No se esperaba que hubiera un lugar así bajo la torre donde habían vivido hasta ahora.
Rack exploró el interior de la Torre Inversa. En realidad, debería estar persiguiendo al fugitivo Raymond y compañía, pero no podía evitarlo.
Porque, para ser precisos, se había perdido.
Rack apenas había estado en otro lugar que no fuera la Torre Torcia. Carecía de un sentido de la orientación que pudiera adaptarse a lugares distintos de su familiar torre.
Desde abajo se oían ruidos. Golpes metálicos, chillidos como de animales y rugidos atronadores.
Pensando que bajar sería una buena idea, Rack, al encontrar una escalera, descendió rápidamente. Finalmente, cuando llegó al quinto sótano, lo primero que se encontró fue a Raymond de pie, inmóvil, con su estoque en la mano, y a un hombre corpulento y barbudo de mediana edad tendido a sus pies.
—¿Una pelea entre compañeros…?
Hacía un rato, Raymond había estado luchando en el comedor del primer piso. Johanson y Robinson le habían detenido cuando intentaba liberar una esfera de rayos a través de Tsukumo para sorprender a Rack. Los caballos blancos, tirando de la cama de tortura móvil de Rack, Josephine M, habían cargado contra la sala. Raymond y Tsukumo lo evitaron por los pelos, pero gracias a eso, Rack se percató de la presencia de ellos.
Rebautizando a Josephine como Josephine Z al incorporar a Johanson y Robinson, Rack subió al carro de tortura móvil y se enfrentó a Raymond por quinta vez.
En medio de la intensa batalla, Rack se dio cuenta de que la placa metálica estaba abierta. No importaba lo que intentara, esa placa no se movía, pero alguien al otro lado la había abierto. Siguiendo a Raymond, que había atravesado esa placa, Rack saltó al agujero.
Ahora, en este espacio desconocido bajo la torre, Raymond estaba derrotando a alguien. Era una oportunidad perfecta para una emboscada, pero su curiosidad pesaba más que esa opción.
Se escondió entre las sombras y decidió observar la situación.
Un poco alejados de Raymond, se encontraban Tsukumo y un hombre con gafas. En el centro del suelo había algo parecido a un objeto blindado desconocido.
Y, mirando un poco más arriba-.
«¡Amo!»
En primer lugar, Rack había venido a cumplir su promesa con él. Antes de que pudiera saltar y acercarse, él se percató de ella.
—¡Rack! ¡Has venido!
En un pestañeo, Amo ya se encontraba al lado de Rack.
—Así que cumpliste la promesa, ¿eh?
—… Sí. Abrí la placa de metal y llegué hasta aquí. —En realidad, Rack no había abierto la plancha metálica, pero se lo guardó para sí—. Así que, como prometiste, ¡dime tu verdadera identidad! Dijiste que lo entendería todo si venía aquí, ¡pero aún no lo entiendo!
—Ya veo… ¿Incluso después de ver esa armadura, no lo puedes recordar?
—¿Una armadura? —Rack volvió a mirar la armadura del centro—. Cierto… Siento que la reconozco…
—Sí. Es algo del pasado, de hace mucho, mucho tiempo. Nos ha estado protegiendo tanto a ti como a mí, Rack.
—¿A ti y a mí?
—¿Recuerdas la historia que te conté? ¿El cuento de la princesa orgullosa y su sirviente? Tú eres la princesa, y yo soy el sirviente. Y esa armadura es el castillo. Como en ese cuento, fuimos una vez, hace mucho tiempo, uno.
Rack sintió como si oyera el sonido de campanas en sus oídos.
—Oh… sí…
En la Torre Torcia y en la Torre Inversa no había campanas. El sonido de las campanas, que no debería ser audible, resonaba en la mente de Rack repetidamente.
—Ahora… volvamos a ser uno. Volvamos a nuestra verdadera forma: ¡Amostia!

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