Historia del Pecado Original, páginas 229-231
Había varias razones por las que Adam había elegido esta tierra para su nuevo hogar.
Esta sección del sur del Bosque de Held estaba conectada con el Bosque de Held del norte, al que Eve había tenido tanto cariño.
Además, estaba en el territorio de Elphegort, fuera de las fronteras de Levianta.
Necesitaron salir del país para escapar de sus perseguidores.
Tal vez fuera el resultado de vivir en un lugar tan abundante en naturaleza, pero el estado de Eve parecía haber mejorado un poco.
Al principio había estado completamente impotente, permaneciendo encerrada en casa todo el tiempo, pero luego empezó a salir un poco más, y finalmente acabó volviendo a recoger setas y frutos del bosque.
Quizás todavía recordaba sus costumbres de cuando era joven.
Poco a poco, empezó a mostrar más emociones hacia el exterior.
Agradecía que empezara a sonreír, pero al mismo tiempo también rompía a llorar de repente, o se comportaba como si estuviera asustada por algo.
—¿Por qué estás tan triste?
—¿De qué tienes miedo?
Incluso si él intentaba preguntarle, ella sólo daba respuestas sin sentido.
… Pero también había momentos en los que ella decía seriamente esto:
—Nuestros hijos no están por ninguna parte.
Naturalmente, él sabía lo que significaban esas palabras.
Pero Adam no podía hacer nada al respecto.
Resucitar a sus hijos muertos no era algo de lo que él fuera capaz.
Tenían que evitar ir a cualquier lugar con mucha gente en la medida de lo posible.
Sabía que no había mucho intercambio entre Levianta y Elphegort, pero siempre había un pequeño riesgo.
Además, Eve tenía miedo de encontrarse con alguien fuera de Adam.
Había una ciudad llamada Aceid a poca distancia, pero en lugar de ir allí se las arreglaban para comerciar con la gente del bosque día tras día.
Era una vida de privaciones la que llevaban, pero sorprendentemente descubrió que eran capaces de arreglárselas.
Pensando en ello… él había llevado una vida mucho peor cuando era joven, antes de que Horus lo hubiera recogido.
Esto no era nada, comparado con aquello.
Vivirían ahí para siempre, y eventualmente encontrarían su fin ahí también.
Nunca lo hubiera imaginado cuando vivía en la capital real, con tanta ambición en su corazón.
Sin embargo, había comenzado a pensar que tal vez esto no sería tan malo.

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