Capítulo 2–La Caza de los Pecados Capitales; Escena 1

Master of the Heavenly Yard; Capítulo 2–La Caza de los Pecados Capitales; Escena 1

 

El solitario coleccionista, Gallerian Marlon, construyó un pequeño teatro antes de su muerte. Allí solo se proyectaba un documental que presentaba su colección, “Los Contenedores del Pecado”.

La encargada y guionista era una mujer que había sido su amante. Sin embargo, el propio Gallerian murió antes de que se completara la película. El teatro ubicado en la profundidad del bosque eventualmente se convirtió en un lugar donde la gente no podía acercarse. Muy pocas personas habían visto esa película.

En el pequeño, pequeño teatro, la directora era la “Muñeca” que más había amado Gallerian durante su vida.

 

Y ese teatro se llamó el “Evils Theater”.

Capítulo 1-Epílogo; Escena 2

Master of the Heavenly Yard; Capítulo 1-Epílogo; Escena 2

 

Allen Avadonia siguió caminando por aquella Tierra desértica. Él era como los otros, un alma que había perdido su cuerpo. El hecho de que no era un ser físico y estuviera “caminando” era algo extraño, pero de hecho, Allen tenía que hacerlo. La gravedad que el Inframundo ejercía sobre la Tierra no le permitía volar por los aires.

Una mujer que caminaba pocos pasos detrás de él le habló.

—Oye… ¿Por qué no tomamos un descanso?

—¿Está cansada, su excelencia Némesis?

Némesis estaba sin aliento y su frente estaba llena de sudor, mientras que la cara de Allen estaba completamente limpia.

—Así es, yo soy una persona viva, a diferencia de ti. Estoy cansada y tengo hambre.

—¿En serio? Pero, desafortunadamente, encontrar comida en este desierto parece imposible. Tienes que ser paciente.

—Ah… Supongo que moriré si lo hago.

—Sabes que eso es imposible.

Némesis era ahora la única sobreviviente que quedaba en este mundo, y también era inmortal. La razón de esto era complicada, pero, en resumen, ella era una “Contratista del Pecado” ya que hizo un contrato con un demonio. Solo un contratista puede matar a un humano que ha contratado con un “Demonio del Pecado”, y no puede suicidarse. Esto fue lo que le permitió sobrevivir a la destrucción de “Castigo”.

Némesis se sentó ignorando a Allen, quien intentaba continuar, haciendo que él tuviera que parar.

—Supongo que hubiera sido más fácil morir y convertirme en un alma como tú… Quiero decir, eso es lo que pienso ahora.

—¿Qué?

—Sigo viviendo de esta manera porque he firmado un contrato con el “Demonio de la Ira”… Seth, ¿verdad? Si le dejo romper el contrato…

—Si fuera a hacer algo así, lo habría hecho hace tiempo… Él quizás tenga algunas ideas en mente.

—No, tal vez sea solo para molestarme. Estará disfrutando de mi sufrimiento, ese bastardo psicópata.

Estuvo con Seth hace un tiempo, pero él, Gumillia y Michaela no acompañaban a Allen. Aparentemente, cada uno de ellos parecía tener algo más que hacer.

—Vámonos ahora —Allen le insistió a Némesis, pero ella no intentó ponerse de pie.

—Todavía no me he tomado un descanso.

—No tenemos mucho tiempo para relajarnos. La crisis ha pasado, pero no puedo imaginar cómo estará el mundo después de esto.

—No creo que pueda empeorar.

—Bueno. Pero no creo que el mundo esté bien.

—… —Némesis suspiró profundamente tras ver los ojos de Allen poseyendo una determinada voluntad—. Allen, dijiste que el objetivo era “salvar el mundo”.

—Sí.

—Pero ese no es mi deseo. No habrás olvidado quién destruyó el mundo, ¿cierto? —La persona que lanzó el arma de destrucción “Castigo” en todo el mundo era, sin lugar a dudas, Némesis, quien estaba frente a Allen—. Claro, estaba en un estado de confusión en ese momento, pero destruir el mundo era algo que había deseado durante mucho tiempo. Y no me arrepiento de haberlo hecho.

—¿Eso es lo que piensas como “Némesis”? O como…

—…

Ella tenía varios nombres además del de “Némesis Sudou”. Inicialmente Allen estaba un poco confundido acerca de por cuál nombre debería llamarla, pero finalmente decidió usar “Némesis”.

—Bueno, está bien. Pero, Némesis, quizás estás un poco confundida.

—¿A qué te refieres?

—Mi objetivo no es restaurar el mundo a su estado original.

—¿Eh? —Némesis estaba sorprendida.

—Mis deseos y tus deseos; no creo que sean tan diferentes, estoy seguro.

—… Siento que así es.

—¿Uh?

—Te pareces un poco a Behemo.

—Si es así, entonces tú y yo somos algo cercanos.

Némesis se veía aún más incómoda cuando Allen dijo aquello tan tranquilamente. Se puso de pie y se limpió la tierra de su falda, diciendo:

—Está bien, vámonos ya.

—Sí.

—En primer lugar, nos detendremos donde antes estaba el Bosque del Árbol Milenario… El “Evils Theater”, y luego…

—Iremos a las ruinas donde se encuentra Lucifenia —dijo Allen completando su frase.

—A un conmovedor reencuentro con tu hermana mayor.

—Sí, así es.

—Bueno, está bien. También quería hablar un poco con ella. Para mí, para “Némesis”… Ella fue quien salvó mi vida.

—¿Te diste cuenta?

—Lo adiviné porque viniste a mi mundo espiritual con ese estilo.

—Sí, Postman… Su verdadero nombre era Lilith Baldured, quien sin duda alguna fue la reencarnación de mi hermana, Riliane.

Némesis, cuando lo escuchó, se llevó la mano a la mejilla como si estuviera pensando.

—… Ya veo. No parece que vayas a reencontrarte con Riliane solo por deseos personales.

—Es un poco difícil de explicar. De todos modos, apurémonos.

Allen volvió a caminar. Después de un breve momento, Némesis lo siguió. Mientras caminaba, casualmente puso su mano en la funda de su cadera. Esta contenía el revólver que ella siempre había usado. Curiosamente, cuando el cuerpo de Némesis explotó, se regeneró y las cosas que llevaba puestas parecían estar de vuelta en su lugar. Su cuerpo también parecía mucho más joven que antes de que se regenerara. El brillo de su piel era similar a la de un adolescente.

 

«Esto es bastante bueno, pero no creo que sea un servicio de Seth»

 

Una larga historia de mil años. ¿Habrá dejado la humanidad algo en este viaje histórico? Ni Allen, ni Némesis, ni ninguna de las almas errantes en la Tierra tenían la respuesta a esto. Todavía…

No. Eso no era así. Y por eso, Allen susurró suavemente en su corazón:

 

«Iré a verte.»

Capítulo 1-Epílogo; Escena 1

Master of the Heavenly Yard; Capítulo 1-Epílogo; Escena 1

 

Cuando el chico aterrizó en la Tierra, no había nada más.

¿De dónde vino? Esa pregunta tenía dos respuestas. Una era “la Luna”, la otra era “el Paraíso”. De hecho, la tenue luz de la Luna llena era visible en el oscuro cielo, como si fuera el rey o el dios de la noche. Pero con el tiempo, la Luna desaparecería y se haría presente otro regente en el cielo. Un astro brillante: el Sol.

En este mundo, había una entidad a la que se le llamada el Dios del Sol. Sin embargo, curiosamente, el hogar del dios no era el Sol, sino la Luna. El Dios del Sol vivía en la Luna… El chico pensó que tal vez eso fue el comienzo de la distorsión.

Originalmente debía existir un Amo de la Luna, pero hasta ahora, residía allí el Dios del Sol, a quien a veces se le llamaba por el nombre de “Sickle”. Y eso nadie lo cuestionaba.

¿A dónde había ido la Diosa de la Luna? Al menos Sickle debería saber la respuesta. Pero él nunca se la había dicho. Hasta ahora.

El chico miraba la Tierra a la que acababa de bajar. Después de todo, ahora solo era un desierto árido, pero al escuchar atentamente, pudo percibir un débil oleaje a lo lejos. “Castigo” lo destruyó todo, pero aparentemente no pudo secar completamente el vasto océano.

Por el contrario, ese mar también fue la causa de que el daño en la Tierra se extendiera. El Diluvio causado por “Castigo” se había tragado todo Evillious, y la humanidad no tuvo tiempo de preparar un arca para escapar de allí.

Ellos estuvieron cometiendo errores constantemente durante ese periodo de mil años.

—No, “ellos” no. “Nosotros”… —el chico murmuró y se rió un poco avergonzado.

El ruido de las olas no se interrumpió. Pero ese no fue el único sonido que pudo escuchar. Voces de personas. Tal cosa no podía ser posible. Toda la humanidad debería haber muerto.

 

«Excepto por una persona…»

 

La voz no parecía pertenecer a la mujer que tenía en mente. Entonces solo había una respuesta; esa era la voz de los muertos. Para ser precisos, sería mejor decir “la voz de las almas”. La voz de aquellos que habían perdido sus cuerpos y ahora continuaban vagando en la Tierra.

Por lo general, las almas de los muertos llegarían al inframundo. Luego, serían juzgadas por sus pecados y se decidiría si deben ir al Paraíso o al Infierno. Pero este mecanismo ya no funcionaba debido a la destrucción causada por “Castigo”. Ya no había una frontera entre la Tierra y el Inframundo. En otras palabras, la Tierra misma se había convertido en parte del Inframundo. El vasto Inframundo emitía una gravedad especial que ata a las almas a ese lugar.

Por el contrario, las almas del pasado, que ya vivían en el Paraíso o en el Infierno, estaban siendo atraídas a la Tierra. Las millones de almas que existieron en Evillious ahora estaban reunidas en la Tierra. El chico nunca imaginó que esto sucedería. Quizás esto era algo inesperado incluso para Sickle, y que por eso envió el alma de un simple sirviente a la Tierra.

“Castigo” ya había sido lanzado. Este es el epílogo de este mundo, del “Tercer Período”.

 

Pero… todavía no ha terminado.

Capítulo 3, Sección 1 – La Historia Interior de la Chica; Escena 4

La Hija del Mal: Praefacio de Azul, páginas 161-162

 

✥ Kyle Marlon ~El País de Marlon, «Finca Freezis/Vestíbulo»~

 

Me dolía todo el cuerpo por culpa de las garras de Keel.

—Ese imbécil… realmente se excedió.

Aunque fue mi culpa por olvidar la profundidad del afecto de Keel hacia Yukina.

Ciertamente habrá un gran alboroto cuando finalmente se case.

Me imaginé cómo sería, y sin pensarlo dejé escapar una risa sarcástica.

 

En el vestíbulo me encontré con Mikina, jugando con un gato rojo.

—Oh, ¿te vas a casa tan pronto?

Me sonrió con una cara tan joven que apenas se notaba que era mayor que yo.

Mikina era una antigua conocida mía por derecho propio. En realidad, la conocía desde mucho antes de conocer a Keel.

Conocí a Mikina, la joven hija de la afamada familia Sfarz, en una cena que se celebró en el castillo de Marlon cuando yo tenía diez años. Mi primera impresión de ella fue que, a diferencia de las otras chicas nobles, era una persona coherente y sensata. En ese momento no tenía ni idea de que más tarde ella era el tipo de persona atrevida que huiría con Keel y emigraría a Elphegort.

Debido a que nos conocíamos desde hacía tanto tiempo, no teníamos el tipo de relación en la que mostrábamos tanto tacto en la diferencia entre nuestras posiciones sociales. Normalmente, cuando el gobernante de un país iba a visitar la casa de alguien, la señora de la familia se disfrazaba y hacía el papel de la encantadora y virtuosa esposa tan bien como podía. Pero Mikina no se ponía así, ni yo deseaba que lo hiciera.

Me preocupaba más el gato que estaba con ella que ella. Sentí que lo había visto en algún lugar antes.

Así es. Abyss. Ese era el gato que siempre tenía con ella.

Ahora que lo pienso, Elluka me había dicho que el gato había vagado por aquí poco después de la derrota de Abyss.

Bueno, no es que el gato haya hecho algo malo.

Después de despedirme de Mikina, me dirigí a la puerta principal. Pude ver a mis criados y guardaespaldas esperándome allí.

-En ese momento, lo había olvidado.

Había olvidado que un gato había irrumpido el banquete donde conocí por primera vez a Mikina. Que, aunque la había considerado una persona estable, en el momento en que vio al gato gritó y se desmayó.

Que me había susurrado, con una voz tan débil que apenas podía oírsele, que odiaba a los gatos.

Capítulo 3, Sección 1 – La Historia Interior de la Chica; Escena 3

La Hija del Mal: Praefacio de Azul, páginas 149-160

 

✥ Kyle Marlon ~El País de Marlon, «Finca Freezis/Sala de Invitados»~

 

-Por Dios, últimamente solo habían sido una sorpresa tras otra.

El mundo en el que había creído y el mundo real eran completamente diferentes en su forma. Descubrimientos y nuevas verdades como las que experimentaría un aventurero que había cruzado el mar por primera vez me asaltaban uno por uno.

Gente que había pensado que estaba viva estaba muerta, gente que había pensado que estaba muerta estaba viva…

Y ahora estaba esa bruja tomando el té tranquilamente delante de mí.

—Buenos días, Majestad. Soy yo, Elluka —La hechicera de pelo rosado me saludó.

Al contrario que antes, hoy me había dirigido a la mansión de Keel. Aunque eso mismo le había llevado a enfadarse conmigo, diciendo «Si pudiste venir aquí después de todo deberías haber venido antes».

Mi objetivo era hablar con Germaine y Gumillia sobre los soldados muertos, y buscar su ayuda, si era posible.

—Un rey ocupado como siempre, ¿no es así? Tienes muchos subordinados, podrías haber dejado todo el trabajo a ellos.

Pude ver por su tono que Germaine estaba sorprendida.

—Era más rápido y fácil para mí hacerlo yo mismo, conociéndolos como lo hago, ¿no?

Parecía que Germaine era capaz de entenderlo desde ese punto de vista.

Cuando pregunté dónde estaba Gumillia, como no la había visto en ninguna parte, pareció incitar a Germaine a recordar algo.

—Es verdad. Tal vez deberías verla primero.

Me dijo que Gumillia estaba en una habitación de invitados. Cuando entré en la habitación después de que Germaine me llevara a ella, me esperaban Gumillia y Elluka, que yo creía desaparecida.

Escuché las circunstancias de las dos, y fui capaz de comprender lo esencial de la situación. Era como algo salido de un mundo más allá de mi propio conocimiento básico, pero ya no podía sorprenderme por ese tipo de cosas.

—Dices que Abyss se había apoderado de tu cuerpo… —Tomé un sorbo del té que había sido vertido en mi taza. Preferí echarle una buena porción de leche a ese té tan fuerte— De todos modos, me alegro de que hayas vuelto a tu forma original.

Elluka se volvió hacia mí, como si estuviera disgustada con mis palabras.

—Bueno, eres un descarado. Persiguiendo duramente a la gente como si fueran brujas y todo eso.

—Lo que sucedió en ese entonces era inevitable. Ustedes son las que cometieron el error de invadir el palacio sin permiso.

—Ese lugar era nuestro hogar. ¿Qué hay de malo en que entremos por iniciativa propia?

“Nuestro hogar” – me imaginé que tal forma de decirlo era apropiada para un ex miembro de los Tres Héroes.

Desde que era joven había escuchado muchas historias de mi madre, una nativa de Lucifenica, sobre las hazañas heroicas del Rey Arth I de Lucifenica y sus tres subordinados.

Amando la magia, mi madre me había hablado con entusiasmo de Elluka en particular.

Me habló de la época en que Elluka se interpuesto en el camino de Arth I como asesina del Imperio Beelzeniano, de la época en que desertó a Lucifenia sólo porque le molestaba el cortejo del entonces Emperador Beelzeniano, de la época en que se batió en duelo con su antiguo aliado Gast y de la época en que le enseñó a mi madre algunos hechizos sencillos cuando era joven…

Para mí, cuando era pequeño, Elluka era como el personaje de un cuento. Nunca podría haber imaginado que me pelearía con ella, o que terminaría tomando el té con ella en la misma habitación, así.

—Bueno, ya ha pasado mucho tiempo. Eso es agua pasada ahora, ¿no?

No me atreví a disculparme sinceramente. También me hicieron pasar por una mala experiencia en ese entonces.

—No te apetece decir que lo sientes, ¿eh?… Debe ser por eso que a Gumillia le desagradas tanto.

Cuando se trataba de Gumillia, no me había mirado ni una vez desde que entré en la habitación.

Les conté a las dos y a Germaine la situación en la región norte de Marlon. Acerca de cómo los soldados muertos habían empezado a aparecer, cómo mi madre y posiblemente Ney estaban en el Castillo Erizo, cómo pronto me iba a dirigir al Castillo Erizo con mis soldados, ese tipo de cosas. Me contuve de decirles que Ney era mi hermana pequeña.

Y les pedí ayuda para suprimir a los soldados muertos.

—No va a poder ser —Elluka respondió más rápido que nadie.

—Francamente estoy completamente agotada por el duelo con Abyss. A Gumillia y a mí nos costará usar la magia hasta por lo menos la próxima luna llena.

—Bueno, entonces podríamos esperar hasta entonces…

—… Si atacas en la próxima luna llena, tus enemigos también te atacarán con mucho poder. Puede que no pierdas, pero es mejor que te prepares para enfrentarte a muchas bajas de tu lado.

Según Elluka, lo ideal sería ir mucho más tarde que la luna llena, en el período entre el último cuarto del ciclo de la luna y la luna nueva. Ese día, el poder mágico de ella y de Gumillia habrá sido restaurado, y el poder de los soldados muertos se habrá debilitado. Y ese período de tiempo sería…

—Deberías esperar un mes a partir de hoy.

—–! ¡No podemos esperar tanto tiempo!

La destrucción causada por los soldados muertos después de un mes entero probablemente sería enorme. Y en el caso de que mi madre no estuviera involucrada en su convocatoria, también se pondría en riesgo.

Era desafortunado, pero no tuve más remedio que renunciar a la ayuda de Elluka y Gumillia. En ese caso…

—¿Cómo está su poder en este momento?

—…Ahora mismo está cerca la luna nueva. Es cuando el poder mágico está en su punto más bajo —Respondió Elluka por lo bajo.

En ese caso esta era nuestra oportunidad, ¿no? Había oído que esos soldados en Beelzenia habían acabado con los soldados muertos con su propio poder. La cantidad de soldados muertos que habían estallado en Marlon era menor que la de Beelzenia. Si lanzáramos un asalto contra todos ellos a la vez, las bajas resultantes serían mínimas.

—Germaine, ¿qué hay de ti?

Presioné a Germaine para que me respondiera, sentada en silencio con los brazos cruzados durante mi conversación con Elluka.

—No tengo obligación de participar. Es el problema de otro país, después de todo.

Era una respuesta razonable. Pero decidí perseverar un poco más. Me tranquilizaría mucho más tenerla de mi lado.

—Eso es bastante frío de tu parte, siendo la heroína de la revolución.

—No soy realmente alguien que esté luchando por la paz mundial.

Intenté decirle que tendría una compensación adecuada, pero eso tampoco tuvo mucho efecto en ella.

—No tengo tanto interés en el dinero; no soy un mercenario.

—Bueno, entonces, ¿qué es lo que quieres? Te daré todo lo que pidas, dentro de lo razonable.

Germaine pensó por un momento, con la mano en la barbilla, pero finalmente se le ocurrió:

—Si prometes que Marlon se retirará de Lucifenia, lo pensaré.

—… Ese tipo de cosas no dependen enteramente de mí.

—Qué bien habla alguien que anexó a Lucifenia por su propio juicio.

En lo que a mí respecta, desde que fui liberado del demonio empecé a perder todo interés en una mayor expansión militar.

Si el gobierno lucifeniano que los otros países consideraban como ilegalmente estacionado se retiraba de la región, no habría razón para más conflictos y la tranquilidad volvería a Evillious.

Pero la anexión de Lucifenia que Germaine dijo que era «por mi propio juicio» en realidad sólo salió tan bien como lo había hecho gracias al apoyo de los nobles y de la Asociación de Comerciantes. Por el contrario, la existencia de tal apoyo era un gran muro contra la retirada de Lucifenia.

No sería una cosa sencilla en absoluto.

—Bueno… Aunque sea difícil retirarse de inmediato, mientras empiece a moverse hacia eso, es suficiente para mí —ofreció Germaine como compromiso.

—…Está bien. Centraré mis energías en ello.

—Bien. Entonces eso concluye la negociación. Bueno, ¡creo que podría ir a entrenar para la batalla decisiva!

Con una expresión de satisfacción en su rostro, Germaine de alguna manera salió corriendo de la habitación por la ventana. Supuse que era la ruta más rápida para salir.

«Honestamente, sigue siendo la misma chica grosera de siempre.

Pero igualmente, eso en sí mismo es uno de sus puntos fuertes».

Puse mi vacía taza de té sobre la mesa.

—Tienes mi gratitud por el consejo. Nos arreglaremos de alguna manera después de esto. Vosotras dos descansad aquí arriba —dije, moviéndome para salir de la habitación, y allí me detuvo inesperadamente Gumillia.

—¿Te vas? A ese… lugar, llamado Castillo Erizo.

—… Sí.

—¿Cuándo?

—Planeo dejar Bariti dentro de dos o tres días.

—En ese caso, para entonces, recoja todas las armas de los soldados y tráigalas aquí. Es sólo un pequeño consuelo, pero te prestaré mi poder.

Fue una propuesta inesperada. Me acerqué a Gumillia y le puse las manos en las mías.

—Me alegro, gracias. Y… lo siento, por todo.

Las mejillas de Gumillia parecían estar un poco rojas.

En ese momento, Elluka se interpuso entre nosotros.

—Espera, me gustaría que no mantuvieras esa conversación mientras ignoras a tu mentora.

Gumillia miró fijamente a Elluka.

—Elluka. ¿No tenemos una razón para ayudar a Kyle?

—¿De qué estás hablando?

—La “Copa de Conchita”.

—… Oh, me había olvidado de eso.

Elluka vertió más té en la taza que sostenía y se sentó de nuevo en su silla.

—Tenemos que preguntarle a Prim sobre el demonio de la Espada de Venom también, ¿no?

—Y, también está esto.

Gumillia sacó dos espejos de mano. Uno ya lo tenía de antes, el otro era uno que había conseguido hace poco.

Elluka asintió.

—Cierto. Probablemente haya más espejos como estos. Hasta que no los hayamos sellado todos, el “Demonio de la Soberbia” probablemente resucitará de nuevo. Al igual que el “Demonio de la Gula”… Ah~ ¿Qué te parece? ¡Tenemos que ayudar después de todo! —Elluka se recostó en su silla y miró al techo. En esa pose, me dijo—: De acuerdo. Nos uniremos a ti. Aunque Gumillia y yo no seremos de mucha utilidad.

—… Gracias.

—… Sin mencionar que fui yo quien enseñó la magia a Prim en primer lugar.

Me incliné ante las dos una vez más, y luego abrí la puerta de la habitación.

—¡Auuugh!

Yukina se lanzó repentinamente contra mi pecho. Aparentemente había estado escuchando todo lo que venía del otro lado de la puerta.

Abrió la boca y dijo:

—Por favor, llévame contigo al Castillo Erizo.

Eso era exactamente lo que esperaba que dijera. Teniendo en cuenta su personalidad, me lo imaginaba. Pero era por esa razón que no podía permitir que viniera con nosotros.

Puse mis manos sobre sus hombros.

—Yukina, tienes que vigilar el lugar mientras no estamos. No puedo dejar que te envuelvas más en el peligro.

Pero ella no parecía aceptarlo.

—P-pero, podría servir un poco de…

—No. Eres una persona normal, después de todo. Y nos enfrentamos a seres que ni siquiera son humanos, que no sabemos de qué son capaces.

—Si te refieres a los soldados muertos, ya los vi en Beelzenia.

Yukina fortaleció su tono de voz. Me miró con lo que probablemente era la expresión más sombría que podía tener.

—Puedes ponerme esa cara todo lo que quieras, no va a suceder. Admiro tu curiosidad, pero de aquí en adelante…

—¡No es porque tenga curiosidad! —Yukina gimió, con los ojos llenos de lágrimas— No pude hacer nada para ayudarte en ese momento, o en ese tiempo en el que Gumillia luchó contra Abyss… Sabía que todo el mundo estaba herido y sufriendo, pero… temblaba tanto que no podía moverme… estoy tan mortificada…

Su cuerpo estaba temblando incluso ahora.

De alguna manera me había convencido de que Yukina era una niña que tenía una fuerte voluntad más allá de sus años. Pero en realidad, eso era porque tenía el coraje de presentarse siempre para ir a lugares peligrosos.

Pero eso no era fuerza.

Siempre intentaba no enfrentarse a su propia debilidad.

Sólo la ocultaba.

Por supuesto que no, Yukina. Eso no es suficiente.

Si no te enfrentas a tus debilidades y las aceptas, te destruirás.

Como me ocurrió hace poco tiempo.

 

Ni siquiera yo sabía por qué lo hice, pero antes de darme cuenta tenía ambos brazos alrededor del pequeño cuerpo de Yukina.

—Yukina… sé cómo te sientes. Pero no puedes manejar una espada tan rápido como Germaine. No puedes ejercer una magia poderosa como Gumillia. Así que no puedo llevarte conmigo.

Yukina parecía un poco sorprendida, pero se inclinó hacia mí sin resistirse realmente.

—Pero no es nada de lo que avergonzarse. No necesitas sentir que nos debes algo. Hay cosas que sólo tú puedes hacer, Yukina. ¿No es así?

—¿Cosas que… sólo yo puedo hacer?

—En efecto. Lo que has hecho hasta ahora, y lo que harás después de hoy. Puedes tomar todos los eventos que has experimentado y transmitirlos a todos escribiendo historias sobre ellos. Sé que las novelas que has escrito serán una guía para mucha gente.

Yukina había dejado de temblar ante eso.

—… Lo entiendo. Esperaré a que todos regresen. Pero, es absolutamente necesario que vuelvas a casa a salvo. Porque cuando todo termine, ¡debes decirme qué pasó en el Castillo Erizo!

—Ah, está bien. Es una promesa.

En ese momento, escuché la voz de un hombre por detrás.

—¿Llegar a casa a salvo? … Puede ser difícil.

En mi espalda podía sentir una sed de sangre tan fuerte que me hacía acobardarme.

Me di vuelta tímidamente.

—¡Porque vas a morir aquí y ahora! ¡Kyle!

Allí estaba Keel, de pie con la furia de un ogro.

Me apresuré a dejar ir a Yukina, pero era demasiado tarde.

—¿Qué le estás haciendo a Yukina, bastardo?