Nivel 3 – Escena 6

«Otoha está ahí.»

Sabiendo eso, Koudai no quería alejarse mucho del Instituto Tsuruki. Sin embargo, aunque lo hiciera, no podría hacer nada.

Su padre le había dicho que se fuera a casa de momento, así que Koudai se dirigió al aparcamiento donde aparcó el coche.

Había empezado a pensar que podía ser una persona más desalmada de lo que creía: Su hermana estaba en una situación peligrosa. Incluso podría morir. Y, aunque eso era algo preocupante, él no podía sentir ninguna emoción más allá de esa ligera «preocupación».

Tendría que tomárselo más en serio. Existía la posibilidad de que un miembro de su familia muriera. Debía ser normal pensar en eso más que en cualquier otra cosa y preocuparse por ello.

Koudai y Otoha no tenían una mala relación, pero no eran hermanos especialmente cercanos.

Quizás en estos últimos tres días, no consiguió terminar de distinguir entre ficción y realidad. Debido a las cosas extraordinarias que seguían sucediendo una tras otra, cosas que estaban lejos del sentido común, no podía terminar de asimilar lo que significaba que un oso se hubiera apoderado de la escuela donde estaba su hermana.

Era como estar dentro de un videojuego.

«Ja, ya veo. Por eso Atsuki está tan emocionado. Debe sentirse como si fuera el protagonista de un juego.»

Koudai había llegado hasta aquí arrastrado por él. Ahora, se dirigían a un cibercafé donde parecía haber pistas para encontrar al culpable.

Sin embargo, esto ya no era un problema ajeno. Su familia estaba involucrada.

Tenía que encontrar a la persona que había provocado esta situación y averiguar cómo eliminar ese «muro invisible».

Sólo así podría salvar a su hermana.

«… Tengo que espabilar.»

Por poco realista que fuera, éste no era el mundo de un videojuego.

Tras un tiempo, llegó al aparcamiento. Atsuki ya debía de haber llegado al cibercafé. No era un lugar lejano. Koudai podía llegar rápido en coche.

Cuando Koudai estaba a punto de entrar en el coche de la empresa e introducir la llave, de repente le apareció una duda.

… Su padre le había dicho que el seguro de la pistola dejó de funcionar correctamente. Suponía que ése era uno de los fenómenos extraños de la ciudad. Entonces, si hasta eso dejaba de funcionar, ¿no le ocurriría lo mismo al coche?

Hasta este momento, el motor siempre había arrancando con normalidad y pudo moverse. Sin embargo, no había garantías de que siguiera siendo así.

El cable que había terminado por atar para fijar la ventana de su casa había estado haciendo su trabajo correctamente hasta ayer, pero esta mañana apareció cortada.

El muro que había rodeado sólo el exterior de la ciudad, aparecía ahora alrededor del perímetro del instituto.

Con el paso del tiempo, la anomalía fue invadiendo más y más la ciudad.

La sensación de que lo que hoy se considera de sentido común no tiene por qué serlo mañana le abrazaba.

Quizá incluso ahora, en este preciso momento…

Koudai introdujo la llave en el coche e intentó arrancar el motor.

… Sin embargo, el coche permaneció en silencio.

Volvió a girar la llave.

Dos veces, tres veces… Finalmente, Koudai se rindió y tiró la llave en el asiento del copiloto.

«Espero que sea sólo este coche…»

Las preocupaciones de Koudai resultaron ser ciertas.

—Sin duda, la anomalía estaba progresando.

Nivel 3 – Escena 5

Koudai y su padre estaban sentados en una mesa de un cibercafé cercano, justo al lado del instituto Tsuruki.

—¿Está bien que el detective jefe esté lejos de la escena del crimen?—dijo Koudai a su padre mientras sorbía café.

—He dejado el mando de la escena a mis subordinados… Además, no hay nada que podamos hacer en nuestra situación actual —respondió su padre mientras agarraba fuertemente su taza de café con ambas manos.

—¿Qué quieres decir?

—… La ciudad ha sido acordonada por la policía.

—Ah, ¿por el muro transparente?

—¿Cómo sabes eso? —Su padre parecía sorprendido.

—Oh… bueno, lo supuse —vaciló Koudai. No debía mencionar que se lo había dicho Mika, por su seguridad. La policía no parecía mantener en secreto la información sobre el muro transparente en ese momento, pero probablemente aún no les habían dado instrucciones sobre qué hacer.

—Bueno, no importa. La cosa es que un muro invisible como ese ha rodeado el instituto.

—¿Qué? ¿Desde cuándo?

—Desde hace poco. En el momento en que escapó hacia la escuela, apareció el muro.

—¿Te refieres a ese tipo, el que se escapó de los calabozos?

—No, ese fue asesinado por el otro que digo.

«… Espera. ¿el Saruta ese fue asesinado?

¿Hay más asesinos en la ciudad ?»

—¿Y quién es esa otra persona de la que hablas? —le preguntó a su padre, con su tono teñido en ligera ira.

Probablemente era la primera vez en mucho tiempo que se enfrentaba a su padre con tanta contundencia. Su padre suspiró antes de responder.

—Koudai… Para ser honesto, estoy confundido acerca de muchas cosas. La ciudad es un caos ahora mismo. Ni siquiera debería hablarte de estas cosas.

Koudai podía decir que su padre rara vez hablaba de trabajo en casa. Era una persona callada por naturaleza, y Koudai nunca había sentido la necesidad de discutir con él sobre su trabajo como detective. Y su hermana no parecía interesada en el trabajo de su padre en absoluto.

—Trabajas para una empresa de seguridad. Ya deberías saber lo anormal que es la situación en la ciudad, ¿no?

—¿Realmente importa dónde trabajo? Si todas las cerraduras dejan de funcionar de repente, cualquiera se da cuenta de que algo no va bien.

—Bueno, supongo que entonces es un milagro que la ciudad no haya ardido aún.

—Los japoneses tendemos a seguir las reglas incluso durante desastres.

—Cierto. Pero me temo que quien se ha infiltrado en el instituto no es capaz de seguir ninguna norma.

—Entonces, es bastante peligroso, ¿no?

Los dos estaban sentados junto a la ventana, con una vista despejada del edificio del instituto Tsuruki. Durante un rato, el padre estuvo mirando en esa dirección y dudó de contiuar la conversación.

—Dímelo, papá. —Koudai apremió a su padre.

—No puedo decir más…

—¿Es tan confidencial? Mira, yo ya sé mucho, ya no hay problemas si me lo dices.

—…

—Otoha está ahí dentro, ¿verdad? —Otoha es el nombre de la hermana de Koudai—. Si nuestra familia está en peligro, quiero saberlo todo sobre la persona que está causando ese peligro.

—De acuerdo. Pero no debes hablar de ello con nadie más. —El padre se apartó de la ventana y miró a Koudai mientras hablaba.

—… Es un oso.

—¿Eh?

—Es el oso lunar que se escapó del zoo. Mató a Saruta, y antes de eso a Shihogi Kanoe… y ahora está atrincherado en el instituto.

—No puede ser.

Koudai estaba completamente desconcertado. Él ya sabía que las amenazas más directas en la ciudad ahora mismo eran los animales que se escaparon, pero el hecho de que un oso hubiera matado a gente era un acontecimiento extraordinario que le producía escalofríos. Y además ese oso estaba ahora dentro de la escuela donde se encontraba su hermana.

Nadie puede entrar en la escuela para ayudar. Ni siquiera su padre, un oficial de policía.

… Koudai se dio cuenta de que su respiración se había vuelto agitada.

Pero no podía permitirse perder la calma ahora.

Primero, necesitaba comprender bien la situación.

Koudai respiró hondo y reanudó el interrogatorio a su padre.

—Shihogi Kanoe… Entonces fue el oso quien le mató… ¿Cuándo lo supiste?

—Lo supe al momento. Cualquiera en la división de investigación podía decir mirando el cuerpo que no fue asesinado por manos humanas. De hecho, era bastante fácil sospechar del oso que escapó del zoo. Sólo los implicados en la investigación y los rangos superiores de la comisaría saben de esto.

—¿Por qué no revelasteis esa información? ¡Es horrible que nadie sepa que el oso que se escapó anda matando a gente! —Koudai alzó la voz. Le irritaba saber que por eso ahora su hermana estaba en peligro.

—¿Qué sentido tiene hacerlo público? La huida del animal y la llamada a no salir de casa ya se han difundido en la ciudad y no hay forma de que la gente se proteja del oso, ahora que las puertas ni siquiera cierran.

—…

—Sólo causaría más caos. Por eso estamos ocultando la información. Por suerte, aquí no hay medios de comunicación que puedan revelar nada. Y aunque los hubiera, se ha detenido la distribución de periódicos y revistas.

Mientras su padre hablaba, éste golpeaba repetidamente con el dedo índice la taza de café vacía, costumbre que tenía cuando empezaba a perder la paciencia.


—… ¿Realmente eso te parece correcto?

—… Bueno, más o menos.

Su padre probablemente sólo estaba siguiendo la decisión de la alta dirección. Pero además de su preocupación por su hermana, probablemente se lo estaba contando todo a Koudai porque no estaba satisfecho con la orden.

Siempre había sido así. A pesar de su apariencia digna, era un padre que daba algo de pena. Rara vez ocurría, pero cuando discutía con su mujer, iba a la habitación de Koudai y se quejaba sin parar. En aquella época, Koudai no se involucraba demasiado en lo que le decía, pero mirando ahora hacia atrás, puede que su padre realmente necesitara quien le escuchara.

Probablemente sólo quería que alguien escuchara sus verdaderos sentimientos.

—¿Cómo sabéis que el oso volvió a la escuela?

—… Recibimos un informe de que Saruta estaba cerca de la escuela. Mi subordinado y yo estábamos buscando cerca, e inmediatamente corrimos hacia allí. Para entonces, Saruta ya estaba muerto. O, para ser precisos…

El padre hizo una pausa antes de volver a hablar.

—… ¿Se lo estaba comiendo?

—… Sí. Con un oso como oponente, no hay mucho que pudiéramos hacer nosotros dos solos, así que pedimos refuerzos, pero mientras tanto, el oso se escapó.

—¿Fue entonces cuando el oso entró en la escuela?

—No. El oso deambuló por el patio durante un rato. Cuando llegó el equipo con las pistolas tranquilizantes, el oso apareció por la puerta oeste. Por supuesto, inmediatamente rodeamos al oso, y entonces…

—¿Le disparasteis?

Sin embargo, su padre negó con la cabeza.

—No le disparamos. No, para ser precisos, no pudimos dispararle.

—¿Por qué no?

—El arma estaba rota. No sólo la pistola tranquilizante, sino todas las pistolas que teníamos estaban rotas.

—¿Eh? ¿No les disteis mantenimiento? Eso es-.

Mientras hablaba, Koudai se dio cuenta de algo.

Lo miraras por donde lo miraras, no era normal que todas las armas estuvieran rotas a la misma vez. Al menos no en una situación “normal”. Pero ahora, la ciudad se encontraba en ante una realidad extraña.

—En concretos, ¿qué no funcionaba? —dijo Koudai.

—El seguro del arma. Por alguna razón, todas las armas tenían el mecanismo de seguridad atascado y no se liberaban.

—El mecanismo de seguridad es como una “cerradura” que evita que las armas se disparen accidentalmente, ¿no?

—Se podría decir que sí.

Usando las palabras de ese infame correo electrónico, el concepto de las “cerraduras” en esta ciudad se había invertido. Las puertas que estaban cerradas siempre está abiertas, y los lugares que estaban abiertos ahora están cerrados.

Así es, este concepto no sólo se aplicaba a las puertas y ventanas. Al menos, nadie dijo que eso fuera así.

—El oso aprovechó la oportunidad mientras intentabamos entender qué ocurría y entró en la escuela. El “muro invisible” impidió que la policía lo persiguiera. Apareció de repente y cubrió la escuela justo después de que el oso entrara en el edificio. —Continuó su padre.

—… ¿Podría ser que el oso creara ese muro?

—No lo sé. Lo que sí sé es que la policía no puede hacer nada al respecto. Ni siquiera sabemos qué está pasando ahora dentro de la escuela. Sería natural pensar que los alumnos y profesores de dentro se dieron cuenta de que el oso había entrado. … No sería extraño que al menos una persona saliera al patio.

—Sí…

La situación era peor de lo que Koudai había previsto. Sintió que habría sido más tranquilizador si quién entró fuera un criminal humano. En ese caso, existía la posibilidad de que mantuviera con vida a los estudiantes como rehenes. Sin embargo, como había dicho su padre, era imposible que el oso tuviera tanto sentido común.

—De todos modos, ahí está esa pared transparente. Tenemos que averiguar cómo romperla o deshacernos de ella… Si no lo hacemos, Otoha… —dijo su padre, con la cabeza gacha.

Nivel 3 – Escena 4

¡Uf, de la que me he salvado! —dijo aliviado Atsuki, que estaba sentado en el asiento del copiloto, estirándose ligeramente—. Gracias a ti, no he tenido que volver en bicicleta hasta mi casa.

Atsuki no tiene carné de conducir, así que normalmente se desplaza en tren, pero el tren estaba parado debido a una inspección en toda la ciudad, así que desde anteayer iba al trabajo en bicicleta.

Por cierto, Koudai se desplazaba en scooter, pero su scooter se había quedado en el aparcamiento de la empresa, y ahora se dirigía a casa de Atsuki en el coche de la empresa.

—Así que sólo querías usarme como medio de transporte, ¿eh?

Koudai ya empezaba a arrepentirse de haberse dejado llevar por las emociones de Atsuki.

—Bueno, no te enfades. Quiero ir a otro sitio después de llegar a mi casa, e ir hasta allí en bici sería un calvario.

—… Bueno. De todas formas, me enseñarás algo interesante cuando lleguemos a tu casa, ¿verdad?

—Sí. Mi sistema secreto.

—¿Cuál es ese “sistema” del que hablas?

—Creo que ni tú lo entenderías si te lo explicara, así que vamos a saltarnos esa parte. De todas formas, puede hacer cosas que no se pueden en un PC de la empresa… Oh, gira a la derecha en esa esquina de ahí. —Koudai giró el volante como le habían indicado—. Ese de ahí es mi edificio de apartamentos.

Atsuki señaló un edificio marrón rojizo que se veía a su izquierda.

—Vives en un sitio muy bonito, ¿sabes?

Probablemente tenía unos diez pisos de altura, y era un apartamento de aspecto bastante caro, con una sensación de lujo.

—Supongo que sí.

—¿Dónde aparco el coche?

—El aparcamiento del apartamento está lleno, así que tendremos que aparcar en ese aparcamiento que funciona con monedas… No te importa pagar, ¿verdad?

—Claro que no…

Aparcaron el coche en el aparcamiento y llegaron juntos a la habitación 802, la de Atsuki.

Atsuki abrió la puerta.

Por supuesto, no estaba cerrada.

—Entra, por favor.

Incitado por Atsuki, Koudai también entró en la habitación.

Koudai sintió que estaba un poco desordenada.

Había un montón de cosas. Videoconsolas, software en DVDs, figuras y máquinas que Koudai no entendía qué eran.

«Parece la típica habitación de un otaku.»

Ignorando la mirada de Koudai, Atsuki se dirigió directamente al PC del escritorio, lo encendió y, tras juguetear un rato con el teclado y el ratón, se volvió hacia Koudai.

—Estaba buscando al remitente de ese correo electrónico desde aquí. Parece que no sólo la seguridad física, sino también la seguridad en línea está ahora completamente rota. Fue sorprendentemente fácil de encontrar.

En el monitor aparecía un mapa con un círculo rojo y la dirección de un lugar determinado.

—Parece un cibercafé. Si el mensaje fue enviado desde aquí, el culpable podría ser solo un individuo —comentó Atsuki.

—Espera un momento. Sabía que se te daban bien los ordenadores, ¿pero de verdad puedes hacer esto? —exclamó Koudai.

—Bueno, no podía hacerlo en el trabajo, así que tuve que organizarme desde aquí. Accedí al sistema de la empresa y rastreé la ruta del correo electrónico —explicó.

—Oye, ¿eso no es como hackear el sistema de la empresa o algo así?

—Bueno, quería averiguar la causa del mal funcionamiento del sistema de la empresa desde mi casa. Esto es sólo algo que hice mientras estaba en ello —respondió tranquilamente Atsuki.

Sin embargo, si la empresa se enteraba, se metería en un buen lío.

—¿Por qué has hecho algo así?

—Es sólo un hobby —respondió—. Me interesa el hacking desde mi época de estudiante. Es divertido espiar los secretos de los demás. Pensé que podría utilizar esa habilidad cuando me incorporara a la empresa. Aunque bueno, eso no pasó.

—¿Querías trabajar en el departamento de sistemas? —preguntó Koudai.

—Sí, pero por desgracia no lo conseguí.

Tal vez los superiores, que eran de cabeza dura, no reconocieron su talento, o tal vez le vieron como un peligro y no le dejaron involucrarse en el sistema.

—¿No podrías haber entrado en una empresa especializada en ese tipo de cosas?

—Tengo antecedentes penales. A las grandes empresas les preocupa mucho ese tipo de cosas —respondió Atsuki. Sonaba como si estuviera diciendo que su empresa no fuera una de las mejores, aunque en parte tenía razón—. Estaba en la misma situación que tú. No podría haber conseguido el trabajo si no fuera por unos contactos.

Quizá él también tenía contactos en la empresa a través de sus padres. Aunque era interesante, no era eso lo que le preocupaba a Koudai.

—Has dicho que tienes antecedentes penales. ¿Te detuvieron por piratear? —preguntó Koudai.

—Sí, en ese entonces era menor de edad, así que mi nombre no salió en las noticias. Pero yo no lo hice. Me tendió una trampa otra persona. La incompetente policía no se dio cuenta, sólo querían acabar rápido con el caso culpándome a mí.

«Atrapado por error en un crimen que no cometió… Si lo que dice Atsuki es cierto, tal vez la razón por la que no confía en la policía es esa.»

—Bueno, olvidémonos de mí. —Atsuki volvió a mirar el monitor—. Vayamos a este cibercafé a ver si encontramos alguna pista».

—… Vale.

Koudai le siguió. Había muchas cosas que quería decir o preguntar, pero no se atrevía a hacerlo allí. También estaba algo desconcertado por el sorprendente pasado de su colega… y, por alguna razón, sintió deseos de salir de aquella habitación.

Parecía que las emociones negativas de Kayama Atsuki llenaban la habitación.

Partieron hacia el cibercafé en coche, utilizando un mapa que habían impreso.

Por el camino, Koudai le preguntó a Atsuki:

—¿Por qué me lo has dicho?

—¿Lo del hackeo? Pensé que no podría explicar por qué encontré la fuente del correo electrónico sin revelar eso.

—Eso no. Sobre tus antecedentes penales.

—Bueno, ¿por qué crees? —Atsuki respondió inexpresivamente mientras se apoyaba en la ventanilla del coche—. Probablemente porque pensé que no habría problema si te lo decía. Confío en ti. Creo.

—¿Se supone que eso es un cumplido?

—Supongo que sí.

Aunque trabajaban en puestos contiguos en la empresa, no estaban exactamente tan cerca como para pasar el rato juntos en privado.

Sinceramente, Koudai no entendía por qué Atsuki se abría tanto a él, y se sentía un poco incómodo.

—Además, ya sabes —dijo Atsuki con una sonrisa—. Ahora que conoces mi secreto, no puedes echarte atrás en este caso, Takahagi-san. Si lo haces, revelaré tu secreto a la empresa.

—¿Secreto? ¿Qué secreto? —Koudai no tenía ni idea de lo que estaba hablando.

—Precisamente por eso es un secreto. Pero recuerda que es fácil para mí extraer tu información personal de la base de datos de la empresa.

Sonaba a farol, pero llegados a este punto, Koudai no tenía intención de echarse atrás. Con las habilidades de Atsuki, podrían dar con el paradero del culpable.

A Koudai le interesaba saber quién podía causar semejante fenómeno.

—Ah. —Atsuki, que había estado mirando por la ventana, pareció darse cuenta de algo—. La escuela donde ocurrió el asesinato, ¿no está por allí?

El instituto Tsuruki. También es el lugar al que asiste la hermana pequeña de Koudai.

—Parece que se está formando una multitud. ¿Vamos a ver? Tal vez atraparon al fugado.

Efectivamente, frente a la escuela, además de un grupo de curiosos, había también varios coches de policía aparcados.

Preocupado por su hermana, Koudai también sintió curiosidad y se acercó. Encontraron un aparcamiento un poco más lejos y aparcaron allí el coche.

Al acercarse a la escuela y ponerse al lado de los curiosos, alguien les paró por detrás.

—¡No os acerquéis más a la escuela! Es peligroso.

Era una voz familiar.

Al darse la vuelta, vio s Mika.

—Oh, Takahagi-kun… Parece que últimamente nos vemos muy a menudo.

—Aunque esta es sólo la segunda vez… Entonces, ¿qué está pasando, Mika? Qué quieres decir con que el instituto es peligroso?

Mika parecía un poco preocupada y frunció el ceño, luego miró hacia atrás.

—No puedo contarte ningún secreto de la investigación si no estás involucrado.

—No soy una persona ajena. Mi hermana asiste a este instituto.

—¡¿Qué…?!

Al ver la expresión claramente perturbada de Mika, Koudai se dio cuenta de que la situación era peor de lo que pensaba.

—¡Dime, Mika! ¡¿Qué está pasando en el instituto?!

—…

Koudai presionó a Mika para que respondiera, pero ella no dijo nada, manteniendo la cara gacha.

Justo entonces, una nueva figura apareció y caminó hacia ellos.

—Eh, ¿Koudai? ¿Qué haces aquí?

El señor miró la cara de Koudai y mostró una expresión de sorpresa.

Koudai también le reconoció.

Había pasado mucho tiempo desde la última vez que se vieron.

—¿Papá…?

Nivel 3 – Escena 3

Koudai llegó al trabajo mucho antes de lo habitual, pero, en verdad, no había nada que tuviera que hacer hoy.

El número de llamadas había disminuido considerablemente en comparación con la etapa inicial. Quizá todo el mundo había empezado a darse cuenta de que ya no tenía sentido quejarse.

No se trataba sólo de un problema de su empresa, sino de un problema que afectaba a toda la ciudad.

Ya que no había necesidad de gestionar quejas ahora, y puesto que ningún sistema de seguridad funcionaba, apenas había nada que Koudai, un oficinista, pudiera hacer. Como mucho, sólo podía organizar documentos.

Mientras deambulaba sin rumbo delante del archivador, Atsuki se le acercó con una sonrisa burlona.

—Eeeyy~, Takahagi.

—¿Qué? ¿Ahora te vas a poner sarcástico como el jefe?

—No estoy siendo sarcástico. Yo también estoy aburrido. El jefe se ha ido por un tiempo, así que no hay nadie para darnos instrucciones.

—¿Se ha ido el jefe?

Ahora que lo pensaba, Nakazawa había estado al teléfono toda la mañana, pero no se le había visto desde hacía un rato.

—Seguro que el jefe está ocupándose de muchas cosas… De todos modos, tengo una propuesta. —Atsuki se apoyó en el archivador y dijo—: ¿Por qué no vamos juntos a buscar al culpable?

—¿El culpable? ¿Del asesinato, dices?

—Eso se lo dejaré a la policía. Tratar con un criminal tan peligroso no es ninguna broma. De lo que estoy hablando es del culpable que causó que todo este pueblo quedara aislado del mundo exterior.

—¿No podemos dejarle eso también a la policía?

Pero Atsuki levantó el dedo índice y lo movió, negando en el aire.

Era un gesto pretencioso, si bien encajaba con la imagen de playboy de Atsuki.

—Tenemos información sobre el culpable que la policía no tiene.

—¿Te refieres al correo electrónico?

—Bingo.

—Pero incluso con eso, no hay mucho que podamos hacer, ¿verdad?

—Sólo ese email revela mucha información. Por un lado, el segundo email fue enviado ayer, después de que la ciudad quedara aislada del mundo exterior. Eso significa que el remitente envió el correo desde algún lugar dentro de la misma.

Eso era obvio incluso para Koudai. Pero en esta ciudad había muchos lugares desde los que se podía enviar un correo electrónico. No sería fácil localizar al culpable sólo con eso.

Cuando Koudai señaló eso, Atsuki se levantó y se dirigió a su propio escritorio. Luego, mientras golpeaba el teclado con la mano izquierda, hizo una seña con la derecha.

—Dejemos ese asunto a un lado por ahora. Lo otro importante es el primer correo electrónico que se envió —dijo Atsuki.

Koudai se acercó al asiento de Atsuki.

—Pero ese email ya había sido borrado.

—Eso es una nimiedad. Mira esto. —Atsuki señaló al monitor.

Allí, el texto del primer correo electrónico se mostraba tal cual.

—Si es sólo recuperación de datos, es pan comido.

—Vaya, eres impresionante.

Volvieron a leer el email.

«Si cierras tu propia puerta, la abriré por la fuerza. Es muy fácil. Todo lo que tengo que hacer es invertir un único -concepto-. A partir del 7 de julio y durante una semana, en el aniversario de dos personas, eso ocurrirá.

De M»


—La inversión del “concepto” representa precisamente esta situación. La seguridad que debería haber impedido la entrada de intrusos ya no funciona, y esta ciudad, que debería haber sido un lugar abierto al mundo exterior, ahora está completamente aislada. La frase «abrir la puerta a la fuerza» también coincide con esto —explicó Atsuki con cierto orgullo

Parecía que este correo electrónico había sido enviado para advertirles con antelación de esta situación.

Sin embargo, les hubiera gustado que estuviera escrito con más claridad.

—Dice que “a partir del 7 de julio y durante una semana, eso ocurrirá”, así que quizá este caos se resuelva en cuatro días. O podría empeorar aún más. Si es así, ¡tenemos que identificar al culpable y detener su ambición antes de que sea demasiado tarde! —continuó con entusiasmo, mientras Koudai escuchaba medio asombrado.

—Antes de eso, Kayama-kun, hay algunas cosas que quiero aclarar —dijo Koudai.

—Claro, ¿cómo qué?

—¿Por qué nos envió el culpable este correo electrónico?

—No lo sé.

—Entonces, ¿cómo provocó el culpable esta situación en primer lugar?

—… Tampoco lo sé.

—¿Por qué pusieron el período de una semana? ¿Y por qué están haciendo esto?

—Tampoco sé eso.

—¿Entonces qué sabes?

—Bueno, obviamente no mucho. Yo no soy el culpable, así que si quieres saber esas cosas, tienes que preguntárselo directamente a él.

—Ya… Te lo he preguntado antes, pero ¿cómo piensas dar con el paradero del culpable? Todo lo que sabemos es que están en algún lugar de la ciudad.

—Ajá… Y por eso mismo, ¿te apetece salir? —dijo Atsuki, mientras se ponía la chaqueta del traje que había colgado en el respaldo de la silla—. Venga, ve preparando el coche, Takahagi.

—Un momento, ¿adónde vamos?

—A mi casa.

—Así que, tú eras el culpable después de todo.

—Déjate las bromas, anda. Si vienes, lo entenderás.

Atsuki parecía ansioso por buscar al culpable, pero Koudai no estaba demasiado entusiasmado. Era verdad que tenía ganas de poner fin a esta situación anómala que se venía produciendo desde hacía días. No solo por el trabajo. Koudai había estado constantemente acosado por una inexplicable sensación de malestar.

Ni siquiera se sentía a gusto en casa. La cerradura de la puerta principal no giraba ni, y la cerradura de media luna de la ventana tenía todos los cierres rotos. No había piezas de repuesto en la cerrajería -o mejor dicho, el inventario de tales artículos también se había vuelto inusable-, así que la había asegurado con un cilindro metálico para evitar que la abrieran. Pero cuando lo comprobó esta mañana, había sido cortado.

Al ver esto, Koudai se asustó, pensando que alguien había entrado en su casa. Sin embargo, aparte del cilindro, no parecía haber otros daños, y ni siquiera había indicios de que hubieran movido nada.

Poco a poco, Koudai empezó a darse cuenta de que aquel fenómeno no lo causaban los humanos. Si era un dios o un demonio, o incluso si tales cosas existían, era incierto, pero algo más allá de la comprensión humana había creado esta pesadilla.

Si Koudai hubiera sido una persona religiosa, quizá habría dejado de ir a trabajar y se habría pasado el día rezando a Dios. Pero en realidad, Koudai pensó en una forma más práctica de afrontar esta situación: «No te quedes solo». Se suponía que el interior de la casa era el lugar más seguro y tranquilo, pero ahora que ya no existía el concepto de cerradura, ese concepto común se había invertido.

No había forma de mantener a los intrusos fuera de tu casa. Nunca se había ganado enemigos, pero siempre existía el riesgo de que le robaran. Aunque en todas partes daba igual que las cerraduras no funcionaran para eso, la situación actual hacía que estar en grupo en cualquier parte fuera la mejor forma de protegerse.

Así que hoy, Koudai vino a trabajar mucho antes de lo habitual, escapando de la soledad de su hogar. Normalmente, sin duda habría sido de los últimos en llegar, pero hoy ya había varios compañeros más en el departamento. La mayoría era gente que vivía sola, como Koudai.

Quizá todos sentían lo mismo que él.

El miedo a estar solo, que era incapaz de soportar.

… ¿Qué planeaba hacer Atsuki cuando se entrara con la persona que provocó una situación tan anormal?


¿Luchar? ¿Capturarlo?

¿Era siquiera posible hacer tal cosa?

—Quizá deberíamos dejárselo a la policía, de verdad —volvió a aconsejar Koudai a Atsuki.

Pero Atsuki negó con la cabeza.

—No creo que la policía se crea este tipo de historias.

—Yo creo que sí. La policía ha sido testigo de esta situación anormal. Ahora mismo saltarían sobre cualquier pista. Incluso podría presentarte a mi padre si quieres.

—¿No es tu padre detective en la comisaría de la ciuad?

—Está en la División de Investigación Criminal. Si se lo digo a él, debería poder tomarte más en serio que otros policías.

—¿No está la División de Investigación Criminal actualmente centrada en el caso del prófugo? Sería desafortunado darles aún más trabajo. —Atsuki sacudió la cabeza una vez más—. Solo quiero resolver la crisis de mi empresa con mis propias manos.

—No creo que seas de los que desbordan tanto sentido de la lealtad a la empresa. No me parece que seas de los que quieren contribuir a la empresa para ascender.

—Si no quieres ayudarme, no pasa nada. Lo haré yo mismo.

Tras mostrar una expresión frustrada, Atsuki salió solo de la habitación.

—Ya veo…

Koudai chasqueó la lengua y se sentó en su propio escritorio.

—Sin embargo, un minuto después, también se puso la chaqueta y salió corriendo de la oficina.

Nivel 3 – Escena 2

En la ciudad de Tsuruki, donde la seguridad ha colapsado, los más ocupados no eran otros que los policías.

El caos comenzó a estallar por toda la ciudad. Era imposible responder a todo, pues sencillamente no había manos suficientes.

Incluso Mika, que pertenecía a la sección de tráfico, no podía limitarse a solo reprimir las infracciones de aparcamiento. Siguió las sucesivas peticiones de refuerzos y recorrió la ciudad en un coche patrulla con sus colegas.

Ahora, Mika conducía en la carretera nacional. Tras mucho, tuvo un breve momento de respiro, por lo que se dirigía de vuelta a la comisaría.

Pero entonces, llegó un nuevo mensaje de radio.

—Uuh, atención a todos los coches patrulla de la ciudad, diríjanse urgentemente a la puerta principal del Instituto Tsuruki. El criminal buscado, Saruta Tsuyoshi, ha sido localizado. Al llegar, sigan las instrucciones de la División de Investigación que ya ha llegado al lugar. Repito…

Tras escuchar la radio, el compañera de Mika, el agente de policía Takatomi, que iba sentada en el asiento del copiloto, le habló con una media sonrisa.

—La que acaba de dar ese mensaje por radio es una novata. Está claro que no está acostumbrado a hablar por radio.

—El personal capacitado está en cosas más importantes.

—Como sea. Mekage, si lo han encontrado y piden refuerzos, ¿significa eso que está poniendo resistencia?

—Dijo que está en el instituto, ¿no? … Si realmente está poniendo resistencia, puede ser un problema muy grave. Vayamos.

Mika giró el volante e hizo un giro en U en el lugar. Desde donde estaban ahora, tardarían menos de diez minutos en llegar al instituto Tsuruki.

—Aun así, lo único que haremos será alejar a los curiosos, como mucho. —Takatomi se rió para sus adentros.

Mika no contestó.

—Oye, tu teléfono está sonando, Mika —le dijo Takatomi, y Mika bajó un poco la mirada. Efectivamente, su móvil personal, que estaba colocado en el salpicadero, vibraba ligeramente. Estaba en modo silencioso, por lo que no sonaba el tono de llamada, pero Takatomi parecía haberse dado cuenta del movimiento que hacía al vibrar.

—No pasa nada. Estoy de servicio.

Mika ignoró la llamada y siguió conduciendo el coche patrulla.

—En ese caso, no dejes tu teléfono personal en un sitio así. Si el jefe lo ve, regañarte será lo mínimo que te haga.

—…

Finalmente, la llamada se detuvo.

—Por cierto, Mika, ¿cambiaste la correa de tu teléfono?

Takatomi sacó el tema de improvisto.

—¿Eh?

—Antes tenías una correa con un dije en forma de oso, ¿no? Era bonito, pero no parecía algo que una mujer dura como tú tendría.

—Metete en tus asuntos.

—Oh, lo siento. No quería molestar. Pero, me refiero, fue algo que te dio tu novio, ¿no?

Bueno…

Y no me digas más, ¿a que el que te está llamando es él?

Podría ser —respondió fríamente a la pregunta de Takatomi, mirando solo a la carretera.

Mika dejó escapar un suspiro en ese momento, con la intención de indicar que la conversación debía detenerse, pero parecía que la otra persona no captaba el mensaje.

—Deberías decirle que no lo hiciera en horario laboral.

—…

—Si te descubrieran seguramente te echarían del trabajo mal en el trabajo. Además, es muy probable que esté casado, y si un día…

Takatomi no paraba de hablar. Mika decidió ignorar sus palabras.

Pronto estarían en la escena del incidente, y con ello esta molesta conversación terminaría.

«Todo lo que hago es por mi propia voluntad. Nadie tiene derecho a decirme lo que debo hacer.»

Después de un rato, el instituto apareció a la vista.

—Ya casi hemos llegado. —Mika le dijo esto a Takatomi, que seguía hablando.

—Parece que sí… vaya, hay más mirones de lo que pensaba.

Como dijo Takatomi, había una multitud considerable frente a las puerta del área.

Pero parecía que no todos eran simples mirones.

Los detectives de la División de Investigación Criminal, los refuerzos que llegaron antes, y…

—Eh, ¿y eso? Hay alguien con un rifle de caza o algo así. —Takatomi se sorprendió y alzó la voz aún más de lo habitual.

Parecía que alguien de la misma fuerza policial estaba sosteniendo un rifle de caza.

—Incluso si es un criminal peligroso, ¿no es eso demasiado?

Al escuchar la voz agitada de Takatomi, Mika detuvo el coche patrulla sin decir nada y salió de él. Takatomi la siguió.

Primero, se acercaron a los detectives de la División de Investigación Criminal a cargo de la escena para pedir instrucciones.

—Mekage Mika y Takatomi, de la División de Tráfico. Acabamos de llegar.

Mika se presentó.

—Bien. De momento, id a ayudar a los demás con los curiosos.

Como era de esperar, un joven detective de la División de Investigación Criminal -aunque mayor que Mika- dijo esto.

Mika se limitó a responder con un «De acuerdo» e intentó ir hacia la multitud.

Pero Takatomi no se movió de inmediato y le hizo esta pregunta al detective:

—Um, parece que hay un policía con un rifle de caza. ¿Y eso?

—No es un rifle de caza, es una pistola de dardos tranquilizantes. Aunque seas de la División de Tráfico, deberías ser capaz de diferenciar los tipos de armas por su aspecto.

—Ah, ¿es una pistola tranquilizante…? Si han preparado algo así, ¿significa eso que Saruta está oponiendo bastante resistencia…?

—Saruta está muerto.

—¿Qué?

De hecho, no se había mencionado el estado de Saruta en la radio.

—¿Eso significa que le han disparado hasta matarlo? —dijo Takatomi.

—… Takatomi… ¿Identifica usted eso como un cadáver baleado? —El detective dijo esto, señalando hacia las cercanías del edificio del instituto.

Había una inmensa cantidad de sangre salpicada en las paredes y el suelo, y en el centro parecía haber algo parecido a un cadáver cubierto con una sábana azul.

—No podría decirlo con tanta sabana de por medio.

—Ya veo. Pues bien, te concederé un permiso especial para echar un vistazo a lo que tapa esa sábana. Deseará que realmente hubiera muerto tiroteado. —El detective dijo esto con una sonrisa ligeramente lasciva.

Mientras Takatomi se quedaba perplejo, otro detective, más mayor, que había estado indagando cerca se acercó y puso la mano en el hombro del joven detective.

—Oye, no seas tan desagradable con los policías.

—Oh… lo siento. —El joven detective se sintió repentinamente abatido.

Dado que rara vez tenía la oportunidad de interactuar con ellos, Mika no sabía mucho acerca de los detectives de la División de Investigación. Pero ahora comprendía que aquel joven detective era el tipo de persona que le desagradaba.

El anciano detective se aclaró la garganta y se dirigió a Mika y a los demás.

—Por favor, pedid información más detallada a esos tipos de ahí.

Señaló a los policías que estaban controlando a los curiosos.

—De acuerdo —contestó de nuevo Mika y les dio la espalda a los detectives. Esta vez Takatomi le siguió obedientemente.

Justo cuando Mika estaba a punto de dar un paso adelante, se oyó un grito a lo lejos.

—¡Está allí!

Parecía provenir de la puerta oeste de la escuela.

Los policías con rifles de caza -no, pistolas anestésicas- corrieron hacia esa dirección.

—¡Vosotros evacuad a los curiosos!

El anciano detective dio instrucciones a Mika y a los demás, luego sacó su propia pistola y corrió hacia delante. Otros detectives, incluido el joven detective, siguieron su ejemplo.

—Evacuar… ¿significa eso que el culpable que mató a Saruta está por allí? —dijo Takatomi en tono indiferente.

—Así es… ¿por qué no vas con ellos?

Cuando Mika dijo esto, Takatomi negó enérgicamente con la cabeza.

—Ni hablar. No quiero verme envuelto en un tiroteo. Además, ni siquiera he traído un arma.

Puede que no fueran palabras que sonaran a lo que diría un agente de policía, pero era algo raro. Takatomi y Mika pertenecen a la sección de tráfico. Usar armas no era parte de su jurisdicción.

—Bueno, entonces, ¿hacemos nuestro trabajo o qué? Venga, vamos.

Diciendo eso, Mika caminó hacia la multitud.

En la ciudad de Tsuruki, donde la seguridad ha colapsado, los más ocupados no eran otros que los policías.

El caos comenzó a estallar por toda la ciudad. Era imposible responder a todo, pues sencillamente no había manos suficientes.

Incluso Mika, que pertenecía a la sección de tráfico, no podía limitarse a solo reprimir las infracciones de aparcamiento. Siguió las sucesivas peticiones de refuerzos y recorrió la ciudad en un coche patrulla con sus colegas.

Ahora, Mika conducía en la carretera nacional. Tras mucho, tuvo un breve momento de respiro, por lo que se dirigía de vuelta a la comisaría.

Pero entonces, llegó un nuevo mensaje de radio.

—Uuh, atención a todos los coches patrulla de la ciudad, diríjanse urgentemente a la puerta principal del Instituto Tsuruki. El criminal buscado, Saruta Tsuyoshi, ha sido localizado. Al llegar, sigan las instrucciones de la División de Investigación que ya ha llegado al lugar. Repito…

Tras escuchar la radio, la compañera de Mika, el agente de policía Takatomi, que iba sentada en el asiento del copiloto, le habló con una media sonrisa.

—La que acaba de dar ese mensaje por radio es una novata. Está claro que no está acostumbrado a hablar por radio.

—El personal capacitado está en cosas más importantes.

—Como sea. Mekage, si lo han encontrado y piden refuerzos, ¿significa eso que está poniendo resistencia?

—Dijo que está en el instituto, ¿no? … Si realmente está poniendo resistencia, puede ser un problema muy grave. Vayamos.

Mika giró el volante e hizo un giro en U en el lugar. Desde donde estaban ahora, tardarían menos de diez minutos en llegar al instituto Tsuruki.

—Aun así, lo único que haremos será alejar a los curiosos, como mucho. —Takatomi se rió para sus adentros.

Mika no contestó.

—Oye, tu teléfono está sonando, Mika —le dijo Takatomi, y Mika bajó un poco la mirada. Efectivamente, su móvil personal, que estaba colocado en el salpicadero, vibraba ligeramente. Estaba en modo silencioso, por lo que no sonaba el tono de llamada, pero Takatomi parecía haberse dado cuenta del movimiento que hacía al vibrar.

—No pasa nada. Estoy de servicio.

Mika ignoró la llamada y siguió conduciendo el coche patrulla.

—En ese caso, no dejes tu teléfono personal en un sitio así. Si el jefe lo ve, regañarte será lo mínimo que te haga.

—…

Finalmente, la llamada se detuvo.

—Por cierto, Mika, ¿cambiaste la correa de tu teléfono?

Takatomi sacó el tema de improvisto.

—¿Eh?

—Antes tenías una correa con un dije en forma de oso, ¿no? Era bonito, pero no parecía algo que una mujer dura como tú tendría.

—Metete en tus asuntos.

—Oh, lo siento. No quería molestar. Pero, me refiero, fue algo que te dio tu novio, ¿no?

Bueno…

Y no me digas más, ¿a que el que te está llamando es él?

Podría ser —respondió fríamente a la pregunta de Takatomi, mirando solo a la carretera.

Mika dejó escapar un suspiro en ese momento, con la intención de indicar que la conversación debía detenerse, pero parecía que la otra persona no captaba el mensaje.

—Deberías decirle que no lo hiciera en horario laboral.

—…

—Si te descubrieran seguramente te echarían del trabajo. Además, es muy probable que esté casado, y si un día…

Takatomi no paraba de hablar. Mika decidió ignorar sus palabras.

Pronto estarían en la escena del incidente, y con ello esta molesta conversación terminaría.

«Todo lo que hago es por mi propia voluntad. Nadie tiene derecho a decirme lo que debo hacer.»

Después de un rato, el instituto apareció a la vista.

—Ya casi hemos llegado. —Mika le dijo esto a Takatomi, que seguía hablando.

—Parece que sí… vaya, hay más mirones de lo que pensaba.

Como dijo Takatomi, había una multitud considerable frente a las puerta del área.

Pero parecía que no todos eran simples mirones.

Los detectives de la División de Investigación Criminal, los refuerzos que llegaron antes, y…

—Eh, ¿y eso? Hay alguien con un rifle de caza o algo así. —Takatomi se sorprendió y alzó la voz aún más de lo habitual.

Parecía que alguien de la misma fuerza policial estaba sosteniendo un rifle de caza.

—Incluso si es un criminal peligroso, ¿no es eso demasiado?

Al escuchar la voz agitada de Takatomi, Mika detuvo el coche patrulla sin decir nada y salió de él. Takatomi la siguió.

Primero, se acercaron a los detectives de la División de Investigación Criminal a cargo de la escena para pedir instrucciones.

—Mekage Mika y Takatomi, de la División de Tráfico. Acabamos de llegar.

Mika se presentó.

—Bien. De momento, id a ayudar a los demás con los curiosos.

Como era de esperar, un joven detective de la División de Investigación Criminal -aunque mayor que Mika- dijo esto.

Mika se limitó a responder con un «De acuerdo» e intentó ir hacia la multitud.

Pero Takatomi no se movió de inmediato y le hizo esta pregunta al detective:

—Um, parece que hay un policía con un rifle de caza. ¿Y eso?

—No es un rifle de caza, es una pistola de dardos tranquilizantes. Aunque seas de la División de Tráfico, deberías ser capaz de diferenciar los tipos de armas por su aspecto.

—Ah, ¿es una pistola tranquilizante…? Si han preparado algo así, ¿significa eso que Saruta está oponiendo bastante resistencia…?

—Saruta está muerto.

—¿Qué?

De hecho, no se había mencionado el estado de Saruta en la radio.

—¿Eso significa que le han disparado hasta matarlo? —dijo Takatomi.

—… Takatomi… ¿Identifica usted eso como un cadáver baleado? —El detective dijo esto, señalando hacia las cercanías del edificio del instituto.

Había una inmensa cantidad de sangre salpicada en las paredes y el suelo, y en el centro parecía haber algo parecido a un cadáver cubierto con una sábana azul.

—No podría decirlo con tanta sabana de por medio.

—Ya veo. Pues bien, te concederé un permiso especial para echar un vistazo a lo que tapa esa sábana. Deseará que realmente hubiera muerto tiroteado. —El detective dijo esto con una sonrisa ligeramente lasciva.

Mientras Takatomi se quedaba perpleja, otro detective, más mayor, que había estado indagando cerca se acercó y puso la mano en el hombro del joven detective.

—Oye, no seas tan desagradable con los policías.

—Oh… lo siento. —El joven detective se sintió repentinamente abatido.

Dado que rara vez tenía la oportunidad de interactuar con ellos, Mika no sabía mucho acerca de los detectives de la División de Investigación. Pero ahora comprendía que aquel joven detective era el tipo de persona que le desagradaba.

El detective mayor se aclaró la garganta y se dirigió a Mika y a los demás.

—Por favor, pedid información más detallada a esos tipos de ahí.

Señaló a los policías que estaban controlando a los curiosos.

—De acuerdo —contestó de nuevo Mika y les dio la espalda a los detectives. Esta vez Takatomi la siguió obedientemente.

Justo cuando Mika estaba a punto de dar un paso adelante, se oyó un grito a lo lejos.

—¡Está allí!

Parecía provenir de la puerta oeste de la escuela.

Los policías con rifles de caza -no, pistolas anestésicas- corrieron hacia esa dirección.

—¡Vosotros evacuad a los curiosos!

El detective mayor dio instrucciones a Mika y a los demás, luego sacó su propia pistola y corrió hacia delante. Otros detectives, incluido el joven, siguieron su ejemplo.

—Evacuar… ¿significa eso que el que mató a Saruta está por allí? —dijo Takatomi en tono indiferente.

—Así es… ¿por qué no vas con ellos?

Cuando Mika dijo esto, Takatomi negó enérgicamente con la cabeza.

—Ni hablar. No quiero verme envuelta en un tiroteo. Además, ni siquiera he traído un arma.

Puede que no fueran palabras que sonaran a lo que diría un agente de policía, pero era algo raro. Takatomi y Mika pertenecen a la sección de tráfico. Usar armas no era parte de su jurisdicción.

—Bueno, entonces, ¿hacemos nuestro trabajo o qué? Venga, vamos.

Diciendo eso, Mika caminó hacia la multitud.