¿Cuánto tiempo había pasado?
¿Un minuto?
¿Diez minutos?
¿O quizás una hora?
Amostia abrió los ojos lentamente. Su cuerpo no se movía, pero no estaba muerta. Sintió que algo le atravesaba la garganta. Un dolor ardiente irradió desde allí, extendiéndose por todo su cuerpo.
«Oh, ya veo… Maiden me atacó con un rayo…»
Amostia, no, Rack, había recuperado la cordura. Aun así, su aspecto seguía siendo el de una loba de escamas negras.
Se dio cuenta de que había alguien sobre ella. La persona que flotaba en el aire no era Raymond, no era «Dios» y no era Gibbet.
—Raymond Atwood: ¿fue acertada su elección? … No, no hay respuesta correcta. En la conclusión de una historia, no existe tal cosa. Elijas el camino que elijas, alguien será feliz; alguien será infeliz. Así que, Rack, no estuvo mal que no pudieras convertirte en uno conmigo.
Sin duda, era Amo quien estaba allí.
—Amo… lo siento. Yo-
—No pasa nada. No hay necesidad de disculparse. Tienes buenas hermanas y compañeros. Gracias a eso, lograste evitar acumular más pecados… ¿Te acuerdas de la conclusión de esa historia?
Amo rodeó la garganta de Rack, tocando el cuerpo de Maiden. Al hacerlo, el cuerpo de Maiden se separó lentamente de la garganta de Rack.
A cambio, algo flotó alrededor del cuello de Rack. Era como un marco de madera que le envolvía el cuello. Rack levantó la vista, y comprendió lo que era.
—Esto es… una guillotina…
—La tomé prestada de esa torre. Me alegro de haber conseguido sacarla antes de que la torre se derrumbara.
El cuerpo de Rack había vuelto a su forma humana.
Aunque siendo exactos, era ligeramente diferente. Llevaba un vestido amarillo ondeante, y su peinado parecía diferente.
—¿Qué tal? Pareces la princesa de ese cuento, ¿no crees?
Amo sonrió inocentemente.
Rack recordó la historia que le había contado Amo.
En cierto país, una princesa estaba a punto de ser ejecutada debido a una revolución.
Sin embargo, su hermano, que la servía como su sirviente, se volvió su sustituto, salvándola.
Ella se había arrepentido durante mucho tiempo de aquello.
Incluso en al final de su vida, en una iglesia con vistas al mar, siguió arrepintiéndose.
Cuando Rack escuchó el final de esta historia, no pudo aceptar la conclusión y las acciones de los personajes. Aunque eran verdaderos hermanos, no entendía por qué su hermano se sacrificaba. Por otra parte, si tanto lo lamentaba ella, desde el principio debería haberse enfrentado a la guillotina, sin huir.
«No temo el dolor.
El dolor es algo bueno.
Así que no huiré.
Sin escapar, expiaré mis pecados…»
—Ahora, vamos —dijo Amo, y puso su mano en la cuerda de la guillotina.
—Sí.
Rack cerró los ojos, aparentemente satisfecha.
Sí, en ese momento, la asesinada no fue el sirviente, sino la princesa.
Ese era el final correcto que Rack había imaginado para la historia.
Se pudo escuchar la guillotina caer.

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