Capítulo 4-La Chica Esmeralda; Escena 14

Tsukumo levantó una poderosa tormenta.

Los fuertes vientos barrieron sin esfuerzo a Rabiah.

—¡¿Qué…?!

Pero Rabiah recuperó rápidamente el equilibrio.

—Maldita sea, es una tras otra… ¿Qué están haciendo las tres hermanas?

Rabiah intentó contraatacar a Tsukumo con su especialidad: lanzar piedras.

—¡Cómete esto!

Sin embargo, esas piedras fueron tragadas inmediatamente por la enorme tormenta que Tsukumo había conjurado.

—… ¡Como si fuera a dejar que algo así me golpeara!

Indefenso ante una avalancha de rocas, el cuerpo de Rabiah salió despedido por los aires una vez más.

Aun así, a duras penas consiguió hacerlo, volvió a ponerse en pie.

—Huff… Huff… ¡Esto es imposible! ¡Absolutamente imposible! Es lamentable, pero es hora de poner fin a esto.

Ahora era el turno de Rabiah para contemplar la fuga. Para él, huir era simple – todo lo que necesitaba hacer era transformarse en un pájaro y volar lejos.

Cambiando rápidamente de forma, Rabiah se elevó en el aire.

—¡Adiós!

Así como así, voló hacia el lago.

—No te dejaré escapar… Los “espectros”… deben ser derrotados…

Los ojos de Tsukumo brillaron más que nunca.

Inmediatamente después de ese momento de determinación por su parte; un espectáculo increíble hizo que Rabiah se cuestionara su propia vista.

—¿¡Un tsunami!? ¿Aquí? ¡¿En un lago?!

No era un tsunami cualquiera; era un enorme muro de agua que alcanzaba la altura suficiente para alcanzar a Rabiah, que volaba por los aires.

«¡Tengo que volar más alto, no hay tiempo!»

El cuerpo de Rabiah fue engullido por la ola del tsunami.

Cuando volvió en sí, lo siguiente que supo fue que se encontraba en tierra justo delante de Tsukumo, que parecía preparada para su movimiento final,

—¡Este es tu fin!

Las estrellas sobre Rabiah empezaron a desaparecer. Una enorme nube cubrió todo a la vista.

«Las lanzas de hielo… Si soy golpeado por ellas entonces…»

Intentó ponerse en pie usando cada gramo de fuerza que le quedaba dentro pero su cuerpo se negaba a cooperar adecuadamente.

En medio de las nubes algo comenzó a tomar forma débilmente.

«Esto es malo, muy malo. ¡Estoy acorralado!»

Los ojos de Tsukumo seguían brillando más y más a cada segundo que pasaba.

En cualquier momento las lanzas de hielo atravesarían a Rabiah, o eso pensaban todos…

Sin embargo…

—… ¿Huh?

Algo le parecía raro a Tsukumo.

De repente la luz desapareció de sus pupilas por completo. En sincronía con este cambio, las nubes también se despejaron revelando el cielo nocturno estrellado una vez más.

—Por qué… los espíritus desaparecieron… Ya no puedo verlos…

Capítulo 4-La Chica Esmeralda; Escena 13

Desde más allá de la puerta, siguen resonando gritos.

Finalmente, abrirán esa puerta de hierro y entrarán aquí.

Pero…

Nada de eso importa ahora.

Puedo sentir mi fuerza drenando por cada parte de mi cuerpo.

Parece que me he presionado demasiado.

El precio por ejercer un poder más allá de la comprensión humana es mucho mayor de lo que uno podría imaginar.

¿Es esto lo que significa «perder»?

No, no es eso.

Pero tampoco es una «victoria».

Esa conclusión está en manos de ella-

Aún no ha terminado.

El poder que ella desea,

El «milagro» para ella,

Incluso si todo lo que queda de mí se pudre,

Debo dárselo.

Tengo que seguir dándoselo.

Porque esta es la única manera en que puedo pagar por haberle quitado todo.

¿Existe Dios?

No existe.

¿Y los demonios?

Tampoco existen.

Aun así, rezo.

Por primera vez desde que nací, rezo a algo inexistente,

Con sólo un poco de mi restante fuerza vital en mí,

Para concederle…

Para concederle a Tsukumo un «milagro».

Capítulo 4-La Chica Esmeralda; Escena 12

Raymond confiaba en sus propias habilidades.

Sin embargo, incluso la orgullosa habilidad con la espada de Raymond y su magia carecían de sentido si no daba en el blanco.

Rabiah había estado jugando con él a una velocidad que superaba incluso la de Raymond, a pesar de tener forma humana.

—Je je, ¿qué pasa, Raymond Atwood?

Rabiah se burló de él mientras esquivaba sin esfuerzo cada uno de los ataques de Raymond.

—Huff… Huff…

Tan pronto como Raymond, sin aliento, dejó de moverse, Rabiah lanzó su ofensiva.

La hierba circundante se enredó alrededor de los pies de Raymond. Incluso si la cortó rápidamente con su estoque, un aluvión de piedras llovió sobre él al momento siguiente.

Era imposible desviar todos los proyectiles de piedra sólo con una espada. Rodando por el suelo para evitar sus puntos de impacto, de un modo u otro, Raymond logró sobrevivir.

—Eres débil, ¿sabes? ¡Ni siquiera me he esforzado al máximo! ¡No me creo que te las arreglaste para derrotar a Stolasphia!

Raymond no podía permitirse ninguna réplica contra las burlas de Rabiah.

«… Enfrentarse directamente contra espectros puros es duro, después de todo.»

Contra Stolasphia y contra las Tres Hermanas de la Torre Torcia, había reunido información y comprendido sus habilidades antes de desafiarlas. Pero esta lucha contra Rabiah era un territorio completamente desconocido para él, sin ningún conocimiento previo sobre su oponente.

«Debería haberle preguntado más a Romalius sobre este tipo…»

El lugar de la batalla tampoco era el ideal. La zona cercana al Lago Last estaba llena de hierba y rocas que podían ser utilizadas por Rabiah como armas. Si la manipulación de estos elementos constituía todos los poderes de Rabiah o no, eso seguía siendo desconocido para Raymond, pero en el interior de la mansión podría haber sido un lugar ligeramente mejor que aquí.

«Pero… ¿Por qué sigo luchando conra él?»

Ya no había más gente alrededor. La única razón por la que Raymon vino aquí en primer lugar fue porque Liam le dijo que los humanos necesitaban ayuda.

«¡Ya no tiene sentido seguir luchando!»

Por supuesto, derrotar a un espectro como Rabiah, que también resultaba ser el familiar de Beritoad, sería beneficioso…

«Pero no tiene sentido continuar una batalla perdida… no soy de sangre tan caliente.»

Raymond pasó de intentar ganar a su oponente a buscar una oportunidad para escapar.

Sin embargo, parecía que escapar no sería fácil, ya que Rabiah estaba bastante entusiasmado por continuar su duelo.

«Escapar mostrando mi espalda definitivamente hará que me atrape de nuevo… Entonces…»

Raymond miró de reojo al lago que se extendía a su derecha

«¿Saltar ahí… tal vez? No estoy seguro si esas balas de piedra pueden alcanzarme bajo el agua… pero correr en tierra parece peor»

Una vez más los rayos comenzaron a acumularse en la mano izquierda de Raymond.

—¡Eres un mago de un solo truco! ¡Eso no funcionará conmigo!

Ignorando las palabras de Rabiah, Raymond lanzó otro rayo.

Tanto si Rabiah lo había previsto como si no, lo esquivó fácilmente.

Sin embargo, aprovechando ese breve momento…

Raymond rápidamente corrió hacia el lago tratando de sumergirse en sus profundidades.

—¡Espera! ¡No puedes hacer eso!

En el instante siguiente, la hierba se enredó alrededor de las piernas de Raymond haciéndole tropezar espectacularmente.

—¡Maldita sea!

—¡Se acabó!

Sin perder tiempo, Rabiah apuntó piedras como balas hacia el caído Raymond.

«¡¡Maldición!! ¡¡No puedo esquivarlo!!»

Raymond adoptó una postura defensiva, pero en el fondo estaba preparado para sufrir heridas graves.

Sin embargo, ese lanzamiento de piedra nunca alcanzó a Raymond.

Desde otra dirección, otras piedras voló hacia las que había lanzado Ravia.

No, no era algo tan simple como unas «piedras». Eran proyectiles mucho más grandes que los de Rabiah.

Lo que era como una lluvia de meteoritos se lanzó -evitando hábilmente al cercano Raymond- y aniquiló el lanzamiento de piedras de Rabiah.

—¿Qué?

Rabiah también parecía desconcertado por este repentino fenómeno.

Era un «milagro» increíble. Raymond comprendió de inmediato quién había acudido en su ayuda.

—¡Tsukumo!

Antes de darse cuenta, detrás de Raymond estaba la chica que lo llamaba «Papá».

No tenía su habitual sonrisa inocente.

Su expresión era de ira. Ira hacia Rabiah.

—¡No perdonaré a nadie que lastime a “papá”!

Capítulo 4-La Chica Esmeralda; Escena 11

Liam había llegado a la escena de la batalla de Tsukumo contra las tres hermanas, pero como era de esperar, no podía hacer otra cosa que mirar.

Las tres hermanas estaban constantemente a la defensiva.

Parecía que apenas lograban resistir la interminable serie de «milagros» de Tsukum.

El «poder» de Tsukumo se estaba utilizando con tal fuerza que amenazaba con involucrar incluso a otros humanos de la mansión. Liam ni siquiera podía acercarse a ella, y mucho menos prestarle apoyo.

Tsukumo realizaba un «milagro», y las tres hermanas lo contrarrestaban con sus «instrumentos de tortura».

Esto era ahora una batalla entre un monstruos.

Cuando Liam vio por primera vez el poder de Tsukumo en la Torre Torcia, se quedó simplemente atónito. Estaba tan abrumado por su intensidad que no tuvo tiempo de pensar en nada más.

Pero mientras observaba los «milagros» de Tsukumo desde una perspectiva un tanto tranquila, una emoción brotó en su interior.

Antes de darse cuenta, las lágrimas corrían por su rostro.

Se sentía insoportablemente triste e impotente.

—Señor Hargain… ¿Es esto lo que quería? Obligar a Tsukumo a usar tal poder… ¿Es esto tu…?

De repente, tanto los «milagros» de Tsukumo como las represalias del trío de hermanas usando sus «instrumentos de tortura» cesaron simultáneamente.

Una vez más se produjo un empate.

¿Qué clase de técnica usaría Tsukumo a continuación? Las tres hermanas se prepararon para lo que viniera después.

Sin embargo, este choque invisible terminó abruptamente.

—… Papá está en peligro…

Tsukomo de repente miró hacia otro lado.

—¡Ahora!

Maiden no desaprovechó esta oportunidad cuando notó que Tsuokmo se distraía.

Inmediatamente empezó a cargar hacia su objetivo, con una gran hoja sujeta en la parte superior de su brazo derecho.

Originalmente era parte de una guillotina. Sin embargo, debido a su tamaño, no podía ser llevado en el carro. Por lo tanto, sólo la parte de la hoja fue llevada.

Maiden decidió unir la hoja a su propio brazo, convirtiéndolo en un arma.

—… Muere.

Justo antes de que la cuchilla de la guillotina estuviera a punto de cortar el cuello de Tsukumo, ella se desvaneció.

Pareció disolverse en el aire, desapareciendo repentinamente del lugar.

El ataque de Maiden falló su objetivo como resultado.

—¡!

Maiden, aunque nerviosa, se preparó para un posible ataque sorpresa.

Sus dos hermanas mayores hicieron lo mismo.

Todas estaban en guardia por si Tsukumo reaparecía y les lanzaba un ataque. Durante un rato, permanecieron tensas y continuaron escudriñando sus alrededores.

Sin embargo…

Tsukumo no volvió a aparecer ante las tres hermanas.

—… ¿Huyó?

Rack habló pero no bajó la guardia. Estaba claro que estaban en desventaja. ¿Por qué esa chica necesitaría huir a pesar de eso?

—No estoy segura… pero parece que hemos escapado del peligro —dijo Gibbet. Ante sus palabras, la tensión finalmente abandonó los cuerpos de sus hermanas menores.

—… ¿No deberíamos perseguirla?

Ante la sugerencia de Maiden, Gibbet sacudió la cabeza con firmeza.

—Maiden, no olvides que nuestro objetivo final es rescatar a “Dios”.

—¡Silencio! ¡¡Monstruo!!

Antes de que se dieran cuenta, las tres hermanas se encontraron rodeadas de gente vestida con túnicas.

Algunos llevaban bastones, bolas de cristal o libros.

—¡Recibireis un castigo por parte de los magos de Crossrosier!

Estas personas probablemente se habían escondido en algún lugar por miedo a sufrir daños por los “milagros” de Tsukumo.

Tan pronto como Tsukumo desapareció, emergieron audazmente con confianza.

«Qué estupidez. Realmente es absurdo. Si los humanos son idiotas, estos lo son aún más. ¿De verdad dreen que pueden ganarnos?»

Gibbet sonrió para sus adentros.

—Bueno, Rack, Maiden. Parece que nos han rodeado, pero ¿qué hacemos?

En respuesta a la pregunta de Gibbet, Rack blandió su gato de nueve colas con una amplia sonrisa en la cara y respondió:

—¡Es obvio! Desahogar nuestra frustación por ser atacadas a mitad de camino ♪.

Entonces Maiden extendió en silencio ambos brazos.

En cada uno de sus brazos había una cuchilla de guillotina.

—Muy bien. Procedamos entonces. Presentemosles…

Mientras hablaba despreocupadamente, Gibbet recogió el «violín» caído.

—-El placer supremo… el «dolor».

Capítulo 4-La Chica Esmeralda; Escena 10

—No hay forma de que podamos ganar esto… ¡Eek!

Los humanos fuera de la mansión se habían convertido en su mayoría en cadáveres.

Los pocos que sobrevivieron perdieron las ganas de luchar y se dispersaron, huyendo en todas direcciones.

Rabiah los observaba sin emoción.

—… Esto ha tardado más de lo esperado.

Efectivamente, las heridas que recibió de la «Chica Esmeralda» aún le estaban afectando. Si no fuera por eso, podría haberlos aniquilado mucho más rápido.

—Bueno, hoy sólo soy un señuelo, así que no hay problema.

Entre los humanos que se acercaban, no parecía haber ni la «Chica Esmeralda» ni ningún otro problemático.

Si bien esto era una suerte para Rabiah, por el otro lado significaba el peor escenario para las tres hermanas dentro de la mansión.

—Probablemente debería ir a ayudar cuando vea una oportunidad.

Mientras jugaba con estos humanos, se había alejado ligeramente de donde empezó: estaba más lejos de la mansión.

—… ¿Sería más rápido si voy volando?

Apenas dijo eso, Rabiah se transformó en cuervo.

Al batir las alas, unas plumas negras bailaron en el aire.

—Tengo que asegurarme de que no me vuelvan a derribar.

Justo cuando Rabiah estaba a punto de despegar hacia la mansión…

Un rayo de luz lo atacó.

—¿¡Woah!?

Lo esquivó por poco.

El destello iluminó el suelo debajo de él.

La hierba expuesta a la luz se evaporó al instante, mientras que las plantas cercanas se incendiaron, crepitando ruidosamente.

—¡Qué peligro! ¡Y justo cuando lo menciono!

Rabiah rastreó inmediatamente la fuente de luz con la mirada: ¿Era «la chica Esmeralda», o tal vez…

—… Llegas tarde, Raymond.

Allí de pie había un medio espectro pelirrojo.

—Han pasado veinte años, ¿no? Jeje —rió Rabiah, siniestramente, al confirmar la presencia de Raymond.

—¿Nos hemos visto antes?

Raymond recortó distancia lentamente entre él y Rabiah, que tenía forma de cuervo, mientras levantaba su estoque.

—Que tú no lo sepas no significa que yo no haya visto lo que ocurrió en el mar.

—¿El incidente con Lord Hank?

—Así que Romalius sigue insistiendo todavía con el objetivo de la “alquimia” de Lord Beritoad, ¿eh?

—¡Mi objetivo es… diferente!

Raymond liberó otra descarga eléctrica por su mano izquierda.

—¡Oh!

Pero alzando rápidamente el vuelo una vez más, Rabiah evadió ágilmente el destello del rayo.

—¡Como si algo así fuera a golpearme fácilmente!

—Tch… Es difícil tratar con espectros pájaro…

Ver la forma de Rabiah le recordó a Raymond cómo Gibbet odiaba a los pájaros.

—Así que tú eres la razón por la que Gibbet odia a los pájaros.

—¡Esa es una acusación bastante injusta! ¡Apenas acabo de conocerla!

—Ya veo… ¡Bueno, en realidad yo también odio a los pájaros!

De repente, acelerando el paso, Raymond cargó a toda velocidad tratando de cerrar la brecha entre él y Rabiah.

En respuesta, Rabiah empezó a batir las alas intentando ascender más alto pero…

—¡No tan rápido!

Antes de que Rabiah pudiera escapar, Raymond le agarró de la pierna tirándole con fuerza al suelo.

—¿¡Guh!? ¡¡¡Ghaa!!!

Con un ruido sordo, su cuerpo golpeó el suelo, lo que habría matado a un cuervo normal, pero naturalmente Rabiah no era un pájaro ordinario.

—Ouch…

Quien produjo ese sonido, pronunciado sin un ápice de dolor, voló de nuevo y aterrizó a cierta distancia de Raymond, manteniendo un espacio seguro entre los dos.

—Parece ser que los pájaros son muy odiados ¿eh? ¿Qué? ¿Tienes celos de que pueda volar y tú no? Je.

—Hace mucho tiempo un espectro pájaro como tú me dio bastantes problemas.

—¿Un espectro como yo?

—Sí, aunque en lugar de cuervo era un búho.

—¡¿Qué?! Tú…

Raymond notó que el tono de voz de Rabia cambió de repente.

—¿Qué, lo conocías?

—… ¿Recuerdas el nombre de ese demonio búho?

—No puedo olvidarlo. Estuve atrapada en la “gema” que liberó al morir durante quince años.

—La técnica de sellado… en efecto… ¡Stolasphia!

—Sí, así es.

Raymond notó un débil sonido de viento cortando desde atrás e inmediatamente se agachó.

Al momento siguiente, innumerables guijarros de piedra pasaron por encima de su cabeza con una fuerza increíble.

Se levantó y volvió a mirar a Rabiah.

Ya se había transformado de cuervo en un humano de pelo y piel negros.

—Ya veo… El “Espectro Negro”, ¿eh?

Raymond reajustó su postura con su estoque en mano una vez más.

Este era un oponente con el que nunca había luchado antes. ¿Qué funcionaría contra él: el rayo o el metal astral?

Tenía que determinar eso primero.

Rabiah soltó otra carcajada intrépida.

—Jejeje. Honestamente, tenía la intención de lidiar con esto casualmente y retirarme, pero ahora mi motivación ha aumentado de golpe.

Los guijarros de piedra a su alrededor flotaban en el aire como si se arremolinaran juntos.