Raymond no pudo celebrar su victoria de todo corazón.
Para llegar a este punto, se había entrenado incansablemente para ser más fuerte que los espectros, y su capacidad para derrotar a Romalius podría considerarse el fruto de ese esfuerzo.
Sin embargo, no esperaba que Romalius fuera un espectro tan débil.
¿Por qué Romalius aceptó un duelo con Raymond? ¿Creía que podría ganar, aun teniendo pocas posibilidades? ¿O quizás, sabiendo que perdería, tomó a propósito la espada contra Raymond?
La respuesta era ahora inalcanzable. Romalius, atravesado en el pecho por el estoque, yacía tranquilamente en el suelo, con los ojos cerrados. Su cuerpo no volvería a moverse.
Fue un final bastante anticlimático para la vida de su padrastro, pero no era el final de todo.
—¡Raymond!
—¡Papá!
Benji y Tsukumo corrieron hacia él. Raymond les mostró una breve sonrisa antes de desviar la mirada hacia las escaleras.
«Ahora es el turno de Beritoad… el enfrentamiento final contra él.»
Justo entonces, Raymond oyó una tremenda explosión a lo lejos.
Venía de arriba. Todavía debía haber una feroz batalla en la Torre Torcia… pero aún así, ese sonido no fue ordinario. Era como si la torre misma hubiera sido destruida, un ruido ensordecedor.
—Benji… volvamos arriba. Algo se siente muy mal.
—Sí. Estoy de acuerdo, pero… echa un vistazo.
Benji señaló el centro del suelo. Hacía un momento había allí una extraña armadura. Sin embargo, ahora había desaparecido.
—¿La armadura ya no está? ¿Cuándo…?
—Eso no es todo. Cuando yo llegué, había un niño fantasma por aquí… pero ahora no se le ve por ninguna parte.
—Romalius… estaba tratando de obtener su poder, ¿verdad?
—Sí. Por eso tengo un mal presentimiento.
—De todos modos, volvamos arriba y evaluemos la situación. Podemos pensar en ello más tarde.
Benji aceptó la propuesta de Raymond y asintió.
—Muy bien, vamos… aunque me gustaría pedirte que esperaras un momento.
Al decirlo, Benji caminó en dirección opuesta a las escaleras, descendiendo por los escalones. Se detuvo a mitad de la sala, miró abajo y se acercó al cuerpo sin vida de una mujer sin cabeza. Por el atuendo, Raymond la reconoció como Luna.
—Me gustaría buscar su cabeza también si es posible, pero… no tenemos tiempo para eso. Volveré, Luna.
Con el cuerpo sin vida de Luna en brazos, Benji regresó junto a Raymond y Tsukumo. Y así, los cuatro -no, ahora tres – se dirigieron hacia las escaleras.
Salieron de la Torre Inversa por el agujero que Luna, Benji y Romalius utilizaron para entrar a ese lugar la primera vez.
En cuanto salieron, dos hombres se les acercaron. Ambos parecían ser los subordinados de Luna. Entregando el cuerpo de Luna a uno de los hombres, Benji le explicó rápidamente la situación, y el hombre se arrodilló como si le fallaran las piernas.
Al observar esto, el otro hombre se volvió hacia Raymond. Con expresión tensa, les dio una noticia:
—Siento la situación de Luna, pero… ahora mismo, maldición, no es lo importante. Mirad arriba.
Raymond, Benji y Tsukumo levantaron la vista y, al unísono, quedaron sin habla.
Envuelta en llamas, la Torre Torcia se derrumbaba.
