, pero regresó a Tsuruki, su ciudad natal, hace una semana. Luego, hace dos días, se enzarzó en una pelea con otro cliente en un bar frente a la estación, y lo mató en el fragor del momento… También salió en las noticias, ¿sabes?

—Últimamente no veo mucho la tele.

—También apareció la noticia en internet.

—Bueno, a diferencia de ti, yo no miro internet durante el trabajo.

—¡Eso solo ocurrió una vez! … De todas formas, aún no sabemos si es el verdadero culpable, pero existe la posibilidad de que se escondiera en el instituto Tsuruki.

—Bueno, supongo que eso es probable.

—Igualmente, Saruta fue visto más tarde por un oficial de policía que patrullaba cerca del zoológico. Por desgracia, escapó… De todos modos, eso confirma que ahora mismo no está en la escuela, así que puedes respirar aliviado..

Pero eso era sólo «por ahora». En la situación actual, sería difícil evitar que nadie entrara en la escuela. Koudai, como medida de precaución, intentaría aumentar los agentes de seguridad que patrullaban alrededor del instituto.

—Ah, hablando del zoo… —Atsuki cambió de tema—. Algo problemático ha sucediendo allí también.

—¿Se han escapado los animales o algo así?

—Eres listo. Así es.

El sospechoso de asesinato era un problema, pero lo del zoológico era un asunto más importante para la empresa. Después de todo, estaban a cargo del sistema de seguridad de sus instalaciones.

—Se las han arreglado para capturar a la mayoría. De momento, están usando cadenas y otras cosas para evitar que se abran las puertas y superar la situación de emergencia.

—¿La mayoría? ¿Faltan animales por encontrar?

—Sí…

Atsuki sacó un bloc de notas de su bolsillo y leyó la lista escrita en su interior.

—Faltan por encontrar… un canguro, tres conejos, dos macacos japoneses y un oso.

—Eh, ¿¡un oso!? ¡Eso es horrible!

—Ey, en términos de ferocidad, incluso los monos y los canguros pueden ser bastante peligrosos.

—No me refiero a eso.

—Bueno, todos son animales nacidos y criados en algún zoo, así que probablemente no atacarán a la gente. Creo.

—Espero que así sea.

Los animales no eram competencia de Koudai y los demás. Sería mejor dejárselo al personal del zoo.

Como dijo Atsuki, el oso que Koudai vio en el zoo parecía bastante dócil. Quizá fuera verdad que los animales que están acostumbrados a los humanos no resultaban un peligro inminente.

—Como medida de precaución, el ayuntamiento está advirtiendo a la gente sobre escapes de animales. Están diciendo a todos que no se acerquen a ellos. Bueno, no creo que nadie se acerque a un oso, pero nunca se sabe.

Koudai echó un breve vistazo al teléfono que tenía delante. Parecía que aún no había llegado ninguna queja nueva. Luego miró el monitor de su ordenador y abrió distraídamente un navegador web.

La conexión a Internet parecía funcionar, pero los sitios a los que se podía acceder eran bastante limitados. La página principal de su empresa, el sitio del Ayuntamiento, etc… en otras palabras, sólo se podían ver los sitios con datos en el servidor de la ciudad, igual que con las líneas telefónicas.

¿El mundo exterior ya estaba al tanto de la situación anormal en la ciudad de Tsuruki? ¿Ya estaban tomando algún tipo de medida? ¿O también se estaba produciendo esta situación en otras ciudades? Obtener esa información de Internet parecía difícil.

A continuación, abrió su programa de correo electrónico. La situación era la misma. Se podían recibir correos electrónicos de la empresa o de clientes de la ciudad, pero no se podían recibir ni enviar correos electrónicos de fuera de la misma.

«Correos electrónicos, eh…»

Entonces, Koudai recordó el extraño correo basura que recibió hace una semana.

Ese correo tenía escrito algo así como que «algo ocurriría a partir del 7 de julio», le pareció recordar.

7 de julio… ayer.

Y ese fue el día en que comenzó esta situación anormal.

«No puede ser…»

Koudai buscó en la papelera del correo electrónico. Por desgracia, ese correo ya había sido borrado del servidor de la empresa.

«Creo que los correos de la papelera están configurados para borrarse automáticamente al cabo de una semana.»

Ahora que lo pensaba, el contenido de aquel correo parecía una especie de predicción.

«¿Acaso el remitente de ese correo preveía que esto iba a ocurrir?»

No, no es eso. Era algo mucho más sencillo.

La persona u organización que envió el correo electrónico tenía que ser el cerebro detrás de lo ocurrido.

«Si pudiera recordar la dirección de correo electrónico…»

Incluso si el propio correo electrónico había sido borrado, podía haber un registro del remitente y el destinatario en alguna parte.

Sabiendo más que nadie sobre este tipo de cosas, Koudai quiso pedirle ayuda a Atsuki, pero se dio cuenta de que había llegado un nuevo correo y volvió a mirar el monitor.

La dirección del remitente era inequívoca. Al verlo, Koudai la recordó.

«Es el remitente del correo de la profecía.»

Se apresuró a abrir el correo.

Lo que estaba escrito allí era aún más conciso y misterioso que el contenido del anterior correo.

«Ha llegado el momento. A partir del 7 de julio, la ciudad de Tsuruki ha quedado bajo el control del MASTER.»

Eso era todo.

Casi se echa a reír. Sonaba como algo que diría el villano de un mal videojuego.

«…Esto no es cosa de risa. El hecho es que esta ciudad está siendo sometida a fenómenos sobrenaturales como algo sacado de un juego. Pero… ¿qué es «MASTER»?»

Maestro, amo, gobernante, señor. Si lo traduces directamente, eso es lo que significa.

«¿Podría ser «MASTER» el nombre del cerebro que está detrás del incidente, ya sea un individuo o un grupo?»

Teniendo en cuenta el correo electrónico de hace una semana, no parecía que se tratase de una simple broma.

Koudai escribió este mensaje a la dirección de correo electrónico:

«Encantado de conocerle.

Me llamo Takahagi Koudai, de FOPS Security Co., Ltd.

Se lo preguntaré con franqueza.

¿Quién es usted o quiénes son todos ustedes?

¿Cuál es la verdadera naturaleza de este misterioso fenómeno en la ciudad de Tsuruki?

¿Y por cuánto tiempo continuará?

Espero con gusto su respuesta.»

En cuanto pulsó el botón de enviar, Koudai se arrepintió, pensando que debería haber informado primero a su jefe. Al fin y al cabo, el correo iba dirigido a la empresa. Quizá no debería haber respondido según su propio criterio.

En cualquier caso, no había garantías de que el correo hubiera llegado a su destinatario ni de que se produjera una respuesta.

Sin embargo, si le daban un correo de respuesta, podría ser una poderosa pista sobre la causa de la situación actual. Koudai no podía contener su emoción, pero se había precipitado al responder.

«Por ahora, debo informar al jefe sobre el email.»

El jefe de departamento acababa de regresar al departamento.

Koudai se levantó para hablar con él.

Nivel 2 – Escena 3

Los pájaros cantaban entonando una canción de libertad que no había escuchado en mucho tiempo.

Bueno, la expresión «mucho tiempo» quizá no sea apropiada. ¿Ha habido alguna vez verdadera libertad en su vida?

Ha vivido en una prisión y nunca lo ha cuestionado. Esta era solo una prueba de que nunca había conocido el verdadero significado del mundo.

Hace poco tiempo, se dio cuenta de que todo cuanto conocía era una farsa. El mundo era mucho más amplio y apasionante. El «sentido común» que tenía antes era un sentido distorsionado que le impusieron otros.

Pero ayer, uno de esos «sentidos comunes» que le habían estado encadenando desapareció.

Le habían liberado.

Mirando su morada desde el exterior, se dio cuenta de que había sido un cautivo.

Nunca más volvería allí.

Nunca se había creído infeliz, pero probablemente tampoco había experimentado lo que era la dicha.

Aunque llevaba poco tiempo fuera, había experimentado muchas cosas nuevas.

Se enteró de que tenía una «habilidad» única, una arma poderosa.

Nadie se la había enseñado y, por el contrario, poco a poco fue aprendiendo a usarla instintivamente.

Tal poder existía solo para «cazar».

Nivel 2 – Escena 2

Otoha terminó desmayándose.

Cuando recobró el conocimiento, Nonomiya-sensei se encontraba frente a ella, en lo que parecía ser una especie de sala de profesores.

Los cojines del sofá verde en el que estaba sentada eran demasiado blandos, lo que la hacía sentirse muy incómoda.

—¿Te sientes mejor ahora?

Otoha miraba la corbata azul de Nonomiya con ojos vacíos, en lugar de su cara, mientras hablaba.

La corbata estaba, como siempre, desaliñada. Shihogi siempre regañaba a su profesor por ser tan descuidado.

—Lo que le pasó a Shihogi… —Otoha por fin logró hablar.

Tal cosa no necesitaba ser preguntada. Era obvio que estaba muerto.

Debían de haberlo matado, por como todo su cuerpo estaba cubierto de heridas, con el brazo derecho desmembrado y aplastados; con sus órganos internos derramándose por su vientre.

—Ugh… —Otoha sólo quería vomitar ahora mismo, pero se tapó la boca de forma instintiva.

—¿Quieres ir al lavabo? —Nonomiya preguntó preocupado.

—No… Estoy bien.

Respirar profundamente y exhalar no la ayudó a calmarse, pero parecía mejor que no hacer nada.

Nonomiya observó a Otoha durante un rato para ver si había recuperado la compostura, y luego empezó a explicarle detenidamente el incidente de Shihogi.

—La policía está investigando la sala del club.

—Ya veo…

—Bueno, fue bastante complicado conseguir que la policía viniera aquí. Después de todo, el 110 no funcionaba.

¿Eh?

—¿No lo sabes? Al parecer, las líneas telefónicas de la ciudad están limitadas.

—Ayer pude hablar por el móvil…

Otoha había hablado ayer varias veces por teléfono con sus compañeros de clase. Incluso su madre había estado en contacto con su padre por el teléfono de casa.

—Ah. Parece que no hay problema con las llamadas dentro de la ciudad. Sin embargo, no se puede contactar con gente de fuera.

—Entonces, ¿cómo conseguiste que viniera la policía?

—Contacté con la comisaría de Tsuruki.

Al parecer, los números de teléfono de emergencia de la división de seguridad de la policía local se guardan en las escuelas para usarlos en caso de emergencia.

—¿Alguien mató a Shihogi?

No se trataba de si estaba muerto. Eso era obvio.

Nonomiya negó con la cabeza.

—Todavía no lo sabemos. Pero bueno, un accidente no es…

Fue entonces cuando Otoha se dio cuenta de que los labios de Nonomiya estaban mucho más pálidos que de costumbre. Debía de haber visto también el espantoso cadáver de Shihogi. Por supuesto, la simple estudiante de secundaria Otoha, e incluso el adulto profesor Nonomiya, no han llegado a tener muchas oportunidades de ver un cadáver, a menos que fuera en la ficción, como en algún drama de televisión o un videojuego.

Cuando Otoha estaba en segundo curso de secundaria, su abuela, que vivía en la región de Tōhoku, enfermó y falleció, y Otoha asistió a su funeral. Esa fue su única experiencia viendo un cadáver real, que era el cuerpo de su abuela pulcramente maquillado por el agente funerario, por lo que no sintió ninguna horripilancia ni mayor tristeza.

Sólo había visto a su abuela unas pocas veces, sobre todo cuando era mucho más joven. No habían mantenido mucho contacto últimamente, así que sólo tenía unos vagos recuerdos de ella.

«Cuando vayas al bosque, ten cuidado. Podría haber osos.»

Era lo único que recordaba que le advirtiera su abuela. Sólo había visto osos en los libros o en la televisión, y aunque al parecer había osos en el nuevo zoo de la ciudad, Otoha aún no lo había visitado.

—Si un oso me atacara, ¿acabaría como Shihogi? —se preguntó.

—Osos… —balbuceó inconscientemente Nonomiya—. ¿Qué te hace pensar ahora en osos? —Nonomiya la miró con curiosidad.

—Oh, no es nada, profesor. Sólo estaba pensando que parecía que el pobre Shihogi fue atacado por un oso o algo así…

—¿Has visto a una persona asesinada por un oso antes?

—No. Es solo que… me parecía la explicación más plausible para algo tan raro.

—Bueno, supongo que los osos no son normales. Como los leones, o los demonios, jaja. Si no fue un ataque de uno de esos, lo ocurrido con Shihogi sería difícil de explicar.

Puede que Nonomiya mencionara los «demonios» para aligerar el ambiente, pero Otoha no podía permitirse el lujo de bromear. Al parecer, el padre de Nonomiya era sacerdote en un gran santuario de una ciudad vecina, por lo que tenía tendencia a hablar de dioses, espíritus y demonios durante las actividades de su club. Algunos miembros estaban realmente interesados en sus historias sobrenaturales, pero para Otoha no eran más que charlas ociosas a las que no prestaba demasiada atención.

—Disculpe, Nonomiya-sensei. —El vicedirector, que estaba de pie a la entrada de la sala de profesores, llamó a Nonomiya.

Tras decirle a Otoha: «Vuelvo enseguida», Nonomiya entró en el despacho del director con el vicedirector.

En el escritorio, frente a ella, había una taza llena de té. Otoha la cogió y bebió un sorbo.

El té se había enfriado por completo.

De repente, se oyó una voz gritando desde el despacho del director.

—… ¡¿Qué está pasando?! ¿Por qué no se ha avisado a la policía de un asunto tan grave hasta ahora?

—Si eso es lo que ha ocurrido, tenemos que evacuar a los estudiantes rápidamente…

—No, pero… no podemos garantizar que la escuela sea segura…

No era sólo la voz de Nonomiya. Parecía que varios profesores, incluido el vicedirector, estaban en el despacho del director.

Los gritos cesaron rápidamente, y después, parecía que los profesores de dentro estaban hablando de algo, pero Otoha no podía oír bien desde donde estaba.

Finalmente, Nonomiya salió del despacho del director con los demás profesores. Su semblante parecía aún más pálido que antes.

Nonomiya le indicó a Otoha que «volviera a su aula por ahora».

—Habrá una asamblea de emergencia en el gimnasio más tarde.

Con solo eso, Nonomiya se sentó en su asiento y enterró su cabeza en sus manos sobre el escritorio. No parecía querer hablar de los detalles.

Otoha no tuvo más remedio que seguir sus instrucciones obedientemente.