Capítulo 4-Las Tres Hijas del Señor Tortura; Escena 5

Al final de la escalera había un pasadizo que se curvaba con gracia.

Los desperfectos de las paredes, que se desmoronaban a ambos lados, y los desconchones del interior en varios lugares evidenciaban que no se había llevado a cabo ningún tipo de mantenimiento.

Sin embargo, si un edificio había permanecido abandonado durante casi veinte años, era natural que tuviera este aspecto.

Cuando llegó por primera vez a esta torre, vio el estado del interior. A primera vista, no resultaba evidente, pero al inspeccionarlo más de cerca, había rastros de reparaciones. Una de las tres hermanas debió de realizar las reparaciones para hacerla más habitable para ellas.

En ese sentido, podría decirse que eran las guardianas de esta torre.

¿Por qué fueron creadas? ¿Fue un capricho de Beritoad, o la voluntad de Lord Hank?

«Lord Hank Fieron…

Un amigo íntimo de mi padre adoptivo.

El héroe que lideró la expedición para derrotar a Beritoad.

Que, al final, se convirtió en una marioneta controlada por Beritoad.

Él ya no está en esta torre.

Duerme en las profundidades del mar, eternamente.»

Un recuerdo de su infancia pasó por la mente de Raymond.

Pero lo apartó rápidamente de sus pensamientos.

«Es inútil pensar en ello ahora.»

Lo siguiente que le vino a la mente fueron las palabras del hombre que lo recogió y salvó: “Ha llegado el momento de resolver esto”.

En aquel momento, en aquel antiguo castillo, su padre adoptivo le dio la espalda y dijo estas palabras en voz baja:

—La educación que te he dado todo este tiempo dará sus frutos. Derrota a nuestro archienemigo, Beritoad. Y, si es posible, tráelo vivo.

El antagonismo de su padre adoptivo hacia Beritoad no era sólo porque había traicionado a su amigo, Lord Hank.

Su enemistad se remontaba mucho más atrás, mucho antes de que Raymond naciera. Raymond pretendió escuchar las órdenes de su padre adoptivo e ignoró la mitad.

«No tengo intención de capturarlo vivo. Hoy aniquilaré a Beritoad aquí mismo.»

Al final, su padre adoptivo sólo quería quitarle uno de los poderes que usaba Beritoad.

El poder de la alquimia, que crea materia de la nada.

«Por eso me recogió. Presumiblemente, previó que yo poseía ese poder.»

Sin embargo, el poder que Raymond poseía al final se quedó corto para satisfacer a Romalius.

«Puedo convertir lo “pequeño” en “grande”, pero no puedo convertir “nada” en “algo”. Después de todo, sólo poseo la mitad de su sangre.»

Pero para Raymond, las ambiciones de su padre adoptivo y su enemistad eran irrelevantes.

No tenía intención de convertirse en la marioneta de Romalius.

Aunque por fuera pareciera estar del lado de los humanos, ese hombre sólo se movía por sus propias ambiciones, utilizando a los demás como meras herramientas. En ese sentido, Romalius y Beritoad no eran tan diferentes.

Raymond no tenía intención de labrar ese terreno, aunque tampoco pensaba despreciarlos.

Después de todo, al final él también utilizó a otros para sus propios fines. Sin embargo, Raymond nunca pudo aceptar plenamente la sangre espectral que fluía en su interior.

Un recuerdo perturbador de su infancia parpadeó en la mente de Raymond.

Un recuerdo, de cómo era rechazado por ser hijo de un espectro. Y el recuerdo de su madre siendo perseguida por bruja. El recuerdo de ella proclamando su amor por el espectro incluso cuando estaba a punto de ser quemada en la hoguera.

El sentimiento de repugnancia hacia la existencia de los “espectros” era algo que quedó grabado en su corazón desde que era joven. No es algo que pueda borrarse fácilmente. Incluso después de convertirse voluntariamente en hijo adoptivo de uno de ellos en aras de la supervivencia y de su propio propósito, ese sentimiento no cambió.

Raymond actuaba basándome en su propio sentido de la justicia.

Los pasos que había estado oyendo detrás de él desde hace un rato se hicieron gradualmente más fuertes. Al poco, ya quedaban muy cerca de él, sincronizados con su propia velocidad al caminar. Quien le seguía no le habló. Raymond sabía quién era, así que ni siquiera se molestó en darse la vuelta para confirmarlo.

Una escalera de caracol similar a la de antes apareció a la vista al final del pasillo.

—Esa escalera también está bastante deteriorada.

Finalmente, el hombre que estaba detrás de él habló. Se oía su voz apagada bajo la máscara.

—Bueno, recemos para que no se derrumbe mientras subimos.

Cuando Raymond dijo esto y empezó a ascender, el enmascarado le siguió.

Capítulo 4-Las Tres Hijas del Señor Tortura; Escena 4

El extremo oeste de la planta baja.

En la esquina opuesta a la escalera al segundo piso, había una habitación un poco más grande que las otras.

—¿Estás bien sin lámpara?

—Debería ser yo quien preguntase eso.

—Tengo buena visión nocturna.

—Ya veo. Mi visión también es buena, así que no hay problema.

Tal vez fue utilizada originalmente como un comedor. La habitación en sí estaba vacía, pero basándose en las hendiduras de la alfombra gris, se podía deducir que una vez se colocó allí una gran mesa.

En la larga y estrecha disposición de la habitación, directamente frente a la entrada, había un elegante armario de madera y una robusta chimenea de piedra.

—¿Está dentro de esa chimenea?

En respuesta a la pregunta del enmascarado, Raymond asintió con la cabeza en lugar de usar palabras.

Se acercó a la chimenea sin vacilar y se asomó al interior.

—Oh, aquí está. Probablemente sea esto.

Tiró de un objeto parecido a una palanca que colgaba dentro de la chimenea.

Se oyó un chasquido mientras algo caía.

Finalmente, Raymond salió de la chimenea, frente al enmascarado, y se limpió el hollín de la cara con un pañuelo.

—No había ningún error en el plano. Es aquí, el pasadizo oculto ha sido revelado.

El aire parecía filtrarse débilmente desde las profundidades de la chimenea supuestamente sellada. Se oía el sonido de una ligera brisa.

—Si nos arrastramos por aquí, deberíamos poder continuar.

Sin esperar la respuesta del enmascarado, Raymond volvió a hundirse en la chimenea. Esta vez, no sólo fue su cabeza, sino todo el cuerpo lo que pasó por allí.

Luego, desapareció en la chimenea.

Siguiendo su ejemplo, el enmascarado también se metió en el pasadizo. Para él, con la parte superior del cuerpo más grande que la de Raymond, meterse por el estrecho agujero era algo difícil.

A medida que avanzaban, la anchura del agujero aumentaba gradualmente. Al principio, tuvieron que arrastrarse, pero finalmente, pudieron ponerse de pie y caminar según lo permitía la altura.

Cuando el enmascarado salió del agujero, se encontró frente a Raymond, que tenía la cara cubierta de hollín, y una escalera de caracol a la que le faltaban tablones, lo que indicaba claramente su estado ruinoso.

—Oh, bueno, me he vuelto a ensuciar.

Mientras hablaba, Raymond utilizó el pañuelo para limpiarse el hollín de la cabeza y la ropa.

Después de quitarse todo el hollín posible, Raymond extendió el pañuelo al enmascarado.

—¿Quieres usarlo?

—… No hace falta. No tiene sentido preocuparse por la apariencia en un lugar como éste.

—¿Está seguro? Pronto conoceremos a las damas, y pareces bastante sucio.

—¡Ja! Las que vamos a conocer, aunque se llamen a sí mismas mujeres, no son humanas. Sólo monstruos. No hay necesidad de preocuparse por esas criaturas.

El enmascarado puso el pie derecho en el primer peldaño de la escalera de caracol, probando su fuerza.

La escalera de madera crujió con fuerza. Parecía bastante frágil.

Si no subían con cuidado, podría derrumbarse a mitad de camino y provocar una peligrosa situación de caída al vacío.

—Si nos encontramos con las tres hermanas en el camino y se convierte en una batalla, podría ser peligroso.

—Bueno, tal vez podamos llegar al último piso sin encontrarnos con ellas. Podría salir bien si tenemos suerte.

Esas palabras de Raymond parecieron sorprender al enmascarado, que entonces bajó de las escaleras y se encaró con Raymond.

—¿Podemos evitar encontrarnos con ellas?

—Sí. Nuestra presencia aquí aún no debería haber sido advertida.

El enmascarado ladeó la cabeza, perplejo. Las palabras de Raymond contradecían la explicación que le había dado antes a Stella.

—¿No nos habrían detectado ya?

—Pues sí. El maestro de la torre, Beritoad, tiene la capacidad de percibir cosas en un radio gran radio. Si algo ocurre dentro de la torre, Beritoad lo ve tan claro como el día… probablemente.

—Entonces…

—Antes de venir aquí, te di un talismán, ¿no?

—¿Hmm? Ah, te refieres a esto.

El enmascarado sacó de su bolsillo un pequeño accesorio de plata. Era una baratija de extraño diseño con una cola de serpiente.

Si uno se fijaba, Raymond también tenía el mismo objeto, colgado del cuello como un collar.

—¿Y qué pasa con esto?

El enmascarado tenía una sensación de familiaridad con el objeto, como si lo hubiera visto antes en alguna parte. Pero no recordaba qué era exactamente.

—Te ahorraré la explicación detallada y te revelaré el secreto. Este talismán es para evitar que la “visión” de Beritoad nos afecte.

—…

—En otras palabras, mientras llevemos esto, nuestra presencia no será sentida por Beritoad. Y no les he dado este talismán ni a Stella, ni a Benji. Eso es lo esencial.

El enmascarado meditó un rato sobre el significado de las palabras de Raymond.

«Si es verdad que el talismán tiene el efecto que menciona… significa que, desde la perspectiva del enemigo, sólo ellos dos entraron en la torre. En otras palabras-»

—Entonces… ¿desde el principio, tu intención era usar a esos dos como señuelo?

—Así es. No hay nada de malo en evitar batallas innecesarias.

Como siempre, la expresión del enmascarado no podía leerse desde detrás de la máscara. Sin embargo, Raymond no era tan insensible como para pasar por alto el hecho de que el brillo de los ojos del enmascarado, visible a través del hueco de la máscara, se había vuelto reflectante.

—En ese caso, ¿no podrías haberles dado el mismo talismán a esos dos?

—Aunque ocultemos la presencia de todos, no podemos engañar el hecho de que la puerta se abrió. Para evitar que pareciera antinatural que la puerta se abriera, necesitábamos a alguien visible.

—…

—Bueno, quiero decir, ya que nos acompañaban, había que darles utilidad. —Raymond lo dijo sin rastro de remordimiento—. Y, hey, Si las cosas se ponen peligrosas, pueden simplemente escapar. ganaríamos tiempo y evitariamos que alguien muera. ¿No es una buena estrategia?

—… No sé si esos dos puedan escapar si son atacados simultáneamente por las tres hermanas.

—Bueno, creo que eso es poco probable que pase. Sabes que no tomarán tales medidas. Lo más probable es que Gibbet sea la que haga contacto, sola.

Sí, ese es el modus operandi de las tres hermanas. El enmascarado lo sabía de primera mano.

Pero…

—También podría haber excepciones.

—En ese caso, mala suerte.

—Tú… realmente…

—«No tienes corazón», ¿eso quieres decir? Sé que cómo soy. Pero este mundo no es tan amable como para triunfar sólo con idealismo. —Tal vez pensando que no tenía sentido seguir discutiendo, Raymond pasó junto al hombre enmascarado y puso un pie en las escaleras ascendentes—. Tenemos que ganar esta batalla como sea. Así es como pienso, y probablemente tú también, ¿verdad?

—… … …

—¿Me desprecias?

—… No, en realidad no. En todo caso, te envidio. Puedes revelar sin vacilar tu “verdadera naturaleza” como humano.

Raymond sonrió levemente al oír esas palabras, pero el enmascarado no se dio cuenta.

—Si deseas recuperar tu antiguo yo… entonces sígueme en silencio.

Con esas palabras, Raymond subió las escaleras, aparentemente despreocupado por su inestable equilibrio.

—… … … El antiguo yo, ¿eh?

¿Qué pasaría si lo recuperara?

Sólo convertiría los negativos en ceros.

El enmascarado sabía bien que eso no resolvería sus propios problemas.

«Pero… aun así».

El hombre se decidió y lentamente comenzó a subir las escaleras.

Capítulo 4-Las Tres Hijas del Señor Tortura; Escena 3

Planta baja, vestíbulo de la torre.

Entre las cuatro personas presentes, sólo dos habían entrado aquí antes.

Raymond, uno de ellos, intentaba encender la lámpara que sostenía.

Sin embargo, no iba bien. Raymond pulsaba repetidamente el interruptor con cara de frustración.

—Dámela.

El enmascarado le arrebató la lámpara a Raymond y golpeó el interruptor lateral con un movimiento rítmico dos o tres veces.

Entonces, la luz de la lámpara se encendió.

—Impresionante.

El enmascarado respondió con calma a pesar de la forzada admiración de Raymond:

—Ahora, Benji, deberías sujetar esto.

Raymond le entregó la lámpara encendida a Benji.

La mujer que los observaba tenía una expresión de perplejidad.

—¿Hmm? ¿Qué está pasando?

—Bueno, a partir de aquí, nos dividiremos en dos equipos. Stella y Benji, tendréis que esperar aquí.

Al oír esto, Stella frunció ligeramente las cejas.

—¿Qué? ¿No vamos juntos?

—Lo he dicho muchas veces, pero esta torre es peligrosa. No puedo llevarte más lejos sin experiencia en combate o las herramientas necesarias.

—En serio, a estas alturas… ¡Eh, Dr. Benji!

Stella se giró para mirar a Benji detrás de ella, esperando que estuviera de acuerdo. Sin embargo, contrariamente a sus expectativas, Benji no parecía oponerse a la sugerencia de Raymond.

—No me importa. Además, ya estaba informado de antemano.

—¡Pues a mí no me dijisteis nada!

—Bueno, fue ayer mismo que mencionaste lo de “acompañarnos”.

Para calmar a Stella, que seguía enfadada, Raymond añadió más explicaciones.

—Hay otra razón para dividirnos en dos equipos. Es muy probable que las tres hermanas ya se hayan dado cuenta de nuestra presencia en esta torre. Si seguimos los cuatros, no podremos evitar un enfrentamiento con ellas, incluso si usamos el “pasadizo secreto” marcado en el plano que trajo Benji.

La coincidencia de que Benji fuera descendiente del diseñador de la torre fue un golpe de suerte para Raymond. Obtener información sobre la torre a través de Benji facilitó la estrategia. Sin embargo, Raymond podía predecir que el propio Benji no quería acompañarlos en la batalla.

—Por eso nos dividiremos en dos equipos y dispersaremos las fuerzas enemigas, ¿verdad?

—Exactamente. Me di cuenta cuando vinimos aquí la última vez, pero si las tres hermanas nos atacan simultáneamente, sería un poco… no, no poco… significativamente desventajoso. Incluso si alguna de ellas viene hacia ti, nos dará tiempo suficiente.

—… Pero y si… hipotéticamente… Gibbet y las otras son realmente “espectros”. ¿Podríamos nosotros dos solos enfrentarnos a seres como esos?

El enmascarado parecía ansioso por decir algo en respuesta a las palabras de Stella, pero Raymond lo contuvo suavemente.

Probablemente quería decir: «¿Ahora dices eso, luego de venir hasta aquí a la fuerza?». Raymond estaba de acuerdo con ese sentimiento hasta cierto punto, pero discutirlo aquí no tendría sentido.

—No te preocupes, por eso te quedaras en la planta baja. Si vienen las tres hermanas, podrás escapar rápidamente por esta puerta. Probablemente no te perseguirán fuera de la torre.

Stella todavía parecía querer decir algo, pero esta vez Benji intervino.

Le dio el plano de la torre, que tenía en la mano, a Raymond.

—¿Quieres que me lleve esto? No, no te preocupes. Ayer me lo memoricé. Por favor, quédatelo, Benji. Es una herencia importante de tu familia, ¿verdad?

—No creo que tenga algún valor monetario, así que… Raymond, aunque sea para ir por seguro.

—Vale, está bien.

Mientras sostenía la lámpara encendida que recibió del enmascarado, Benji miró a su alrededor.

—Nosotros… No subiremos. Es una promesa. Pero vagaremos por esta planta baja. Es aburrido esperar, y quiero explorar el interior de esta torre construida por mis antepasados.

—… Sólo asegúrate de no alejarte demasiado de la entrada.

—Sí, tampoco quiero que me maten sin sentido. Dejaré el verdadero turismo para cuando derrotemos a las tres hermanas y a su líder.

—De acuerdo. Cuídate.

—Igualmente.

Después de darle la espalda a Raymond, Benji se acercó a Stella y ligeramente puso su brazo alrededor de su hombro de manera amistosa.

—Entonces, Stella, ¿hacemos de esto nuestra cita nocturna mientras ellos están fuera?

—Me niego.

—Jaja, es sólo una forma de hablar. Vamos a vigilar hasta que vuelvan.

Stella miró de reojo, vislumbrando al hombre enmascarado. Parecía desinteresado en su conversación y se limitaba a mirar al techo.

—Vamos. ¡La puerta secreta está por aquí!

Raymond dio un golpecito en la espalda del enmascarado para animarle, y los dos empezaron a caminar hacia las profundidades de la torre.

Capítulo 4-Las Tres Hijas del Señor Tortura; Escena 2

Hoy, todo llegará a su fin.

Con esa determinación en el corazón, Raymond se plantó una vez más ante la Torre Torcia.

El sol ya se había puesto, y Lion City yacía en el crepúsculo.

Faltaban doce horas para el amanecer.

Era la hora activa de los espectros.

Para las tres hermanas y para Raymond, era el momento en que podían desatar sus poderes.

Detrás de Raymond había tres individuos.

Dos hombres y una mujer.

Cada uno de ellos se ocupaba de sus armas, echaban un vistazo a los mapas que llevaban o simplemente miraban aturdidos hacia la torre.

Aunque, para ser precisos, había uno más, o mejor dicho, una criatura más.

Desde la pequeña jaula que sostenía en su mano derecha la mujer con delantal, se oía un fuerte sonido de cacareo.

— Oye, deberías dejar a esa gallina fuera. Delatará nuestra intrusión enseguida.

El hombre enmascarado habló. Aunque su expresión estaba oculta, estaba claro por su tono que no le hacía gracia.

—No pasa nada. Tengo una forma de evitar que haga ruido. Y ya te lo he dicho varias veces, pero este pequeñín no es una gallina, es un loro.

—Un pájaro blanco que parece una gallina y cacarea como una gallina es, definitivamente, una gallina, no un loro…

—Pero es un loro. No una gallina. Incuestionablemente es un loro.

Mientras los dos discutían, otro hombre intervino.

—Bueno, supongo que el tipo de pájaro que sea no importa mucho. La cosa es, ¿realmente nos puede ser de utilidad?

—Sí, sin duda —respondió la mujer con seguridad.

—¿De verdad?

—¡Por supuesto! Probablemente. Muy probablemente, creo…

—…

El hombre suspiró y se quitó las gafas, limpiando ligeramente los cristales con un pañuelo.

Mientras escuchaba este intercambio, Raymond dejó escapar un suspiro.

Al principio, había pensado venir solo.

Pero debido a las circunstancias, acabó con dos acompañantes, lo cual no podía evitarse. Sin embargo, nunca esperó que ella dijera que también vendría.

Entre ellos, el único que podía luchar decentemente, aparte de él mismo, era probablemente el enmascarado.

«Incluso él estaba medio muerto no hace mucho. Quién sabe hasta dónde puede llegar. De todos modos, los otros dos no serán de mucha utilidad en la batalla.»

Raymond había planeado que los dos esperaran en un lugar seguro.

«Si realmente hay un «lugar seguro» en esta torre, no es algo que yo sepa. Incluso si terminan perdiendo la vida aquí, sería su propia responsabilidad ya que eligieron venir.»

Mientras no se convirtieran en una carga, todo estaría bien, pensó.

Raymond era consciente de que era el tipo de persona que actuaba basándose en cálculos. Elegir el camino con más posibilidades de éxito mediante un análisis sosegado era su manera de hacer las cosas.

Pensaba constantemente… que los sacrificios eran inevitables para el éxito.

Su postura podía parecer despiadada a los demás.

«Pero no debo equivocarme…

Esta batalla es una batalla por el bien de la humanidad.

Ganarla será una prueba de mi existencia como «humano», o así debería ser.»

Raymond no guardaba ningún rencor personal contra las tres hermanas.

Sin embargo, mataron a mucha gente, y si no se les controlaba, seguirían dañando a otros.

Por la paz de la gente de Lion City, había que hacerlo.

Debía matar a las tres hermanas y frustrar al cerebro detrás de ellas, «Beritoad».

Para entrar en la torre, no tuvieron más remedio que pasar por la puerta principal.

La puerta estaba cerrada, pero Raymond la abrió fácilmente.

—Eres bueno —comentó con indiferencia el enmascarado detrás de Raymond—. Parece que no es la primera vez que haces esto, ¿eh?

—… Sí. De hecho, a pesar de haber sido rota varias veces, parece que las tres hermanas no tienen intención de cambiar la cerradura —replicó Raymond.

—Claro. Probablemente nunca tuvieron la intención de mantener a los intrusos fuera en primer lugar —dijo el enmascarado.

—La cerradura que había originalmente debería haber sido una más compleja, explicó el hombre con gafas, mirando su plano copiado de la Torre Torcia. Como prueba de sus palabras, se podían ver pequeños agujeros para tornillos en la parte superior de la manilla de la puerta—. Pero tengo cierta curiosidad. ¿Por qué las tres hermanas la sustituyeron por una más simple? ¿Fue para facilitar la entrada? De alguna manera, no puedo evitar sentir que esa no es la única razón…

El hombre de gafas se mostró interesado, mirando los agujeros de los tornillos de la puerta.

—Eso ahora no importa. Venga, aparta. Entremos rápido —instó el enmascarado, agarrando por el hombro al hombre de gafas.

—Vaya, ¿no estás siendo muy grosero conmigo, tu benefactor? —sonrió el hombre de gafas, mientras el enmascarado chasqueaba ligeramente la lengua y soltaba el agarre del hombro del otro—. Jajaja, parece que te he puesto de mal humor —comentó el hombre de gafas, mientras se alejaba finalmente de la puerta—. Lo siento, tengo tendencia a preocuparme por asuntos triviales.

—Si te haces con la “Jarra de Basuzu”, te debería bastar, ¿verdad, Benji? —le preguntó Raymond.

Al oír eso de Raymond, Benji Kemp se rascó la cabeza como diciendo: «Vaya, vaya».

—Estrictamente hablando, no es que quiera la “Jarra de Basuzu” en sí. Sólo quiero estudiar su mecanismo desde una perspectiva médica.

—Si no, tendrías problemas conmigo —intervino el enmascarado mientras empujaba la puerta—. El acuerdo era que, en última instancia, yo me llevaría la “Jarra de Basuzu”. Eso es lo que acordamos, ¿verdad?

—Por supuesto, ése es el plan. Una vez hecha la investigación y comprendido el mecanismo, siéntete libre de hacer lo que te plazca con la jarra… No te importa, ¿verdad, Raymond?

Raymond se limitó a responder con un sí, y atravesó la puerta abierta.

Capítulo 4-Las Tres Hijas del Señor Tortura; Escena 1

Érase una vez un espectro que no mostraba compasión por los humanos.

Sacrificando sus vidas, podía amplificar su propio poder.

El sufrimiento humano, la desesperación y el odio.

Esos eran su sustento.

Así que mató gente.

Mató y mató, sin malicia.

Era simplemente lo que necesitaba hacer para sobrevivir y hacerse más fuerte.

Sin embargo, sus acciones eran aborrecidas.

No sólo por los humanos, sino también por otros de su especie.

Los espectros nunca fueron enemigos de los humanos.

De hecho, entre los que se enfrentaban a la extinción de su especie, había muchos que buscaban la coexistencia con los humanos.

Un día, su guarida fue atacada por una coalición de humanos y espectros.

El espectro que no mostraba compasión por los humanos fue erradicado, y el líder de las fuerzas de la coalición fue aclamado como un héroe.

Este acontecimiento, en apariencia, fue reconocido por el público como una batalla en la que el ejército del reino acabó con una organización criminal extremista.

El nombre del líder de las fuerzas de coalición era «Hank».

El segundo al mando era «Romalius».

Y el nombre del líder de la organización criminal era «Beritoad».

Así es como se ha transmitido la historia.