Con un sonido chirriante, la puerta del laboratorio se abrió.
Cuando se abrió del todo, allí estaban «Las Tres Hermanas de la Torre Torcia».
Gibbet, Rack y Maiden.
En su línea de visión estaba la figura de “Dios”, Beritoad, flotando en un tanque de agua.
—¡Yoo-hoo~! ¡Hemos venido a rescatarte! ¡”Dios”! —exclamó alegremente Rack mientras hundía la mano en el tanque e izaba el cuerpo de Beritoad.
—Llegáis tarde… Gracias a ti me he convertido en mercancía dañada.
—Es verdad. Tus tripas se están derramando de tu vientre ♪.
—Bueno, se curarán pronto pero, Maiden, cuando volvamos a la torre cóseme y cierra este agujero en mi estómago.
—… Sí.
Todos estaban emocionados por su tan esperado reencuentro. En medio de toda esta excitación Gibbet se fijó en un anciano sentado en una silla de hierro junto al tanque con los ojos cerrados y un hombre vestido con una camisa de pie junto a él.
—“Dios”… ¿quiénes son estos dos?
—Ah, sí. El anciano es Hargain, líder de Crossrosier. Y ese sirviente que está a su lado se coló mientras vosotras luchabais fuera.
A pesar de estar tan cerca de Las Tres Hermanas, Hargain no se movió ni se inmutó, con los ojos aún cerrados.
Por otro lado, Liam Highland -el sirviente- miraba fijamente a Gibbet y a los demás, pero no hizo ningún movimiento contra ellos.
Sin embargo, cada hermana preparó su instrumento de tortura de nuevo.
Sin dejar de ser cautelosa, Gibbet se dirigió a los dos hombres que tenía delante y con voz suave dijo:
—Nos encargaremos de la custodia de “Dios”. Si pretendéis interferir…
—Haced lo que queráis. Él ya no me importa —replicó Liam sin emoción.
—¿Estás seguro? ¿Puedes tomar esa decisión arbitrariamente?
—¿Y quién más podría decidir? Ahora no hay nadie aquí, excepto yo.
—¿Qué piensa tu amo…? ¿Está dormido?
Hargain permaneció en silencio con los ojos cerrados como siempre.
—Hargain falleció hace un momento.
—En efecto… Su tez ya no pertenece a los vivos… Pero por qué…
—Era un estúpido.. Debería haber sabido lo que pasa cuando los humanos tratan de manejar poderes espectrales… Bueno, tal vez lo sabía, pero decidió no hacer nada al respecto.
—¿Poderes espectrales?
—Pregúntale a tu “dios”. Probablemente conoce la mayoría de los secretos relacionados con el cuerpo mágico artificial de Tsukumo.
Gibbet desvió su mirada hacia Beritoad que yacía en una mesa cercana,
—¿Es así? ¿”Dios”?
—Sí… el «milagro» que causó la chica contra la que luchasteis… o más bien sería más exacto si dijera «hechizo», no fue algo que ella misma hiciera.
—Si ese es el caso, ¿entonces quién lo hizo?
—El viejo muerto de allí. ¿Ves el anillo dorado colocado en su cabeza?
—Sí … ¿Qué pasa con él?
—Hargain transmitió poder mágico a través de ese anillo dorado que se amplificó múltiples veces dentro de Tsukumo causando aterradores fenómenos naturales.
—Así que ella es una amplificadora de poder mágico…
—Así es. Tsukumo no puede hacer nada sin Hargain, ella es simplemente una marioneta.
—Así que no debemos temer más si ella aparece, ¿eso es lo que significa?
—Sí… Parece que Raymond se fue a algún lugar en busca de ayuda, pero él junto con ella probablemente serán derrotados por Rabiah.
Las palabras de Beritoad llamaron inmediatamente la atención de todos.
—¿¡Raymond!?
—¡Me había olvidado de él! Debe estar afuera.
—… Arreglemos las cosas de una vez por todas.
—¡Si Tsukumo está fuera…! ¡Maldición! ¡Podrían estar en peligro!
En primer lugar, Liam salió corriendo seguido por las tres hermanas.
—¡Eh, esperad! ¡No me dejéis atrás!
Beritoad acabó quedándose solo
—Vinieron aquí supuestamente para salvarme… Bueno, no importa ya que no habrá nadie molestando, supongo que caminaré yo mismo…
Beritoad se bajo de la mesa saltando hacia la salida.se dio la vuelta una vez a mitad de camino para mirar a Hargain, que seguia sentado en la silla de hierro
—Hargain… Realmente fuiste un enigma hasta el final. Moriste sin mostrar ningún signo de miedo hasta el momento en que la vida se te agotó. —Un humano muriendo sin sentir miedo, eso no era nada menos que algo desagradable para Beriotad—. ¿Qué buscabas exactamente?

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