Desde más allá de la puerta, siguen resonando gritos.
Finalmente, abrirán esa puerta de hierro y entrarán aquí.
Pero…
Nada de eso importa ahora.
Puedo sentir mi fuerza drenando por cada parte de mi cuerpo.
Parece que me he presionado demasiado.
El precio por ejercer un poder más allá de la comprensión humana es mucho mayor de lo que uno podría imaginar.
¿Es esto lo que significa «perder»?
No, no es eso.
Pero tampoco es una «victoria».
Esa conclusión está en manos de ella-
Aún no ha terminado.
El poder que ella desea,
El «milagro» para ella,
Incluso si todo lo que queda de mí se pudre,
Debo dárselo.
Tengo que seguir dándoselo.
Porque esta es la única manera en que puedo pagar por haberle quitado todo.
¿Existe Dios?
No existe.
¿Y los demonios?
Tampoco existen.
Aun así, rezo.
Por primera vez desde que nací, rezo a algo inexistente,
Con sólo un poco de mi restante fuerza vital en mí,
Para concederle…
Para concederle a Tsukumo un «milagro».

Una respuesta a “Capítulo 4-La Chica Esmeralda; Escena 13”