Tsukumo, ahora desprovista de su poder, no era más que una chica corriente.
No podía hacer otra cosa que sentarse impotente en el lugar.
—… No entiendo muy bien lo que está pasando, pero parece una oportunidad de oro. —Rabiah percibió el cambio de Tsukumo y finalmente se levantó, volviendo a su forma humana—. Aprovecharé esta oportunidad para acabar contigo.
Rabiah se dirigió hacia Tsukumo.
Sin embargo, Raymond intervino antes de que pudiera alcanzarla.
—Eres persistente… ¡Johanson! ¡Robinson!
Inmediatamente después de que Rabiah gritara esos nombres, dos caballos blancos se acercaron a una velocidad vertiginosa con vigorosos cascos.
Los caballos se detuvieron detrás de Rabiah y gruñeron amenazadoramente a Raymond.
—… Ahora somos tres contra uno. Para que sepas, estos tipos también son bastante duros. ¿Crees que podrás luchar mientras proteges a esa chica, cari~?
Raymond no estaba seguro de su próximo movimiento.
«Maldita sea… ¿No tengo más remedio que huir?»
Pero los refuerzos también parecían confiados en su velocidad. Si estaban acompañando a Rabiah entonces sin duda no eran caballos ordinarios.
—La verdad, las cosas se veían sombrías… Pero el recreo ya terminó. Ya debería ser hora de que esas chicas regresen.
Rabiah comenzó a recuperar la compostura también.
Era una situación desesperada. Sin embargo, no había otra opción que luchar.
Aunque no entendía lo que le había pasado a Tsukumo, parecía poco probable que recuperara sus poderes pronto.
«De algún modo… tengo que sacarla de aquí…»
Justo cuando Raymond se armó de valor y preparó su estoque,
—¡Raymond!
Vio a alguien corriendo hacia él desde la dirección de la mansión.
«Esa voz… ¿Liam?»
Un aliado, aunque difícilmente uno que pudiera cambiar el rumbo de la batalla; a pesar de sentir lástima por Liam, no podía imaginar cómo la llegada de Liam podría cambiar algo en esta situación.
Y entonces, visitantes mucho peores aparecieron en escena para Raymond:
—¡Muere!
Con ese grito algo voló hacia Raymond,
—¡Whoa!
Cogido por sorpresa, Raymond apenas consiguió esquivarlo a tiempo.
—Esto es…
En el suelo había un clavo de cinco pulgadas.
Al mirar hacia el lugar de donde provenía, vio a una chica de aspecto familiar,
—¡Rack!
Detrás de ella dos figuras más se acercaron a ellos,
«Maiden… y Gibbet…»
Excluyendo a Tsukumo, eran seis contra dos. Parecía que quedaban pocas esperanzas por mucho que se defendieran.
«¿Qué podemos hacer? ¿Qué deberíamos…?»
—¡Raymond! ¡¡Usa esto!!
Liam, que se había acercado, le lanzó algo,
—¿? …Esto es
Era el llamativo brazalete de oro que Liam siempre llevaba en la muñeca.
—¡Póntelo en el brazo y concentra tu poder de rayo en él!
Liam gritó esas instrucciones en voz alta.
Confundido por sus palabras, Raymond dudó momentáneamente.
—¡Confía en mí! Cree lo que te digo.
Escuchar a Liam gritar de nuevo ayudó a Raymond a decidirse.
Siguiendo las instrucciones, se puso el brazalete y concentró toda la «Magia de Rayo» en él.
«¡No tengo otra opción ahora que confiar en él!»
Para alguien como Raymond que utilizaba «Magia de Rayo», llevar cualquier metal que no fuera Estrial era peligroso, porque si la electricidad pasaba a través de cualquier material conductor que llevara puesto, él también se electrocutaría.
Un hormigueo comenzó a extenderse por todo el cuerpo de Raymond.
—Guh…
A pesar de todo, Raymond continuó concentrando su magia.
—Parece que estás planeando algo… ¿pero creías que me quedaría de brazos cruzados?
Para detener cualquier plan que Raymond tuviera, Rabiah le lanzó piedras. Sin embargo, antes de alcanzar a Raymond, las piedras fueron desviadas.
—¿Qué…?
Con cara de perplejidad, Rabiah escaneo los alrededores.
«¿Qué ha pasado? ¿Qué ha desviado mis piedras?»
No se dio cuenta de los cambios detrás de Raymond.
Lo que desvió las piedras no fue obra de Raymond.
Fue de Tsukumo.
Sus ojos una vez más comenzaron a brillar.
—Espectros…
Tsukumo levanto ambas manos hacia el cielo. Por encima de ellos la luz comenzo a acumularse rapidamente formando una enorme bola que crecia a cada momento.
—Espectros… Espectros….
Murmurando casi delirante, Tsukumo continuó hablando.
Parecía completamente perdida en la locura.
—Espectros… ¡¡Desaparezcan!!!
Justo después del grito de Tsukumo…
Rayos del Juicio cayeron sobre el lago, la mansión y todos los presentes.
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