Epílogo-La Chica Esmeralda; Escena 6

En el último piso de la Torre Torcia, aún más arriba en el cielo, habían nubes oscuras.

Pronto empezó a caer una ligera llovizna que poco a poco se convirtió en aguacero.

—… Está lloviendo —dijo el hombre de pelo negro al sapo que se remojaba en una bañera sobre un altar.

—Efectivamente.

—¿Disfrutas de la lluvia por tu forma actual?

—Yo no diría eso. No tengo intención de convertirme en sapo hasta la médula.

Beritoad no parecía muy contento con su familiar, que había vuelto después de bastante tiempo.

—Beritoad… Tiendes a ser muy arriesgado.

—¿A qué te refieres?

—A “Gibbet”. Fue difícil alinear lo que ocurrió con lo que sea que le dijeras.

—No tenía muchas opciones. Mientras estabas fuera, ella era mi única pieza que podía aventurarse fuera de la torre. Incluso si eso significaba manipular sus recuerdos, no tenía otra opción que usarla.

—Así que ahora que he vuelto… ¿Es ella innecesaria?

—No… Ella ha demostrado ser sorprendentemente útil. Mucho más fiable que tus constantes vagabundeos.

El hombre de pelo negro sintió que había engaño mezclado en las palabras de Beritoad.

«Mi amo aún no confía plenamente en mí. Bueno, no se puede evitar.»

—¿Qué estáis discutiendo ?

Gibbet entró de repente en la capilla haciendo que tanto Beritoad como Rabiah cerraran rápidamente la boca.

—¡Caramba! ¿He interrumpido algo?

Al ver sus expresiones nerviosas, Gibbet se mostró ligeramente arrepentida.

—¡No, no, Gibbet! Estábamos hablando entre hombres…

—Recuerdo haber oído hablar de algún desacuerdo entre vosotros por temas de mujeres… Pero parece que las cosas se han resuelto ahora. ¡Eso es bueno!

Con estas palabras Gibbet les sonrió cálidamente

—Uh-uhm… Sí, algo así. —Después de estar de acuerdo con su declaración a medias, Beritoad saltó inmediatamente de su baño y se acercó a Rabiah susurrando—: Hey, Rabiah, ¿qué le dijiste exactamente a Gibbet?

—Te lo explicaré más tarde.

Al oír esta respuesta, volvió a su baño de nuevo

—Entonces, Gibbet, ¿por qué has venido aquí? ¿Necesitas algo?

—Sí, “Dios”.  Sobre ese asunto que discutimos antes… pensé que sería mejor si pudiéramos tener tu opinión pronto.

—Ya veo… es con respecto a es asunto, eh.

Rabiah parecía interesado en su conversación e intervino:

—¿Cuál es ese… “asunto”… del que hablan?

—Bueno… Gibbet me ha contado una historia interesante hace poco.

—Oh… ¿Y cuál?

—Parece que los humanos están haciendo movimientos sospechosos últimamente. Gibbet mencionó que interfirieron con su búsqueda de “sacrificios vivos”.

—¿Esto es aparte de esos tipos de “Crossrosier”?

—Bueno… no puedo negar que puede haber conexiones entre bastidores. De cualquier forma, no podremos relajarnos por un tiempo todavía. También tendrás que trabajar duro, Rabiah.

—Como ordene.

Beritoad se volvió hacia Gibbet.

—Gibbet, deja que Rabiah investigue este asunto. Continúa como siempre… pero no te descuides.

—Como ordene.

Después de terminar su discusión en el último piso, Gibbet bajó al cuarto piso donde disfrutó del té de la tarde.

—¡Limpieza, limpieza, qué divertido!

A su lado Rack correteaba fregando suelos empapados a pesar de las heridas no completamente curadas, mostrando una energía notable.

No queriendo molestar su limpieza, una vez terminado de beber el té, Gibett decidió retornar a la cocina del primer piso para dejar lo usado en su hora del té.

En el tercer piso, Maiden se ocupaba de reparar las ventanas.

Marcas de quemaduras marcaban su cuerpo.

El rayo que podía incluso quemar el cuerpo de hierro de una doncella, era un poder aterrador.

Era una suerte que sólo Gibbet se hubiera salvado del impacto.

De lo contrario, todos habrían perecido allí mismo.

Aquella noche, Gibbet, que era la único que había salido ilesa, arrojó apresuradamente a sus hermanas y a Rabiah al carruaje junto con su “Dios”, antes de saltar ella misma para retirarse precipitadamente del lugar.

Raymond y los demás también estaban desplomados en el lugar pero, a diferencia de ellos, parecía que no habían sufrido heridas por el rayo. No habrían tenido ninguna oportunidad si hubieran continuado luchando así.

Aunque Johanson y Robinson también sufrieron heridas debido a los rayos, por suerte ninguna de ellas fue mortal. A pesar de sus cuerpos heridos, siguieron luchando desesperadamente hasta llegar a la torre, donde cayeron exhaustos.

Ahora esos caballos blancos descansaban en el comedor del primer piso para curar sus heridas.

—Es hora de comer. —Gibbet ofreció heno preparado para estos caballos blancos.

En silencio masticaron heno y después de terminar la mayor parte…

—Meeeh.

Uno dejó escapar un balido.

—Parece que ya estás mejor. Nos has salvado la vida; tómate tu tiempo para descansar… Ahora debería empezar a prepararme para salir.

Su razón para salir-

Por supuesto, era encontrar nuevos «sacrificios».

La Torre de Tortura nunca duerme, ni siquiera hoy.

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