Capítulo 5―El Círculo del Mal; Escena 12

Raymond entregó a Beritoad el brazalete que llevaba, el «transmisor» hacia Tsukumo.

Beritoad la transformó en una cadena dorada utilizando la alquimia, conectándola a sí mismo, a Raymond y a Tsukumo.

—Escucha con atención, esta oportunidad es única. El rayo no afectará a las escamas de Amostia, la capa exterior. Apunta cuando abra la boca para escupir llamas. No lo estropees, ¿entendido?

Raymond quería quejarse del tono autoritario de Beritoad, pero no parecía haber tiempo para ello.

Por el momento, decidió cooperar con Beritoad para detener a Amostia. Una vez hecho esto, aprovecharía el estado de debilidad de Beritoad para asestarle el golpe definitivo: ésa era la decisión final de Raymond.

Para evitar revelar sus intenciones, decidió seguir en silencio la pista de Beritoad.

—¡Jajaja! ¿Qué es esto? ¿Algún tipo de juego sadomasoquista?

Riendo así, Amostia ya se estaba acercando.

—Daré la señal.

Beritoad estaba ciego. Actualmente, Raymond era el único que podía hacerlo.

—Escucha, Tsukumo. No debes cometer ningún error.

—Sí, lo entiendo, papá.

Había muchas preocupaciones. Una de ellas era Tsukumo. A partir de ahora, soportaría una enorme cantidad de energía que nunca antes había experimentado. ¿Podría soportarlo, a pesar de que durante el incidente de Crossrosier, perdió la conciencia?

También existía el temor de que Beritoad pudiera traicionarles en el último momento. Raymond se había planteado si todo lo que había llevado a este punto formaba parte de su plan. Incluso ahora, y en el futuro, no podía confiar realmente en él.

Por supuesto, probablemente era mutuo.

«… Centrémonos.»

Raymond se situó detrás de Tsukumo con Beritoad. Maiden observaba sus acciones con una expresión aparentemente reacia. Probablemente se sentía frustrada por no poder participar en este golpe final.

El plan era el siguiente: En el momento oportuno, Beritoad y Raymond enviarían simultáneamente el poder del rayo a través de la cadena dorada. Tsukumo amplificaría el rayo transmitido, dirigiéndolo hacia la boca abierta de Amostia. Todo lo que quedaba era esperar que Amostia cayera por el rayo.

No había garantía de que Amostia volviera a su estado original después de esto. Beritoad había dicho que, una vez que Amostia perdiera cierta cantidad de poder, la devolvería a su estado como Rack. Sin embargo, ¿cuánto de eso se podía creer? De todas formas, Maiden parecía satisfecha, y para Raymond, si podía neutralizar a Amostia, era suficiente.

—Lo siento, pero no pienso esperar a que hagáis algo. ¡Convertíos en cenizas de una vez!

Tanto si conocía sus intenciones como si no, Amostia se rió mientras se acercaba.

—… Daré la señal.

Tras un grito de parte de Raymond, una inmensa cantidad de rayos comenzó a recorrer la cadena.

—Ugh…

Tsukumo estaba claramente sufriendo.

Sin embargo, consiguió crear un enorme conglomerado de rayos sobre su cabeza.

Era una «espada relámpago» gigante, tan alta como la Torre Torcia antes de su derrumbe. Un arma colosal formada por la reunión de rayos.

Tsukumo la apuntó hacia Amostia.

La espada relámpago se dirigió hacia la boca de Amostia a la exacta velocidad de la luz y golpeó perfectamente sus interiores.

Amostia arqueó con fuerza la parte superior de su cuerpo.

¿Funcionó?

Raymond pensó que sí, pero fue sólo por un momento.

En lugar de caer como esperaba, Amostia recuperó rápidamente la postura y se volvió de nuevo hacia ellos.

—Esto no es bueno…

Raymond pronunció estas palabras desesperado.

—¡Una vez más! ¡Dispara otro rayo, Raymond!

—¡Es imposible! ¡Tsukumo no puede soportar más!

—Estoy bien… Por favor, ¡vamos otra vez, papá!

Tambaleante pero decidida, Tsukumo dijo aquello. Para responder a su determinación, Raymond ejerció más fuerza sobre la cadena que sujetaba.

Una vez más, una «espada relámpago» se formaba sobre la cabeza de Tsukumo.

Pero…

Amostia no permitiría un segundo disparo, y se dispuso a cerrar su boca.

Sin embargo, antes de que Tsukumo pudiera soltar el rayo o Amostia pudiera cerrar sus fauces, algo enredó la mandíbula inferior de Amostia.

Una cuerda larga y maciza o, mejor dicho, una soga, obligó a Amostia a abrir la boca.

—El “Hilo de Gleipnir”… Gibbet… —murmuró Maiden. En el lugar de origen de la cuerda -en dirección a la Torre Torcia- había una pequeña figura de una mujer rubia que le resultaba familiar.

—¡Ahora, Tsukumo! ¡Hagámoslo otra vez!

—¡S-sí!

Tsukumo estaba a punto de lanzar la «espada relámpago», justo antes de eso…

Se produjo un acontecimiento inesperado.

Maiden le dio la espalda a Tsukumo y se interpuso en su camino.

—¿¡!? ¡No! Por favor, ¡muévete! —gritó Tsukumo, pero ya era demasiado tarde, y la espada relámpago se le fue de las manos.

Atravesó a Maiden.

Un rayo se propagó violentamente en aquel lugar, e incluso Raymond, acostumbrado a ellos, perdió momentáneamente la vista.

En este momento crítico, nunca esperó ser obstaculizado por ella.

«¿Por qué… por qué haces esto? Maiden…»

Recuperando la visión, Raymond volvió a mirar hacia delante. La figura de Maiden ya había desaparecido.

Tal vez se la llevó el impacto del rayo… eso pensó él.

—¡Graaaah! —El grito de Amostia resonó en la zona.

Raymond se volvió hacia Amostia, intentando comprender lo que ocurría.

Lo que vio fue un ataúd de hierro, que atravesó incluso las fuertes y flexibles escamas que rodeaban la garganta de Amostia.

Era la radiante y deslumbrante figura de la «Iron Maiden».

Y… Amostia se desplomó lentamente boca abajo.

—¿¡Qué ha pasado!? ¿¡Qué está pasando!?

Beritoad, que parecía desconocer la situación, pidió explicaciones a Raymond.

—Maiden… asestó un golpe a Amostia. Ella tomó nuestro rayo en su cuerpo…

—¿Qué? … Jajaja, ya veo, ya veo. Así que eso es lo que pasó… Ese Garness…. Realmente nos tendió una trampa.

—¿Garness? ¿Qué hizo…?

Ahora le tocaba a Raymond preguntar a Beritoad.

—Él modificó a Maiden. No sólo puede soportar el rayo ahora, sino que también puede absorberlo y convertirlo en su propio poder. Tal vez predijo la posibilidad de que me deshiciera de Maiden cuando recuperara mi poder…

¿Se dio cuenta Maiden o se lo dijo el propio Garness? ¿Si quiera actuó sabiendo aquello?

Se oyó un ruido sordo delante de ellos.

—¡Tsukumo!

Raymond corrió hacia Tsukumo y acunó su cuerpo.

Se había desmayado. Parecía respirar, pero le sería imposible seguir recibiendo magia. Aunque se despertara y deseara volver hacerlo, Raymond no tenía intención de permitírselo.

Ahora, Raymond sólo podía mirar y ver el resultado de las acciones de Maiden.

Amostia no se movió. Cerró los ojos, inmóvil en el suelo. Sin embargo, Raymond no podía bajar la guardia todavía.

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