Capítulo 4-La Chica Esmeralda; Escena 9

—¡Ah, ahhhhh!

Los gritos resonaron mientras los sirvientes salían despedidos por los aires, estrellándose contra techos y paredes. Al ver esto, la expresión de Tsukumo cambió bruscamente a una de compasión; deteniendo el viento.

—No debo… dañar humanos… Sólo debo derrotar espectros.

La mente de Tsukumo no podía retener nuevos recuerdos o conocimientos durante más de tres días. Sin embargo, existía un método que le permitía mantener su memoria.

Era una técnica de «implantación» que usaba la magia de Hargain.

Él había incrustado ciertas reglas en el cerebro de Tsukumo para que ella nunca las olvidara.

Los recuerdos actualmente «implantados» en Tsukumo por Hargain seguían siendo los introducidos para la batalla en la Torre Torcia:

– Elimina a todos los espectros que encuentre excepto a Beritoad.

– No dañar a los humanos.

Había un límite en el número de memorias que se podían implantar y las demasiado complejas no se podían retener. Hargain sólo había implantado estos dos comandos esenciales en Tsukumo a efectos de ejecución de la misión.

—Para derrotar sólo a espectros sin involucrar a otros… ¡entonces que sea así!

Una luz brilló en los ojos de Tsukumo.

En el momento siguiente, el suelo de piedra de la mansión se hinchó dramáticamente y finalmente se formó como una mano gigante.

—¡Adelante!

La enorme mano de piedra se abalanzó hacia Rack, que aún no había conseguido ponerse en pie incluso después de que el viento se detuviera.

—¡Rack! ¡Cuidado!

Maiden se lanzó entre Rack y la masa pétrea que se aproximaba, absorbiendo toda su fuerza con su cuerpo, que originalmente estaba hecho de hierro.

—Una cosa tras otra… Parece no tener fin.

Gibbet sacó otro instrumento de tortura de algún lugar oculto.

—¡Violín! ¡Adelante! Sujeta a esa chica.

Lo que Gibbet llamaba «violín» no era un instrumento musical, sino algo parecido en forma, con tres agujeros diseñados específicamente para sujetar a alguien ensartando su cuello y muñecas a través de ellos.

Cuando Gibbet empujó su mano derecha, el violín salió disparado hacia Tsukomo por el aire.

Justo antes de colisionar con ella, el Violín se separó una vez antes de volver a ensamblarse al llegar a ambos lados de Tsukomo, atrapando efectivamente ambas manos junto con su cuello dentro de sus tres agujeros.

—¡¿Eeeh?!

Tsukumo, incapaz de moverse, intentó frenéticamente quitarse el violín que le sujetaba. Sin embargo, el violín no se movió.

—¡Ahora es nuestra oportunidad! ¡Rack!

Respondiendo a la llamada de Gibbet, Rack se levantó e inmediatamente colocó innumerables clavos de cinco pulgadas entre sus dedos, para luego lanzarlos todos al unísono contra Tsukumo.

Los clavos volaron con precisión hacia Tsukumo. Si un humano normal fuera golpeado por ellos, sin duda resultaría gravemente herido.

Pero…

El suelo alrededor de Tsukumo se hinchó . Al igual que antes, se transformó en una mano de piedra que bloqueó los clavos, protegiendo a Tsukumo.

Todos los clavos fueron desviados por la mano, y cayeron inútilmente al suelo.

—Grrr… Tan cerca…

Rack apretó los dientes con frustración en el rostro.

—Por mucho que detengamos sus movimientos, mientras utilice esa técnica no hay nada que podamos hacer…

Mientras Gibbet luchaba por encontrar una estrategia de ataque eficaz, Tsukumo activó otro hechizo.

De repente, las flores de un jarrón, ahora esparcidas por el suelo debido a la ráfaga de viento anterior, empezaron a crecer rápidamente sin control.

Los tallos crecieron más y más hasta que se envolvieron alrededor del cuerpo de Tsukumo.

Al final se interpusieron entre ella y el violín por sus agujeros, separandolo por completo.

—Uf…

Habiendo recuperado la libertad de movimiento,Tsukumo rotó ambas muñecas y el cuello varias veces

—¿Cómo es posible? Se ha quitado el violin con tanta facilidad…

—¡Gibbet! ¿Qué debemos hacer? ¡¡Es muy poderosa!!

Incluso Rack, que normalmente disfrutaba luchando contra oponentes más fuertes, mostró signos de ansiedad

—¡Hmph!

Maiden, que había estado empujando contra la manos de piedra, logró repeler a su oponente después de un tiempo.

Entonces dio unos pasos atrás creando distancia entre ella y tsukumo.

Durante un rato, continuó un tenso enfrentamiento entre Tsukumo y las tres hermanas.

Gibbet se devanaba los sesos desesperadamente, tratando de encontrar una forma eficaz de atacar.

Pero no se le ocurría ninguna buena idea.

Si estuvieran en la Torre Torcia, podrían haber recurrido a grandes intrumentos de ejecución como la “Josephine M” de Rack o los “Ataúdes de Hierro” de Maiden.

Sin embargo, no los tenían a su disposición. Todo lo que tenían eran pequeños dispositivos de tortura que podían ser transportados fácilmente.

A medida que pasaba el tiempo sin solución a la vista, el enfrentamiento continuó.

Una respuesta a “Capítulo 4-La Chica Esmeralda; Escena 9

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.