Capítulo 9 – Chrono Story; Escena 1

Se había encontrado con el espíritu Lych.

¿Era pura casualidad para Nyoze? ¿O una fatalidad?

—Lych… ¿lo sabes?

—¿Saber el qué?

Nyoze le contó a Lych todas las circunstancias que le habían llevado a este punto. Que había sido arrastrado a un espacio extraño en las ruinas del castillo, y que se había encontrado allí con su hermano mayor… Que dicho hermano le había ordenado matar a los «Gemelos de Dios»- Y que se había encontrado con el fantasma de Meta en la casa donde Adam había vivido con su esposa…

Después de escucharle, Lych asintió varias veces, como para asentarlo todo en su propia mente.

—Mhm, mhm, ya veo… Así que eres de Levianta, entonces.

—Sí. Sobre la catástrofe…

—Naturalmente, lo sé todo sobre eso. Soy una de las partes interesadas.

—¿…? ¿No eres un habitante de este bosque?

—Llegué aquí hace poco. O más bien… sería más exacto decir que me obligaron a venir.

¿…?

—Cuando el arca “Pecado” fue abierta, y ocurrió la Catástrofe… un enorme dragón y seis luces aparecieron de su interior… ¿No es así?

—Sí.

Era la visión que había vislumbrado en el recuerdo de Irina.

—Una de esas seis luces… era yo.

—¡-! Entonces…

—Durante mucho… mucho tiempo, estuvimos encerrados dentro de ese “Pecado”… Eso es todo lo que puedo recordar. En el momento en que fuimos liberados de él, fuimos atraídos a este bosque.

—-Me dijiste que no eras un “dios”. Pero si estabas dentro de “Pecado” junto con Levia-Behemo… ¿Significa eso que tú y tus compañeros erais “espíritus” que servían a Levia-Behemo?

—No estoy seguro… En realidad yo tampoco sé mucho. Ese ser conocido como Held nos robó la memoria justo después de venir aquí. Y nos transformaron en estas formas animales. Pero en cuanto a quiénes éramos, y por qué nos encerraron allí…

—No lo sabes, y no puedes recordar…

Un ser que había perdido su identidad. No parecía hostil a Nyoze, al menos.

—¿Cuál es el objetivo de Held? ¿Por qué os ha traído a todos aquí? —preguntó Nyoze.


—Yo tampoco lo tengo muy claro, pero… puedo decir que no nos tiene en muy buena estima. No sólo a nosotros, sino también a Levia-Behemo. Al principio, Held había planeado atraer también el alma de Levia-Behemo. Parece que falló.

—Levia-Behemo… ¿Dónde desapareció ese dragón? No he oído nada de que haya sido avistado en otros países cercanos desde la Catástrofe.

—Bueno, primero, el dragón en sí no es tan importante. Es poco más que un recipiente sin alma. Algo así no habría sobrevivido mucho tiempo… Ahora mismo probablemente se esté pudriendo en algún lugar alejado de miradas indiscretas, ¿no crees? Levia-Behemo, y su alma, seguro que aún existen en otro lugar.

—Hmm… Entonces, ¿qué hay de tus amigos, que se convirtieron en animales? ¿Están en este bosque ahora mismo?

—… Deberían.

—¿Qué quieres decir?

—Al mismo tiempo que nos robaron la memoria, nos echaron una maldición. Pero tal vez sería mejor mantener esta conversación donde ocurrió.

Lych se bajó de la rama y se dirigió a alguna parte.

—¡Hey! ¿A dónde vas?

Nyoze se apresuró a seguirle.

El destino al que llegaron era la casa quemada en la que acababa de estar.

Justo cuando me preguntaba adónde irías… aquí otra vez, ¿eh?

Lych estaba esperando a Nyoze, tras haber aterrizado en el tejado de la ruina.

Hubo un asunto que me interesó mucho en la historia que me contaste antes… y sería este.

Dicho esto, Lych se acercó al pequeño montón de barro: los restos de lo que una vez fue Meta Salmhofer.

—¿Era sólo un fantasma, o era esa alma que se manifestaba vistiendo un caparazón de barro… Hmhm, en cualquier caso es de lo más interesante. Me gustaría investigarlo a fondo cuando tenga tiempo —murmuró Lych mientras caminaba por el barro.

—… Suenas casi como si fueras un pájaro erudito.

—¿Lo parezco? Puede que realmente fuera un erudito, antes de convertirme en esto. No me acuerdo.

—¿Viniste aquí sólo para mirar el barro?

—Puede, pero… Más importante es el asunto del hombre llamado Seth. Lo que hizo aquí, y lo que pasó después-

—Eso es. ¡Eso es algo que me gustaría saber!

—Vaya, vaya… Muy bien. Me has contado muchas cosas, así que supongo que debo devolverte el favor. Y si Seth desea evitar tu interferencia, entonces me gustaría tomar la acción contraria.

—¿Por qué?

—Porque me repugna. Seth… no sé la razón, pero siento una aversión indescriptible hacia su mera existencia.

Tal vez había pasado algo entre ellos antes de que Lych perdiera la memoria.

Naturalmente, eso no le correspondía saberlo a Nyoze.

—¿Cómo me enteraré? ¿Puedes… hacer que esos engranajes también se materialicen?

—No puedo. Pero no será necesario. Lo vi todo de principio a fin con mis propios ojos.

—¿Qué?

—Así que simplemente te lo contaré todo. La historia de la hazaña de Seth: cómo utilizó a los “Gemelos de Dios” para desatar a los “Demonios del Pecado Capital” sobre el mundo.

Capítulo 8 – Cuento de un Abandono en una Noche Iluminada por la Luna; Escena 6

—…

—… ¡Hey, hey hey! Qu-qué fue eso… —preguntó Nyoze.

Meta negó con la cabeza, aparentemente perdida.

Eso… no debería ser posible. Incluso para Seth eso es extremo… Recibir interferencias de una persona dentro de un recuerdo. No tiene sentido, en teoría.

Los dos engranajes perdieron su luz.

-Eso no era todo. Los engranajes, e incluso Meta sosteniéndolos, también… comenzaron a derretirse como si estuvieran hechos de cera.


—¿Es esto… el poder de Seth… habiéndose convertido en un “Demonio del Pecado Capital”…?

—¡Meta! —Nyoze gritó a la desmoronada Meta.

—Soy… un clon de Seth… pero más que eso, ahora mismo no soy más que un fantasma… no puedo ir contra su poder… Si quieres saber lo que pasó después… debes buscar… a Seth, y a alguien que tenga el mismo poder que él…

—…

—Asumiendo… que tal persona… exista.

Meta ya no podía mantener su forma humana.

Pero apenas logró susurrar al final, con lo que quedaba de su boca:

Pale… está bien… siempre… estaré esperando aquí-

—…

El cuerpo de Meta se desmoronó junto con los engranajes, dejando tras de sí sólo un pequeño terrón de barro.

—Meta…

Nyoze sólo pudo quedarse allí, inmóvil.

-Meta había muerto hacía mucho tiempo.

Sus hijos habían sido criados por Adam y su esposa… y Meta había velado por ellos como un fantasma.
Esa botella de cristal… Hänsel la había recogido en alguna parte.

Pero el cristal era un bien preciado incluso en Levianta. Por no hablar de Elphegort; ni siquiera habían llegado allí. Era difícil imaginar que alguien hubiera dejado caer algo así en medio del bosque.

Si no pertenecía a Adam y su esposa… entonces esa botellita debía ser un recuerdo de Meta.

Y eso había guiado a los gemelos…

Nyoze se adentró un poco más en el bosque.

Y entonces dejó caer su mirada en cierto lugar.

… Allí crecían pequeñas setas.

Nyoze cogió una y la miró detenidamente.

Su tonalidad, sus motas características… Eran iguales a las setas que habían comido los gemelos.

—… Setas venenosas. No son mortales, pero alucinógenas.

La casa que los gemelos habían encontrado.

La bruja y el secuaz que estaban allí.

… Sus verdaderas identidades estaban claras.

¿Hänsel y Gretel simplemente no se habían dado cuenta, debido a las alucinaciones-?

O-

… Todo era sólo especulación ahora.

Adam y su esposa estaban muertos, y los gemelos habían desaparecido a lugares desconocidos junto con Seth.

Y… probablemente nunca se reuniría con Meta de nuevo.

Nadie sabría la verdad, ahora.

—… Bueno, ¿qué debo hacer a partir de ahora?

Había perdido todas sus pistas.

¿Dónde habían desaparecido los «Gemelos de Dios»?

¿Se los había llevado Seth a alguna parte?

… Pensaba con seguridad que lo había muerto cuando se vio envuelto en la Catástrofe.

Era… un poco difícil de creer que hubiera curado sus heridas estos dos últimos años, que hubiera participado en más recuerdos de engranajes y que luego hubiera adquirido el poder suficiente como para borrar el fantasma de Meta.

«Meta dijo que Seth se convirtió en un “Demonio del Pecado Capital”. Gammon me mandó que impidiera que los “Demonios del Pecado Capital” se desataran sobre el mundo. En otras palabras… he llegado demasiado tarde como para arreglar nada»

—Incluso si ese es el caso… no puedo irme a casa sabiendo sólo la mitad de la historia.

¿No le había dicho Meta que su única opción era buscar a «Seth o alguien de su nivel? Si Seth era un “Demonio del Pecado Capital”, entonces necesitaba encontrar a alguien del mismo rango que un “demonio”, o incluso superior…

«Es ridículo

Tendría que ser un “dios”, ¿no?

No… Espera.»

A menudo se decía que un dios ajeno a Levia-Behemo vivía en este bosque.

—El gran dios de la tierra, Held…

Le tomó bastante tiempo encontrar gemelos humanos, ¿y ahora iba tras un dios?

«¿Debería rezar?

¿O hacer una súplica?»

Sería demasiado fácil si sólo hiciera falta eso para que un dios se te apareciera.

Incluso Levia-Behemo había necesitado involucrar a todo un país para manifestarse en el mundo terrenal.

—Ah…

Nyoze lanzó un gran suspiro y miró al cielo.

Un pájaro negro volaba tranquilamente por el cielo azul.

—Ojalá fueras un pájaro azul.

Se decía que un pájaro azul llevaría a quienes lo vieran a donde quisieran ir… Nyoze lo recordaba de un cuento de hadas.

El pájaro negro se posó en una rama ante los ojos de Nyoze. Luego le miró fijamente a la cara.

—¿Tú también tienes hambre? Por desgracia, no llevo nada encima que pueda servir de comida para pájaros.

Naturalmente, sólo hablaba consigo mismo.

Pero-

—-Gracias por preocuparte. Sin embargo, puedo encontrar suficiente comida por mí mismo —respondió el pájaro.

—¿¡-!?

Lo único que pudo hacer fue mirar estupefacto.

Un pájaro… ¿hablaba con lenguaje humano?

—No me lo creo… ¿eres “Dios”? —le preguntó al pájaro.

—¿“Dios”? ¿Qué es lo que consideras “Dios”?

—Quiero decir que… ¿no eres el gran dios de la tierra, Held?

—Ah, ya veo. Si te refieres a eso, entonces no. Aunque supongo que soy algo parecido.

Ahora que lo pensaba… había oído algo así de la gente del bosque.

Que había seres conocidos como “espíritus” que servían a Held.

Y que todos ellos tomaban la forma de animales normales del bosque.

—¿Entonces eres un “espíritu”?

—Un “espíritu”… No estoy seguro, pero supongo que sí. Llámame como quieras. Sin embargo, te agradecería que te dirigieras a mí por mi nombre propio, si es posible.

—¿Tienes nombre?

—Por supuesto.

El pájaro extendió respetuosamente sus alas y luego volvió a cerrarlas.

—Mi nombre es Lych.

Capítulo 8 – Cuento de un Abandono en una Noche Iluminada por la Luna; Escena 5

Un petirrojo se posó en la rama de un árbol y empezó a piar.

Los dos se detuvieron sin pensarlo, escuchando su bonito canto.

Finalmente, el petirrojo dejó de cantar y se alejó de la rama.

Los dos lo persiguieron, y finalmente el pájaro se posó en otro lugar.

Era… el tejado de una pequeña casa.

—¡Una casa!

Gretel detuvo a Hänsel antes de que pudiera correr hacia ella.

—Espera. ¿No te lo había dicho? Esa podría ser la casa de la bruja.

—Ah, claro. Entonces eso significa que está hecha de caramelo… ¿Puedo darle un mordisco y ver?

—No. Esa es la trampa de la bruja para atraer a los niños.

Después de mirarla un rato, se abrió la puerta de la casa y de dentro salió una anciana llevando una cuchara.

De un vistazo, los dos estuvieron seguros.

Era la bruja del bosque.

Hänsel dejó caer conmocionado la botella de cristal que llevaba.

¿…?

La bruja oyó el ruido y empezó a caminar lentamente hacia ellos.

Los dos intentaron esconderse rápidamente, pero la bruja los encontró antes de que pudieran.

—¡Oh, niños! —La bruja corrió hacia ellos y los abrazó con fuerza—. Lo siento mucho, no era yo misma… Debéis de tener hambre, ¿verdad? Vamos, entrad en casa. Ya no tenéis nada que temer.

Y diciendo esto, les cogió de la mano y les condujo al interior de la casa.

Una vez dentro, la bruja encendió un fuego en la cocina para empezar a preparar la cena.

Mientras lo hacía, Hänsel y Gretel empezaron a cuchichear entre ellos.

—… Eh, ¿qué te parece?

—No hay duda, está tratando de bajarnos la guardia.

—Apuesto a que planea meternos en ese horno.

—Sí. Tenemos que hacer algo… antes de que nos convierta en un asado.

Gretel se acercó lentamente detrás de la bruja, con cuidado de no hacer ruido con sus pasos.

La bruja se asomó al horno para comprobar el nivel del fuego.

«¡Ya!»

Gretel empujó a la bruja dentro del horno con todas sus fuerzas.

Luego cerró la puerta y echó el pestillo.

—¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAagh-!!!

El grito de la bruja resonó en la habitación como un relámpago. Se oyeron sus golpes en la puerta del horno.

Gretel se tapó los oídos y se encogió en el sitio.

—Lo siento, lo siento… —murmuraba una y otra vez, sin saber por qué.

Había derrotado a la bruja malvada.

Eso era todo lo que había hecho, y sin embargo, por alguna razón, no podía dejar de llorar.

Ya no se oía ni se oían gritos dentro del horno.

La bruja finalmente había muerto quemada.

-Pero eso no significaba que todo hubiera terminado.

La puerta de la casa se abrió, y un hombre que llevaba un arco entró.

—¡-! Vo-Vosotros dos…

Maldición.

¡La bruja tenía un secuaz!

Hänsel se abalanzó rápidamente sobre el hombre.

—¡Waaaagh!

El hombre cayó de espaldas al suelo, Hänsel aferrado a él.

Pero rápidamente agarró a Hänsel y lo arrojó lejos. Cuando se puso en pie, miró a Hänsel, tirado en el suelo como estaba, con expresión agitada.

—¿Qué estás…?

Se oyó un sonido agudo y punzante.

Los ojos del hombre se abrieron de par en par y se desplomó en el acto.

Detrás de él… había un anciano.

—Uuu…ughh —gimió el hombre, mirando al anciano—. ¿¡Tú…!? … ¿S-Seth?

—Pensar que volvería a reunirme contigo… me sorprende bastante, Adam.

—…

—Aún así… ya se acabó. Lo siento, pero no tengo tiempo para preocuparme más por ti.

—… ¿Es esto… el karma…?

Y allí murió el secuaz de la bruja.

Hänsel y Gretel sólo pudieron mirar atónitos este inesperado curso de los acontecimientos.

Viejo… ¿quién eres? —le preguntó Hänsel.

—Soy tu justo y amable aliado, vengo a salvarte. … Os habéis hecho muy grandes, Hänsel, Gretel… “Gemelos de Dios.

—¿Nos conoces?


—Sí, así es, Gretel. Desde que erais unos bebés…
Oh, espera un momento.

Seth miró de repente a su alrededor… y posó sus ojos en un punto.

—… Parece que alguien nos está espiando.

Entonces Seth empezó a extender suavemente su mano hacia ese punto.

—No es muy agradable espiar los recuerdos de la gente. ¿No crees, Nyoze?

Las imágenes cesaron abruptamente en ese momento.

Capítulo 8 – Cuento de un Abandono en una Noche Iluminada por la Luna; Escena 4

Cuando sus padres llevaron a Hänsel y Gretel al bosque, les habían hecho recoger leña y encender con ella una pequeña hoguera.

Hänsel y Gretel estuvieron un rato sentados junto al fuego, pero al final empezaron a cabecear de cansancio.

Cuando abrieron los ojos, la oscuridad era total y no veían a sus padres.

Aunque estar abandonados en un lugar en lo profundo del bosque era naturalmente bastante angustioso para ellos, les quedaba un pequeño puñado de buena fortuna.

—¡Setas! ¡Aquí crecen setas, Gretel! —gritó Hänsel.

Éste era un lugar que la gente rara vez pisaba. Así que había algunas setas que aún no habían sido recogidas creciendo en sus inmediaciones.

—Las setas… la verdad es que no me gustan mucho, pero los mendigos no pueden elegir.

Los dos asaron las setas en la hoguera, y consiguieron eliminar su hambre durante un rato.

Las setas estaban más sabrosas de lo que esperaban, y eso les levantó el ánimo al menos un poco. Tal vez eso dijera algo sobre lo vacíos que estaban sus estómagos.

—Aun así, no podemos quedarnos aquí para siempre.

Gretel pensó en cómo podrían volver a casa, pero no se le ocurrió ninguna buena idea.

Y entonces, Hänsel intervino con una mirada orgullosa:

No te preocupes. Podemos volver a casa.

—¿Eh? ¿Cómo?

Hänsel mostró a Gretel una pequeña botella vacía.

La había encontrado hacía algún tiempo y se la había colgado del cuello con un cordel. Era su posesión más preciada.

Siempre estaba metiendo cosas en aquella botella.

—Ayer estuve recogiendo piedrecitas en mi botella de cristal.

—Sí, aunque no tengo ni idea de por qué lo hacías.

—Sí, en realidad no tenía ningún motivo. Sólo las recogía porque me parecían bonitas.

—… ¿Entonces qué pasó con esas piedrecitas? Parece que ya no están.

—Las fui dejando caer una a una por el camino hasta que llegamos aquí, porque eran pesadas. Pero… ahora he tenido una idea. Seguro que podemos llegar a casa si seguimos por esas piedras.

—Ah, ya veo. Eso es bastante inteligente, para ti. Aunque haya sido por accidente. Pues entonces, vamos.

Hänsel miró inquieto a su alrededor.

—Eh… Ah, aquí hay una.

Los dos se pusieron en marcha por el camino indicado por el rastro de piedrecitas. Pero… sus pistas se agotaron rápidamente.

Un bosque tenía ya muchos guijarros esparcidos por su interior, por lo que resultaba imposible saber cuáles había dejado caer Hänsel.

—… Sí. Supongo que es obvio cuando lo piensas. Las rocas no son buenos puntos de referencia. Deberías haber usado otra cosa.

—Pero…

—Supongo que soy aún más idiota por tener fe en una idea tan estúpida de un cabezahueca como tú.

—Ajá. Somos los gemelos idiotas.

—¿Eh? ¿Dijiste algo?

—… No, no, nada. —Hänsel extendió la botellita frente a él y la miró fijamente—. Hmm… Me pregunto qué debería haber puesto en ella.

En ese momento, la luz de la luna golpeó la botella de cristal y empezó a brillar.

Su luz rebotó en los guijarros del suelo e iluminó un camino.

—¡El camino! ¡Hizo un camino de luz! —gritó Hänsel.

Era un milagro… ¿o era suerte? Ninguno de los dos lo sabía, pero no les quedaban más pistas.

Y así, por este camino de luz indicado por la botella de cristal… se pusieron en marcha.


Durante minutos… durante horas… caminaron persistentemente.

Y sin embargo, no podían ver su hogar por ninguna parte.

Aunque los dos empezaron a ponerse nerviosos ante la posibilidad de que no fuera el camino correcto, continuaron caminando.

Se cansaron y volvieron a tener hambre. Lo único que crecía en el camino eran más setas.

Ninguno de los dos sabía hacer fuego, así que esta vez las consumieron crudas.

Sus ansiedades disminuyeron un poco cuando las tragaron.

«Está bien… sé que llegaremos a casa.»

Y reanudaron la marcha.

A medio camino, Gretel dijo de repente:

Esto… podría ser una trampa.

¿Una trampa?

—Una vez oí que una bruja vive en este bosque. La bruja del bosque usa una cuchara en vez de un bastón, y puede reducir todo a cenizas con un rayo.

—Ugh…

—Este camino de luz… Es demasiado conveniente. Tal vez la bruja del bosque está tratando de llevarnos por mal camino con su magia.

—Pero… ¿por qué?

—¡Para devorarnos, por supuesto!

—¡Waaaah!

Sorprendido, Hänsel cayó de bruces.

—Entonces será mejor que dejemos de seguirlo —sugirió Hänsel, con cara de estar a punto de llorar.

Pero Gretel negó con la cabeza.

A este paso moriremos de hambre, así que no tenemos más remedio que seguir adelante.

—Pero…

—He oído que la bruja ha guardado mucha comida y tesoros. Ha acumulado tanto que hasta su casa está hecha de dulces. Así que si podemos derrotar a la bruja, no tendremos que preocuparnos más por la comida.

—Derrotarla… ¿Cómo?

—No lo sé. Te lo dejo a ti, que eres el hombre.

—¡De ninguna manera! ¡Estoy en contra de la discriminación por sexo!

—Bueno, quizá lo consigamos si hacemos un ataque sorpresa o algo así. Seguro que no se lo espera, viniendo de niños.

Los dos siguieron caminando.

Sin saber claramente… lo que les esperaba más adelante.

Capítulo 8 – Cuento de un Abandono en una Noche Iluminada por la Luna; Escena 3

-Gretel lo sabía todo.

Que en su casa apenas quedaba comida.

Que los frutos rojos ya no crecían en los árboles.

Aunque iban al pueblo, no podían hacer trueque con nadie por comida. No era por maldad de su parte. Ellos también se morían de hambre.

Su padre empezó a cazar, en lugar de limitarse a cortar leña. Pero incluso los animales eran limitados, y eran más listos de lo que habían pensado -Bueno, más listos que Hänsel al menos-. Sólo al principio obtuvieron algún resultado. Los días pasaban con su padre saliendo al bosque por la mañana temprano con un arco en la mano, y volviendo a casa por la noche con las manos vacías.

-Gretel lo sabía todo.

Su padre, su madre, Hänsel y ella misma.

Los cuatro caminaban por el bosque.

Madre dijo que se iban a otro país.

Que era porque allí habría más comida que aquí.

Pero el país en el que habían nacido y crecido su madre y su padre fue engullido y borrado por aquella luz.

Los otros países estaban mucho más lejos. No eran lugares a los que pudieran llegar caminando.

Dentro del bosque oscuro.

Ella ya sabía toda la verdad.

Que si continuaban, pronto serían incapaces de regresar.

-Hänsel amaba a su mamá.


Ella siempre hacía cosas extrañas, pero era amable tanto con él como con Gretel.

A veces regañaba a Gretel, pero eso era culpa de ella por portarse siempre mal. Lo peor fue cuando Gretel sacó dos espadas del río y las blandió dentro de la casa. La punta de una de las espadas golpeó a Hänsel en la cara. No había sido sólo su madre, sino también su padre, quien había regañado duramente a Gretel por ello.

-Hänsel también amaba a su papá.

Mamá tenía una enfermedad mental, por lo papá siempre estaba haciendo todo lo posible para curarla. Era un hombre muy inteligente, y les había contado que en el pasado había sido científico. No había escuelas ni ahí ni en el pueblo, así que su padre les daba clases. Pero a Hänsel no le gustaba mucho los estudios. Al final no entendía ni como sumar ni como restar.

La enfermedad de mamá parecía ir mejorando poco a poco.

El número de veces que hacía cosas raras parecía disminuir, pero al mismo tiempo se estaba volviendo menos amable.

Aumentaban las veces que ponía cara de miedo a Hänsel. Era como si viera una especie de monstruo o fantasma cuando le miraba a él o a su hermana.

Y ahora los cuatro de su familia avanzaban por el bosque.

Dentro del oscuro bosque.

Él ya sabía toda la verdad.

Que si continuaban , pronto serían incapaces de regresar.


-Gretel lo sabía todo.

Que Madre y Padre no eran sus verdaderos madre y padre.

Que Madre y Padre siempre vivían temiendo algo.

Lo que temían era seguramente a los propios Hänsel y Gretel.

Y la razón seguramente no era que Hänsel fuera lento de ingenio, o que Gretel fuera traviesa.

Hänsel y Gretel no eran más que una molestia para su padre y madre. No trabajaban, sólo agotaban su provisión de alimentos. Así que sus padres debieron resolver deshacerse de ellos dos.

-Hänsel ya no quería ni a su mamá ni a su papá.

Los dos habían soltado a los gemelos en algún lugar del bosque, y habían desaparecido.

Estaban en algún lugar lejano en el que nunca habían estado.

A la mínima luz de la gran luna, ni siquiera podían distinguir el camino de vuelta a casa.

Si no tienes nada que comer, es mejor tener menos bocas que alimentar.

Ese debió ser su razonamiento.

… Pero esa no era la única razón.

Madre y padre tenían miedo.

De la venganza.

Del karma.