Nivel 4 – Escena 10

Aunque no podía salir del edificio del instituto, había algunos datos sobre el mundo que aún podía obtener. Por ejemplo, la hora. El reloj del interior del instituto funciona correctamente y, sobre todo, puedes saber claramente si es por la mañana o por la noche por la salida y la puesta del sol, incluso desde la sala del club de música.

El reloj de la sala del club marcaba exactamente las diez. Como fuera estaba oscuro, eran las diez de la noche. Por lo general, era una hora perfectamente normal para estar despierto, pero en la oscuridad, Otoha no se atrevía a caminar fuera de la sala del club, donde podría haber un oso.

Otoha extendió una toalla en el suelo de la sala y se tumbó en ella.

El suelo era duro e incómodo. Si hubiera sabido de antemano que tendría que quedarse en la escuela, podría haberse preparado en consecuencia.

Varias alumnas también estaban tumbadas como Otoha.

Y, como era de esperar, parecía que ninguna de ellas había conseguido dormir.

Como no sabían cuándo podría atacar el oso, no querían dormir ni un momento. Sin embargo, la somnolencia como fenómeno fisiológico también les estaba atacando. Tenían que seguir luchando en aquella paradójica situación.

Aún así, Otoha cerró los ojos desesperadamente, intentando conciliar el sueño.

Da miedo tener un límite.

Pero si no dormía, no tendría resistencia.

Si no tenía energía, no podría escapar del oso.

Entonces, un fenómeno fisiológico atacó a Otoha.

Tirada en la toalla, Otoha puso su mano en la parte baja de su abdomen y comenzó a torcer su cuerpo.

En pocas palabras, tuvo ganas de orinar.

El mayor inconveniente de este edificio es que no hay cuartos de baño. Si quería ir al baño, tenía que salir del edificio del club e ir hacia el edificio de la escuela.

Otoha se incorporó y llamó a Mizuki, que estaba tumbada a su lado.

—Mizuki… ¿estás despierta?

—Sí… ¿qué pasa? ¿Necesitas ir al baño?

—Como esperaba de ti, ya sabes todo lo que me pasa. ¿Podemos ir juntas?

Mizuki se levantó y tomó la linterna de emergencia que estaba colocada cerca de la entrada.

La linterna sólo era necesaria para el corto pasillo que conecta el edificio del club y el edificio de la escuela. Por alguna razón, no había luces instaladas aquí.

En primer lugar, casi nunca había necesidad de quedarse en la escuela hasta altas horas de la noche, así que nunca se había fijado en esto.

Era una suerte que ni siquiera se hubiera cortado la electricidad. El muro invisible parecía bloquear incluso la señal del teléfono móvil, pero por alguna razón, el cable eléctrico que conectaba con el edificio del instituto no estaba cortado. Si la electricidad no hubiera llegado, habrían tenido que pasar la noche con aún más miedo.

Tras atravesar a salvo el pasillo y entrar en el edificio de la escuela, Mizuki apagó el interruptor de la linterna que llevaba. Habían llegado, y el baño estaba justo delante de ellas.

Aunque la electricidad llegaba, la iluminación cambiaba automáticamente a luces de emergencia después de las ocho de la tarde, lo que la hacía un poco tenue. No estaba tan oscuro como para necesitar la linterna, pero no podían ver muy lejos por el pasillo.

—… Ah, son Seiryuu y sus amigos. —murmuró Mizuki en voz baja.

Cuando miraron hacia delante, efectivamente pudieron ver a Seiryuu y los otros estudiantes varones apiñados frente al baño.

—Oh, ¿qué pasa? ¿También tenéis que mear? —El estudiante gordo se fijó en ellas y se dirigió a Mizuki—. ¿O a lo mejor buscáis algo más? jajaja.

Mientras seguía riéndose, el estudiante delgado que estaba detrás de Seiryuu se unió a la risa. El propio Seiryuu parecía aburrido. Era dificil creerse lo tranquilo que estaba actuando después de ser atacado por un oso.

—Eso no es asunto vuestro. ¿Y qué es eso de vayáis puntitos a mear? —respondió Mizuki a los alumnos varones con una voz áspera que nunca antes había dejado salir de su boca.

—¿Tenéis algún problema con eso?

—La verdad es que no. Pero supongo que seguís teniendo miedo del oso, ¿eh?

—No tenemos miedo de nada. Es solo que siempre andamos juntos los tres.

—Ya veo. Bueno, ¿podríais apartaros entonces? Queremos acabar con esto rápido.

Después de intercambiar unas palabras con el estudiante gordo, Mizuki tiró del brazo de Otoha y la empujó para entrar en el baño de mujeres.

—Mizuki… ¿conoces a esos tipos?

—Sí. Son del último curso de secundaria. Antes eran muy estudiosos, pero ahora míralos.

—… Hmm.

—Tratar de ser delincuentes en una escuela prestigiosa sólo los hace parecer estúpidos.

—Sí… supongo que sí. Hey, Mizuki.

—¿Qué pasa?

—¿No era un poco extraña la forma en que hablaban?

—¿Eh?

—Eso de que digan que no tienen miedo del oso… aún cuando Seiryuu acaba de ser atacado por uno. Es raro.

—….

Mizuki se apoyó en el lavabo y se miró en el espejo sin girarse para mirarla.

—Probablemente, sí. Es un poco raro.

—…

—Creo que es mejor no preocuparse demasiado por ello.

¿Tú crees?

—Mucha gente ha muerto. Nonomiya-sensei… y probablemente Kubo-san también. Pero siento que no podemos ser aplastadas por ese hecho. Incluso en esta situación, si no intentamos mantener las cosas lo más normal posible, nos perderemos a nosotras mismas antes de que nos mate el oso.

—…

—Hey, Otoha. ¿No querías ir al baño?

—Ah, sí- Estoy casi en mi límite.

—Jaja. Vale, démonos prisa, terminemos y volvamos a la sala del club.

Con eso, Mizuki entró en el baño.

Otoha entró a su lado.


Cuando Otoha salió, Seiryuu estaba de pie frente al lavabo, con cara de nerviosismo.

—¡Eh! ¿Qué haces entrando en el baño de chicas?

—Idiota, eso no es importante ahora… ¿Sigue Mizuki aquí?

Seiryuu aporreó la puerta de la cabina en la que estaba Mizuki.

—¡Eh, Mizuki! ¡Sal rápido!

—¡Qué demonios, deja de aporrear la puerta! No está cerrada, ¡así que se abrirá si sigues!

Después de un rato, una agitada Mizuki salió.

—¿Qué pasa?

—El oso está ahí fuera. Tenemos que salir de aquí ya.

Ante las palabras de Seiryuu, tanto Otoha como Mizuki lo comprendieron todo.

Intentaron salir juntos del baño, pero entonces oyeron un pequeño grito desde fuera.

No pudieron distinguir de quién era la voz, pero se dieron cuenta de que era la voz de un hombre.

—¡Mierda!

Seiryuu salió corriendo del baño, y Otoha y Mizuki le siguieron.

Justo fuera del baño, encontraron a Taka sentado en el suelo.

Seiryuu le llamó.

—¡Eh, Taka! ¿Por qué sigues aquí? Te dije que huyeras antes.

—Y-Yasu… fue atrapado por el oso…

Taka seguía sentado, y señalaba el pasillo con manos temblorosas.

Estaba demasiado oscuro para ver con claridad, pero definitivamente podían ver algo negro moviéndose por el pasillo.

Y al mismo tiempo, pudieron escuchar el sonido de algo siendo masticado.

Al oír ese sonido, Otoha recordó de repente una vez que fue a un restaurante con su familia.

Su hermano estaba comiendo filete y su madre le regañó diciéndole: “Ya eres adulto, así deja de hacer ruido al comer”. También recordó el sonido que hizo la boca de su hermano en ese momento.

—É-Él… de repente se armó de valor… y saltó hacia el oso, gritando “¡No me asustan los osos!”… aunque no había forma de que pudiera ganar… a ese monstruo… —Taka le explicó a Seiryuu lo ocurrido con la cara pálida.

—Tsk, ese idiota… Eh, chicas —Seiryuu se giró hacia ellas y habló—. No gritéis ni nada. Volvamos tranquilamente a la sala del club mientras podamos.

Pero Mizuki sacudió la cabeza con lágrimas en los ojos.

—Pero… Yasu… tenemos que ayudarle…

—Probablemente ya esté muerto…

—Yo… yo…

—¡No llores! Ahora mismo tenemos que asegurarnos de que no nos encuentra esa cosa… de lo contrario, nos matarán a nosotros y a todos los de la sala del club.

Las palabras de Seiryuu eran razonables. Si el oso los encontraba aquí, la única dirección en la que podían escapar era hacia el edificio de la sala del club.

Pero, ¿qué harían una vez allí? Había un camino que debería llevar al patio de la escuela en dirección opuesta al edificio del club, pero esa puerta también estaba cerrada por una fuerza extraña.

Solo podían esperar que el oso saliera en dirección opuesta al edificio del club.

—Vamos, Taka, tú también.

—Pero, Seiryuu, yo… mis piernas no se mueven…

—Encuentra la forma de ponerte de pie… si no quieres morir.

Al cabo de poco tiempo, Taka consiguió ponerse en pie con la ayuda de los demás. Tras confirmarlo, todos caminaron en silencio hacia el sendero que conducía al edificio de la sala del club.

El oso seguía concentrado en su comida y aún no se había percatado de su presencia.

Cuando por fin llegaron al camino, Mizuki intentó encender su linterna, pero Seiryuu la detuvo.

—No la enciendas. El oso podría fijarse en nosotros.

Avanzaron juntas por el camino oscuro.

Puede que fuera la primera vez que Otoha sentía lo aterrador que era la oscuridad.

Ella sólo quería llegar cuanto antes a la sala del club, un lugar luminoso.

Con eso en mente, siguió caminando.

El camino que debería haber sido corto se sentía increíblemente largo.

Finalmente, llegaron a la sala del club de música y abrieron la puerta.

Ah… por fin, un lugar luminoso…

Los estudiantes en el cuarto del club notaron el estado inusual de los cuatro que habían entrado y se apresuraron hacia ellos.

Seiryuu les dijo esto:

—¡Apagad las luces! ¡El oso está cerca!

Nivel 4 – Escena 9

Si preguntáramos a alguien por el aspecto de Mekage Mika, cinco o seis de cada diez personas responderían «bueno, es guapa». Definitivamente no es fea, pero no tiene el tipo de belleza que la convertiría en una celebridad. Por supuesto, ésta es sólo la opinión personal de Koudai, y puede que haya gente que prefiera a las mujeres como ella. Sus rasgos faciales están bien proporcionados y tiene una buena figura. Pero hay algo en ella que es… simple. No es que tenga un aura sombría ni nada parecido. Es sólo que su impresión es débil. Esa era la evaluación que Koudai hacía de Mika desde el instituto. Si tuviera más encanto, Koudai podría haber recordado más cosas de Mika. Después de todo, estuvieron en la misma clase unas cuantas veces.

Incluso viéndolos a los dos juntos ahora, Koudai aún no terminaba de creerse que Mika tuviera una aventura con un hombre que le superaba en más de dos decadas de edad Y viendo como era el director Nakazawa, Koudai no pudo evitar pensar que no parecía el tipo de persona que se involucrara en actos tan impuros como la infidelidad.

«Bueno, supongo que no hay ninguna regla que diga que no se puede ser infiel a menos que seas una mujer llamativa o un playboy.»

Ahora bien, lo importante no era la relación entre ambos, sino por qué Mika había llamado al director hasta ahí. Bueno, quizás ese no fuera el caso. Según el relato de Takatomi, el director parecía haber estado buscando también a Mika. Cabía la posibilidad de que hubiera rastreado su paradero, terminando en el santuario.

¿Deberían interrogarles al respecto ahora? Koudai miró a su amigo, que permanecía en silencio a su lado.

Él también devolvió la mirada a Koudai sin decir nada. Mirándole a los ojos, Koudai juzgó que Atsuki probablemente estaba pensando lo mismo que él.

«… Por ahora, esperemos a ver qué pasa. Los dos… especialmente Mika, podrían decir algo importante que no esté relacionado con su asunto amoroso». Esa podría ser la respuesta que Koudai estaba buscando.

Koudai permaneció tras el pilar, contemplando una vez más el perfil de Mika y el director frente al altar.

El director fue el primero en hablar.

—… ¿Fuiste tú quien envió ese correo electrónico?

El director se refería sin duda al correo de advertencia que se envió a la empresa.

No fue otro que Koudai quien se lo comunicó. En aquel momento, el jefe de departamento pareció escuchar la historia sin mucho interés, pero parece que ese no fue realmente el caso. Koudai sólo informó como parte de su trabajo y no prestó atención a los verdaderos sentimientos de Nakazawa.

En retrospectiva, desde que se lo contó al jefe de departamento, se le notó menos en el trabajo. Probablemente se dio cuenta inmediatamente de que el remitente del correo electrónico era Mika. Por eso estuvo buscando su paradero todo este tiempo.

—Sí.

Esa fue la corta respuesta de Mika a la pregunta del jefe de departamento.

Sin darse cuenta, Koudai se volvió hacia Atsuki, pero éste último no se giró para mirarle y continuó mirando fijamente a la pareja. Como resultado, Koudai también devolvió allí su mirada.

Un misterio se resolvió fácilmente. El remitente del correo electrónico era, efectivamente, Mika.

Sin embargo, aún no estaba decidido que ella fuera el cerebro detrás de todo. Es cierto que Mika se anticipó a la situación actual, pero aún no había confirmación de que ella la causara.

—Ya veo.

—…

El jefe de departamento sacó un cigarrillo del bolsillo de su pecho, como para tapar el silencio que se había hecho entre Mekage y él.

—En el recinto no se puede fumar.

Los ojos de Mika parecieron abrirse ligeramente. El jefe de departamento hizo caso omiso de su advertencia y siguió fumando tranquilamente, sacando incluso un cenicero.

—¿Eso es todo lo que querías decir? —Mika se dio cuenta de que no conseguiría nada pidiéndole al jefe de departamento que apagara el cigarrillo, y dejó que él siguiera preguntando—. Hay muchas cosas de las que quiero hablar, pero… ¿por dónde empezar?

El jefe de departamento dejó caer la ceniza del cigarrillo en el cenicero.

—A mí me parece que ya sabes mucho.

—… ¿Es todo cosa tuya?

—No sé qué quieres decir con “todo” —respondió Mika.

Koudai y Atsuki, que estaban escuchando a escondidas, ya sabían a qué se refería con “todo”. Pero, ¿por qué el jefe de departamento sabía tanto sólo por el informe de Koudai?

—Déjate de rodeos.

Esta vez, el jefe de departamento estaba empezando a cabrearse. Incluso alguien que observara desde la distancia podía sentir la tensa atmósfera entre los dos.

—¿Ahora soy yo la qué no es clara? Eras tú quien siempre complicaba las cosas. Yo siempre he sido sincera con mis sentimientos, pero tú siempre has sido evasivo —dijo Mika.

—… Espero que no hayas hecho esto sólo para vengarte de mí —replicó él.

Jejeje… Bueno, puede que en parte fuera por esa razón. Si la seguridad de la ciudad se iba a la mierda, perderias tu trabajo.

—…

Era una respuesta plausible, similar a lo que Koudai había especulado.

Sin embargo, Koudai sólo pensaba en el incidente del correo electrónico. Nunca pensó que el caos que se había instaurado fuera culpa de una maraña de emociones amorosas.

¿Tenía Otoha que pasar peligro por algo así?

—Pero de verdad, me sorprende que esto haya pasado. Quiero decir, realmente no puedo creer que el ritual transmitido en mi familia sea real. Poner mis pertenencias en esa caja y que todas las cerraduras dejaran de funcionar… Pensé que era imposible, pero la idea de que rompieras conmigo me estaba volviendo loca, por lo que lo intenté de todos modos.

—… ¿“Evillious.net” te dio instrucciones? … ¿Es esa la “otra parte” de la razón de porque lo hiciste?

—Evillious… ¿Qué es eso?

Los ojos de Mika se abrieron de par en par. No entendía el significado de la palabra que había dicho el director.

Por supuesto, Koudai tampoco lo entendía.

«¿Eh? ¿“Evillious.net”?»

La conversación iba más allá de su comprensión.

Antes de nada, Koudai necesitaba reflexionar sobre cómo Mika había provocado esta situación. Por la conversación, parecía que había reproducido el ritual que Kameko había realizado. Ya habían obtenido ese conocimiento de la biblioteca, pero nunca pensaron que fuera la causa directa. Al menos, Koudai no lo pensó así.

La verdad sobre este incidente que buscaba Koudai tenía que tener más pruebas científicas. Pero eso fue negado por la persona implicada, la propia Mika.

Sin embargo, eso aún no probaba que la teoría de Atsuki fuera correcta. Todavía existía la posibilidad de que Mika estuviera mintiendo.

A pesar de la confusión de Koudai, Atsuki miraba fijamente a Mika y a Shinichi con expresión seria, a diferencia de la expresión relajada que tenía antes de que llegaran.

El jefe de departamento parecía sorprendido de que Mika no entendiera a lo que se refería.

—¿Recibiste órdenes de “Allen”?

—Bueno, ahora que lo pienso, sí recibí un correo extraño, pero no sé quién era el remitente. No entiendo porqué me preguntas esto.

—Bueno, no importa. Con saber que tú eras el cerebro detrás de todo es suficiente.

El jefe de departamento dejó el cigarrillo que sostenía en el cenicero portátil y se lo guardó en el bolsillo del traje.

—Eh, Shinichi-san. Qué debo hacer… No esperaba que las cosas llegaran a esto. El incidente con el oso en esa escuela… Estoy segura de que mucha gente ya ha sido herida y asesinada. Yo, yo… —Mika llamó al jefe de departamento por su nombre de pila, apunto de estallar en lagrimas.

A Koudai le parecía estar viendo la escena culminante de un drama policíaco barato.

Podría sonar frío, pero ahora mismo, los sentimientos de Mika no importaban. Si realmente se tratara de una historia al otro lado de la pantalla del televisor, podría haber simpatizado un poco con la culpable, pero dado que Koudai y Otoha también estaban implicados, era más importante enfrentarse a ella e intentar que las cosas volvieran a la normalidad.

«… Deberíamos de actuar pronto.»

Koudai miró la cara de Atsuki a su lado y confirmó que lo había entendido. Justo cuando estaba a punto de asomarse por detrás del pilar, el jefe de departamento se acercó a Mekage y la abrazó con suavidad.

—No tienes que hacer nada.

Mika mostró una expresión de sorpresa.

A continuación, probablemente empezaría a derramar lágrimas de alegría por ser aceptada por la persona a la que amaba. Eso pensaba Koudai, pero se equivocaba.

Mika no empezó a llorar. Su expresión cambió a una llena de agonía.

—¿Shin… ichi…?

—Espero que mueras. Así, este “juego” terminará… y yo seré el ganador.

Nakazawa llevaba en la mano un cuchillo de supervivencia con la hoja manchada de sangre cuando soltó a Mika.

Probablemente lo había sacado en lugar del cenicero cuando se metió la mano en el bolsillo antes.

Y con ese cuchillo, apuñaló a Mika en el abdomen.

Koudai ni siquiera tuvo tiempo de pensar como aquello era realmente como un drama televisivo. Rápidamente saltó de detrás del pilar y abordó al jefe de departamento.

—¡Qué estás haciendo, idiota!

Derribó al jefe de departamento y le quitó el cuchillo de la mano. Lo que había aprendido en la clase de judo a la que le obligó a asistir su padre en la escuela secundaria le resultó útil en un lugar inesperado.

—Takahagi… y también Kayama… ¿por qué estáis aquí? —El sorprendido jefe, cogido desprevenido, miró a ambos con ira.

—¡Atsuki! ¡Llama a la policía y a una ambulancia! —gritó Koudai mientras sujetaba al jefe. Atsuki reaccionó a sus palabras y sacó su teléfono móvil, pero entonces sus movimientos se detuvieron.

—Um… ¿Funciona el 110?

—Cierto… ¡Está bien! ¡Sujeta tú al jefe!

Dejando el jefe a Atsuki, Koudai usó su propio móvil para llamar a alguien.

—Hola, ¿qué ocurre, Koudai?

¡Papá, envía a la policía y una ambulancia de inmediato al Santuario Mekage!

Nivel 4 – Escena 8

Era la primera vez que Koudai visitaba esl Santuario Mekage.

Como había un aparcamiento para bicicletas, aparcó allí su reciente compra. No le puso ningún candado, como era de esperar. El dueño de la tienda de bicicletas le advirtió al no llevarse ninguno de que tuviera cuidado, pero como ninguna cerradura funcionaba, no le hizo mucho caso.

Aunque era bastante pequeño comparado con los santuarios que Koudai conocía, parecía tener todas las instalaciones básicas.

Sin embargo, incluso después de mirar ligeramente a su alrededor, no pudo ver a nadie.

—¿Dónde viven las familias de los sacerdotes en estos lugares? —preguntó a Atsuki, pero éste se limitó a devolverle una sonrisa ligeramente desconcertada.

Parecía que ambos tenían una vida alejada de los dioses, y de ese tipo de conocimientos.

—Bueno, si deambulamos por los recintos de forma casual, probablemente acabemos encontrándolos.

—O quizá tengan una casa en otra parte.

Koudai se arrepintió un poco, pensando en que debería haber buscado la dirección de la casa de Mika en su álbum de graduación.

—¿Eh? —exclamó Atsuki de repente, sorprendido. —Mirando en la dirección que señalaba, se veía la silueta de un hombre de mediana edad en un lugar algo distante—. Eh… ¿No es ese el director Nakazawa? ¿Qué está haciendo aquí?

Koudai volvió a mirar aquella silueta para confirmar lo que le había dicho. No podía verle bien desde aquí, pero el color de su traje era sin duda el mismo que el que solía llevar el director Nakazawa, y su pelo blanco en la nuca también era exactamente igual. Incluso llevaba los zapatos de marca que compró cuando fue de viaje a Inglaterra con su familia.

—¿Deberíamos hablar con él? —Atsuki intentó acercarse a él, pero Koudai se lo impidió. Atsuki pareció desconcertado por un momento, pero pronto pareció comprenderlo—. Ah, ya veo. Si nos ven, será un problema.

Eso no era del todo erróneo, pero tampoco era la respuesta correcta.

La persona que parecía ser el Director Nakazawa se dirigía hacia el centro del recinto. A juzgar por un mapa del lugar cercano, parecía dirigirse hacia el edificio principal de este santuario.

—Deberíamos seguirle ahora —sugirió Koudai, y Atsuki pareció aún más desconcertado.

—¿Por qué?

—No te lo dije antes, pero parece que el director Nakazawa y Mekage… tienen un romance.

—… ¿¡Eh!? ¿Hablas en serio? —Atsuki exclamó con incredulidad. Él, como Koudai, nunca habría pensado que su jefe estuviera engañando a su mujer.

Por lo que podían ver en el trabajo, el director Nakazawa era una persona seria, aunque había rumores de acoso sexual hacia sus empleadas.

—Y de todas las personas… tiene una aventura con Mekage Mika… ¿Dónde se conocieron?

—No lo sé. Pero bueno, si se trata de un empleado de una compañía de seguridad y una oficial de policía, no es extraño que tengan algún tipo de conexión.

De hecho, Koudai sólo entró en su empresa actual debido a su padre, que era un oficial de policía.

—Si el jefe está aquí, es muy probable que haya venido a ver a Mika.

—Así es. Podríamos encontrarla si seguimos al jefe… ¿Pero no es eso un poco demasiado conveniente? —preguntó Atsuki.

—¿Qué quieres decir?

—Que la persona a la que estamos buscando resulta ser la amante del jefe, es una casualidad muy grande.

—No es ninguna casualidad. Es gracias a eso que pudimos conseguir una pista sobre Mekage.

—¿Eh?

Parecía que Atsuki aún no lo entendía del todo.

—El email. —Koudai sólo dijo eso y finalmente, Atsuki pareció conectar los puntos.

—Oh, ya veo. Ese era un mensaje destinado al Jefe Nakazawa, hmm…

—Según la compañera de Mika, parece que su relación se ha deteriorado últimamente. Así que es posible que enviara el email a la dirección de la empresa como forma de acoso, asegurándose de que sólo el jefe lo entendiera.

—Hmm…

Atsuki no parecía del todo convencido por la deducción de Koudai. Parecía que quería decir algo, pero se dio cuenta de que Nakazawa se estaba alejando.

—Vamos. Podríamos perderlo —diciendo esto, Koudai comenzó a seguir al jefe, con Atsuki siguiéndole.

Pronto vieron el santuario principal, que era probablemente el edificio más grande de las instalaciones. El jefe caminó derecho hacia él y Koudai y Atsuki le siguieron. Éste no se dio cuenta de que le seguían.

Finalmente, el Nakazawa Shinichi llegó justo delante del santuario principal. Koudai y Atsuki pensaron que podría estar esperando a alguien para entrar en el edificio, pero giró a la derecha y empezó a caminar alrededor del mismo.

—Puede que se dirija hacia el salón principal.

Mientras hablaba en voz baja, Koudai dijo:

¿El salón principal? ¿No es ese edificio de ahí?

—Esa es la sala de culto donde rezan los visitantes. El salón principal del santuario, donde se consagra el objeto sagrado, está más atrás.

—Estás muy bien informado.

Estaba escrito en el mapa que vimos antes.

Koudai también había visto el mapa, pero no lo había escrutado tanto.

—Tienes una gran capacidad de observación.

Aunque sonó un poco sarcástico, Koudai lo dijo como un auténtico cumplido a Atsuki.

—Es solo que a ti parece faltarte atención a los detalles… Oh, ¿te has fijado en esa pegatina de la entrada? Parece que este santuario tiene un contrato con nuestra empresa, FOPS.

—¿Ah, sí? No lo sabía.

—Tal vez esa sea también la razón de la conexión entre el jefe de departamento y Mika… Oh, parece que el santuario principal era el destino después de todo.

El salón principal parecía un poco más pequeño que la sala de culto justo enfrente. El jefe de departamento se detuvo frente al edificio y comenzó a subir lentamente las escaleras que conducían al interior.

—¿Es normal entrar en un lugar así?

—Probablemente dependa del santuario. Bueno, no debería ser un problema para el personal de seguridad contratado, ¿no crees?

Esto se aplicaba tanto al jefe de departamento como a Koudai y Atsuki. Si alguien del santuario los encontraba y los interrogaba, sólo tenían que mostrar sus placas identificativas.

Ambos siguieron al jefe de departamento y entraron en el santuario principal.

Sin embargo, nada más entrar, los dos se escondieron a toda prisa detrás de un pilar. Dentro sólo había una sala grande, y el jefe de departamento estaba frente a otra persona en el centro de la misma.

Estaba esperando a Nakazawa.

… Sin duda, era Mekage Mika.

Nivel 4 – Escena 7

Koudai llegó a la Biblioteca Central de Tsuruki en unos 15 minutos andando. Aunque hay unas cinco bibliotecas en esta ciudad, esta era la que tenía las instalaciones más grandes. Sin embargo, hacía desde el instituto que Koudai no visitaba una biblioteca, y nunca había estado en ninguna otra que no fuera la Biblioteca a la que solía ir, así que no sabía si esta era de verdad la más grande en comparación con las demás.

Aunque Koudai, al igual que Atsuki, quien prefería buscarlo todo por internet, no estaba muy interesado en la lectura, cuando se reunió con su compañero en la sala de lectura de la biblioteca, bromeó de esta manera:

—Dudo bastante que hayas pisado un lugar como este antes, ¿eh?

Atsuki no pareció enfadarse y sonrió irónicamente mientras se recostaba en una silla de madera.

—Bueno, bueno. Me parece que la duda es compartida. De todas formas, si bien no vengo muy a menudo a la biblioteca, leo bastante, ¿sabes?

—Ah, ¿sí?

—Bueno, internet no es tan omnisciente como crees. Hoy en día, cualquiera puede acceder a internet, así que la información especialmente valiosa que incluso podría hacerte ganar dinero está demasiado oculta. Y los que la tienen no quieren compartirla gratis con cualquiera. Por eso dicen: “Si quieres saberlo, compra mi libro”.

—Por eso los libros siguen siendo valiosos incluso en la era de Internet, y por eso bibliotecas como ésta no desaparecerán.

—Así es, y creo que eso es lo que pensó Mekage Mika.

—¿…?

—Pidió un libro hace un poco, este —dijo Atsuki, dejando caer su mano sobre el libro que estaba colocado en el escritorio frente a él.

Era un libro bastante viejo y grueso.

En la cubierta, de un rojo apagado, estaba escrito en letras doradas: “Folklore del Pueblo de Tsuruki: Volumen Seis”.

Según recordaba Koudai por haberlo aprendido en sus clase de estudios sociales de la escuela primaria, Tsuruki pasó de ser considerada un pueblo a una ciudad en la era Shōwa. El libro mencionaba a Tsuruki como un «pueblo», así que debió publicarse al menos antes de aquella época. Era sorprendente lo bien que recordaba las cosas que aprendió de niño en situaciones tan inncesarias como esta.

—Kayama-kun, tengo algunas preguntas.

—Adelante, pregunta.

—Primero, ¿cómo supiste que Mika tomó prestado este libro?

—Bueno… como dije antes en mi casa, ahora es muy difícil usar internet. Así que anoté los títulos interesantes del historial de navegación de Mika y vine aquí para investigar sus contenidos.

—¿Cuáles eran esos títulos interesantes?

—Cosas sobre la historia de esta ciudad… y sus propias raíces.

—¿Sus raíces?

—¿Conoces el Santuario Mekage?

Al oír esto, Koudai se sorprendió. No sabía mucho de Mika, ya que no eran especialmente amigos en el instituto, pero sí recordaba haber oído algo así de un amigo común.

—Mika es… la hija del sacerdote principal de allí, ¿no?

—Oh, ¿lo sabías? Deberías habérmelo dicho antes.

Atsuki puso mala cara al decir esto. Si Koudai hubiera sido una jovencita llevada por las hormonas, tal vez le hubiera encantado su expresión, pero, por desgracia, Koudai era un hombre que no se interesaba por personas del mismo sexo.

—Eso no tiene importancia. Además, nos estamos desviando del tema. No has respondido a mi pregunta. ¿Cómo supiste que ella tomó prestado este libro?

—No fue por nada especial. Sólo miré su historial de préstamos en la base de datos de esta biblioteca.

—¿Cómo hiciste eso…? Espera, no me lo digas…

—Oh, no, no hackeé nada esta vez. Bueno, supongo que podría haberlo hecho si quisiera… pero da la casualidad de que la bibliotecaria de aquí es una vieja amiga mía.

—Esa es una coincidencia muy conveniente.

—Así es el mundo. Especialmente en esta pequeña ciudad, no es sorprendente que ocurra algo así… Para mí, es mucho más una coincidencia que tú y Mekage os conocieraís. De todos modos, conseguí persuadir a la bibliotecaria para que me enseñara los registros.

—Bueno… eso parece problemático en varios sentidos. Como por la información personal, para empezar.

—Mientras no se lo cuentes a nadie, nadie se enterará. Y… encontré algo bastante interesante en este libro.

Atsuki abrió el libro y señaló una página del medio.

—¿Quieres que te lo lea?

—… ¿Podrías hacerme un resumen? No tengo tiempo para una lectura.

Mientras hablaban, los estudiantes podían estar siendo atacados por el oso en el instituto.

—Pues ya somos dos…

Atsuki volvió a centrar su atención en el libro abierto que tenía delante.

—Déjame que te lo explique. Este libro contiene varias leyendas de la ciudad de Tsuruki, y el sexto volumen cubre principalmente historias desde el final del periodo Edo hasta la era Meiji.

—… Eh. ¿Una historia de hace tanto tiempo está realmente relacionada con la situación actual?

Bueno, sólo escucha un poco. En el séptimo año de la restauración Meiji, pasó lo mismo que ahora. Todas las cerraduras de la ciudad dejaron de funcionar.

—¿En serio?

—En aquella época, había una mujer llamada Kameko en esta ciudad. Venía de una familia bastante noble, y parece que se enamoró de un hombre que no tenía una buena posición social—. Era la clásica historia de amor entre personas de diferente estatus social. No era tan raro de ver, pensaba Koudai—. Finalmente, decidieron huir juntos. El día que lo hicieron fue el 7 de julio. Al menos eso está escrito en este libro.

—… El mismo día que comenzó este anormal suceso.

—Ves, ¿te interesa ahora?

Atsuki echó un vistazo a la cara de Koudai, sonriendo.

—… Continúa, por favor. ¿Qué les pasó?

—Bueno, huir así no es fácil. Como era de esperar, fueron atrapados por el padre de Kameko y sus subordinados. Así que el padre separó a los dos, y luego encerró a Kameko en el salón principal del Santuario Mekage.

—La historia está empezando a encajar.

—Parece que el padre de Kameko y el antiguo sacerdote eran amigos en aquella época. En cualquier caso, el santuario Mekage estaba firmemente vigilado y Kameko no podía salir por ningún motivo. Parece que estuvo confinada varios días, pero el número exacto se desconoce ya que no está escrito.

—Hay tantas cosas que no sabemos…

—Si quieres saber más, intenta encontrar información más detallada tú mismo o haz una máquina del tiempo. De todos modos, Kameko debió estar confinada durante mucho tiempo. Eram el sacerdote quien le daba de comer, pero cuando le entregaba la comida, Kameko solo gritaba desesperadas cosas como: “Quiero irme de aquí”, “quiero verle”.

Sólo había dos personas en la sala de lectura, Koudai y Atsuki. Por eso Atsuki siguió hablando elocuentemente sin bajar la voz.

—Un día, cuando el sacerdote llevó comida a Kameko como de costumbre, se dio cuenta de que la puerta del santuario Mekage, que debería estar firmemente sellada, estaba abierta. Cuando el sacerdote se apresuró a entrar, Kameko ya no estaba allí.

—Así que Kameko escapó.

—Sí. El sacerdote se apresuró a contactar con el padre de Kameko, y la búsqueda comenzó… Sin embargo, Kameko nunca fue encontrada.

—¿Quizás se escapó con el hombre otra vez?

—Eso es poco probable.

—¿Por qué?

—… Está escrito que el amante de Kameko murió repentinamente de una enfermedad el día después de que ambos fueran capturados.

—Así que incluso si Kameko escapó, su amante ya no estaba vivo en este mundo…

—Esto es sólo una conjetura mía, pero es sospechoso que el amante realmente muriera convenientemente de una enfermedad al día siguiente.

Koudai entendía lo que Atsuki quería decir. El resultado de un hombre que enamorado de una chica de clase alta huye con ella, especialmente en el pasado, podría haber resultado fácilmente en ser asesinado en secreto.

—Entonces, ¿es ese el final de la historia?

—Uy, lo siento. Me he saltado la parte más importante. El mismo día que Kameko escapó, ocurrió un extraño suceso en la ciudad.

—Todas las cerraduras dejaron de funcionar, ¿verdad?

—Así es. Todas las cerraduras de la ciudad quedaron inutilizadas, y la ciudad se sumió en un gran caos. Podría haber sido demasiado buscar a Kameko en medio de todo eso. Sin embargo, el caos disminuyó gradualmente hasta que todo volvió a la normalidad.

—¿Y cómo se hizo para que todo volviera a funcionar?

—Bueno… no está escrito aquí.

—¡Vamos, eso es lo más importante! Podría haber sido una pista para resolver la situación actual.

—Si tienes alguna queja, se la mandas al autor del libro. Con la desaparición de Kameko y la inutilización de las cerraduras ocurriendo al mismo tiempo, empezaron a correr rumores de que podría haber sido cosa de ella. —Pero era imposible que una sola mujer rompiera todas las cerraduras de la ciudad. Atsuki pareció comprender la duda de Koudai y continuó—: Quizá Kameko pidió al dios del santuario que abriera las cerraduras por ella. Hay rumores al respecto. Parece que la orquilla favorita de Kameko se encontró dentro de la caja negra que era usada como objeto sagrado en el santuario. Esto podría haber sido una ofrenda a su dios para que la salvara.

—¿Una caja negra? ¿Es ese el objeto sagrado del santuario? ¿No suelen usar espejos o algo así?

—El objeto del santuario Mekage es una caja negra, sí. Hay muchas historias sobre ella, ¿quieres oír más?

—¿Están relacionadas con este incidente?

—No lo sé, tal vez.

—Entonces dejemoslas de lado por ahora. Como sea, dices que la conmoción de entonces fue cosa de Kameko, y que quizá el milagro ocurrió por su deseo al dios. Todo se ha vuelto muy ocultista de repente.

—Es cierto, pero es la única forma en la que podemos explicar la situación actual. Esto es algo que no debería ser posible con la tecnología moderna. No sólo falló el sistema de seguridad, sino que las cerraduras físicas se volvieron inútiles, e incluso hay un “muro invisible”. Tenemos que pensar que o es un milagro o el acto de un demonio.

Koudai entendía lo que decía Atsuki, pero seguía queriendo que alguien le diera una explicación con una base más científica. De lo contrario, sintió que se volvería loco.

—De todas formas, la solución más realista es preguntarle al Mekage Mika directamente. —Koudai respiró hondo antes de hacer su propuesta en voz alta—. Seguro que ella sabe algo sobre esto. Nuestra prioridad no debería ser resolver el misterio de este fenómeno, sino aliviar la confusión y eliminar los muros que rodean la ciudad y el instituto.

—Entiendo… ¿No has conseguido hablar con ella?

—No, está ausente de su trabajo.

—¿Dónde está ahora?

—No lo sé. Probablemente esté en su casa, pero no sabemos la dirección. Si es la dirección de sus padres, podríamos averiguarlo fácilmente, pero… ah, no importa.

—Ya veo. Entonces habría que ir al santuario de su familia.

—Podríamos encontrarnos con Mika-san si todavía vive allí. Incluso si no, podríamos tratar de obtener su dirección actual de sus padres. El Santuario Mekage está un poco lejos de aquí. Sería bastante complicado caminar hasta allí. Además, he estado caminando todo el día, así que mis pies están bastante cansados, pero no podemos ir en coche, y los trenes tampoco funcionan.

—¿Compramos bicicletas en algún sitio? —le propuso Atsuki.

—¿Comprarías tú la mía? —Koudai respondió en tono burlón.

—Idiota. Cómprate la tuya.

—Hey, eres un tacaño.

—Ganas más o menos el mismo sueldo que yo, el tacaño eres tú.

—Como sea… Hablando de salarios, ¿está bien que hagamos esto en vez de trabajar?

Era un poco tarde para preguntar eso ahora. Se habían ido de la oficina diciendo que iban a solucionar un problema con el sistema de seguridad, lo cual no era del todo incorrecto. Si conseguían identificar al culpable, podrían detener este fenómeno y, de ser así, el problema al que se enfrentaba la empresa también se resolvería.

De todas formas, no tenían trabajo que hacer en la empresa, y su supervisor inmediato, el jefe Nakazawa, llevaba ausente desde la mañana. Así que no había nadie que impidiera a Koudai y Atsuki actuar así.

«Sí, el Jefe Nakazawa…»

Koudai probablemente debería contarle a Atsuki la relación del jefe con Mika.

No estaba claro si eso estaba relacionado con este caso, pero… No, en verdad podría estar relacionado. Si el remitente de ese email era Mekage Mika, ¿por qué lo envió a su compañía?

«Tal vez estaba dirigido al Jefe Nakazawa…»

—…… ¿Eh? ¿Kayama-kun?

Cuando se dio cuenta, Atsuki había desaparecido de la sala de lectura.

Koudai gritó su nombre en un tono ligeramente ansioso, pero Atsuki regresó rápidamente a la sala de lectura.

—¿Qué haces? Vámonos, rápido.

Parecía que Atsuki había devuelto el libro en cuestión a la estantería. Parecía querer ir cuanto antes al Santuario Mekage

En verdad, el propio Koudai era quien tenía más prisa, ya que no disponían de mucho tiempo.

«Bueno, no importa. Hablaré con él sobre el asunto del presidente más tarde.»

Junto con Atsuki, Koudai abandonó la sala de lectura.

Nivel 4 – Escena 6

La ociosa Otoha estaba rememorando la conversación que los estudiantes masculinos acababan de intercambiar. Lo que más le llamó la atención fue la frase sobre la «adoración a Kameko» pronunciada por Seiryuu.

No sabía quién era Kameko, pero, lo que era más importante, ¿qué quería decir Seiryuu con «adoración»? ¿Estaba relacionado con el extraño fenómeno de las cerraduras estropeándose? ¿Del muro invisible? ¿Del oso? ¿O con todos ellos?

Sería más rápido preguntarle al propio Seiryuu, pero por desgracia ahora no estaba en la sala del club. Al preguntar a sus compañeros, dijeron que se había ido a la biblioteca.

—Dijo que iba a leer un libro para matar el tiempo. Aunque haya un oso deambulando por ahí, no parece conocer lo que es el miedo —dijo Yasu con una mirada ligeramente exasperada.

¿Estaría bien solo? Otoha estaba preocupada, pero no le apetecía seguirle hasta la biblioteca sola ni se atrevía a pedir que la acompañasen.

Cuando se trataba de cosas místicas y sobrenaturales, Nonomiya-sensei era la persona a preguntar. Tal vez él sabía algo sobre la persona llamada Kameko. Sin embargo, Nonomiya-sensei aún no había regresado de la sala de profesores.

Habían pasado más de dos horas desde que Otoha y Mizuki regresaron a la sala del club. Desde que Nonomiya-sensei fue a la sala de profesores antes de eso, había pasado mucho tiempo más tiempo.

Otoha miró hacia la entrada de la sala del club.

Allí estaba sentada Kubo, mirando fijamente a la puerta.

Ella también debía estar preocupada por Nonomiya-sensei, que tardaba en volver. Era sólo un rumor, pero Otoha había oído que a Kubo le gustaba Nonomiya-sensei.

De repente, la puerta se abrió lentamente y alguien entró.

El perfil de Kubo se iluminó por un momento, pero inmediatamente se torció de miedo.

—¿Qué… qué pasa? ¡Seiryuu-senpai!

No era Nonomiya-sensei quien había vuelto, sino Seiryuu.

Y… claramente no era por un asunto trivial.

Estaba cubierto de sangre roja brillante por todo el cuerpo.

Mientras las chicas del club miraban desconcertadas, Yasu y Taka corrieron hacia él.

—¿Estás bien, Seiryuu? ¿Ha sido cosa del oso…?

Seiryuu permaneció erguido frente a la puerta, mirando a las dos.

—Sí… pero no fui yo a quien atacó.

—¿Eh? Pero esa sangre…

—No es mi sangre.

—Entonces, ¿A quién–?

—… Fue a Nonomiya.

Con esas palabras, la atmósfera en la sala del club se volvió aún más lúgubre.

Mizuki se acercó a Seiryuu y, en silencio, le ofreció una toalla. Él la aceptó y empezó a explicarse mientras se limpiaba la sangre del cuerpo.

—Vi a Nonomiya justo después de salir de la biblioteca. Estábamos hablando de volver aquí juntos cuando, de repente, esa cosa, ese oso, apareció detrás nuestro. Ni siquiera tuvimos tiempo de resistirnos. Nonomiya fue abatido en un instante y yo apenas pude escapar.

De repente, Kubo abrió la puerta y salió corriendo mientras gritaba con fuerza y se dirigía hacia el edificio de la escuela. Estaba claro que se dirigía hacia la biblioteca, donde probablemente estaría Nonomiya-sensei.

—Hey, esto es malo. Alguien tiene que ir tras ella… —dijo Taka, pero ni Yasu ni ninguno de los otros estudiantes en la sala del club fue tras Kubo. Era imposible hacerlo. Podía haber un oso, que incluso había matado a su profesor, esperándolos.

Una atmósfera pesada llenó la habitación. Mientras tanto, Seiryuu seguía limpiándose el cuerpo en silencio.

Kubo nunca regresó.