Historial del Pecado Original, páginas 150-156
Pronto Eve daría a luz a sus hijos.
La habían trasladado al castillo de Alicegrad como lugar de residencia después de que hubieran pasado ocho meses desde su concepción. Allí fue puesta bajo el cuidado de médicos, comadronas y sacerdotes, y se le hizo esperar el nacimiento de los «Gemelos de Dios» mientras estaba bajo estricta seguridad.
Cuando recibió la noticia de que Eve se había puesto de parto, Adam salió corriendo del Instituto de Investigación.
Llegó al castillo en plena oscuridad, con el sol recién puesto y sin luna ni estrellas visibles, pero los guardias le impidieron entrar en la habitación de Eve.
—Nos han notificado oficialmente que no dejemos entrar a ninguna persona sin relación con ella hasta que nazcan los “Gemelos de Dios” —dijo un fornido guardia con voz grave.
Adam se indignó al oírlo.
—¿”Persona sin relación con ella”? Yo soy su…
Y ahí, recordándose a sí mismo, Adam dejó de hablar.
Públicamente, Adam no era el marido de Eve, ni su novio.
Sí… Por ahora, al menos.
Parecía que no tenía más remedio que retirarse en silencio.
Por muy estimado científico que fuera, era un novato en materia de embarazos.
Lo único que podía hacer era rezar fuera de la habitación para que el parto de Eve saliera bien.
—No se preocupe, Sir Adam —dijo el guardia acariciando el hombro de Adam con consideración—. Las comadronas y los sacerdotes están con ella. … Y además, Lady Eve tiene al mejor médico del país a su lado.
—¿Entonces está… el doctor Moreno?
—No. Él se ahogó en el río el otro día.
—¿Entonces quién?
—Es… Uh, lo siento, su nombre se me acaba de ir. Pero es un médico muy joven y hábil. Y además, tiene autorización por escrito del propio jefe del Senado. Al parecer, también es el médico de cabecera del senador Miroku.
—… Bueno, no me importa quién sea, siempre y cuando dé a luz de forma segura.
-Evidentemente, la puerta de la habitación fue abierta más tarde.
En ese momento, Adam sintió una sensación de temor.
Porque no pudo escuchar ningún llanto desde el interior de la habitación.
Además…en el momento en que vio la cara del médico que salía por esa puerta, sintió un escalofrío que le recorrió la columna vertebral.
—Seth… ¿Qué estás haciendo aquí?
—Eso debería ser obvio. Soy el mejor científico de este país, y también el mejor médico.
—Debes estar bromeando…
-Seth nunca había dicho nada sobre esto, y la oficina de inteligencia tampoco le había dado ninguna información al respecto.
—Vamos, Adam. No debes ser tan confiado con los demás. … ¿Realmente pensaste que podías comprar completamente a la oficina de información?
—… ¿Y Eve?
—Relájate, ella está bien. El parto fue difícil, pero salió adelante.
—… ¿Y qué pasa con los niños?
—Ah, han nacido… Sí, dieron a luz.
Capaz de adivinar la situación por la insinuación que se desprendía de las palabras de Seth, Adam lo apartó y entró en la habitación.
Eve estaba sonriendo, sosteniendo dos bebés en sus brazos.
… No, lo que ella sostenía…
Eran «cosas» oscuras que no se podían identificar como bebés en ningún aspecto.
—Adam- —Eve lo miró, con sus ojos brillantes—. -Son Caín y Abel. Nuestros hijos.
Eve no debía saber…
Que la «Semilla de Dios» plantada dentro de ella…
Tenía semen de Adam en su mezcla.
—… Te estás confundiendo —dijo Adam, tratando de disimularlo frente a las parteras y los sacerdotes. Se acercó a Eve—. Eve… dame eso.
—¿Oh? ¿El papá quiere sostener a sus hijos? Pero no puedes. Quiero sostenerlos un poco más.
—… Esos niños no están respirando. Están muertos.
—Deja de bromear. Ambos están llorando, bien y fuerte.
—… ¡Entrégamelos, ya!
—-¡No! ¡No! ¡NOOOOOOOOO!
Todavía sosteniendo las dos cosas, Eve gritó y cayó en cuclillas.
—Eve…
Adam giró sobre sus talones y se dirigió al exterior de la habitación.
Allí encontró a Seth, fumando un cigarrillo, y le agarró de la solapa.
—Seth… ¡Desgraciado!
—Oye, ey, lo estás entendiendo todo mal… Hice mi trabajo al pie de la letra, ¿vale? Después de todo, era el mayor deseo de Miroku que nacieran esos gemelos. Naturalmente… también lo era para todo el mundo.
—Entonces, ¿por qué…?
—Fue un mortinato. Los niños murieron dentro del vientre de su madre mucho antes de nacer. … Eso es todo.
—…
Adam soltó a Seth y dejó caer su cabeza.
Seth comenzó a reírse en silencio, mirándolo con desprecio.
—… ¿Qué es tan gracioso?
Aunque agotado, Adam levantó la vista para mirar a Seth.
—Jaja, acéptalo. Es ridículo que te deprimas por esto. Verás, esos gemelos murieron… por tu culpa.
—¿Qué?
—Te pasaste de la raya. ¿Estabas tan seguro de que las cosas saldrían según tus cálculos? … Si realmente pensabas eso, no eres un gran científico, después de todo.
—…
—Deberías avergonzarte de tu incompetencia. Y vivir arrepentido… Tranquilo, no le contaré a Miroku sobre lo que estabas planeando. A pesar de lo que pueda parecer, te tengo bastante aprecio, je je…
Seth se marchó, soltando una risa ahogada mientras se iba.

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