En mitad de la noche, Tsukumo se despertó de repente.
—¿Papá? ¿Dónde está papá? —dijo mirando a su alrededor. Tsukumo estaba sola en la habitación en penumbra—. Ya veo… Papá debe estar en la habitación de al lado, como siempre…
«Podría venir aquí…»
Parecía como si «papá» se mantuviera alejado de ella, y Tsukumo se sentía sola por ello.
«¿Cómo puedo gustarle a papá…?
-¿Es porque tengo mala memoria? ¿O es porque soy un “monstruo” nacido del tanque…?»
Mientras reflexionaba, Tsukumo miraba por la ventana.
Hoy podía ver muchas cosas brillantes en el cielo. Incluso una grande y redonda.
«Las cosas brillantes se llaman «estrellas», ¿verdad? Entonces, ¿qué hay de esa redonda…? Uy, se me ha vuelto a olvidar.
-¿Por qué soy tan tanto? Quiero recordar todas estas cosas…»
Intentando recordar desesperadamente, Tsukumo mantuvo los ojos fijos en el objeto redondo y pronto notó un pequeño punto negro.
Ese punto fue creciendo gradualmente y acabó convirtiéndose en una criatura con alas.
Sin embargo, Tsukumo no podía recordar el nombre de esa criatura.
«Um… eso es un “perro”… no, eso no… “mono”… tampoco es eso. Es…»
De repente, se sintió abrumada por un zumbido en los oídos que penetró profundamente en su cabeza, agitando el contenido de su cerebro; sin embargo, para Tsukumo, se sentía muy agradable.
Y entonces, Tsukumo recordó qué era aquella criatura.
—Sí… eso es un “espectro”… un enemigo que hay eliminar.
Los ojos esmeralda de Tsukumo empezaron a brillar, y las puntas de su largo cabello empezaron a retorcerse silenciosamente.
—Por favor… espíritus… prestadme vuestro poder de nuevo.
Tsukumo miró fijamente al cielo.
Con el tiempo, el paisaje al final de su mirada se distorsionó enormemente, y apareció una enorme nube que oscureció las estrellas.
De esa nube, algo comenzó a verterse hacia el suelo.
Bolitas de hielo: granizo.
Sin embargo, no era granizo ordinario. Cada piedra de granizo era increíblemente grande y afilada en la punta, casi como si hubiera sido afilada artificialmente.
Eran más bien lanzas de hielo.
Todas estas lanzas llovieron sobre la criatura voladora del cielo -el cuervo que Tsukumo había determinado que era un «espectro»-, perforando su cuerpo.
Finalmente, el cuervo se arqueaba en el cielo, cayendo luego al suelo.

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