La Hija del Mal: Clôture de Amarillo, páginas 289-295
♦ Allen ~ Hace cinco días, dentro del Palacio Lucifeniano, «Habitación de Riliane» ~
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—Ja, ja, Allen. Somos sorprendentemente parecidos, ¿verdad? —dijo Riliane en un tono burlón, con ropas de sirviente, mi ropa.
Mi petición para ella… era intercambiar nuestra ropa. En ese momento estaba usando el vestido de Riliane y me arreglé el cabello de la misma manera que ella.
—Mirándote desde este punto de vista, realmente te pareces demasiado a mí, ¿no?
Sí, nos parecíamos mucho.
—Y tus ropas. Están muy mal pero es fácil moverse con ellas.
Sí, la ropa de servicio siempre era mucho más ligera y fácil de llevar que un vestido de princesa.
Por lo tanto…
—Con esa ropa, creo que fácilmente podrás escapar del palacio.
La sonrisa desapareció de la cara de Riliane ante mis palabras.
—¿Qué estás diciendo… Allen?
—Riliane. Escapa del palacio por detrás de la chimenea, vistiendo esas ropas. Tu caballo est… Josephine te está esperando afuera. Móntala y vete lejos, donde las manos del ejército rebelde no puedan alcanzarte.
—¡No digas tonterías! Una vez que se den cuenta de que no estoy en el palacio, ¡enviarán personas a buscarme! Escapar… no es una opción.
—Esta bien. Todo estará bien. —Giré en el acto para hacer alarde del vestido que llevaba puesto—. Porque la princesa estará aquí.
Me disfrazaría como ella y me convertiría en un señuelo. Con la princesa capturada, los rebeldes no se molestarían en buscar un simple sirviente.
—Pero eso es… ¡No puede ser! ¡Nunca funcionará! No importa cuán parecidos seamos, después de todo, somos personas diferentes. ¡Nos descubrirán de inmediato!
Abracé suavemente a Riliane.
Había una diferencia entre nosotros en género, pero nuestros físicos no eran tan diferentes. Aunque su cuerpo era más delicado que el mío y más femenino. Y… más cálido, pensé.
—Esta bien. No somos extraños. Somos gemelos. Somos una hermana mayor y un hermano menor. Así que sepa quién pueda descubrirlo.
—¿Eh…?
—Supongo que no recuerdas nada de eso. Pero yo… nunca me olvidé de ti. Ni cuando Leonhart me acogió por primera vez, ni cuando me dieron una formación estricta sobre cómo usar una espada, ni cuando vine por primera vez al palacio como tu sirviente. Lo recordé siempre.
Riliane parecía no poder entender nada de lo que estaba diciendo.
—¿Por qué? … Si te quedas, ¿no morirás? ¿No te matarán? ¿Por qué, por qué tú…?
—Riliane… Eres una niña mala. Pero… Si se dice que eres mala, entonces esa misma sangre corre por mí. Si eres la «Hija del Mal», entonces yo soy el «Sirviente del Mal». Entonces está bien. Porque ocuparé tu lugar, en mi lugar tú… vivirás.
—… No… No, yo… Allen… —Riliane respondió, sollozando.
—No hagas eso… Riliane. Una mujer fuerte no debe llorar. Ah, supongo que no importa. Ya no eres la «Hija del Mal», después de todo.
Me aparté de Riliane y salí de la habitación. Entonces cerré la puerta.
—… ¡Espera, Allen!
Riliane intentó abrir la puerta. Pero no se movería. La había cerrado desde afuera.
—¿Sabes esto, Riliane? Esta puerta tiene un pequeño truco. Puedes hacerlo para que no se pueda abrir desde adentro. Cuando éramos niños, cada vez que hacíamos algo malo, nuestra madre lo hacía y nos encerraba aquí, como castigo. Según recuerdo, nos acurrucamos juntos hasta que eramos perdonados, solo nosotros dos, y llorábamos todo el tiempo…
Podía escuchar la voz de Riliane desde el otro lado de la puerta.
—… No lo recuerdo. No lo recuerdo. –Hic– Así que no te vayas, Allen. Cuéntame más, –Hic–, sobre entonces…
—… Bueno, Riliane. Me voy. Ahora deberías escapar usando el pasadizo.
Me alejé de la puerta y comencé a caminar.
—¡Espera! No te vayas…
Podía escuchar débilmente la voz de Riliane, junto con el sonido de ella golpeando la puerta.
—Por favor, no me dejes sola…
Está bien, estará bien. Soy la «Hija del Mal». Una mujer fuerte. Asi que…
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Absolutamente no lloraré.

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