Capítulo 7 – Gift de la Princesa que Trajo el Sueño; Escena 1

Gift de la Princesa que Trajo el Sueño, páginas 260-268



—… Qué espectáculo tan horrible.

Elluka contempló estupefacta la ahora ciudad fantasma de Toragay.

La ciudad estaba en silencio.

Pero eso no era porque fuera de noche.

Si eligiera una casa y entrara, probablemente encontraría a los residentes acostados, en un sueño eterno.

«¿Debería llamar a esto una tragedia?

¿O debería estar agradecida de que el daño no se extendiera a otras ciudades?

… No, todavía no puedo estar con la guardia baja.»

El sexto «gift»: era posible que todavía quedaran personas infectadas con él.

Si uno solo de ellos hubiera logrado sobrevivir, y podido escabullirse de la policía y dejar Toragay…

Entonces, el número de víctimas se expandiría una vez más.

Hasta que toda la humanidad se durmiera.

—-Tos-

Elluka puso su mano sobre su flanco, donde aún persistía algo de dolor.

– “Sexto, Venom”. Después de haber sido apuñalada por él, Gumillia llevó a Elluka a un hospital en Aceid. La herida había sido tan grave que si el cochero no hubiera estado empujando a los caballos tan rápido como pudo, probablemente ella no hubiera logrado sobrevivir.

¿Debería estar agradecida de que le hubieran salvado la vida?

¿O sentir la desesperación de que no pudieran encontrar un medio para salvar a Toragay gracias a todo el tiempo que le tomó recuperarse de su herida?


—Lamento haberte hecho esperar. —Gumillia se acercó al lado de Elluka.

—Lo has hecho bien. ¿Entonces, cómo está?

Gumillia había estado investigando en lugar de Elluka, ya que todavía no podía moverse lo suficiente.

—Bueno… Busqué, la mansión de Sombra de nuevo, pero parece que la «muñeca» no estaba adentro, después de todo. No sé si se la quitaron o si no estaba allí en primer lugar…

Todavía no habían encontrado la prueba de que Margarita había hecho un contrato con un «demonio», la «muñeca» que era un Contenedor del Pecado Capital. Ella había asumido que estaba escondida en la mansión de Sombra, pero parece que había estado fuera de lugar.

—Además- —Gumillia continuó con su informe—. El cadáver de Margarita, también ha desaparecido.

—… Tal vez «Sexto, Venom» se lo llevó.

Las habían golpeado.

Elluka y su aprendiz habían perdido.

Contra Père Noël.

Contra su líder, «Primera, Santa Claus», la hechicera del gato rojo.

Y contra la Princesa del Sueño.

Pero no tenía ninguna intención de dejar que terminara ahí.

Podían haber perdido todas sus pistas, pero tenían que buscar a sus enemigos, sin importar qué.

«–No, supongo que no hemos perdido todas nuestras pistas.»

Estaba Bruno. Él estaba relacionado con Père Noël.

Pero para acercarse a él directamente tendrían que pasar a la ofensiva tanto contra la Policía Mundial como contra la propia Fundación Freezis.

«Tenemos muchos preparativos que hacer.»

Necesitaban cruzar este punto de inflexión en sus vidas y comenzar a dirigirse hacia el final.

Aun así, no, por eso incluso, no podían permitirse el lujo de quedarse paradas.

—Gracias, Gumillia. Bueno, entonces vamos a…

—Espere. Una cosa más.

—¿Qué es?

—»Julia Abelard».

—… Ese es el nombre que estaba usando Sombra. ¿Qué ocurre con eso?

—Hay otra mujer, con el mismo nombre. Una noble, en Lucifenia.

—-¿Qué?

Sombra lo había dicho.

Que ella no era la «Hechicera del Gato Rojo», «Primera, Santa Claus», o – «Julia Abelard».

Si existía una verdadera «Julia Abelard», seguramente esa mujer tenía que ser…

—Entiendo, Gumillia. En cualquier caso, tenemos que investigar más profundamente esto… «Père Noël». Entonces, nuestro próximo destino ha sido decidido.

—…

—Vamos, a Lucifenia.

—Sí, Elluka.


—¡Esperad!

Alguien llamó a Elluka y Gumillia, deteniéndolas cuando empezaron a salir de la ciudad.

Era el cochero de antes. Aunque lo habían detenido muchas veces, al final las había acompañado a la fuerza a laa dos hasta ahí.

En el momento en que entraron en Toragay, se dirigió a su casa. Y ahora había vuelto con ellas.

—… ¿Qué pasa?

Sin embargo, podía adivinar la respuesta. Como estaban las cosas, entonces seguramente su madre…

—No es… no está en ninguna parte.

—-¿Eh?

—No estaba en la casa, y busqué cerca, pero el cadáver de mi madre no está en ninguna parte. No, no solo mamá, también los cadáveres de otras personas. Parece que hay muchos menos de los que pensé que habría. Hay varias personas que conozco que no pude encontrar…

… ¿Qué significa eso?

«Será que-»

—Espera un momento… escuché, algo —dijo Gumillia, llevándose una mano a la oreja y escuchando.

Elluka también se esforzó por oírlo.

–Había algo.

Aunque era muy débil.

Pero de alguna parte venía una voz.

—De esa lugar.

Gumillia señaló en cierta dirección.

El edificio que estaba allí…

—Vayamos… a la mansión de Blankenheim.


La cerradura estaba rota.

Cuando los tres entraron, pudieron escuchar más claramente la voz tranquila de antes.

—… Viene del sótano.

Elluka, el cochero y Gumillia se dirigieron rápidamente hacia las escaleras y descendieron.

La voz gradualmente se hizo más fuerte. No era solo una persona. Muchas voces resonaban desde abajo.

Y cuando llegó hasta allí y abrió la puerta, lo que vio Elluka fue…

—-¡Oye, apareció alguien!

—¿¡Eh, qué!? ¿Están infectados?

—No sé. Es una mujer con una túnica extraña.

—¿Quizás ha llegado el grupo de rescate?

—No lo creo. No parecen policías. Ey, ustedes, ¿quién diablos…?

A simple vista, podría haber unas cincuenta personas allí. Estos ciudadanos habían estado viviendo en ese sótano, apiñados en un espacio muy estrecho.

Evidentemente, ninguno de ellos se había quedado dormido.

–Estaban todos vivos.

—¡Oye, abre paso!

Pudo ver a alguien separando a la multitud que venía hacia ellos.

—¿Oh, qué es esto? Después de todo, eres tú. El color de tu cabello es diferente, así que no lo entendí de inmediato, pero… ¿Eres tú, Hanne?

—-! Señora Brigit–

¡Maaaaamáaaaaa!

El cochero fue el que gritó. Abrazó a Brigitta y luego se derrumbó de rodillas, llorando.

—Gracias a Dios… todavía estás viva… pensé que te habías… ido…

—Santo cielo… un hombre adulto llorando como un bebé. No hay nada más patético —dijo Brigitta, sus ojos también brillaban un poco.

—Em. Brigitta… Gracias a Dios. Pero, ¿cómo estás a salvo?

Cuando Elluka hizo su pregunta, la expresión de Brigitta se volvió un poco más oscura cuando respondió:

—No estamos a salvo. Todo el mundo ha estado bastante al borde de la muerte. Los supervivientes que se dieron cuenta de que era una plaga huyeron al sótano del edificio más grande de la ciudad, esta mansión.

Esa fue probablemente una última lucha desesperada para evitar que la infección se propagase más.

—Pero incluso aquí, varias personas han muerto. Teníamos personas que ya habían contraído la enfermedad con nosotros. … Durante un tiempo, todos nos preparamos para morir aquí.

—Pero todos aquí todavía están vivos.

—Eso es gracias a él —dijo Brigitta, y señaló hacia el sótano.

De pie allí había otra figura que era familiar tanto para Elluka como para Gumillia.

—Señor Egmont…

El dueño de la farmacia La Bula. Cuando Elluka lo llamó, pareció darse cuenta de quiénes eran y se acercó tranquilamente.

—Oye, oye, ¿qué pasa con ese atuendo espeluznante? –Incluido esa oficial de allí.

—Bueno, pasaron cosas… ¿Eres tú quien salvó a todos aquí?

—Solo por casualidad. Como última lucha, comencé a probar aleatoriamente todos los medicamentos de mi tienda. Y luego, descubrí una droga que parecía tener efecto.

—Y… ¿qué droga es esa?

—Esta, aunque no queda mucha.

Egmont sacó una pequeña botella llena de un líquido blanco.

—… Me estás tomando el pelo, eso es…

—En efecto. La droga que me compraste esa vez. ¿Quién hubiera pensado que un simple tónico energético tendría tal efecto sobre un patógeno? Me quedé atónito.

Ella también. Una medicina que pudiera curar una enfermedad provocada por la calamidad de un “demonio”. ¿Qué demonios había en esa sustancia?

–Puerick Rogzé, que había desarrollado el antídoto que curó la Enfermedad Gula… él también era una persona normal.

Quizás, después de todo, no necesitaban «hechiceras» para vencer a los «demonios». El propio ingenio humano fue lo más importante para evitar la tragedia.

«–Quizá de verdad sea hora de que me retire,

Teniendo todo eso en cuenta.»

Mientras se sentía aliviada de que hubiera sobrevivientes, Elluka se enfureció rápidamente por algo más.

«¿¡Cómo que “Toragay en ruinas”!? La Policía Mundial y el Periódico apenas investigaron… Honestamente, hice bien en renunciar después de todo.»

En cualquier caso, encontrar a esas personas había encendido una luz tenue en el corazón de Elluka, una vez deprimido.

Ese líquido blanco… la droga que curaba el «gift»-

—Oye, esta droga… ¿De qué está hecha exactamente?

—… Ah, bueno, eso es un poco complicado.

Egmont pareció callarse ante la pregunta de Elluka.

—Dime. La amenaza de ese «gift» que representa el patógeno no ha desaparecido por completo. Tenemos que prepararnos para ello y establecer un método de fabricación.

—… No, eso es, eh… no es realmente, eh, correcto hablar de esto aquí.

—- ¿Hiciste algo turbio para conseguirla?

—N-n-n-no por supuesto que no–

—¡Dime! ¡La vida de las personas está en juego! —Elluka amenazó.

Egmont se apartó de ella.

—¡E-eso es suficiente! ¡Ya te lo diré!

—Entonces, ¿de qué está hecho?

—Hah… El ingrediente principal de esta medicina… ese sería…

Extractos de la 63ª Edición del Periódico Schuburg. 12 de Noviembre del Año 609

Gift de la Princesa que Trajo el Sueño, páginas 258



Toragay en ruinas

Respecto a la epidemia de Toragay, la Policía Mundial anunció el 8 de noviembre que todos los habitantes del pueblo estaban muertos. Se cree que el número total de víctimas supera las 300 personas.

La Fundación Freezis declaró que pronto enviaría una investigación a Toragay sobre este asunto.

Actualmente, aunque levantando el cierre de Toragay, la Policía Mundial y el gobierno de Elphegort instan a toda la nación de Elphegort a no ingresar a la ciudad propiamente dicha por ahora.

[el resto es omitido]


¿¡Diva Rin Chan, vista en Aceid!? – Desaparecida de nuevo después

Este periódico recibió múltiples informes de que la Diva Rin Chan, que había desaparecido, fue vista en la capital Aceid durante un tiempo. Sin embargo, como no ha habido informes desde entonces, la autenticidad de eso está actualmente en duda.

También en relación con Rin Chan, ha quedado claro mediante una investigación personal por parte de la oficina principal que existen sospechas de explotación salarial y abuso por parte de su tutor, el señor Ton Corpa, quien fue asesinado recientemente.

Según el ex gerente de Rin Chan, Sr. N/A (nombre real no revelado):

[el resto es omitido]


* Debido a las circunstancias, se canceló el «Artículo sobre Kaspar Blankenheim».

Capítulo f

Gift de la Princesa que Trajo el Sueño, páginas 257



Yo soy la Princesa del Sueño.

Yo soy la Princesa del Sueño.

Yo soy la Princesa del Sueño.

Yo soy la Princesa del Sueño.

Yo soy la Princesa del Sueño.

Yo soy la Princesa del Sueño.

Yo soy la Princesa del Sueño.

Yo soy la Princesa del Sueño.

Yo soy la Princesa del Sueño.

Yo soy la Princesa del Sueño.

Yo soy la Princesa del Sueño.

Yo soy la Princesa del Sueño.

Yo soy la Princesa del Sueño.


Ven, mi príncipe.

Bésame, en ese bosque.

Capítulo 6 – La Hechicera Eterna; Escena 7

Gift de la Princesa que Trajo el Sueño, páginas 252-256



La diva Rin Chan no estaba encerrada dentro de una celda ni estaba atada con una cuerda.

Parecía que había estado viviendo allí en el sótano con normalidad. La habitación no estaba cerrada con llave, por lo que si hubiera tenido la intención de irse, presumiblemente podría haberlo hecho en cualquier momento. Pero ella no lo hizo.

Sin embargo, a pesar de las circunstancias que tuvo, no mostró signos de animosidad hacia Elluka y Gumillia, y no hizo ningún movimiento para abalanzarse sobre ellas. Entonces, aparentemente, ella no era una aliada de «Père Noël».

—¿Me van a ayudar con esto? Muchas gracias —dijo Rin Chan, expresando recatadamente su gratitud.

Lo que sorprendió a Elluka fue que su rostro se parecía mucho a otra figura histórica.

Riliane Lucifen d’Autriche… La princesa lucifeniana que se había convertido en la causa de la Revolución lucifeniana cien años antes… Rin Chan era la viva imagen de ella.

Parecía casi inevitable que cada vez que ocurría algún incidente relacionado con los «Contenedores del Pecado Capital», aparecieran personas que se parecían a figuras de su pasado. Margarita y Kaspar Blankenheim también habían tenido rostros idénticos a ciertas personas que habían vivido mucho tiempo atrás.

Kyle Marlon, Karchess Crim… Hombres de cabello azul que habían estado involucrados con la Revolución Lucifeniana y el Evento Venomania, respectivamente. Pero comenzando con Kaspar, todos habían estado relacionados con la familia real de Marlon, por lo que era posible que se debiera simplemente a la genética. Incluso si se veían demasiado similares solo para eso.

–A decir verdad, Elluka había conocido a otro hombre que se parecía a esas figuras. Estaba mucho, mucho más atrás que cualquiera de ellos… Un hombre que había vivido en el Reino Mágico. Elluka nunca lo había conocido directamente. Ella solo había visto cómo se veía en la televisión, un dispositivo que existía en el Reino Mágico.

Adam Moonlit. El hombre que había sido el encargado del primer proyecto «Ma», y también la amada de Eve Moonlit. Quizás algún día podría investigar su conexión con la línea Marlon.

Quizás Rin Chan también tuviera algún parentesco consanguíneo con Riliane. … Bueno, eso no importaba ahora. Gumillia también sabía sobre Riliane. Esa debía haber sido la razón por la que Gumillia había estado siguiendo a esa chica, que se parecía tanto a ella.

—Ven, vamos. Te enviaremos a Rolled —dijo Gumillia, tendiéndole la mano a Rin Chan.

Pero Rin Chan negó con la cabeza con una ligera vacilación.

—Um… Si no es demasiado problema, ¿podrías llevarme a otro lugar? Por varias razones, ya no quiero volver a Rolled. Ni cantar, ya que… ya he sido expuesta como sincronizadora de labios…

—¿¡Qué!?

Por primera vez, Elluka vio una expresión descarada de inquietud en el rostro de Gumillia como nunca antes había visto.

—Esto no puede ser… una sincronizadora de labios… Rin Chan es… una sincronizadora de labios… aunque… yo… creí en ella.

Ella no sabía por qué era tan importante, pero parecía ser un shock bastante considerable.

Fue una lástima para Gumillia, pero realmente no tuvieron tiempo para preocuparse por eso.

—Bueno… dejémosla cerca de Aceid por ahora. Tenemos que correr a Toragay, ¿no es así, Gumillia?

—S… sí.

Ese cochero las estaría esperando en la entrada del pueblo.

–¿Cómo deberían explicarle las cosas?

Elluka estaba absorta en pensamientos sobre qué hacer después de este punto.

Gumillia todavía estaba tratando de recuperar la compostura del impacto de que Rin Chan fuera una sincronizadora de labios.

… Debido a eso, ninguna de ellas pudo darse cuenta …

–Había otra persona escondida en esa habitación.


—… ¿Eh?

Elluka se quedó quieta. No fue capaz de comprender de inmediato lo que le había sucedido a su cuerpo.

… Una hoja larga salía por su estómago.

Una espada.

Alguien la había apuñalado por la espalda.

——Tú ~ deberías tener precaución ~ Lady Elluka Clockworker.

Ese no era Rin Chan.

Naturalmente, tampoco era Gumillia.

Pero había escuchado esa voz y esa forma de hablar antes.

—¿Por… qué est… ás aquí…?

Haciendo acopio de fuerzas, Elluka se dio la vuelta. El dueño de la espada tenía la cara cubierta con un paño, por lo que ella no podía ver cómo era.

El bibliotecario de la antigua biblioteca real: el hombre que había indicado a Elluka que fuera a Toragay.

—¡Bastardo!

Gumillia le disparó con su arma. Pero rápidamente sacó su espada del cuerpo de Elluka y atrapó el destello de luz con el lado de la hoja, enviándola a volar.

—El nombre que tengo es «Sexto, Venom», ¡y he vencido a Elluka Clockworker aquí, en la residencia de la alcaldesa de Calgaround!

Gumillia disparó el arma varias veces. Uno de los destellos rozó el rostro de Venom, rasgando la tela que lo había estado cubriendo.

Su largo cabello púrpura cayó suelto de la tela.

Venom luego dio un paso atrás y puso un pie en las escaleras.

—¡Que te vaya bien!

Y con esas palabras de despedida, corrió escaleras arriba.

Gumillia enfundó su arma y corrió al lado de Elluka.

Sangre de color rojo oscuro manaba de su flanco.

—Ghuh…

Rin Chan estaba congelada en estado de shock en la esquina de la habitación.

«Supongo que ese Venom no era solo… un cómplice.»


Elluka era inmortal, pero ciertamente no invencible.

Ella ardería si la incendiaran, y si la apuñalaban, podría morir.

Elluka cayó boca abajo en el lugar y luego se quedó quieta.

Capítulo 6 – La Hechicera Eterna; Escena 6

Gift de la Princesa que Trajo el Sueño, páginas 243-251


—… Jaah. Tal vez debería retirarme pronto, ¿eh?

Elluka estaba de mal humor. Era cierto que su aprendiz había resuelto todo, pero realmente sentía sus límites al no poder conseguir un golpe sólido ni siquiera contra la «Hechicera del Gato Rojo», sino contra una simple subordinada.

—Mira… es luna llena, esta noche —dijo Gumillia como para suavizar las cosas.

Ciertamente era cierto que el poder de una hechicera podía usarse al máximo cuando la luna estaba llena, pero Sombra y Elluka estaban en la misma posición. El verdadero poder de Gumillia era abrumador, hasta donde apenas parecía estar relacionado con la luna creciente y menguante. Habían pasado más de cien años desde que se había convertido en aprendiz de Elluka; parecía que la había cuidado bien hasta este punto, aunque apenas le había dado ningún entrenamiento.

—Quizás deberías hacer todo lo demás después de esto, Gumillia. Y dejar que esta anciana se vaya a casa a tomar una siesta, ¡hmph! —dijo Elluka, mirando deliberadamente para otro lado.

—No digas eslo… Margarita, todavía, está aquí. Debemos detenerla…

—-Así es. Como dijiste, esta noche hay luna llena. El poder del demonio también será más fuerte. … Siento que todo estará bien contigo aquí. En cualquier caso, ¡preparémonos!

Sus palabras fueron menos para animar a Gumillia que a ella misma.

Si iban a creer lo que Sombra les dijo, Margarita estaba en el segundo piso. Pero luego, a pesar de todo el caos que ellas (principalmente Gumillia) causaron en el primer piso, no había señales de que ella bajara para ver qué estaba pasando. Así que parecía que tendrían que ir a verla ellas mismas.

Elluka y Gumillia subieron con cuidado las escaleras hasta el segundo piso.


Sin lámparas, el segundo piso estaba completamente oscuro. Elluka y Gumillia avanzaban lentamente para no tropezar.

Finalmente, vieron una luz tenue. Venía de la habitación más alejada. Buscaron a tientas el pomo de la puerta y la abrieron en silencio.

Esa habitación tampoco estaba amueblada con lámparas. Solo la llama de una vela en un escritorio hizo que la silueta de una figura se mostrara.

Cabello verde en coletas. Sin duda, era Margarita. Parecía estar envuelta en algo, hasta el punto de que no las había notado entrar en la habitación. Parecía estar haciendo algo, frente al escritorio.

Tenía cortes profundos en la muñeca derecha; la sangre fluía desde allí y goteaba hasta el suelo. Por lo que parecía, eran heridas que ella misma se había hecho. Había un cuchillo manchado de sangre sobre el escritorio y una botella transparente llena de un líquido rojo al lado. A intervalos prolongados vertía el líquido dentro de la botella en un plato plano ante sus ojos. Luego vertió un líquido diferente y los mezcló con una varilla de mortero.

No era de extrañar que, por mucho que hubieran buscado Elluka y la Policía Mundial, no hubieran podido encontrar el veneno, ni en los cuerpos de la víctima ni en la mansión Blankenheim. Siempre se había preguntado dónde se había escondido, pero era un asunto trivial.

–Siempre estuvo ahí. La sangre que fluía por el cuerpo de Margarita era el ingrediente venenoso que no pudieron detectar.

Ella estaba escondiendo el veneno en su propio cuerpo. El tercer «gift» que Sombra le había traído, no sabía exactamente cómo, pero Margarita lo había asimilado y lo había convertido en su propia sangre. O quizás eso había sido hecho por el poder del “demonio” con el que ella había contraído.

Utilizando su propia sangre como base, Margarita creaba periódicamente nuevos «gifts».

¿Por qué haría ella tal cosa? –No, podía imaginarse la esencia de eso ahora.

Elluka sintió un poco de simpatía por las circunstancias en las que había sido colocada y su condición. Pero a pesar de eso, no podía perdonarla por tratar de cumplir su deseo al involucrar a personas inocentes en esto.

—Margarita.

Elluka gritó su nombre. Cuando lo hizo, Margarita finalmente dejó de trabajar, notando a sus intrusos.

—Oh… señorita Hanne.

Cuando se dio la vuelta, Margarita sonrió, sin signos de inquietud en ella. No pareció prestar atención al hecho de que el cabello y el color de ojos de Elluka eran diferentes, o que Gumillia estaba detrás de ella.

—Detén esto ya —le dijo Elluka a Margarita.

—¿Detener qué?

—Ese «guft» que estás creando. No puedes seguir haciéndolo cuando causa un desastre para tanta gente. Lo que necesitas hacer es otra cosa. No un medicamento para dormir a las personas, sino para despertarlas: el antídoto para el «gift».

Incluso si la mataban aquí, no había garantía de que arreglaría el daño a Toragay. Su última esperanza era conseguir que la mujer que lo había creado les hiciera un antídoto.

Pero Margarita negó con la cabeza, como si no entendiera lo que decía Elluka.

—¿Por qué? No necesito hacer ningún antídoto. Porque todos, todos son felices. Dentro del sueño, todos se olvidan de los dolores y los problemas de la vida. Realidad desagradable, sentimientos no correspondidos. Dentro de un sueño, todos pueden olvidarlos. Por eso lo hice. El «gift». Este medicamento para dormir. Yo soy… sí, soy la Princesa del Sueño. La que hará dormir a todos. La mujer que se convertirá en la esperanza de todos. La mujer que buscó h…

—¡Silencio!

Elluka le gritó a Margarita, interrumpiendo su discurso.

—¿¡Que felicidad!? ¡¿Qué esperanza?! Esto no es más que tu propio ego. Solo quieres dormirte a ti misma. Tal vez la «Hechicera del Gato Rojo» te hizo esto, pero, con esta medicina que hiciste para finalmente dormir, estás arrastrando a otras personas. … Tal vez no puedas darte cuenta de esto por ti misma, pero te has vuelto completamente loca. Tu espíritu ha sido devorado por tu contrato con un demonio.

—¿Un contrato con un demonio? … Otra vez hablando de eso —Margarita se rió—. No he hecho ningún contrato. Yo soy yo. Desde el momento en que nací, siempre he sido yo misma. Hay cosas que he olvidado, pero he empezado a recordar, poco a poco. Por ejemplo, cuando se trata de ti, eres Hanne Lorre. Pero no solo eso. También tienes otros nombres. Lo recuerdo. Eres «Elluka Clockworker». Y también eres «Lukana Octo».

—¿¡Qué!?

Sombra también se había dado cuenta del verdadero yo de Elluka. Así que no era extraño que Margarita supiera eso, ya que las dos eran amigas. –Pero, ¿cómo surgió el nombre de “Lukana Octo”? ¿Cómo supo Margarita sobre la mujer que era la dueña original del cuerpo actual de Elluka? Lukana ya había muerto hacía casi 450 años, entonces, ¿por qué…?

Margarita siguió hablando, indiferente a la confusión de Elluka.

—Has estado viva durante varios siglos. ¿Nunca pensaste que era doloroso? ¿Nunca pensaste que estabas cansada de todo? -Está bien. Así son los humanos. No puedo dormir. Hoy tampoco puedo dormir. Quiero volverme humana. Quiero poder dormir como un ser humano normal. Tú también quieres eso, ¿no? Entonces, bebamos juntas. Bebamos esto juntas.

Margarita movió el líquido del plato sobre el escritorio a una nueva botella de vidrio y luego trató de ofrecérselo a Elluka.

Era un líquido verde, del mismo color que su cabello.

—Lo acabo de terminar. Este es el producto final. El último «gift». Para mí, este es mi último hijo amado. Y nos concederá a ti y a mí un sueño maravilloso y placentero.

—De ninguna forma. Todavía tengo una montaña de trabajo por la que necesito estar despierta.

—Pasar toda la noche en vela no es bueno para el cuerpo, ¿verdad? Ya no eres tan joven como antes, necesitas saber cuándo dejarlo.

—Eso no es de tu incumbencia.

—Bueno, eso está bien. Si no lo vas a beber, entonces yo…

–No hubo tiempo para detenerla.

Margarita vertió el líquido dentro de la pequeña botella que sostenía en sus manos directamente en su boca.

—¡D-detente! ¡Escupe eso ahora mismo!

Margarita se derrumbó en el acto. Elluka la tomó apresuradamente en brazos.

Necesitaba a Margarita para hacer un antídoto. No había forma de hacer eso si ella moría ahí.

Golpeó la espalda de Margarita varias veces. Pero ella no escupió la droga.

—Ah, esto es… Mi hijo es tan maravilloso… Esta es una medicina muy eficaz… Hasta el punto en que podré dormir para siempre…

—¡No! No puedes… ¡No puedes irte todavía!

Desafiando los deseos de Elluka, los ojos de Margarita se apagaron progresivamente.

—Con esto… yo también finalmente… podré dormir… Ah… recuerdo… recuerdo todo… él… me espera… Iré ahora mismo… para estar a su lado… Iré… al bosq…

—¡No te vayas! ¡No duermas! –¡No te escapes! ¡Margarita!

Elluka siguió golpeando la espalda de Margarita.

Y a pesar de todo, cerró los ojos y dejó de moverse por completo.


—… Elluka. Ella ya está…

Gumillia puso una mano sobre el hombro de Elluka.

Ante eso, Elluka dejó en silencio el cadáver de Margarita en el suelo, mordiéndose el labio.

Margarita exhaló su último suspiro como si estuviera durmiendo.

Como las otras personas que había matado.

La princesa del sueño se había convertido en la princesa ensoñecida.

—…

Elluka se puso de pie y se quedó allí en silencio por un momento.

—Elluka…

—… Regresemos a Toragay, Gumillia. Todavía hay algo de esperanza. Quizás con la muerte de Margarita, el patógeno, el sexto «gift» habrá perdido su potencia. El «Gift» no es necesariamente como la Enfermedad Gula. Sombra podría haber estado fanfarroneando.

—-¿Y, si ese no es el caso?

—… Haremos lo que podamos, no tenemos otra opción. Vamos.

—Está bien… Ah, espera un segundo.

Gumillia detuvo a Elluka mientras se movía para salir de la habitación.

—¿Qué?

—Tengo que, salvar a Rin Chan también…

—… Bien, el otro asunto que estabas investigando, ella está en el sótano, ¿verdad? Muy bien, vamos a terminar con eso primero. Con rapidez.

Elluka y Gumillia bajaron al primer piso, y desde allí se dirigieron a las escaleras al sótano.