Capítulo 2-Rey de los Muertos; Escena 3

Outlaw & Lychgate, páginas 26-39

 

 Un esmoquin negro y una piel blanca en contraste.

Arth se dirigió al hombre que esperaba en el jardín de la azotea.

—Cuánto tiempo sin verte, espíritu malvado.

—Vaya… Me has descubierto rápido. Aunque es la primera vez que me encuentras con esta apariencia…

—Pude percibirlo. Ahora que ya no tengo un cuerpo de carne y hueso, me he vuelto capaz de discernir entre la gente usando algo más que las apariencias.

—Menos mal. Había pensado en cambiar a mi forma de pájaro negro Rollam si no me reconocías.

A Arth le daba igual cualquier forma.

Humano o pájaro, no importaba la forma que adoptara, no cambiaba la verdadera naturaleza de este hombre.

—¿Prefieres que me vaya? —preguntó Bruno a Arth.

—Sí, por favor, hazlo. Quiero hablar con él a solas… Y gracias, Bruno. Ha sido un encargo bastante frívolo el que te he pedido.

—No me importa. … He podido escuchar una historia interesante.

—Oh, era…  -¿Acerca de que fui un “muñeco de barro”?

—Sí.

—Ya veo…

—Bueno, al final es más un cuento de hadas para mí, supongo. No importa quiénes sean ustedes.

—Supongo que sí… ¿Qué piensas hacer ahora?

—Creo que podría vagar un poco por el mundo con mis amigos. Hay algunos conocidos míos que no han venido aquí, después de todo. Después de eso… probablemente atravesaré la puerta.

—¿De verdad? ¿Tienes la intención de ir al “nuevo mundo»?

—No tiene sentido seguir vagando por este mundo para siempre, me parece.

—… Cierto. —Arth le dio una palmada en el hombro a Bruno—. Pues entonces, cuídate.

—Tú también, rey Arth; aunque los dos ya hemos muerto, ja, ja.

Bruno se movió para bajar las escaleras, riéndose ligeramente.

—… Ah, espera un segundo.

Arth llamó bruscamente a Bruno para que regresara.

—¿Qué pasa?

—¿Podrías enviar a Keel Freezis aquí arriba? Debería estar en el Salón de los Espejos.

—El mercader de las gafas, ¿verdad? Muy bien.

Bruno asintió y se fue.

—… Ahora bien. —Arth se volvió hacia Lych—. De vuelta… a ti, Lych. Francamente, nunca pensé que llegaría el día en que te volvería a ver.

—La última vez que nos vimos fue más o menos cuando tu mujer dio a luz a los gemelos, si mal no recuerdo.

—Entonces parecías bastante agitado, de forma inusual.

—Podría decirse que sí. Un muñeco que yo creía que simplemente se marchitaría acababa de tener un hijo con un ser humano, ya sabes. Estaba sorprendido y… encantado.

—Pero después desapareciste, no volviste a aparecer. En aquel momento no entendí por qué, pero…

Arth miró el jardín que había frente al palacio desde el tejado.

Al igual que el interior, rebosaba de almas de personas.

—… He tenido una charla con Lady Banica Conchita hace un rato.

Cuando Arth pronunció ese nombre, el semblante de Lych pareció cambiar ligeramente.

—¿Sobre… qué?

—Bueno, varias cosas. Es una mujer que al principio sólo conocía como figura de los libros… Mi impresión sobre ella ha cambiado un poco.

Se produjo un breve silencio.

Al ver que no parecía que fuera a hablar más de Banica, Lych intervino para cambiar de tema:

—-¿Cuál es la situación actual?

—Mucha gente está alterada. Tendremos que calmarlos antes de llevarlos a la puerta. Sin embargo… hay varias complicaciones.

—Oh. ¿Cómo por ejemplo?

—Primero, los soldados de Tasan. Incluso ahora que han perdido su Black Box y a la persona que les daba órdenes, todavía hay algunos de ellos que intentan seguir luchando. No hay manera de resolver una batalla entre almas. Así que… tendremos que conseguir que bajen las armas de alguna manera.

—Esas personas vivieron en una época diferente a la tuya. No será fácil convencerlos.

—Estoy dejando esa parte a Gallerian Marlon y su hija. Al parecer tiene algunas ideas.

—-Ya veo. ¿Qué más?

Arth pasó su mirada hacia el sur, y luego volvió a cruzar los ojos con Lych.

—Ha ocurrido otro suceso peculiar. Y es… la razón por la que te he llamado aquí.

—Qué intrigante. Tanto lo que debe ser este suceso, como el hecho de que busques tomar prestadas mis habilidades en sí mismo.

—No hay nadie más cualificado para ello. Nadie puede enfrentarse a esos «soldados muertos».

Sí, los «soldados muertos».

Ya no había nada vivo en este mundo.

No sólo los humanos. También todos los animales y plantas.

Y a pesar de eso, todavía había seres que vagaban por el mundo con cuerpos físicos.

—Al sureste de aquí… donde la fortaleza llamada Retasan solía estar. Un grupo de soldados muertos fue visto allí.

—…

Lych no dijo ni una palabra, pero era evidente por su expresión que se estaba interesando por esta historia.

Arth continuó hablando.

—Lo he comprobado con Lady Banica, pero aparentemente ni ella ni sus sirvientes tienen conocimiento de ellos… Te quería preguntar a ti para estar seguro-.

—Naturalmente, tampoco tienen nada que ver conmigo.

—-Cierto. Entonces eso nos lleva a la pregunta de quién fue el que trajo a estos soldados muertos.

—Un evento similar fue presenciado durante el fin de los tiempos… justo antes de que el mundo fuera destruido. Aparecieron soldados muertos que no tenían nada que ver con nosotros, independientes del poder de “Gula”, y se negaron a seguir nuestras órdenes.

—Lady Banica me habló de eso.

—Llamamos a esos soldados muertos “Outlaws”… Eater y yo fuimos los que nos ocupamos de ellos.

—Pero no fuisteis capaces de resolver el asunto.

—Esos soldados muertos son tales que no dejarán de surgir mientras haya cadáveres alrededor. Nada es tan peligroso como cuando se hace un enemigo de ellos. … Pero creo que al final quedó en el aire, gracias a que el mundo fue destruido.

Aun así, el hecho era que esos Outlaws seguían apareciendo incluso después del fin del mundo.

—… Sin embargo. —Lych hizo ademán de pensar por un momento, y luego preguntó—: No es gran cosa, seguramente. No creo que estos Outlaws puedan interferir con almas que no tienen cuerpo físico.

—Lo contrario también es cierto. Nosotros… somos incapaces de interferir con esos Outlaws.

—Considerando que ninguno de vosotros es capaz de tocar al otro, deberíais dejarlo estar.

—Yo también pensé eso. Pero… —Las cejas de Arth se fruncieron—. Por lo que he oído de Lady Banica, también hay almas que habitan en los soldados muertos, ¿no es así?

—… Sí, así es. Los dueños de los cuerpos en vida deben seguir ahí dentro-

—Entonces quiero hacer algo para liberar esas almas. Puede que haya entre ellas quienes deseen ir al “nuevo mundo” pero no puedan porque están atados por sus cuerpos de soldados muertos.

Lych levantó ambas manos ante su pecho y luego aplaudió a Arth.

—Qué estupendo. Qué idea tan magnífica. Pero… eso no tiene nada que ver conmigo.

—Se diría que sí. Lady Banica dijo más o menos lo mismo, y se negó a ocuparse de este asunto.

—Entonces…

—Pero tu situación es un poco diferente, ¿no?

—Vaya… ¿Cómo te la imaginas?

El tono de Arth se volvió más firme al decir:

—Una vez investigaste los soldados muertos como método para crear una nueva raza humana. Por eso te convertiste en el sirviente de Lady Banica. Para ti, estos Outlaws son un tema interesante, ¿no es así? Incluso existe la posibilidad de que si los estudias puedas crear una nueva humanidad en este mundo-

—-Creo recordar que otra persona me dijo algo parecido hace poco… Pero ya no me interesan esas cosas, Arth.

—¡-! Pero, aún así…

—De acuerdo, de acuerdo, cálmate.

Lych dio unas palmaditas en los brazos de Arth de forma apaciguadora.

Y después de un momento respondió:

—-Bueno, está bien. Tengo algunos asuntos que he dejado pendientes.

—Ya veo, ¡así que lo harás!

Arth sonrió.

—Lo haré… Y llevaré a Eater conmigo. Tiene el cuerpo de soldado muerto que le hice. Si él destruye los cuerpos de los Outlaws podría liberar sus almas.

—Eater… ¿Te refieres a ese esqueleto gigante?

—Sí. Jugó un gran papel en la batalla anterior, ¿no es así? ¿Dónde está ahora?

Arth parecía un poco preocupado al ver la expresión de orgullo de Lych.

—… No está aquí ahora mismo.

—… ¿Eh?

—Se fue a algún lugar con Lady Banica y sus sirvientes gemelos. Dijeron que tenían algunos asuntos en otro lugar.

—E…espera un segundo. Quieres decir…

—Hm, parece que… te dejaron atrás.

—…

—En defensa de Lady Banica… Ella… ¿te buscó? Pero no pudo encontrarte, así que…

—… Ya veo. Ese fue mi descuido, perder el tiempo en las ruinas del bosque como lo hice…

Al ver el aire evidentemente deprimido de Lych, Arth se echó a reír de repente sin pensarlo.

—Jaja. Pensar que hasta tú puedes poner una cara así. … Aunque supongo que no podía ver tus expresiones cuando eras un pájaro.

—¿A dónde dijeron que iban?

—No lo sé, pero… Keel Freezis podría haberles preguntado al respecto.

—El mercader de Elphegort.

Arth pareció un poco sorprendido por la rápida respuesta de Lych.

—¿Lo conoces?

—Nunca nos hemos visto cara a cara. Micha… Un compañero espíritu estuvo una vez a su cargo.

Era una conexión peculiar la que tenían.

Pero no era un gran problema a estas alturas.

—Le pedí a Bruno que lo llamara aquí, así que debería venir pronto-Oops, hablando del diablo.

Un hombre de rasgos delicados con gafas había subido las escaleras hacia el jardín de la azotea.

—¿Me has llamado, Rey Arth?

—Parecía que estabas hablando de algo con Lady Banica antes.

—Así es. Pero ella ya se ha marchado.

—¿Le preguntaste a dónde iba? Me gustaría que se lo dijeras a este hombre, si lo sabes.

—No me importaría, pero… —Keel miró fijamente a Lych y luego dijo—: Tengo una condición.

—Oh, vaya. ¿Negociando hasta con un rey, eh?

—A veces la información es más valiosa que el oro. Sería una desgracia como mercader si la entregara gratis. -Aunque sea al rey de un país.

Seguramente habría adoptado la misma actitud con Arth incluso si se hubieran conocido cuando ambos estaban vivos.

Pensó para sí mismo que parecía un hombre bastante astuto, aunque a Arth ciertamente no le importaba ese tipo de gente.

Lo prefería a los aduladores que nunca dejaban ver sus intenciones en la superficie.

—Muy bien. ¿Qué quieres?

—Piensas enviar a este hombre a Retasan, ¿correcto? Para resolver el asunto de los soldados muertos de los que hablaste.

—… Buena suposición. Así es.

—En ese caso, me gustaría que me dejaras acompañarlo.

Arth puso cara de sorpresa y-.

Lych puso una expresión de desagrado.

—¿Estás interesado en los soldados muertos? —preguntó Arth.

—Lo estoy. Y también en este hombre. —Keel señaló a Lych con una fina sonrisa—. Me esforzaré por no estorbar. De todos modos, no podemos entrar en contacto físico con los soldados muertos, ¿no?

—Eso… es cierto.

Arth miró a Lych con una expresión ligeramente preocupada.

—¿Qué opinas, Lych?

—… La verdad es que no me importa —respondió Lych mientras miraba a Keel con el ceño fruncido. Y luego le preguntó—: ¿Y a dónde fueron Lady Banica y los demás?

Keel dejó escapar un resoplido, y luego respondió en voz baja:

—-Dijeron que iban al “Graveyard”.

—… El Graveyard, eh. —Lych suspiró—. No sé cómo llegar allí.

—Dijeron que volverían aquí cuando se ocuparan de sus asuntos. ¿Debemos esperar hasta entonces?

—No… Vamos a ver cómo están las cosas en Retasan primero. Si parece demasiado difícil de manejar por nuestra cuenta, llevaremos a Eater entonces.

—Sabia decisión. No tenemos ninguna garantía de que vuelvan de inmediato. … En realidad, está en el aire si vuelven o no a salvo.

Keel se rió con descaro.

—¿Qué estás tratando de decir?

—Oh, no, nada… Bueno, entonces, démonos prisa. Tengo un carruaje y un cochero esperando fuera.

—… Estás bien preparado.

—Retasan está muy lejos. Puede que las almas no se cansen de caminar, pero preferiría que el viaje fuera agradable, ¿no te parece?

—Si fuera sólo yo, podría simplemente volar hasta allí… Bueno, está bien. Espérame fuera.

—De acuerdo. Nos vemos.

Keel bajó las escaleras, sin perder la sonrisa.

Arth lo miró dubitativo mientras se marchaba.

—Ese mercader… ¿Qué está planeando?

Pero por su parte Lych ya había recuperado su sonrisa sarcástica.

—Tengo una idea bastante clara. No hay que preocuparse demasiado.

—Supongo que lo dejaré estar si tú lo dices, pero-

—Rey Arth. Sólo una cosa antes de salir. —Lych levantó el dedo índice y preguntó—: Una vez que todo esto se haya resuelto y hayas puesto a la gente en marcha hacia la puerta… ¿Qué piensas hacer entonces?

—Hmph… —Arth se cruzó de brazos y cerró los ojos en silencio.

—Todavía no lo he decidido del todo: estoy considerando quedarme aquí.

—Oh… ¿Por qué?

—Imagino que no todos desean ir al nuevo mundo. En ese caso… seguramente será necesario que alguien reúna a toda la gente que se quede.

—Así que tienes la intención de convertirte en el rey de los muertos, hm… Pero eso va a conducir a algunos días estériles y vacíos, ¿no?

—Todavía no he renunciado a que este mundo renazca. Si podemos revivir la naturaleza, y conseguir nuevos cuerpos físicos… Es por esa razón que te agradecería que te quedaras y nos ofrecieras tu ayuda.

—… No sé, lo pensaré.

No podía retener a Lych con la fuerza; eso era algo que Arth sabía.

Era libre de decidir lo que quisiera.

Aunque fuera un espíritu malvado-no, por eso.

No podía atar a este hombre.

 

Después de despedir a Lych sin palabras desde la azotea, Arth miró al cielo.

Allí vio el sol y -a pesar de que era mediodía- la luna, brillando.

—El nuevo mundo… y todos los que están en él… os confiaré eso, Allen, Riliane —susurró en voz baja.

Capítulo 2-Rey de los Muertos; Escena 2

Outlaw & Lychgate, páginas 24-26

 

-¿Debía realmente comportarse como un rey ahora que ha muerto?

Se preguntaba de vez en cuando.

Ya no tenía ninguna obligación de hacerlo. Todas las personas eran iguales ahora que habían muerto y se habían convertido en almas.

Y él estaba tan confundido al respecto como ellos.

Qué significaba esa «puerta» y qué había más allá de ella.

Parecía que todo el mundo podía adivinar la respuesta a eso.

En el momento en que apareció, había sido como si una especie de revelación divina se hubiera producido en su corazón.

Probablemente… al igual que le había ocurrido a los demás.

Suponiendo que esa revelación fuera una <indicación> que los guiara a todos hacia un nuevo mundo.

… Entonces no era necesario que él tomara las riendas.

Lo mejor sería dejarse llevar por la corriente junto a todos los demás.

Pero…

¿Era eso realmente suficiente?

 

-En el interior del bullicioso palacio, Arth volvía a reflexionar para sí mismo.

Después de la batalla, su hijo y su hija habían desaparecido… y aquella «puerta» había aparecido como en su lugar.

Esa puerta… ¿la provocaron Allen y Riliane?

Era natural pensarlo.

En ese caso… ¿qué podía hacer Arth, como su padre?

Sacudió la cabeza débilmente y luego se rió de sí mismo.

«… Nada. Sólo soy su padre… Eso es todo lo que puedo ser.»

No había necesidad de avergonzarse de ello.

Porque para un niño era una alegría crecer independiente de sus padres.

Entonces…

Todo lo que quedaba era ser él mismo.

—Aquí tienes. —Bruno había regresado después de ser enviado como mensajero—. Hay demasiada gente aquí. Tuve bastantes problemas para encontrarte. Me gustaría que te comportaras más como un rey y te quedaras descansando en tu trono en lugar de estar de pie en esta pequeña habitación.

—Lo siento, Bruno. Sólo necesitaba algo de espacio para pensar a solas… Bueno, ¿lo encontraste?

—Sí, lo he traído… ¿Eh, qué? —Bruno se dio la vuelta y se mostró ligeramente nervioso—. Estaba aquí conmigo hace un minuto…

Pasando por delante de Bruno mientras éste se quedaba parado, perplejo, Arth se movió ante la puerta.

—Vamos.

—De acuerdo… ¿Adónde?

—Al jardín de la azotea. Ahí es donde siempre me reunía con él.

Capítulo 2-Rey de los Muertos; Escena 1

Outlaw & Lychgate, páginas 22-23

 

Ya he muerto dos veces.

 

La primera vez fue cuando aún me llamaban «Príncipe Arth».

El carruaje en el que viajaba se había caído por un acantilado.

Lo que vi justo antes de perder el conocimiento fueron los rostros de mis padres, desangrados y completamente inmóviles.

 

Lo que vi al despertar fui yo mismo.

Al igual que mis padres, estaba inmóvil y sobre mi espalda había un pájaro negro.

Había oído que los pájaros negros Rollam eran los mensajeros de la muerte, y así pude comprender que había muerto.

 

Pero yo no quería morir.

Así que le supliqué al pájaro. Le pedí que volviera a poner mi alma en mi cuerpo, tal y como estaba.

Pero el pájaro respondió así:

—Este ya no sirve para ser utilizado. Te haré un cuerpo nuevo en su lugar.

 

Resucité.

Pero mi cuerpo era ahora una imitación de barro, creada por el pájaro negro Rollam.

De vez en cuando, con el paso del tiempo, el pájaro se presentaba ante mí y, poco a poco, añadía más barro.

Y así me convertí en un adulto, y finalmente llegué a ser llamado rey.

 

Hice más grande mi país.

Estuve a punto de unir toda la región de Evillious, pero antes de poder hacerlo mi cuerpo de barro empezó a pudrirse.

El pájaro apareció ante mí una vez más, y le rogué que el barro siguiera avanzando.

Pero el pájaro respondió así

—Este cuerpo ya no sirve para ser utilizado.

Y no quiso hacerme uno nuevo.

 

Y entonces el pájaro me dijo esto:

—Si tienes algún remordimiento latente, deberías ir a gobernar la tierra de los muertos también.

Capítulo 1-Puerta de los Muertos; Escena 2

Outlaw & Lychgate, páginas 16-21

 

Cuando Lych volvió en sí, se encontraba en el «Bosque del Árbol del Milenio».

-O para ser más precisos, en el lugar que antes se llamaba así.

Ahora los árboles del bosque habían desaparecido.

Una enorme «puerta» se alzaba ante él en su lugar.

—¿Fue eso… un sueño?

Un recuerdo del pasado lejano, distante, que creía haber olvidado.

Estaba claro que lo que lo había convocado a su mente estaba en esa «puerta».

—El camino que lleva al nuevo mundo, el «Cuarto Período»… Y nuestros recuerdos estaban sellados aquí, en el corazón del bosque.

No sabía si eso era obra de Held o de alguien más.

Pero parecía que ese sello había sido liberado mucho antes, al menos varios años antes de que el mundo fuera destruido.

Para Lych, personalmente, había empezado a recordar su pasado -el «Segundo Período»- en fragmentos mucho antes de que esta «puerta» hubiera aparecido.

Lo único que ocurrió al llegar aquí fue que sus recuerdos se completaron.

—Sea como sea, poco importa ahora.

El pasado estaba en el pasado.

Lo importante era lo que haría ahora.

¿Pasaría por esta puerta y viviría como un residente del nuevo mundo?

¿O se quedaría aquí, vagando eternamente como un alma?

«Entonces, ¿qué harás? ¿Vas a ir? ¿No vas a ir?»

-Se sintió como si pudiera escuchar la voz de su hermano dentro de su mente.

—…

Al igual que entonces, Lych no podía tomar una decisión de inmediato.

Ni siquiera sabía si estaba capacitado para atravesar esa puerta.

Esta era, con todo derecho, una «puerta» reservada para el uso de los residentes del «Tercer Período».

… Sus antiguos compatriotas. Lych se preguntó de repente qué planeaban hacer los espíritus muertos del «Segundo Período» como él.

Michael.

Held.

Levia.

Behemo.

Y Gilles y Rahab.

En este mundo se les llamaba «Dioses» y «Demonios».

Consideró la posibilidad de pedirles su opinión, pero inmediatamente lo descartó por considerarlo inútil.

Él no era como ellos.

Lych no había podido convertirse ni en «Dios» ni en «Demonio».

—Estoy indeciso… Ese es el quid de la cuestión, en definitiva.

Entonces está bien. Entonces debería superarlo.

Todavía le quedaba algo de tiempo.

 

La destrucción del mundo por el arma de destrucción masiva, «Castigo».

El caos causado por las «almas» que aparecieron en el mundo terrestre como resultado se había calmado en gran medida debido a la muerte de «Ma», que había sido la principal culpable de ello.

Allen Avadonia. Qué niño… No, tal vez sea un poco raro llamarlo «niño» cuando han pasado cerca de quinientos años desde su muerte.

Esta «puerta» había aparecido justo después de su desaparición.

Como era de esperar, las muchas almas que lo habían presenciado estaban todas inquietas.

Aunque… la mayoría debería saber lo que significa esta «puerta».

-Muchas almas se encontraban ahora reunidas en lo que había sido el Palacio Lucifeniano.

El amo de Lych, el «Demonio de la Gula» Banica Conchita, y los otros contratistas del pecado capital estaban probablemente allí también.

Arte y Pollo y Eater se dirigieron allí también…

Estaba seguro de que les costaba decidir si pasaban o no por la puerta.

Era allí donde muchas de las almas se habían reunido bajo el liderazgo del rey de Lucifenia, Arth, y estaban decidiendo qué hacer ahora.

—Por ahora supongo que yo también debería… —dijo, dándole la espalda a la puerta.

Y fue entonces cuando vio a un hombre caminando en su dirección.

Lo reconoció.

—Vaya… Si es el señor Zero.

Lych había sido una vez empleado (al menos, por formalidad) en la organización llamada «PN».

Bruno Zero había sido en su momento uno de sus compañeros.

—-Así que aquí es donde has estado —se dirigió Bruno a Lych.

—Cuánto tiempo sin vernos, señor Zero. Parece que has venido a buscarme.

—Así es. Estoy aquí como mensajero. Me dijeron que te llevara al Palacio Lucifeniano.

—Ah, ¿y fue… Gallerian quien te encargó eso?

Pero Bruno negó con la cabeza.

—No, fue Arth I.

—Vaya, eso es… algo inesperado.

—Hay pocas personas que saben cómo eres. Y la mayoría… se negó a hacerlo.

«Qué despreciado debo de ser», pensó Lych para sí mismo con autodesprecio.

—No recuerdo haber hecho nada tan perverso. Así que entonces… te señalaron a ti, ¿eh?

—Sí.

—Qué mala suerte.

—Realmente no me importa, me estaba aburriendo de todos modos. Y… —Bruno puso ligeramente una mano en el hombro de Lych—. -Tenía curiosidad. En cuanto a por qué un rey que vivió en un período de tiempo varios siglos antes del nuestro sabría de ti.

—…

—Por supuesto que ya sabía que no eras una persona normal, pero-

Lych apartó la mano de Bruno, esbozando una fina sonrisa.

—Bueno, ya sabes cómo es esto.

—Oh, no. Quiero oír más detalles jugosos sobre cómo os conocisteis.

—…

—Piensa en esto como mi propina por hacer esta tarea.

Bruno estaba dando una impresión de sí mismo mucho más frívola a Lych que cuando estaba vivo.

Bueno, tal vez ahora esta visión de él, liberado de todas sus diversas cargas, era más cómo era realmente.

—Hmph… Oh, bien.

Lych comenzó a caminar hacia el sur.

Este lugar no era del tipo para que dos hombres se quedaran hablando.

Hablarían mientras se dirigían al palacio.

Capítulo 1-Puerta de los Muertos; Escena 1

Outlaw & Lychgate, páginas 10-16

 

Perritos calientes con olor a quemado y un café de débil sabor.

Ése era el sabor del «Café Chloe», que había cambiado poco con respecto a sus diez años anteriores.

Aun así, por lo que Lych sabía, había sido bastante próspero en el pasado.

Tal vez fuera porque el local se limpiaba escrupulosamente, porque la música ambiental que sonaba en el local era muy sensata, o tal vez simplemente porque no había ningún otro lugar en los alrededores donde se pudiera desayunar… Bueno, no sabía la verdadera razón, pero sin embargo a Lych aún le quedaban recuerdos del «Café Chloe» de hacía diez años, el que estaba lleno de un ambiente animado.

Pero hoy en día…

El café estaba desierto.

No era tan sorprendente, y no era porque hubiera ningún problema real con este local (más allá del sabor de la comida).

Sólo que había muy poca gente que se arriesgara a salir a comer fuera.

Una de las causas era la baja temperatura debida a su clima anormal.

A ello se sumaban los numerosos crímenes violentos cometidos últimamente por el creciente número de lunáticos, los científicamente denominados…

«HER».

Gracias a todo esto, la gente había empezado a reprimirse para salir siempre que fuera posible.

A pesar de estas circunstancias, el «Café Chloe» seguía abierto.

No sabía por qué, y Lych no tenía la suficiente buena relación con el propietario como para preguntarle.

Sólo que había pocas dudas sobre que pasaban todos los días en números rojos.

—…

Sentado en el asiento de enfrente, su hermano menor, Michael, sorbía sin palabras su café.

Apenas había tocado su perrito caliente.

Cuando Michael dejó su taza sobre la mesa, ya estaba vacía.

—¿Quieres que pida otra taza? —preguntó Lych.

Pero Michael negó con la cabeza.

—No… Está bien. —Y entonces, Michael volvió con una pregunta propia—: Entonces, ¿qué vas a hacer? ¿Vas a ir? ¿No vas a ir?

—… ¿Ir a dónde?

—No te hagas el tonto. La lista de la tripulación de esa gran nave espacial está casi completa. Sólo queda… una plaza vacía.

—…

—Así que tienes que decidirte pronto.

Sin pensarlo, Lych apartó los ojos de su hermano, que lo miraba con gran seriedad, y contestó:

—Si ese es el caso… Deberías guardar esa plaza para tu prometida.

—¿Gumillia? Ella ya tiene su nombre en la lista. Como asistente de la Dra. Levia, igual que yo.

—La cosa es, Michael, que estás tratando de llenar un precioso espacio en una lista de tripulación para setenta y dos personas con alguien que es pariente tuyo —dijo Lych, manteniendo su habitual sonrisa, tratando de sonar lo más sardónico posible.

Pareció funcionar, ya que Michael empezó a parecer un poco avergonzado.

—… Sé lo que intentas decir, hermano. Pero…

—Una nave espacial que huye de nuestra desmoronada Tierra, buscando una amplia diversidad genética entre la gente que viaja en ella… Suena un poco como el “Arca de Noé”.

Michael soltó un suspiro al ver que su hermano no le permitía su refutación.

—¿Esa historia del Antiguo Testamento? No sabías que eras tan devoto, hermano.

—Hablo desde un punto de vista científico, Michael.

—… Entonces esa es una razón más para que te subas al “Climb One”. Cuando la humanidad intente vivir en un nuevo mundo, estoy seguro de que necesitará los conocimientos sobre humanos artificiales del gran Lych Arklow.

Lych y Michael eran investigadores, pero sus áreas de especialización diferían.

Como el hermano mayor llegó a ser llamado el principal experto de América en clonación y en la «raza de la máscara» y los «vampiros» creados a partir de eso -las llamadas «razas sobrehumanas»-, el hermano menor se fue a Rusia y se dedicó a la investigación psicológica bajo la tutela de la «Prodigio del Milenio», Levia Barisol.

Si el mundo hubiera seguido en paz, los dos habrían seguido en sus respectivos campos hasta llegar a una edad avanzada.

—Conocimientos sobre humanos artificiales, eh… —murmuró Lych, tomando un sorbo de su débil café y volviendo a dejar la taza—. Para eso tienen a Behemo.

Cuando Lych pronunció el nombre de su propio discípulo, el rostro de Michael se sonrojó.

Y luego, con un tono impregnado de ira, soltó:

—Él mismo es pariente de la doctora Levia, ¿no?

—… No habla bien de ti hablar mal de tu propia mentora.

Michael pareció recuperar rápidamente la compostura ante la reprimenda de Lych.

—Dices eso, pero… Nadie sabía que la doctora Levia tenía un hermano gemelo. Apareció de la nada, y fue seleccionado para la tripulación del “Climb One” únicamente porque estudió contigo durante varios años…

Era cierto que el debut de Behemo había sido bastante abrupto, y además Lych se había molestado un poco cuando solicitó repentinamente ser su aprendiz.

Aun así-

—No se puede discutir que es un prodigio. Puedo garantizarlo, como su mentor. … Aunque, bueno, me gustaría que hiciera algo con sus hábitos de vestir.

Es probable que no haya investigadores fuera de Behemo que vayan por ahí con un uniforme de sirvienta.

—Aunque tenga talento… Hay mucha gente que ha expresado su malestar por él. Incluso el profesor Held dice que usted está más cualificado que él. Así que…

—Así que tú, alguien que es poco más que uno de los ayudantes de Levia, regresaste a América por primera vez en años para intentar convencerme de que me embarque en el “Climb One”.

—… Sí. Esto no surgió sólo por mis deseos personales. El profesor Held lo decidió en consideración a la humanidad en su conjunto.

—…

A Held le disgustaba intensamente Lych.

Fue debido a conocer este hecho que Lych no estaba inclinado a creer completamente todo lo que Michael estaba diciendo.

—…

El silencio reinó entre ellos durante un rato.

Aparentemente incapaz de soportarlo, Michael mordió de repente su perrito caliente.

—Mm… Sabroso.

—Siempre te han gustado los perritos calientes de aquí, desde que eras un niño.

—Me gustaban mucho más que los pasteles de carne de mamá.

Su madre había perdido la vida cuatro años atrás, junto con su padre.

Se habían visto envueltos en un ataque terrorista cometido por «HERs», y su casa había sido volada con una bomba.

—A ti… nunca te han gustado los perritos calientes, ¿verdad, hermano?

—Así es. En realidad, no me gusta nada del menú de aquí.

—Entonces, ¿cómo es que has hecho de este nuestro punto de encuentro?

La casa en la que habían pasado su infancia había desaparecido.

Dicho esto, a Lych tampoco le habría gustado demasiado que su anterior conversación fuera escuchada por la gente con la que trabajaban.

—-Porque a ti te gustaba —fue todo lo que respondió Lych.

—Puede que seamos hermanos, pero nuestros gustos son muy diferentes, eh. … Ahora que lo pienso, en realidad no sé qué es lo que te gusta.

—¿Es así?

—No eres el tipo de persona que emite dice cuando come.

—Aah… Supongo que es así.

—La próxima vez deberíamos ir a un lugar que te guste, hermano. … Entonces te preguntaré de nuevo sobre tu respuesta a mi pregunta anterior.

—Ya casi no hay otros lugares abiertos.

—Encontraremos uno. Entonces… ¿Qué? ¿Cuál es tu comida favorita?

Lych pensó en eso por un momento.

—Esa es… yo…

Justo cuando estaba a punto de responder-

De repente le asaltó un fuerte mareo.

Y-

Lych perdió el conocimiento.