Capítulo 4-La Chica Esmeralda; Escena 4

En el laboratorio de Hargain había un sapo llorando dentro de un tanque. Su vientre estaba abierto verticalmente, exponiendo sus entrañas.

—Lo vieron… Vieron todas mis partes…

Hargain observaba esta escena frente al tanque.

—… ¿Por fin tienes ganas de hablar?

—Ya te lo dije, no sé dónde están escondidos los libros.

—Incluso después de llegar tan lejos, sigues con esa actitud… ¿Seguro que no estás mintiendo?

—Soy el espectro más honesto que hay. Nunca he dicho una mentira en mi vida.

—… Y sin embargo, esas mismas palabras me parece que son mentira.

De repente, Hargain empezó a toser violentamente. Sacó algo parecido a un papel doblado de su bolsillo y se lo llevó a la boca. Dentro del papel parecía haber algún tipo de polvo. Cuando Hargain se lo tragó, la tos cesó.

—… Tomemos un breve descanso.

Hargain dijo eso y se alejó del tanque, sentándose en una silla en la esquina de la habitación.

Beritoad también observó esto y suspiró internamente.

«… No puedo más. Quiero irme a casa ya. Quiero un baño caliente en vez de esta agua turbia… ¿Eh?»

-El exterior de la mansión parecía bastante ruidoso.

Beritoad miró hacia Hargain. Ya sea debido a su sordera o no, no parecía darse cuenta de la conmoción exterior.

Beritoad extendió su conciencia fuera del laboratorio.

«… Oh, esto es interesante.»

Los ojos de Beritoad dieron, metafóricamente, dos vueltas en el sentido de las agujas del reloj.

«Jejeje. Ya veo… Nunca esperé que todos vinieran a mí.»

Fuera de la mansión, su familiar, al que hacía tiempo que no veía, estaba armando jaleo.

Y dentro de la mansión, reunidas en la catedral, no cabía duda-.

«Ahora, ven y ayúdadme, mis «peónes»…»

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