Epílogo―El Círculo del Mal; Escena 1

El dicho “la curiosidad mató al gato” no se aplicaba en absoluto en este caso, pensó Benji. Todos los miembros de la «organización» habían desafiado a la Torre con algún propósito en mente. Algunos tenían motivos claros, mientras que otros eran menos aparentes, pero era seguro que cada uno tenía sus razones para involucrarse con la Torre Torcia.

Sin embargo, al final, el único superviviente fue Benji, que estaba movido por la pura curiosidad.

Tras abandonar la Torre Inversa y llegar a la orilla del lago, Benji se sintió mal de repente y se desmayó. Cuando despertó, estaba en la clínica de su casa. Parecía que los subordinados de Luna le habían llevado hasta allí. Su padre se ocupó de la herida de la cabeza. Benji había estado ansioso, temiendo que le interrogara extensamente sobre por qué se había lesionado, pero todo terminó sin mucho sondeo. La clínica estaba desbordada de heridos por el incendio cerca del centro, así que no había tiempo para eso. Tras conseguir levantarse de la cama, Benji se encontró atendiendo al abrumador número de pacientes.

Afortunadamente, los daños del incendio fueron menos graves de lo esperado, pero la mayoría de los árboles del bosque se habían quemado. También resultó que el agua del lago, destinada a la extinción de incendios, había desaparecido misteriosamente sin que los residentes lo supieran. A Benji le resultaba cada vez más difícil revelar la verdad a nadie.

Por encima de todo, la comidilla de la ciudad se centró en el derrumbe de la Torre Torcia y en los monstruos que aparecieron durante ese incidente. A diferencia de hace un año, esta vez el país no podía simplemente ignorarlo. Actualmente, los equipos militares y de investigación de la capital estaban estacionados en Lion City.

La investigación de la Torre Inversa también estaba siendo llevada a cabo por gente de la capital. El descubrimiento del cadáver de Romalius, el señor de la región occidental, en la quinta planta subterránea, añadió más caos a la situación. Por el momento, el país designó a las tres hermanas que vivían en la torre y al alcalde, Blood Asterisk, como culpables del asesinato de Romalius, después de que desaparecieran tras el derrumbe de la Torre Torcia.

Por el momento, parecía que Benji y la «organización» no estaban siendo buscados, pero era sólo cuestión de tiempo.

Benji decidió abandonar Lion City. Su plan, por el momento, era dirigirse al norte con los subordinados de Luna. Necesitaba informar de la muerte de Luna a sus padres.

—Por lo tanto, esta es la última bebida aquí para mí hoy, Stella.

Benji estaba en el Bar de Stella, su lugar habitual en la ciudad. El bar había cerrado temporalmente debido a un incendio que dañó parte del mismo, pero lo abrieron sólo por hoy para que Benji le explicara la situación.

Sí, Benji se lo había contado todo a la dueña del bar, sólo a ella. La razón por la que abandonó la ciudad, los sucesos de la Torre Torcia y la Torre Inversa… todo.

—Bueno, esto… Benji…

Stella, con una mezcla de incredulidad y rabia en el rostro, golpeó la botella con la etiqueta «Tumba de Sangre» contra la mesa delante de Benji.

—¿Qué piensas hacer si voy corriendo a comisaría ahora mismo y cuento todo lo que acabo de oír?

—Ya se me ocurriría como salir de eso. Además, sé que no harás algo así. Tú también eres cómplice de todo esto, ya que te infiltraste en la Torre Torcia con nosotros hace un año.

—¡Si soy cómplice, entonces deberías haberme hablado de esto antes!

—Si te lo hubiera dicho, sin duda me habrías detenido, ¿verdad? ¿Estás enfadada?

—Sí, mucho.

—Como disculpa, voy a pedir la bebida más cara, así que por favor perdóname.

El viento entró por la pared apresuradamente reparada, haciendo ruido. Stella siguió sacando brillo a los vasos en silencio, y Benji siguió bebiendo su vino sin decir nada.

—… Después de ir al norte, ¿qué piensas hacer? —acabó preguntando Stella en voz baja.

—Bueno, aún no estoy seguro… Pero por ahora, estoy pensando en tratar de encontrar a Raymond.

Raymond ya había desaparecido del pueblo cuando Benji despertó.

Todo lo que se sabía de él era que, antes de abandonar la ciudad, había visitado a Danny con Tsukumo. Al parecer, encontró por casualidad el brazalete de Cynthia en el primer piso de la torre y se lo devolvió.

—Raymond, eh… —Stella lo dijo como recordando algo—. Él estaba peleando en ese momento… contra ese lobo.

—¿Presenciaste la batalla?

—Sí. Y no solo estaba Raymond, también Tsukumo, y esa chica con armadura. Ah, y Gibbet también. No podía entender la situación…

—Se pueden hacer muchas teorías, pero lo más rápido sería encontrar al propio Raymond y preguntarle.

Al oír eso, Stella dejó escapar un sonoro suspiro.

—Cómo no, metes las narices en todo… Acabarás muy muerto algún día.

—Bueno, en realidad, esta vez casi muero.

Benji recordó el «sueño» que había visto cuando fue derrotado por Romalius en la Torre Inversa. El alma de Amostia… tal vez ese niño podría haber salvado a Benji. No había forma de entender la razón.

Después de eso, también había desaparecido. No sólo él, sino que tampoco se había encontrado su armadura.

La Torre Torcia, por la que Benji se había interesado, ya no existía. Había caído en el sueño eterno, dejando muchos misterios sin resolver.

Sin embargo, Benji no pensaba que todo había terminado con esto.

La historia que giraba en torno a la «Torre de la Tortura» distaba mucho de estar dormida.

BLACKBOX―El Círculo del Mal

¿Cuánto tiempo había pasado?

¿Un minuto?

¿Diez minutos?

¿O quizás una hora?

Amostia abrió los ojos lentamente. Su cuerpo no se movía, pero no estaba muerta. Sintió que algo le atravesaba la garganta. Un dolor ardiente irradió desde allí, extendiéndose por todo su cuerpo.

«Oh, ya veo… Maiden me atacó con un rayo…»

Amostia, no, Rack, había recuperado la cordura. Aun así, su aspecto seguía siendo el de una loba de escamas negras.

Se dio cuenta de que había alguien sobre ella. La persona que flotaba en el aire no era Raymond, no era «Dios» y no era Gibbet.

—Raymond Atwood: ¿fue acertada su elección? … No, no hay respuesta correcta. En la conclusión de una historia, no existe tal cosa. Elijas el camino que elijas, alguien será feliz; alguien será infeliz. Así que, Rack, no estuvo mal que no pudieras convertirte en uno conmigo.

Sin duda, era Amo quien estaba allí.

—Amo… lo siento. Yo-

—No pasa nada. No hay necesidad de disculparse. Tienes buenas hermanas y compañeros. Gracias a eso, lograste evitar acumular más pecados… ¿Te acuerdas de la conclusión de esa historia?

Amo rodeó la garganta de Rack, tocando el cuerpo de Maiden. Al hacerlo, el cuerpo de Maiden se separó lentamente de la garganta de Rack.

A cambio, algo flotó alrededor del cuello de Rack. Era como un marco de madera que le envolvía el cuello. Rack levantó la vista, y comprendió lo que era.

—Esto es… una guillotina…

—La tomé prestada de esa torre. Me alegro de haber conseguido sacarla antes de que la torre se derrumbara.

El cuerpo de Rack había vuelto a su forma humana.

Aunque siendo exactos, era ligeramente diferente. Llevaba un vestido amarillo ondeante, y su peinado parecía diferente.

—¿Qué tal? Pareces la princesa de ese cuento, ¿no crees?

Amo sonrió inocentemente.

Rack recordó la historia que le había contado Amo.

En cierto país, una princesa estaba a punto de ser ejecutada debido a una revolución.

Sin embargo, su hermano, que la servía como su sirviente, se volvió su sustituto, salvándola.

Ella se había arrepentido durante mucho tiempo de aquello.

Incluso en al final de su vida, en una iglesia con vistas al mar, siguió arrepintiéndose.

Cuando Rack escuchó el final de esta historia, no pudo aceptar la conclusión y las acciones de los personajes. Aunque eran verdaderos hermanos, no entendía por qué su hermano se sacrificaba. Por otra parte, si tanto lo lamentaba ella, desde el principio debería haberse enfrentado a la guillotina, sin huir.

«No temo el dolor.

El dolor es algo bueno.

Así que no huiré.

Sin escapar, expiaré mis pecados…»

—Ahora, vamos —dijo Amo, y puso su mano en la cuerda de la guillotina.

—Sí.

Rack cerró los ojos, aparentemente satisfecha.

Sí, en ese momento, la asesinada no fue el sirviente, sino la princesa.

Ese era el final correcto que Rack había imaginado para la historia.

Se pudo escuchar la guillotina caer.

Capítulo 5―El Círculo del Mal; Escena 12

Raymond entregó a Beritoad el brazalete que llevaba, el «transmisor» hacia Tsukumo.

Beritoad la transformó en una cadena dorada utilizando la alquimia, conectándola a sí mismo, a Raymond y a Tsukumo.

—Escucha con atención, esta oportunidad es única. El rayo no afectará a las escamas de Amostia, la capa exterior. Apunta cuando abra la boca para escupir llamas. No lo estropees, ¿entendido?

Raymond quería quejarse del tono autoritario de Beritoad, pero no parecía haber tiempo para ello.

Por el momento, decidió cooperar con Beritoad para detener a Amostia. Una vez hecho esto, aprovecharía el estado de debilidad de Beritoad para asestarle el golpe definitivo: ésa era la decisión final de Raymond.

Para evitar revelar sus intenciones, decidió seguir en silencio la pista de Beritoad.

—¡Jajaja! ¿Qué es esto? ¿Algún tipo de juego sadomasoquista?

Riendo así, Amostia ya se estaba acercando.

—Daré la señal.

Beritoad estaba ciego. Actualmente, Raymond era el único que podía hacerlo.

—Escucha, Tsukumo. No debes cometer ningún error.

—Sí, lo entiendo, papá.

Había muchas preocupaciones. Una de ellas era Tsukumo. A partir de ahora, soportaría una enorme cantidad de energía que nunca antes había experimentado. ¿Podría soportarlo, a pesar de que durante el incidente de Crossrosier, perdió la conciencia?

También existía el temor de que Beritoad pudiera traicionarles en el último momento. Raymond se había planteado si todo lo que había llevado a este punto formaba parte de su plan. Incluso ahora, y en el futuro, no podía confiar realmente en él.

Por supuesto, probablemente era mutuo.

«… Centrémonos.»

Raymond se situó detrás de Tsukumo con Beritoad. Maiden observaba sus acciones con una expresión aparentemente reacia. Probablemente se sentía frustrada por no poder participar en este golpe final.

El plan era el siguiente: En el momento oportuno, Beritoad y Raymond enviarían simultáneamente el poder del rayo a través de la cadena dorada. Tsukumo amplificaría el rayo transmitido, dirigiéndolo hacia la boca abierta de Amostia. Todo lo que quedaba era esperar que Amostia cayera por el rayo.

No había garantía de que Amostia volviera a su estado original después de esto. Beritoad había dicho que, una vez que Amostia perdiera cierta cantidad de poder, la devolvería a su estado como Rack. Sin embargo, ¿cuánto de eso se podía creer? De todas formas, Maiden parecía satisfecha, y para Raymond, si podía neutralizar a Amostia, era suficiente.

—Lo siento, pero no pienso esperar a que hagáis algo. ¡Convertíos en cenizas de una vez!

Tanto si conocía sus intenciones como si no, Amostia se rió mientras se acercaba.

—… Daré la señal.

Tras un grito de parte de Raymond, una inmensa cantidad de rayos comenzó a recorrer la cadena.

—Ugh…

Tsukumo estaba claramente sufriendo.

Sin embargo, consiguió crear un enorme conglomerado de rayos sobre su cabeza.

Era una «espada relámpago» gigante, tan alta como la Torre Torcia antes de su derrumbe. Un arma colosal formada por la reunión de rayos.

Tsukumo la apuntó hacia Amostia.

La espada relámpago se dirigió hacia la boca de Amostia a la exacta velocidad de la luz y golpeó perfectamente sus interiores.

Amostia arqueó con fuerza la parte superior de su cuerpo.

¿Funcionó?

Raymond pensó que sí, pero fue sólo por un momento.

En lugar de caer como esperaba, Amostia recuperó rápidamente la postura y se volvió de nuevo hacia ellos.

—Esto no es bueno…

Raymond pronunció estas palabras desesperado.

—¡Una vez más! ¡Dispara otro rayo, Raymond!

—¡Es imposible! ¡Tsukumo no puede soportar más!

—Estoy bien… Por favor, ¡vamos otra vez, papá!

Tambaleante pero decidida, Tsukumo dijo aquello. Para responder a su determinación, Raymond ejerció más fuerza sobre la cadena que sujetaba.

Una vez más, una «espada relámpago» se formaba sobre la cabeza de Tsukumo.

Pero…

Amostia no permitiría un segundo disparo, y se dispuso a cerrar su boca.

Sin embargo, antes de que Tsukumo pudiera soltar el rayo o Amostia pudiera cerrar sus fauces, algo enredó la mandíbula inferior de Amostia.

Una cuerda larga y maciza o, mejor dicho, una soga, obligó a Amostia a abrir la boca.

—El “Hilo de Gleipnir”… Gibbet… —murmuró Maiden. En el lugar de origen de la cuerda -en dirección a la Torre Torcia- había una pequeña figura de una mujer rubia que le resultaba familiar.

—¡Ahora, Tsukumo! ¡Hagámoslo otra vez!

—¡S-sí!

Tsukumo estaba a punto de lanzar la «espada relámpago», justo antes de eso…

Se produjo un acontecimiento inesperado.

Maiden le dio la espalda a Tsukumo y se interpuso en su camino.

—¿¡!? ¡No! Por favor, ¡muévete! —gritó Tsukumo, pero ya era demasiado tarde, y la espada relámpago se le fue de las manos.

Atravesó a Maiden.

Un rayo se propagó violentamente en aquel lugar, e incluso Raymond, acostumbrado a ellos, perdió momentáneamente la vista.

En este momento crítico, nunca esperó ser obstaculizado por ella.

«¿Por qué… por qué haces esto? Maiden…»

Recuperando la visión, Raymond volvió a mirar hacia delante. La figura de Maiden ya había desaparecido.

Tal vez se la llevó el impacto del rayo… eso pensó él.

—¡Graaaah! —El grito de Amostia resonó en la zona.

Raymond se volvió hacia Amostia, intentando comprender lo que ocurría.

Lo que vio fue un ataúd de hierro, que atravesó incluso las fuertes y flexibles escamas que rodeaban la garganta de Amostia.

Era la radiante y deslumbrante figura de la «Iron Maiden».

Y… Amostia se desplomó lentamente boca abajo.

—¿¡Qué ha pasado!? ¿¡Qué está pasando!?

Beritoad, que parecía desconocer la situación, pidió explicaciones a Raymond.

—Maiden… asestó un golpe a Amostia. Ella tomó nuestro rayo en su cuerpo…

—¿Qué? … Jajaja, ya veo, ya veo. Así que eso es lo que pasó… Ese Garness…. Realmente nos tendió una trampa.

—¿Garness? ¿Qué hizo…?

Ahora le tocaba a Raymond preguntar a Beritoad.

—Él modificó a Maiden. No sólo puede soportar el rayo ahora, sino que también puede absorberlo y convertirlo en su propio poder. Tal vez predijo la posibilidad de que me deshiciera de Maiden cuando recuperara mi poder…

¿Se dio cuenta Maiden o se lo dijo el propio Garness? ¿Si quiera actuó sabiendo aquello?

Se oyó un ruido sordo delante de ellos.

—¡Tsukumo!

Raymond corrió hacia Tsukumo y acunó su cuerpo.

Se había desmayado. Parecía respirar, pero le sería imposible seguir recibiendo magia. Aunque se despertara y deseara volver hacerlo, Raymond no tenía intención de permitírselo.

Ahora, Raymond sólo podía mirar y ver el resultado de las acciones de Maiden.

Amostia no se movió. Cerró los ojos, inmóvil en el suelo. Sin embargo, Raymond no podía bajar la guardia todavía.

Capítulo 5―El Círculo del Mal; Escena 11

La batalla decisiva entre Beritoad y Amostia avanzaba a favor de Amostia.

Beritoad, que podía manipular rayos a voluntad, suponía una amenaza significativa. Aunque Raymond, con la ayuda de Tsukumo, produjera la máxima cantidad de rayos posible, no igualaría el vórtice de rayos que se generaba cuando Beritoad agitaba despreocupadamente la mano. Romalius afirmaba haber derrotado a ese monstruo en colaboración con Lord Hank y Hargain, pero cómo lo habían hecho escapaba a la imaginación de Raymond.

No, tal vez no pudieran derrotarlo del todo, y por eso no tuvieron más remedio que transformarlo en sapo. Probablemente fue Romalius quien lo hizo, pero sin él presente, si Amostia perdía, tal vez no quedara nadie en el mundo que pudiera derrotarlo, pensó Raymond.

Amostia ya había sido alcanzada varias veces por los rayos de Beritoad. A pesar de ello, las escamas de su cuerpo parecieron anularlos todos, y siguió dispersando llamas con calma.

Las llamas carmesí emitidas por el lobo quemaban el bosque, la ciudad, y estaban a punto de quemar el cuerpo de Beritoad. El susodicho mantenía una expresión aparentemente serena, pero sus alas empezaban a carbonizarse por los bordes, y las quemaduras de su piel indicaban que no estaba indemne.

Beritoad era un demonio hostil a la humanidad. Si fuera derrotado, desaparecería una preocupación en este mundo. Sin embargo, si Amostia se calmaría tras eso era una cuestión importante.

Las palabras de Maiden parecían apoyar esa preocupación.

—Rack ha… perdido el conocimiento. La voz ciertamente pertenece a mi hermana, pero puedo sentirlo…. Esa… no es la verdadera Rack.

Aunque si eso era cierto no estaba claro, si Raymond creía las palabras de Maiden, no parecía haber forma de detener a la actual Rack. No parecía probable que ella volviera a la torre obedientemente después de esto.

«Bueno, de todas formas, esa torre ya ha desaparecido.»

Raymond volvió a mirar la torre derruida. ¿Qué harían en el futuro las tres hermanas, ahora sin morada? Si Beritoad salía victorioso, ¿continuarían siguiéndole?

—Por cierto, Maiden. ¿Estás bien fuera de la torre? Siempre pensé que sólo Gibbet podía salir, pero…

—No, no debería ser posible. Creo que es por de “Dios”. Ahora es más fuerte que nunca.

Por lo tanto, si Beritoad fuera derrotado, Maiden probablemente volvería a su estado original como instrumento de tortura.

«Un momento… Rack no es sólo “el cuerpo de Amostia”, sino también un “instrumento de tortura”… En otras palabras, si Beritoad muere, Rack, al igual que Maiden, volverá a su estado original como instrumento de tortura. »

Si eso ocurriera, todo acabaría bien. Tanto Beritoad como Amostia desaparecerían. La amenaza sería eliminada, Raymond lograría su objetivo, y sería un final feliz.

«No, no funcionará. Actualmente es Amostia, no Rack. No hay garantía de que vuelva convenientemente a ser un instrumento de tortura.»

Ni siquiera Raymond, con el destino del mundo en juego, quería correr semejante riesgo.

Beritoad empezó a encontrarse en una situación desesperada. Sus alas fueron finalmente consumidas por las llamas, y su cuerpo cayó en picado al suelo. En respuesta, Amostia descendió a tierra.

—¡Miserable criatura! —Beritoad, como corresponde a un villano en apuros, soltó esa frase mientras corría hacia donde estaba Raymond—. Ugh… ¿Eres tú, Raymond? ¡Puedo sentirte! —Parecía que Beritoad se había quedado ciego, incapaz de utilizar su clarividencia habitual—. ¡Raymond, coopera conmigo! ¡A este paso, el mundo y la humanidad serán destruidos por Amostia! No deseas eso, ¿verdad?

—En términos de ser una amenaza para la humanidad, tú no eres distinto.

—No tengo intención de destruir el mundo. Sólo quiero un lugar razonable donde quedarme, matar gente y divertirme con moderación. Pero él es diferente.     Es el más poderoso entre los “Espectros Primordiales”, y no conoce la moderación. No se detendrá hasta que del mundo solo queden cenizas. Por eso fue el primero de los «Espectros Primordiales» en llamar la atención de los humanos y ser sellado.

Raymond no podía creer las palabras de Beritoad. Después de todo, había llegado más lejos que esto para derrotarlo. Era inconcebible cooperar con Beritoad.

Sin embargo, dejar solo a Amostia no era una opción. Beritoad era el único que podía hacer algo por él.

—… Ugh, ¿qué se supone que tengo que hacer?

Raymond no pudo evitar ceder.

En ese momento, alguien le agarró la mano. Daba una sensación muy fría, como de hierro.

—Por favor… coopera con “Dios”.

Era Maiden. Por supuesto, era natural que dijera eso. Era la encarnación de un «instrumento de tortura» que adquirió forma humana gracias a Beritoad.

Pero Maiden continuó.

—Quiero que salves a Rack… y la devuelvas a su estado original.

Lo que ella quería no era lealtad a Beritoad o la derrota de Amostia.

Simplemente quería que su querida hermana, Rack, dejara de hacer estragos. Su súplica de salvación era evidente en su expresión.

—Oye, papá. Vamos a ayudarla. ¡Yo también haré lo que pueda!

Inocentemente, Tsukumo instó a Raymond. Probablemente no entendía muy bien la situación actual ni con quien estaba interactuando.

Sin embargo, esas palabras tenían un peso distinto para Raymond.

Una de las pocas cosas que Tsukumo nunca olvidaría, la «directiva» implantada por Hargain, era que tenía que «Eliminar a los Espectros». Era algo parecido al «instinto» mencionado por Romalius y el chico. Pero ahora… suplicaba encarecidamente a Raymond que ayudara al espectro que debían destruir.

-Ese era sin duda el sincero deseo de Tsukumo, como se desprendía de sus ojos.

¿Qué hay de mí?, se preguntó Raymond. «Creador», «Dios», las intenciones ajenas de esos seres no tenían nada que ver con él. Entonces… ¿cuál era su verdadera intención?

Las personas cuyas casas habían sido incendiadas huían presas del pánico.

Rugió Amostia, acercándose con paso firme.

En la cabeza de Raymond circulaban diversos pensamientos, especulaciones, conflictos y emociones. Incapaz de ordenar su enmarañada mente, finalmente gritó:

—¡Ah, ya basta! Por ahora, ¡no pensemos en el futuro! Primero, ¡hagamos algo con ese lobo! ¡Antes de que Lion City arda por completo!

Capítulo 5―El Círculo del Mal; Escena 10

En cuanto la barca alcanzó el nivel más bajo del lago, Raymond subió rápidamente por la escalera de cuerda, más rápido que nadie.

La Torre Torcia se había convertido en una montaña de escombros. El fuego que surgió de allí consumió los árboles circundantes y empezó a extenderse a las casas cercanas.

Según los subordinados de Luna, que esperaban fuera de la Torre Inversa, un rayo cayó de repente sobre la torre. De allí saltó algo parecido a una figura con alas. Raymond intuyó que la figura en lo alto de la torre era Beritoad.

Raymond había oído hablar de esto antes, de Romalius. El «Arte del Rayo» de Raymond era el misma que usaba Beritoad, el padre biológico de Raymond.

Sin embargo, parecía que él no era el responsable de la destrucción total de la torre. Después de eso, una gigantesca criatura parecida a un lobo saltó de la torre, blandió una cola parecida a la de una serpiente y provocó el derrumbamiento de la torre. A continuación, la criatura escupió llamas por la boca, prendiendo fuego al bosque cercano.

«Una criatura parecida a un lobo… ¿Rack? Pero por qué de repente enloquecería…»

Alguien que conocía la razón apareció de repente ante Raymond.

—… Ah, metí la pata.

El cuerpo del chico que murmuraba con las manos en la cabeza era bastante difuso y parpadeante, como las llamas que le rodeaban.

¿Podría ser este chico el » fantasma» que Benji mencionó?

—¿Comprendes lo que ha ocurrido? Entonces dime que pasó en la Torre Torcia…

—Beritoad recuperó su poder.

—Ya lo sé. El problema es Rack.

—¿Por qué?

—Porque ella…

Antes de que Raymond pudiera terminar la frase, el chico hizo un gesto para callarle. Fue sólo un gesto; su mano no llegó a tocar la boca de Raymond.

—“Rack» no. Es “Amostia”. Ella es parte de él.

—Amostia… ¿el demonio sellado en la Torre Inversa?

—En realidad, lo que estaba sellado era el alma y la armadura. El cuerpo físico se lo llevaron a otra parte. Sin embargo, por alguna razón, después de varios cientos de años, volvió aquí.

—Espera un momento. ¿Estás diciendo que Rack es el cuerpo físico de ese “Amostia”?

—Así es. Es un truco de magia.

—¿Un truco de magia?

—Había un mago entre los humanos. Esa persona transformó mágicamente el cuerpo físico de “Amostia” en el dispositivo de tortura “Rack”.

—Eso es ridículo.

—El mundo es una colección de absurdos.

Raymond no pudo evitar sentir que estaba de acuerdo. Entre la historia anterior de Romalius y ahora esto, parecía que este mundo estaba construido con reglas aún más ridículas de lo que Raymond había pensado.

—Pensaba que reuniéndome con ella podría volver a ser uno. Pero parece que las cosas no fueron bien. Quizá sus recuerdos como “instrumento de tortura” dificultaron la integración. En cualquier caso, vuelvo a quedarme solo —murmuró el chico con tristeza mientras contemplaba el mar de llamas—. ¿Cómo te llamas? —preguntó de repente.

—… Raymond. Raymond Atwood.

—Raymond, si quieres resolver esta situación, será mejor que te des prisa. Mira, allí, Beritoad y “Amostia” están teniendo una pelea.

—¿Beritoad y Rack? ¿Por qué…?

—Es el instinto. Los habitantes del “Nuevo Período” tienen implantado el instinto de exterminar a los supervivientes del antiguo, como Beritoad y Romalius.

Lo que dijo se parecía a la afirmación de Romalius, pero había una pequeña diferencia. Según Romalius, ese chico era una existencia del «Período Antiguo». Si ese era el caso, era extraño que Rack, que es Amostia, intentara destruir a Beritoad según ese instinto.

Quizás leyendo la cara de Raymond, el chico continuó.

—Sí, ese instinto no debería estar originalmente presente en nosotros, las partes de “Amostia”. Pero por desgracia, Rack ya ha sido completamente invadida por el “Nuevo Período”, a causa de su tiempo como “instrumento de tortura”.

—Así que el tiempo ha cambiado su esencia, ¿eso dices?

—Si es eso, o si se debe a la intención del Creador, no lo sé.

—… Cada vez que mencionáis a ese “Creador”, huele a que no es más que una farsa.

—¿No eres religioso?

A la pregunta del chico, Raymond dejó escapar un suspiro, parecía un poco cansado.

—Nunca he creído en “Dios”.

—Pero Rack creía en un “Dios”, aunque fuera uno falso.

—… ¿Te refieres a Beritoad, con quién está luchando ahora? —dijo sarcásticamente.

Beritoad y Amostia. Ganase quien ganase, este país caería en el caos.

—Ahora, Raymond. ¿Qué piensas hacer? ¿Seguir el “instinto” y destruir a los espectros, o encontrar un camino diferente?

Aunque todo fuera causalidad e instinto, como dijeron Romalius y este chico, Raymond no podía dejar a los espectros andar a sus anchas.

Antes de que Raymond pudiera contestar, se dio cuenta de que la figura del chico había desaparecido. Apareció de repente y desapareció con la misma brusquedad. Verdaderamente era un fantasma.

Armándose de valor, Raymond corrió hacia las llamas.

El fuego había alcanzado las calles de la parte baja de Lion City.

Se oyó la sonora carcajada de alguien.

No, sería más exacto llamarlo rugido.

Incluso los que no conocían las circunstancias podían saber que la risa procedía del culpable de destruir la torre e incendiar el bosque y la ciudad. Los que escaparon de las llamas se estremecieron al oír aquella risa.

Sin embargo, había algunas excepciones. El humo negro que se arremolinaba alrededor dificultaba la visión de la mayoría de la gente, pero, afortunadamente, Raymond tenía por naturaleza unos «ojos» muy superiores a los de los demás. No quería reconocer que esta habilidad la había heredado de su padre biológico, pero dada la situación actual, en la que podía observar lo que ocurría en el cielo, Raymond tenía que aceptar esta realidad.

Un enorme lobo estaba allí. Tenía un parecido asombroso con la Rack transformada a la que Raymond se enfrentó una vez dentro de la torre. Sin embargo, su piel de lobo estaba cubierta de robustas escamas e incluso tenía grandes alas.

La otra figura que se enfrentaba a ella también tenía alas. Ya no era una rana, sino la verdadera forma de Beritoad, que había recuperado su cuerpo.

—¡Incluso si fuiste útil, no debería haberte mantenido cerca! Rack, ¡eres como un perro rabioso intentando morder a su amo! Ya no sirves para nada: ¡usaré tu sangre como preludio de mi resurrección!

Raymond, que escuchaba cerca, se sintió avergonzado por las típicas frases de villano que soltaba Beritoad.

Respondió Amostia. A pesar de su aspecto lobuno, la voz que salía inequívocamente de su boca era la de Rack:

—Jejeje, ¡qué pena! Yo… ¡¡Estoy llena de ganas de matarte ahora mismo!!

Comparada con la de Beritoad, parecía una provocación bastante pobre. Sin embargo, era evidente que estaba dominada por el instinto de «exterminar espectros», incluso vacilando al enseñarle los colmillos a Beritoad, que debería ser su señor.

¿Cuál era el justo y cuál el malo? No se podía juzgar sin más.

Independientemente de quién ganase, las consecuencias para este país podrían ser aún más trágicas.

Raymond dudó. ¿Debía ayudar a uno de los bandos o, en cambio, participar como un tercero?

El intercambio podía parecer un poco tonto, pero no había duda de que ambos eran individuos con poderes que superaban con creces a los de Raymond.

Reconoció burlonamente que su determinación de hacía unos minutos había flaqueado. No podía desenvainar la espada.

Entonces, una voz llamó a Raymond desde atrás.

—¡Papá!

Era Tsukumo. Probablemente había estado bastante nerviosa tras separarse de él en el caos. Su voz se llenó de alivio al encontrar a Raymond entre el humo. A través del humo, corriendo hacia Raymond, estaban Tsukumo y… alguien más detrás de él.

Raymond pensó que podría ser Benji, pero no lo era.

—Maiden…

Parecía que había escapado antes de que la torre se derrumbara. En esta situación ya problemática, su llegada complicó aún más las cosas.

-¿Pero por qué estaban Tsukumo y Maiden juntas?

Tsukumo se acercó a Raymond y, tirando de la manga de su ropa, le dijo:

—Esta señora quiere la ayuda de papá.

—Señora… Tú ya conociste a Mai-

-Cierto, Tsukumo lo había olvidado. Olvidó que Maiden era un espectro, y un enemigo.

Maiden, con su habitual franqueza, miró a Raymond con ojos que parecían suplicar algo.

Y dijo esto:

—Por favor… ayuda a mi hermana Rack.