Capítulo 2 – Proyecto “Ma” –Eve–; Escena 8

Historia del Pecado Original, páginas 74-76

 

Antes de que pasara un mes desde entonces, Eve y Adam llegaron a amarse.

No fue porque sus experiencias mutuas incluyeran algún evento particularmente dramático, ni hubo una complicada interacción entre ellos como hombre y mujer.

Fue simplemente un hecho común entre un hombre y una mujer de edades similares que vivían juntos.

Sobre todo porque, en los casi veinte años que Eve había vivido, nunca se había relacionado con un hombre tan sutil e intelectual como Adam. Los hombres del pueblo y los excavadores Mogera eran todos rústicos y demasiado mayores para ella.

Este era el primer amor de Eve. Y aunque estaba completamente fuera de sí por sus sentimientos por él, al mismo tiempo también llegó a preocuparse por su situación.

Era candidata a reina. Una de las condiciones para ser reina era permanecer virgen.

Así que, por mucho que se quisieran, Adam nunca se acostó con Eve.

Había un problema aún mayor que eso-

Si ella debía convertirse en reina…

Había una cuestión de si su relación podría continuar después de su coronación.

—Todo irá bien —le dijo Adam a Eve mientras la abrazaba—. Puede que no sea posible casarse públicamente. Pero… siempre estaré a tu lado. Me convertiré en el ayudante más cercano de la reina.

—¿Seremos capaces de hacer eso? Y yo que pensaba que el único que podía reunirse con la reina era el jefe del senado-

—Esa es una regla inventada por el actual jefe del senado. Sólo hay que cambiar la ley.

—Una vez que me convierta en reina, el próximo jefe del senado será el senador Vaju, ¿no? ¿Está él de acuerdo con esto?

—Él, bueno… —Adam dudó por un momento, y luego declaró—: Tengo una idea. Si mi plan sale bien… Será Gammon, y no el senador Vaju, quien sea promovido a jefe del Senado.

—¿El líder de las fuerzas de paz?

—Estoy seguro que él cooperará con nosotros. Él también podrá proceder sin problemas a la supresión de Apocalipsis.

Eve no entendía las partes complicadas.

Pero ella estaría bien siempre y cuando lo dejara en manos de Adam.

Lo que Eve necesitaba hacer… era, primero, más que nada, ser seleccionada como reina.

—¿Quieres un poco de café?

Adam se apartó de ella y salió de la habitación por un momento.

Cuando regresó, ella tomó la copa roja llena de café caliente en su mano.

Al igual que sus sentimientos por Adam, Eve se había enamorado de ese líquido marrón.

Cada vez que bebía café era como si todas las dudas y ansiedades desaparecieran de su mente.

—Cuando todo termine, casémonos en secreto.

Adam sonrió a Eve mientras bebía el café, y dijo:

—Eso será difícil de hacer en la capital real, así que tendrá que ser en algún lugar lejano-

—En el Bosque de Held estaría bien —sugirió Eve, y Adam alzó las cejas.

—… Es un lugar tranquilo. No estaríamos a la vista del público. Pero… El ejército blanco no ha hecho mucho ruido desde hace tiempo, sin embargo, no podemos saber con seguridad si han sido disueltos. Su líder, Raisa, sigue desaparecida, después de todo…

—Por eso he dicho que cuando todo acabe. —Eve le guiñó un ojo a Adam.

—Ya veo… Nuestro casamiento en el bosque será, en otras palabras-

—-Después de que el “mal” haya desaparecido del país —susurró ella, con determinación en su voz.

Capítulo 2 – Proyecto “Ma” –Eve–; Escena 7

Historia del Pecado Original, páginas 69-73

 

—¿Una prueba para reina? —preguntó Eve a su compañero mientras caminaban por la calle principal de Asmouse.

—Sí. Pero, aunque se le llame prueba, no necesitas hacer ninguna preparación. Es principalmente una formalidad en la que te encuentras cara a cara con la actual reina para que ella te acepte como su sucesora —respondió Adam alegremente.

Eve le preguntó en qué consistía concretamente, pero parecía que Adam no lo sabía.

—Sólo la propia reina lo sabe. Ni siquiera el jefe del senado puede estar presente.

Según Adam, en este país tener un alto poder mágico significaba que estabas estrechamente relacionado con los dioses.

—Cuando se fundó el país, el cargo de reina era hereditario. Pero… la quinta reina no pudo tener hijos.

—Vaya… ¿Y qué pasó?

—Ella propuso la doctrina de que “todos los que viven en esta tierra son hijos de dios”, y el poder mágico se convirtió en la prueba del favor que los dioses te tenían.

—Entonces la gente que no tiene habilidad mágica…

—Eso los convertiría en personas que no son amadas por los dioses. No son perseguidos por ello ni nada por el estilo, pero es difícil que salgan adelante en la vida en la capital. De todos modos, junto con esa declaración eliminó el sistema hereditario. Cambió la ley para que la gente que tuviera un alto poder mágico pudiera ascender al trono.

Hasta ahora Eve no tenía ni idea de que la magia tuviera tal significado.

—¿Eso es de conocimiento general?

—No lo sé. Es algo que aprendí después de ser adoptado por mi difunto padre y de empezar a estudiar en la capital real.

—Oh, sí, por supuesto. No soy más que una ignorante pueblerina —Eve hizo un mohín.

En la aldea en la que se crió no había escuela, y nunca había necesitado recibir educación.

Cómo labrar un campo, cómo detectar las plantas venenosas y usar la magia para defenderse… eso era lo que le habían enseñado a Eve.

—Vamos, no te enfades tanto. Ahora deberías estudiar un poco. Puedo ser tu profesor si quieres.

—Sí… Prefiero que me enseñes tú a alguien que no conozco.

Eve se acercó a Adam.

Habiendo perdido a su padre y llegado a una capital desconocida, él era el único en quien podía confiar.

A diferencia del tranquilo pueblo de Nemu, esta ciudad estaba llena de edificios.

Adam se detuvo ante uno de ellos, una estructura con paredes rojas.

—Ya llegamos —dijo.

Eve entró en el edificio tras Adam cuando éste abrió la puerta.

Parecía que este lugar era una tienda de artículos de comedor. Cerámicas de varios colores y tamaños estaban alineadas en los estantes.

—Vas a vivir en el instituto durante un tiempo. Deberías comprar algo de tu propia vajilla.

Animada por Adam, Eve recorrió los utensilios de comedor del edificio.

Finalmente, sus ojos se posaron en un artículo rojo que destacaba en el centro de una estantería.

—Esto es extraño… Parece ser transparente…

Un hombre de mediana edad que parecía ser el propietario se acercó a Eve con una sonrisa en la cara.

—Eso es una “copa”, jovencita.

—¿Una copa…?

—Se crea mediante el calentamiento de la arena. Sólo puede hacerse con un artefacto que hay aquí en Asmouse, y casi nadie ha visto algo igual fuera de las Doce Capitales Reales. El vidrio coloreado es especialmente valioso.

—Pero entonces… eso lo hace caro, ¿no?

—Bueno, sí…

Y ahí el dueño miró a Adam, que estaba mirando unos platos.

Parecía ser que Adam era un cliente habitual de la tienda. Al darse cuenta de lo que pasaba, se acercó y empezó a hablar con el dueño.

—Parece que su amiga está interesada en esta copa, señor Adam.

—Vaya, ¿una copa roja? Qué raro. Pero… —Adam se volvió hacia Eve—. ¿Bebes vino?

—¿Eh? Oh, no. Mi padre lo bebía, y también lo preparaba, pero yo no.

—Entonces no la necesitas. Estas copas son para el vino.

—Erm… —Eve pensó por un momento, y luego respondió—: Entonces tomaré café con ella.

—Ja, ja… Supongo que está bien. Muy bien, nos quedamos con esto.

A continuación, Eve seleccionó otras piezas de vajilla que le gustaban, y Adam se las compró al dueño de la tienda.

Eve no tenía ni un céntimo, ya que había salido de su pueblo sin nada más que la ropa que llevaba puesta. No le quedaba más remedio que depender de Adam para vivir, pero como jefe del Instituto de Investigación Real era, al parecer, lo suficientemente rico, y no se inmutaba ante el pago de tales gastos.

—Una vez que te conviertas en reina, nunca más te faltará dinero.

Continuó diciendo con una sonrisa que ella podría devolverle el dinero más tarde.

Es decir, que se lo devolviera cuando se hiciera poderosa.

—Pero si no puedo llegar a ser reina…

—Lo serás —declaró Adam con seguridad, interrumpiendo a Eve—. Eres la persona más adecuada para ser reina. No sólo por tu magia. Tengo… un presentimiento.

—No ha pasado mucho tiempo desde que nos conocimos.

—Pero de alguna manera se siente como si ya te conociera.

Parecía una frase frívola.

Y sin embargo, Eve no dijo nada para repudiar sus palabras.

Ella también sentía lo mismo que Adam.

«Desde… la primera vez que lo ví».

Y esos sentimientos sólo se habían hecho más fuertes desde que llegaron juntos a la ciudad.

Capítulo 2 – Proyecto “Ma” –Eve–; Escena 6

Historia del Pecado Original, páginas 56-69

 

Una de las ciudades que conformaban las Doce Capitales Reales era la de Asmouse.

Esta ciudad, dirigida por el senador Ceci Vaju, era el lugar donde el respaldo histórico de las Doce Capitales Reales era más pronunciado.

El pueblo que en su día inició la excavación del legado de los dioses en esta zona -el senador Vaju es descendiente de ellos- era también un apasionado investigador de artefactos.

Buscando una forma de utilizar más eficazmente estos artefactos, el senador Vaju fundó el Instituto Real de Investigación en Asmouse con el permiso de la anterior reina. Confió el cargo de primer director a un amigo que compartía su pasión, Horus Solntse.

Como su objetivo inicial implicaba, las investigaciones del Instituto de Investigación Real acabaron contribuyendo en gran medida al desarrollo de la ingeniería, el armamento y el comercio de Levianta. Los artefactos podían funcionar con poder mágico, pero Horus y los demás investigadores descubrieron progresivamente procedimientos de funcionamiento más eficaces y aportaron aún más gloria al Reino Mágico.

Mientras tanto, el senador Vaju y Horus también utilizaron el instituto para seguir una vía de investigación diferente.

Se trataba de «crear deliberadamente personas con fuertes habilidades mágicas». En otras palabras, hacer que una candidata a próxima reina naciera bajo el dominio del senador Vaju, para que así él obtuviera el puesto como próximo líder del senado.

Pero esa investigación había resultado ser mucho más dura de lo previsto, y Horus falleció por enfermedad antes de que pudieran obtener algún resultado.

Horus tenía un hijo adoptivo llamado Adam, que también era un científico experto. Por eso fue contratado por el senador Vaju como nuevo director del instituto, heredándole su investigación: el «Proyecto Próxima Reina».

-Ese «Proyecto Próxima Reina» había cambiado ahora su nombre por el de «Proyecto Ma», y seguía adelante bajo la supervisión del senador jefe Miroku.

 

… La mayor parte de esa información era intrascendente para Eve.

Lo importante era el hecho de que ella, por el momento, era la candidata más prominente que tenían para «Ma».

Al no tener mucho interés en la ciencia, Eve sólo podía concluir que el Instituto de Investigación Real era un lugar lúgubre y poco atractivo.

—Ojalá la silla fuera más cómoda.

Adam esbozó una sonrisa ligeramente preocupada ante la queja de Eve, entregándole una taza con un líquido.

—Pensaremos en eso la próxima vez que hagamos un dispositivo para medir la capacidad mágica. Pero por ahora esto es todo lo que tenemos… Bueno, como sea, dale un trago a esto si quieres.

—… ¿Qué es?

—Es una bebida llamada café. No está muy extendida fuera de la capital, así que es comprensible que no hayas oído hablar de ella.

Con el humor de Eve más agriado por la impresión de que se burlaba de ella por ser una pueblerina, se llevó el líquido marrón a los labios.

—-Huele bien… Pero es un poco amargo.

—Pues le eché bastante leche y azúcar. Tú bebe, debería ayudarte a calmarte un poco.

—Creo que estaría mucho más tranquila si pudiera quitarme estos cables de los brazos y las piernas.

—Necesitamos esos cables para obtener una lectura precisa de tu magia. … Llevará un poco de tiempo, así que intenta ser paciente.

El aparato de medición que habían utilizado en el pueblo de Nemu era un modelo más simple y portátil… Aunque no fue culpa de ese aparato el que no hubieran obtenido un resultado exacto en aquel entonces.

—Esa cuchara… también me resulta extremadamente curiosa, como científico —dijo Adam, blandiendo la cuchara azul que Eve utilizaba en lugar de un bastón.

—A simple vista parece un objeto normal y corriente… Pero puede aumentar o disminuir la capacidad mágica de su dueño a voluntad. En otras palabras, puede amplificar la magia y también ponerle un sello temporalmente-

—Mi madre me lo regaló.

—¿Lo creó ella?

—No lo sé.

—Entonces podría ser una pieza de legado… Bueno, nos ocuparemos de eso más tarde.

Adam dejó la cuchara en una mesa cercana, y luego se acercó a una gran caja que estaba al lado de la silla en la que Eve estaba sentada.

—Bien, empecemos.

Empujó hacia arriba una palanca que estaba unida a la caja.

Eve se sintió de repente un poco mareada y se echó un poco hacia atrás en la silla.

—Tengo… náuseas.

—Ya se te pasarán. Tenemos que comprobar si ese poderoso hechizo que usaste en el bosque fue por la cuchara… o por tu propia habilidad mágica.

—¿Cuánto… tardará?

—Hmm… Como una hora, creo.

—¿Tanto tiempo?

—No es que tengas que mantenerte perfectamente quieto todo el tiempo. Aunque no puedes abandonar la silla. Puedes tomar café, o si tienes hambre puedo traerte algo de comer.

—Entonces… —Después de mirar al techo por un momento, Eve continuó—: ¿Puedo hablar?

—¿Conmigo, dices? … Por supuesto, no me importa.

—Entonces… quiero que me digas algo.

—¿Sobre qué?

—Sobre la “Bruja de Merrigod”.

La expresión de Adam se puso rígida.

—¿Por qué quieres…?

—Ella es la que asesinó al padre que me crió. ¿No es natural que quiera saber sobre ella?

—¿Qué harás con la información que te dé?

—… No estoy segura.

Eve misma no sabía la respuesta a esa pregunta.

Pero-

—No puedo continuar esto sin saber sobre ella.

—…

—Asumiendo que me convertiré en reina algún día, quiero decir.

—… Ya veo. Sí, tal vez… Sí. —Después de mirar fijamente la cara de Eve, Adam se armó de valor y luego comenzó a hablar—. La “Bruja de Merrigod”, Meta Salmhofer, era una candidata a “Ma”.

—Eso ya me lo dijiste. Pero… ¿no me dijiste que fue descartada por ser cruel?

—Sí. Si vas al sureste de la capital -muy, muy al este del pueblo de Nemu- hay un lugar llamado “Meseta Merrigod”. Es una región peligrosa, utilizada como fortaleza por cierto grupo.

—… ¿Te refieres a los “devotos rojos”?

—No, para ser exactos esos son poco más que una unidad de este grupo. El nombre para ellos en su conjunto es “Apocalipsis”. Hay quien dice que son una simple cuadrilla de bandidos, y hay otros que advierten que son una organización antigubernamental que busca derrocar el reino.

Según Adam, ni siquiera la oficina de información de la capital real conocía la realidad de la situación del grupo.

—Lo que sí sabemos es que el líder de Apocalipsis se llama “Pale Noël”. Y que él y Meta son amantes.

—Pale Noël…

—Su edad, su apariencia… todo eso es desconocido. De hecho, ni siquiera sabemos si es realmente un hombre. Sea como sea, la Bruja de Merrigod es la novia de esta persona. Tuvimos que extremar la precaución incluso para ir a verla.

En cierto momento, Adam, Seth y algunos otros investigadores fueron a la Meseta Merrigod con una fuerza de mantenimiento de la paz dirigida por Gammon a sus espaldas.

—Pero… fue un error. —Adam lanzó un gran suspiro—. Acabamos provocándolos. Como resultado… estalló una pequeña batalla en la Meseta Merrigod. Aunque eso no era lo que los científicos pretendíamos en absoluto.

—Pero eso no era lo que pretendía la fuerza de paz y Apocalipsis… ¿Verdad?

—En efecto. Gammon siempre busca la gloria. Es como si fuera un gran manojo de ambición; más aún desde que se convirtió en jefe de las fuerzas de paz. Probablemente pensó que podría usar su posición de guardaespaldas para derrocar a Apocalipsis.

Pero su plan terminó en fracaso.

—Meta es una “Heredera de Gilles”. Controló a los soldados de la fuerza de paz con su poder, y todos empezaron a dispararse entre sí. Incluso nosotros, los investigadores, a los que se suponía que estaban protegiendo, nos vimos en peligro por ellos… Tuvimos grandes pérdidas. Por eso el instituto sigue sin personal.

Eve había ido al instituto con Adam, y ahora que él lo mencionaba se dio cuenta de que no había visto a nadie más hasta llegar a esta sala.

—¿Cuántos… científicos han sobrevivido?

Adam extendió los brazos en un gesto grandioso y respondió:

—No te sobresaltes. Sólo yo y Seth. Aunque, en verdad, esta instalación no contaba con mucho personal de antes.

—Ya veo… Qué horror.

El hogar donde vivía Eve fue destruido por Meta, y los amigos de Adam también fueron asesinados por ella.

—Sí… Con algunos de ellos me llevaba bastante bien, y otros francamente no me importaban mucho. Pero ninguno de ellos merecía morir así.

Al ver la expresión de amargura de Adam, Eve recordó su propio dolor.

—Oye… ¿Qué es exactamente un “Heredero de Gilles? —preguntó, tratando de cambiar el ambiente.

—Cierto… Un “heredero” es, bueno… Para simplificarlo, es alguien con “poderes sobrenaturales”.

—¿Poderes sobrenaturales? ¿Cómo la magia?

—En este país hay personas que poseen “poderes especiales” que se distinguen del poder mágico. Por ejemplo… el ejército blanco. Sabemos por nuestros informes que ese clan tiene el poder de los “Herederos de Salem”, capaces de manejar el fuego.

—Ya veo… Así que era eso.

Eve siempre había pensado que el uso del fuego por parte del ejército blanco era a través de la magia, pero parecía que no era así.

—Entre el ejército blanco hay gente que es impotente desde el punto de vista mágico, es decir, que han nacido sin ninguna capacidad de usar la magia. Pero a pesar de ello son capaces de utilizar sus poderes de fuego igual que sus compañeros. … Aunque he oído que la investigación de la teoría fundamental que hay detrás de esto no ha avanzado mucho desde que se concibió.

—¿Esa investigación se realiza aquí?

—No. La investigación sobre los “herederos” es competencia del Templo Lighwatch. Sir Yegor Asayev, el sacerdote principal, es el experto en ello.

—Vaya…

—Así que, sinceramente, no sé mucho sobre los “herederos”. Sólo que están divididos en categorías por habilidades, como “Gilles” y “Salem”. Ah, y que esos nombres están sacados de los que tienen los familiares de los dioses…

En ese momento, la caja que estaba al lado de Eve, el dispositivo de medición de habilidad mágica, empezó a temblar ligeramente.

—Oye… ¿Eso funciona bien?

Eve señaló la caja.

—¿Hm? … Oh, está bien —respondió Adam, mirando los símbolos que aparecían en la pantalla de la caja—. ¿Quieres más café? —le preguntó, dándose la vuelta y observando que la taza de Eve estaba vacía.

Era una bebida peculiar; a Eve no le parecía del todo sabrosa, y sin embargo seguía llevándosela a los labios por alguna razón.

—Sí, por favor… Pero antes, una pregunta más.

—¿Cuál?

—… ¿Por qué Meta iba tras mi padre?

—… No lo sé.

Sus ojos parecían un poco sospechosos. Sin embargo, Eve no podía decir si Adam se estaba haciendo el tonto o no.

—Bueno, entonces, otra pregunta.

—Tienes un montón de preguntas. Yo también quiero preguntarte muchas cosas, sabes.

—¿Qué piensa hacer la capital real… o mejor dicho, los militares, con respecto a Apocalipsis?

—¿A qué te re…?

—Han matado a mucha gente, ¿no? A la gente del pueblo de Nemu, y a la gente de este instituto… “Los crímenes deben ser castigados”… Incluso yo conozco las leyes del país.

—…

Adam tomó la copa de Eve y salió de la habitación sin decir nada.

-En poco tiempo, había regresado de nuevo con una taza llena de café fresco.

—Aquí tienes. He puesto más leche que la última vez.

—Gracias.

—… Van a vigilar cuidadosamente a Apocalipsis-Eso es lo que decidieron los militares… o mejor dicho, el senado.

—¡-! ¿Por qué solo eso?

—De momento, Apocalipsis no ha hecho ningún daño a las Doce Capitales Reales. Para el reino, el ejército blanco y los demás son poco más que bárbaros en su frontera. La protección de la capital estaría en peligro si movieran sus fuerzas de seguridad contra ellos más de lo que ya lo han hecho.

—¿Dices que mientras la capital real esté bien, no importa lo que ocurra afuera?

—… Soy un simple científico. Lo que te he dicho ahora es sólo lo que he oído de Gammon.

Aunque estuviera involucrado en un proyecto de gran importancia para el país, no estaba en condiciones de decir mucho más sobre el gobierno -Eso es probablemente lo que quería decir.

Eve podía darse cuenta de eso.

Ella podía, pero…

—Eso no tiene sentido. El gobernante de un país tiene que entender el sufrimiento de su gente… Creo que ahora entiendo por qué mi padre odiaba la política —murmuró Eve, frustrada.

—…

Adam miró a Eve en silencio durante un rato, pero finalmente desvió su mirada hacia el dispositivo de medición.           

Luego cogió el papel y la pluma que había sobre el escritorio y empezó a escribir algo.

-En medio de su trabajo, Adam dijo, aún sin mirar a Eve:

—En ese caso… Deberías convertirte en la gobernante.

—…

—Parece que tienes las calificaciones para ello.

—¿Quieres decir que… puedo convertirme en reina? ¿Ya están los resultados?

—No, todavía está midiendo, pero… Ya estoy viendo algunos números impresionantes. Creo que… tu capacidad mágica es mucho mayor que la de tu padre.

Aun así… Por muy dotada que estuviera, Eve seguía siendo una simple niña que no sabía nada sobre gobernar.

¿Cambiaría algo si alguien como ella se convirtiera en reina?

-Al percibir su ansiedad, Adam deja el papel y la pluma y se acerca a ella.

—Todo irá bien, no te preocupes.

—…

—Estoy seguro de que puedes hacerlo.

—¿Crees que puedo hacerlo sola?

—No estás sola.

—Mi padre ha muerto. Y la gente de mi pueblo se ha ido. No tengo a nadie…

—-Me tienes a mí.

Adam estrechó las manos de Eve entre las suyas.

… Ella no se atrevió a apartarse del calor que había en ellas.

—¿Te desagrado? —preguntó Adam.

—… Si así fuera, no estaría cooperando con todo esto… Pero, ¿qué hay de ti?

Adam se había acercado a Eve sólo porque ella podía tener un gran potencial mágico.

Ella sólo era una candidata a reina para él.

Esa era seguramente la razón por la que él era tan amable con ella –

—Nunca intentaría que alguien que me desagrada fuera elegida como reina —dijo Adam sin rodeos—. Eres una mujer encantadora. He pensado eso desde la primera vez que te vi.

—… ¿No intentaste apuñalarme con una espada esa vez?

Adam se echó a reír ante la respuesta de Eve.

—Pfff…  Ah jaja, es verdad. Por favor, perdóname por eso. Estaba desesperado en ese momento.

—¿Eres bueno con la espada?

—Sólo he aprendido lo suficiente como para defenderme… Ah sí, hablando de espadas.

Adam desvió su mirada hacia una espada que estaba en una esquina de la habitación.

—Acabamos trayendo esa aquí.

Era la espada de Raisa, la que Gammon le había lanzado en el bosque.

—Tiene una forma inusual… Su anterior dueña está actualmente en prisión. No tiene mucho sentido devolverla.

—¿Raisa está… viva?

—Apenas. Pero, aunque sus heridas se curen, pensando en lo que ha hecho… No es probable que evite ser ejecutada.

—…

No era sólo Raisa.

La Bruja de Merrigod Meta, y Pale Noël.

En este mundo, mucho-

Mal se había extendido.

Incluso si Eve continuaba lanzando rayos como la «Bruja del Bosque», nunca podría deshacerse de toda la maldad.

Era imposible para una sola persona.

Ella necesitaría mucho más poder.

Y para eso…

Eve se mordió el labio.

 

-Casi como una burla por la determinación que había empezado a brotar en el corazón de Eve, varios días después ocurrió algo.

Raisa, el Demonio Blanco de Jakoku, escapó de prisión.

Era imposible que lo hubiera logrado por sí misma, estando tan cerca de la muerte.

Era probable que una persona externa con influencia hubiera movido algunos hilos.

 

Mientras tanto, su resultado de la medición del potencial mágico… era adecuado para la candidatura a reina, tal como Adam había predicho.

Su recuento de M era superior a 350… Eve no sabía cuánto potencial se necesitaba exactamente, pero el suyo, como mínimo, era más que suficiente para asegurar el acuerdo tanto de Adam como del senado.

Y con ese resultado, Eve podría convertirse sin problemas en reina… o eso había creído.

Capítulo 2 – Proyecto “Ma” –Eve–; Escena 5

Historia del Pecado Original, páginas 48-56

 

Antes de que llegaran a la aldea, Adam sólo preguntó una cosa:

—¿Así que… al final si eras la “Bruja del Bosque”?

Después de que Eve respondiera brevemente que lo era, no preguntó nada más.

Naturalmente, no iba a dejar pasar eso. Este no era el momento para que él profundizara en el tema… Ella estaba segura de que era por eso que no insistió.

En realidad, Eve no tenía tanto miedo de que se descubriera su verdadera identidad en ese momento. Adam y los demás dijeron que no tenían intención de hacer daño a la «Bruja del Bosque», y en los últimos días se había convencido de que eran personas que merecían su confianza.

Más bien, si eso significaba que realmente podría convertirse en reina, se sentía profundamente honrada por ello. Sólo que… eso era suponiendo que pudiera obtener el permiso de su padre adoptivo. Eve no quería revelar su identidad si eso significaba ir en contra de sus deseos, en caso de que él no lo quisiera.

Pero no podía evitar que la descubrieran ahora. En cuanto a cómo convencería a su padre adoptivo más tarde… Eso podría ser algo que Adam debía hacer, y no Eve.

En cualquier caso, primero debían asegurarse de que estaba bien.

-Al salir del bosque y ver los edificios del pueblo de Nemu, se vio obligada a concluir que la situación era mucho más grave de lo que había pensado.

Todas las casas estaban en llamas. Alrededor de todas ellas no había aldeanos, sino hombres desconocidos vestidos con trajes rojos.

—Esos… no son soldados del ejército blanco. —Adam palideció—. Son devotos rojos… Los secuaces de la “Bruja de Merrigod”.

Eve recordó ese nombre.

Si no le fallaba la memoria, Seth la mencionó cuando Adam y él habían llegaron a la aldea.

—¿También es una candidata a “Ma”?

Adam asintió ante la pregunta de Eve.

—Sería más exacto decir que lo era. Ciertamente tiene una poderosa habilidad mágica, pero… Es demasiado cruel. El instituto y el senado llegaron a la conclusión de que no sería apta para ser reina.

En el momento en que detuvieron el carruaje justo en la entrada del pueblo, fueron rodeados por los «devotos rojos».

Eve bajó rápidamente del carruaje, con la cuchara preparada en la mano en lugar del bastón.

—¿Dónde está la gente del pueblo?

Los hombres no hicieron ningún movimiento para responder, simplemente miraron a Eve con expresiones vacías.

—… Si no me lo dicen…

Eve empezó a introducir magia en la cuchara. Esa gente eran inquietante, pero estaba tan agitada que no se atrevía a preocuparse por eso.

No quería matar a gente de forma imprudente… Pero estaba claro que amenazaban a la aldea.

En ese momento, el grupo de hombres se dividió en dos.

Caminando entre ellos hasta el frente, vistiendo ropas tan rojas como las suyas, había una mujer.

—Oh, vaya… Habéis vuelto mucho antes de lo esperado —dijo, con una postura tranquila.

Tenía un aire adulto, pero en edad parecía ser algo más joven que Eve.

—Supongo que esas tropas del ejército blanco no estaban a la altura… Puede que sean “Herederos de Salem”, pero, al fin y al cabo, sólo son ladrones.

Tal vez ella era la líder del grupo teñido de rojo… Esa tal «Bruja de Merrigod».

—¿Eres aliada de esos ladrones?

Eve miró a la Bruja de Merrigod.

—¿Yo? ¿Supones que he venido a saquear esta aldea? ¿Este apestoso pueblo de pobres? Ja, ja, qué gracioso.

—Entonces por qué estás…

—Hay muchas razones. Empezando por la menos importante- —La Bruja de Merrigod miró a Adam, aún sentado en el carruaje—. -Esto es una venganza al Instituto de Investigación por haberme dejado en ridículo.

Adam respondió a eso, con una expresión retorcida:

—¿Venganza? Nosotros fuimos los que salimos peor parados.

—Vosotros, cabezas de chorlito, no deberíais haber ido a la meseta Merrigod tan a la ligera.

—Oh, sí. Todos nos arrepentimos de eso… Especialmente los que ahora están en el más allá.

Aunque Adam mostraba una franca hostilidad hacia ella, no hizo ningún movimiento para bajar del carruaje.

Estaba claro… Adam le tenía miedo.

Pero Eve no.

La llamaban la Bruja de Merrigod. Ella debía tener una poderosa magia también.

Pero eso no significaba que tuviera intención de echarse atrás.

«Debo proteger el pueblo… Proteger a todos…»

Si, ella no podía ver a ningún aldeano, ni siquiera al jefe de la aldea.

Sus casas seguían ardiendo, pero no había cadáveres de las personas que vivían en ellas en ninguna parte.

Las únicas posibilidades que se le ocurrían… O quizá todos huyeron antes de que llegaran Eve y Adam… O bien estaban prisioneros en algún lugar.

—¿Dónde está todo el mundo?

Esta vez Eve planteó su pregunta de antes a la Bruja de Merrigod.

—¿Estás preocupada por tu padre y los demás? Ja, ja… Entonces ve a ver por ti misma.

La Bruja de Merrigod señaló hacia el interior del pueblo, en dirección a la casa del jefe del pueblo.

Eve no pudo evitar sentirse ansiosa ante eso.

Ella le estaba dejando ver a los otros aldeanos con bastante facilidad. Lo que debía significar-

Adam finalmente bajó del carruaje, y se puso al lado de Eve.

—… Vamos juntos.

Su expresión era rígida. Él también debía haber pensado en el peor de los casos.

Después de compartir un asentimiento, ambos comenzaron a correr en dirección a la casa del jefe de la aldea.

La Bruja de Merrigod y sus devotos no mostraron ninguna señal de que tuvieran intención de detenerlos.

Ella sólo siguió sonriendo.

 

-El destino de Raiou Zvezda, jefe de la aldea de Nemu,

Quedó claro en el momento en que llegaron ante la casa.

—Esto no puede…

Eve se quedó sin palabras.

Su bondadoso padre adoptivo había sido crucificado en una gran cruz alzada en el jardín.

No había luz en sus ojos, y su cuerpo, totalmente desnudo, estaba cubierto de heridas.

Cualquiera podía ver que ya estaba muerto.

Y alrededor de esa cruz estaban los hombres del pueblo.

No parecía que estuvieran retenidos ni nada por el estilo.

Pero al igual que los «devotos rojos», tenían expresiones vacías y, sin dar ninguna indicación de que fueran a bajar al jefe de la aldea de esa cruz, simplemente… se quedaron allí, parados.

Adam detuvo a Eve cuando intentó acercarse a ellos.

—No lo hagas. No son ellos mismos.

—¿Cómo? No lo entiendo. —Las lágrimas fluyeron de los ojos de Eve—. ¡Mi padre era el hechicero más poderoso de la aldea! No perdía ante nadie… ¡El ejército blanco nunca atacaba porque le tenía miedo! Así que cómo pudieron… tan fácilmente…

—… Esto es difícil de decir, pero… —Adam dudó por un momento, pero luego continuó, haciendo acopio de fuerzas—: Probablemente… no fueron la Bruja de Merrigod y sus secuaces quienes atacaron directamente al jefe de la aldea.

—¿¡…!?

—Fueron los aldeanos que están a su alrededor. El jefe de la aldea probablemente no se atrevió a usar su magia contra gente que conocía.

—Eso no puede… ¡Es imposible! Nadie le haría daño a mi padre…

—Ese es el poder que tiene la Bruja de Merrigod, Meta Salmhofer. Ella… puede convertir a los miembros del sexo opuesto en sus marionetas usando el poder de los “Herederos de Gilles”.

—…

—Uno de los objetivos de Meta debía ser la vida del jefe de la aldea… Aunque no sé por qué.

—… Esa mujer… Por culpa de ella, mi padre…

—Sea lo que sea lo que haya pasado, deberíamos salir de la aldea ya.

Pero Eve negó con la cabeza, llorando.

—¡No! Esa mujer… No la perdonaré.

Agarró con fuerza la cuchara en su mano.

—Eve… Debes darte cuenta de que si luchas contra Meta… los aldeanos que ella controla irán a detenerte.

—…

—¿Estarías… dispuesta a dispararle rayos a tus amigos?

—…

Ella nunca podría hacer eso.

Adam abrazó suavemente los hombros de Eve.

—Primero deberíamos reunirnos con Gammon. Luego pensaremos qué…

-¡Boom!

Una explosión sonó de repente en la entrada de la aldea.

—… ¿Qué?

En respuesta a la confusión de Eve, Adam pareció adivinar inmediatamente cuál era la fuente del ruido.

—Ese es el sonido de la artillería pesada de los carros modelo más grandes. ¡Son los refuerzos de la capital!

-La predicción de Adam fue correcta.

La unidad principal de la fuerza de paz que había sido enviada desde la capital para combatir al ejército blanco había llegado a la aldea de Nemu con una sincronización impecable.

Su objetivo principal era reunirse con Gammon, que se suponía debía estar en la aldea, pero al encontrarse con la zona atacada por los devotos rojos, simplemente cambiaron su propósito para suprimirlos, en su lugar.

El resultado: ya sea porque llegaron a la conclusión de que los superaban en número, o porque ya habían logrado su objetivo, la Bruja de Merrigod y sus secuaces huyeron rápidamente.

Pero como esto también provocó que los hombres de la aldea, que eran los principales residentes del lugar, fueran expulsados también, los únicos que quedaron en Nemu fueron Adam y Eve.

Una vez asegurada la aldea, el ejército apagó los incendios.

Y entonces, dentro de un pequeño corral de ganado en la parte más profunda de la aldea… descubrieron los cadáveres de todas las mujeres de la aldea.

 

Por invitación de Adam, Eve acabó viajando a las Doce Capitales Reales en uno de los pesados carruajes militares.

Ella no tenía ninguna razón para negarse.

Ya había perdido cualquier lugar al que pudiera regresar.

Capítulo 2 – Proyecto “Ma” –Eve–; Escena 4

Historia del Pecado Original, páginas 37-48

 

La herida de Seth no era demasiado grave, pero por seguridad acabó recibiendo tratamiento en un hospital de las Doce Capitales Reales.

Se subió a uno de los enormes carros automatizados de las fuerzas de seguridad y regresó con el soldado que lo conducía.

Adam acabó quedándose en el pueblo de Nemu durante un tiempo junto con su guardaespaldas, Gammon.

Naturalmente, su objetivo era buscar a la «Bruja del Bosque».

Y Eve… les sirvió de guía cuando los dos se dirigieron al Bosque de Held, así como de conductora del carruaje.

La tarifa que le pagaban por este servicio le reportaba un beneficio mucho mayor que sus ingresos por la venta de ingredientes del bosque, así que no tenía motivos para negarse.

Eve conocía las aldeas donde vivía la gente del bosque, así que primero los llevó a ellas.

Luego intentaron ir a los lugares donde se rumoreaba que estaba la bruja, o simplemente se movieron sin rumbo.

Pero los días pasaron sin lograr ningún resultado en particular.

 

Un día los tres avanzaron por un sendero del bosque con el carruaje automatizado.

El cielo estaba encapotado con densas nubes. Cuando Eve sugirió que podría llover, Adam respondió que tal vez debían terminar la búsqueda temprano ese día.

—De todas formas, eres bastante hábil con la conducción del carruaje automatizado, Eve —felicitó Adam—. Al menos lo suficiente como para poder moverte con tanta soltura por caminos tan estrechos.

—No es gran cosa si te acostumbras. Pero, como es de esperar, no se puede llegar a las partes más profundas del bosque con un carruaje.

—La gente rara vez va por lugares como esos, así que no es probable que sean objetivos de los hombres de la tribu, y por lo tanto hay una baja probabilidad de que la bruja aparezca allí.

Juntando la información que Adam y Gammon habían podido obtener hasta ahora, la Bruja del Bosque aparentemente hacía sus apariciones en público para rescatar a la gente atacada por el ejército blanco.

Pero extrañamente, ninguna de las personas que habían sido rescatadas por ella podía recordar el aspecto de la bruja.

—Tiene el pelo verde, es una mujer, y dispara rayos desde una cuchara azul… Eso es todo lo que pueden recordar, curiosamente.

—Probablemente todos se quedan en estado de shock cuando son atacados por el ejército blanco, así que es comprensible que no lo recuerden, ¿no?

—Eso quiero creer. Tal vez… esa bruja puede usar un hechizo que manipule la mente de la gente.

Al escuchar eso, los ojos de Eve se abrieron por un momento. Luego se rió nerviosamente.

—Si ese hechizo existiera sería muy conveniente. Si lo tuviera, controlaría a todos los peces gordos para que me hicieran reina.

—Jaja, supongo que sí. Podrías tener toda la riqueza e influencia que quisieras… ¿Has oído hablar de algún hechizo como ese?

—Me he criado en un pueblo de hechiceros durante más de veinte años, pero ni una sola vez he oído de algo así, no. ¿Sabes, Adam? Pareces saber mucho.

—Apenas he hecho estudios sobre magia.

—Huh… Me sorprendente, ¿no era que tenías mucho potencial mágico?

—Supe de eso hace relativamente poco.

Mientras los dos hablaban, Gammon se limitaba a mirar a su alrededor sin mostrar el menor interés por su conversación.

A lo largo de estos últimos días Eve había podido aprender bastante bien que, si bien era un hombre muy dedicado a su trabajo, era una persona muy estricta, poco flexible.

Adam también era bastante serio, pero al menos era fácil llevarse bien con él.

Entre la gente que venía de la capital había de vez en cuando algunos que miraban con desprecio a pueblerinos como Eve, pero Adam nunca dio muestras de ese comportamiento.

Por lo que ella había oído, aunque él vivía actualmente en las Doce Capitales Reales, se había criado en la costa, al oeste.

—Al igual que tú… fui huérfano.

Al parecer, cuando era niño había podido ganarse la vida y evitar el hambre cazando peces en el mar.

—Un día se me apareció de repente un hombre. Me llevó a su casa en la capital real y me adoptó como hijo. Incluso ahora no estoy seguro de por qué lo hizo. Después recibí una educación como estudiante bajo mi padre adoptivo-Horus Solntse.

—¿No tuviste ninguna figura paterna hasta entonces?

Ante la pregunta de Eve, Adam respondió sin dudar:

—Sí, tuve una madre. … Aunque era una ballena.

—¿Eh?

—Desde que tengo uso de razón, esa ballena blanca siempre estuvo a mi lado. Me cuidaba… O eso creía yo. Aunque nunca hizo nada para ayudarme realmente, ja, ja.

—…

—¿Crees que mi historia es extraña?

—Mm, nooo… —Eve sacudió la cabeza y luego respondió con seriedad—: Estoy segura de que esa ballena debía ser la manifestación de un espíritu.

—¿Un espíritu?

—Hay muchos en este bosque; espíritus que toman la forma de animales. Petirrojos, ardillas… No puedo hablar con ellos, pero sé que existen.

—Ya veo…

Adam escuchó el relato de Eve, sin ofrecer ni afirmaciones ni negaciones.

—Yo también… tuve momentos cuando era niña en los que me sentía muy sola. Mi madre y mi padre adoptivos eran personas muy amables. Pero, por supuesto, no eran mis verdaderos padres… No podía soportar eso.

—… Entiendo ese sentimiento.

—Una noche salí corriendo del pueblo y me adentré en el bosque. Pero estaba muy oscuro, y no podía distinguir nada… Me senté sola y empecé a llorar. Y entonces… apareció.

Los hombros de Eve se estremecieron débilmente.

Una gota de agua cayó del cielo y le dio en la cara.

Había empezado a llover. El carruaje no tenía techo.

Eve detuvo el carruaje bajo la sombra de un gran árbol para no empaparse.

—¿Apareció…? —preguntó Adam.

—Un oso. Un espantoso oso… Aquí, mira.

Eve se arremangó de repente la falda.

Adam, sin pensarlo, apartó los ojos al ver su piel desnuda.

Pero cuando notó la gran cicatriz en su muslo, recuperó la compostura.

—¿Te mordió?

—Tenía hambre. Un poco más y habría acabado dentro del estómago de ese oso. Pero en ese momento, todos los animales del bosque atacaron a la vez a ese oso… Y me salvaron.

—Así que fueron… espíritus del bosque.

—Nunca volví a ver un oso en ese bosque. Puede que los espíritus se deshicieran de ellos, o quizás me dirigen para que nunca me acercara a uno… En cualquier caso, los espíritus son mis amigos, y les debo la vida.

Eve nunca le había contado esa historia a nadie, porque sentía que cualquiera que no supiera mucho sobre el bosque pensaría que era un cuento estúpido, pero bajo aquella llovizna, Adam la escuchó hablar con semblante serio.

Eve empezó a arrepentirse de habérselo contado.

Pensando en sus objetivos… Sería natural que comenzara a tener algunas dudas hacia Eve, al escuchar esa historia.

—Eve. Así que realmente eres…

Antes de que Adam pudiera seguir hablando, de golpe escucharon una fuerte explosión a lo lejos.

—¿¡-!?

Todos se volvieron hacia allí a la vez.

… Había humo proveniente de la dirección de la aldea Nemu.

—-¿¡Qué ha pasado!? —gritó Gammon mientras sacaba la espada que tenía envainada en su cadera.

Lo que vino a la mente de Eve fue el ejército blanco.

Nunca habían atacado la aldea directamente… Y sin embargo, no se le ocurría otra cosa que pudiera ser.

Como para apoyar esa corazonada, varios hombres de la tribu, empuñando diversas armas, aparecieron de entre las sombras de los árboles y rodearon el carruaje.

—No os dejaremos volver a la aldea —dijo una mujer situada en el centro de los hombres de la tribu, mirando con desprecio a Eve y a los demás.

Gammon bajó rápidamente del carruaje y dirigió su mirada penetrante a la mujer.

—Tú debes ser la comandante del ejército blanco… El “Demonio Blanco de Jakoku”.

—Oh, vaya. Qué impresionante que conozcas mi ilustre título… Tus secuaces te sirven bien, parece. — Gammon le preguntó si había venido aquí como venganza por lo ocurrido en las llanuras, pero Raisa negó con la cabeza—. Aunque guardo un poco de rencor por eso, esto es más bien una prueba.

—¿De qué estás hablando?

—Yo… O mejor dicho, todos nosotros, estamos planeando hacer “fuegos artificiales” mucho más grandes que los de antes.

Sin dar ninguna indicación de que fuera a dar más explicaciones, Raisa y sus secuaces empezaron a acercarse al carruaje, con las armas preparadas.

—¡Patanes, id con cuidado! El bastardo militar parece bastante duro. Por no hablar de que… —Raisa miró a Eve—. -Viaja con la “Bruja del Bosque».

Como en respuesta a esas palabras, Eve bajó del carruaje y se puso al lado de Gammon.

—… Parece que hay un malentendido. No soy una bruja.

Eve mantuvo un comportamiento tranquilo, pero en respuesta a eso Raisa dejó al descubierto su ira.

—¡No me mientas! Innumerables personas de mi pueblo han sido reducidas a cenizas por ti.

En cuanto habló, Raisa corrió hacia Eve.

Un fuego pálido se enroscó alrededor del arma larga y delgada que sostenía en ambas manos.

Estas llamas no fueron apagadas por la lluvia; probablemente eran producto de algún tipo de magia, o bien producidas por un poder único que ella tenía.

—…

Eve miró brevemente a Adam, que seguía dentro del carruaje.

Parecía que él tenía algo que quería decirle a Eve.

Ella no tenía tiempo para dudar ahora.

Primero… tendría que hacer arreglárselas con el enemigo que tenía delante.

Y también estaba preocupada por la aldea.

-Eve sacó la cuchara que llevaba escondida.

Una cuchara azul. El objeto al que se refería públicamente como la varita de la Bruja del Bosque. Para Eve era un recuerdo que había recibido de su madre adoptiva.

La giró hacia Raisa, que seguía dirigiéndose hacia ella.

Y entonces -sin expresión y de forma concisa- entonó una breve frase de hechizo.

—¡Medvedi ubit!

Y todo terminó.

Era un hechizo de rayo que le había enseñado su padre adoptivo.

Un gran rayo salió disparado de la cuchara, y entonces Raisa y sus subordinados en su totalidad fueron tragados por un destello de luz.

 

-El rayo que había engullido la zona no tuvo ningún efecto sobre los árboles del bosque ni sobre los animales.

Lo mismo ocurrió con Adam y Gammon, que estaban cerca de Eve.

El hechizo de rayo sólo quemaba a aquellos contra los que atacaba, por ello, después de que el destello de luz desapareciera, todos los miembros de la tribu que habían estado rodeando el carruaje habían sido reducidos a cadáveres carbonizados.

… No, había una excepción.

Raisa debió recibir la peor parte del rayo, y a pesar de que su cuerpo había sufrido enormes quemaduras, aún se aferraba a la vida.

—Vaya… estoy sorprendida. Es la primera vez que alguien recibe ese disparo y sobrevive. —Eve miró a Raisa con una expresión frívola.

—Hi… Hija de… puta.

Gammon agarró el cuerpo de Raisa mientras ésta intentaba arrastrarse hacia el bosque para escapar.

—Qué recompensa tan inesperada poder capturar a la líder del ejército blanco. Por ahora llevémosla a la aldea-

Al girar el rostro hacia la aldea, Gammon dejó de hablar.

Todavía salía humo de esa dirección.

Eve volvió a subir rápidamente al carruaje y puso la mano en el cristal de control.

Pero Adam la agarró del brazo.

—Es peligroso ir a la aldea ahora. El grueso del ejército blanco probablemente la esté atacando.

—¡Por eso tenemos que ir a ayudar a mi padre y los demás!

Gammon lanzó algo al carruaje cuando éste se puso en marcha.

Adam cogió el arma.

—Esto es…

Era la espada de forma peculiar que Raisa llevaba antes.

—¡Cógela! Debería servirte para protegerte —le gritó Gammon a Adam—. No puedo dejar que Raisa se escape. Tendrás que ir por tu cuenta.

Sus palabras eran en cierto modo un abandono de sus responsabilidades como guardaespaldas, pero dadas las circunstancias debió de juzgar que no podía hacer nada más.

O tal vez estaba deslumbrado por el potencial de gloria que había caído ante él.

A Eve no le importaba qué era.

Sea como fuere, ahora estaba concentrada en la situación de la aldea.

«Mi padre no se dejará vencer por el ejército blanco tan fácilmente…»

Los residentes de la aldea de Nemu eran una banda de hechiceros antaño famosos.

Aun así, Eve no pudo evitar el malestar en su pecho.

El carruaje se puso en marcha, con Adam sentado dentro.

Y así, avanzaron a toda velocidad por el camino del bosque, en dirección a la aldea.