Capítulo 3―El Círculo del Mal; Escena 1

Torre Torcia, 5ª planta. Taller del Ingeniero de Tortura.

La lámpara de araña que colgaba del techo se había encendido por primera vez en décadas. No encajaba en esta pequeña habitación. No estaba claro por qué se había colocado aquí; podía tener algún propósito o ser simplemente un adorno sobrante de otro lugar.

Mientras Maiden escuchaba el ruido de los martillazos, contemplaba esas cosas.

Incluso durante el trabajo de modificación realizado por Garness, su conciencia permaneció totalmente despierta. Su cuerpo ya no tenía forma humana; había vuelto al dispositivo de tortura original, el ataúd de hierro. Este ataúd también había sido desmantelado por Garness en incontables partes.

Sin embargo, la conciencia de Maiden seguía firmemente retenida en el rostro tallado en la tapa.

—… Qué aburrido —murmuró Maiden, pero esa voz probablemente no emanó como un sonido audible. La Maiden actual no podía mover físicamente la boca, ni siquiera parpadear.

Por lo tanto, naturalmente pensó que su voz no llegaría a Garness, que estaba cerca.

—No digas eso. Ya casi terminamos.

Sin embargo, él respondió al murmullo de Maiden.

—… ¿Puedes oírme?

—Yo no diría “oír”, pero la entiendo. No sé por qué, pero está más allá de mi comprensión.

Garness dejó el martillo y cogió en su lugar una lima. Mientras seguía respondiendo a la «voz» de Maiden, pulió uno de los afilados clavos que originalmente formaban parte del ataúd de Maiden.

—Tú, el que me hizo… ¿eres tú?

—Oh, sí. Eres mi obra maestra, el más letal entre los dispositivos de tortura que he creado. No… no sólo entre mis creaciones, sino comparado con cualquier otro dispositivo de tortura hecho por los demás en esta torre, no hay ninguno más poderoso que tú.

—¿Y los otros “Ataúdes de Hierro”?

—Los que manipulas, ¿dices? Esos son sin duda mis creaciones, pero son sólo una copia hecha a tu imagen. No te igualan.

Los únicos sonidos en la habitación eran las palabras de Garness y el roce de la lima contra el hierro.

—… Entonces, ¿qué pasa con Rack?

—“Rack». Es un aparato de estiramiento para torturar. Me quedé bastante sorprendido cuando lo vi por primera vez, para ser honesto. Me hizo preguntarme si había otros técnicos de dispositivos de tortura en el mundo que pudieran inventar algo tan cruel como yo.

—¿Sabes quién hizo a Rack?

—No. Cuando llegué, ella ya estaba en esta torre. Lord Hank realmente la favorecía más. Estaba decidido a crear un dispositivo de tortura que superara al de ella, y como resultado, surgiste tú.

—Ya veo…

—¿Alguna pregunta más, o ya está? Ah, claro. —Garness pareció recordar algo e interrumpió su trabajo—. Ahora que lo pienso, parece que una mujer regresó ayer a esta torre. La vi hablando con Beritoad.

No había necesidad de preguntar quién era. Sólo había una mujer que podía «volver» a la Torre Torcia: Gibbet.

—¡! ¿Ha traído un humano?

—Efectivamente había alguien con ella, pero no es el “intruso” que esperas tan ansiosamente. Conozco bien esa cara. … Los espectros realmente no envejecen; es verdaderamente envidiable. No siento más que celos.

En ese momento, un nuevo sonido se infiltró en la sala.

Alguien había abierto la puerta.

—… ¿Cómo te va?

Era Rack. Estaba de pie más allá de la entrada con una expresión severa.

—Le dije a Beritoad que nadie debía entrar hasta que la obra esté terminada, ¿no?

Garness mostró a Rack un rostro abiertamente contrariado.

—Es una emergencia. Ha llegado un “intruso”. Un pez gordo, además.

—Ya veo. Pero no me interesa nada de eso. De todos modos, la Iron Maiden está completamente expuesta ahora, así que no puedo arreglarla de inmediato. Ocúpate de ella con los dos que volvieron ayer.

—… ¡Entonces deberías ayudar tú! Para ser humano, tienes un cuerpo enorme y deberías ser razonablemente fuerte, ¿no?

—Soy un técnico de dispositivos de tortura, y por encima de eso, soy un humano que os desagrada. No tengo la obligación ni el contrato para luchar a vuestro lado.

—Hmph… Los humanos son inútiles después de todo.

Tanto si Rack se dio por vencida como si se sintió intimidada por Garness, que no parecía asustado en absoluto, cerró la puerta a la fuerza y se marchó.

—Rack…

—No te preocupes por ella. Mi intuición me dice que hoy no habrá una batalla. No todavía, al menos. … Bueno, ¡continuemos con las reparaciones!

Garness volvió a tomar la lima en mano.

Una respuesta a “Capítulo 3―El Círculo del Mal; Escena 1

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.